Casa de los Gritos

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Casa de los Gritos

Mensaje por Statue of Liberty el Mar Mar 29, 2011 3:18 am





Casa de los Gritos




Aún considerada la casa más embrujada de Gran Bretaña por las múltiples y variadas leyendas que todavía circulan a su alrededor, la Casa de los Gritos recibe su nombre por los horripilantes gritos y sonidos que una vez procedieron del tétrico y misterioso lugar. Sin embargo, algunos vecinos del pequeño pueblo de Hogsmeade, fieles creyentes de los rumores que sobre ella revoloteaban, siguen creyendo que algún día la bestia que una vez habitó en la antigua mansión volverá para producir sus terribles aullidos llenos de dolor y lamento, por mucho que la casa haya enmudecido para siempre. También sigue subsistiendo el rumor de la presencia de espíritus malignos y horripilantes fantasmas. Pues bien, señores, si algún ser difunto aún deambula por los pasillos de la estancia solo puede tratarse del ya hace tiempo fallecido y muy querido Remus Lupin, que en paz descanse. Aún así, por si las moscas, yo si fuera tú me alejaría lo más posible del lugar. Aunque claro, intrépido explorador, nadie te va a impedir que sacies tu insatisfecha curiosidad.


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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Kael C. Wolstenholme el Sáb Jun 25, 2011 5:31 pm

¡Maldita impertinencia sádica que inunda a los humanos de un modo tan cruel y salvaje! ¿Por qué existes? ¿Por qué haces que hagamos cosas que tú quieres, guiándonos como si fueses el MK-Ultra? Te has atrevido a lanzarte sobre un ser tan curioso como es Wolstenholme. No sabe siquiera lo que se encontrará ahí, pero él sigue firme en sus pasos rápidos y ansiosos de romper las reglas y los tabúes que rodean esa casa como aldeanos enfurecidos. Esa tarde de aquél sábado era sumamente hermosa, dándole un toque tal vez más tétrico a aquella casa. Hogsmeade era bañado por los rayos del Sol, y aquella casa completamente alejada y olvidada a los ojos de casi todo el mundo parecía no existir en el camino de la luz solar. Toda ella se sucumbía en una soledad y oscuridad propia. Nubes de tormenta se encontraban sobre aquella mansión abandonada. Las hojas muertas cruzando la verja de la casa se batían con una violencia de tifón. La brisa cerca de aquella casota se tornaba gélida y cortante. Kael se comenzaba a sentir un poco intimidado por el espectáculo de horror que se abría delante de él, pero no daría marcha atrás. Esa brisa casi invernal movía sus castaños cabellos violentamente.

Inseguro en parte,tocó el metal oxidado de la verja. Emitió un chirrido espantoso, haciendo casi eco. Las ideas de espíritus malignos y gritos aterradores no estaban en su mente. Sólo quería observarla más de cerca, entrar y sentirse como un campeón por haber llegado tan lejos; más lejos de lo que todos los que conocía hubiesen podido llegar. Terminó por entrar al jardín y caminó hasta la apolillada puerta de color carbón. Tocó el pomo de la puerta, y esto fue suficiente para abrir la puerta y dar paso al impostor que quebraba esa paz tétrica. Una intensa ola de polvo lo golpeó en la cara, pero entró, venciendo los casi inexistentes miedos que lo abatían.

Todo ahí adentro daba asco. Todo estaba muy oscuro. De su bolsillo izquierdo sacó su preciada varita. Mencionó un tembloroso Lumos, dándole de lleno una luz muy fuerte. Esa luz era como el Sol luchando contra la oscuridad del Universo. La puerta se cerró completamente sola, dejándolo él en las entrañas de la casa. No se quedaría parado en un solo lugar. Se acercó a los estantes y a las mesitas. Todo estaba lleno de polvo, haciendo casi imposible detallar los metalizados objetos posados en las mesillas y los estantes de biblioteca.


Última edición por Kael C. Wolstenholme el Dom Jun 26, 2011 1:06 am, editado 1 vez
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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Elizabeth Weasley el Sáb Jun 25, 2011 5:48 pm

Día libre. Más bien era una mierda de día, pues se sentía enjaulada entre el mundo mágico, del cuál quería salir y respirar aire muggle, la moda y complementos de allí, la música increíble de esa zona, no quería soportar la presencia de enanos cabezones de rechoncho cuerpo y temprano temperamento caminando y echando la bronca a todo ser que fuera a pisarle como a una cucaracha. ¿Lo mejor? Hacía un día espantoso, eso complementaba al cien por cien las ganas de Liza el cruzarse por la zona de Hogsmeade. Miró unas cuantas boutiques de vestidos y uniformes para el colegio, obviamente interesada en la primera prenda, pero no había nada decente, y tampoco de su talla. Por Merlín, ¿por qué había tanta desproporcionalidad entre personas y otras? Era inexplicable. La caprichosa de la pelirroja Weasley siguió caminando, con un café recién tomado hasta llegar a la noche, donde pudo encontrar un sitio siniestro y terrorífico.

¿Una casa encantada? Y ella era Pamela Anderson, no te jode. Alzó una ceja pensativa, despreocupada y con un aire malvado. ¿Si entraba le iba a pasar algo? ¿O eran simples leyendas sobre esa casa de los gritos? No veía la lógica con cada uno de esos mitos, más viejos que Matusalén. Liza pisó los primeros azulejos de la vieja mansión. Contempló la entrada llena de telarañas, y raramente abierta. ¿Habría alguien dentro? ¿Por qué no fisgonear un rato? Pensó. Observó a un búho posado en la rama de un árbol podrido, de color gris ceniza como el cielo. Cogió el mango de la puerta y empujó con fuerza, pues la puerta estaba ligeramente bloqueada por la ruptura del suelo.

Al entrar, no dudó en echar una vista previa a lo que iba a ser el lugar temporal de permanencia, su parada de descanso, un sitio en el que podría saciar su libertad y sus pensamientos más negativos sobre todo lo que ocurría. Subía los escalones descarada y caprichosamente. Cogió la varita y conjuró un Lumus con rapidez. Siguió caminando hasta llegar a una habitación, donde se situaba otra luz producida gracias a una varita. Estaba asegurado, había alguien. Intentó asustarle por detrás con una voz macabra y grave como la voz de Frankestein en sus más famosas películas. Sonrió pícara y divertida, pues por fin sabía de quién se trataba.
- A quién tenemos por aquí. - pronunció lentamente, al igual que su paso, rodeando su figura corpulenta y hermosa. - Creía que te daban miedo estas cosas, Kael. ¿Es que se te ha caído ya la pluma? - sonrió sarcástica, sin apartar su mirada de la del Slytherin. Peinó hacia un lado su melena pelirroja, recogiéndolo en un matojo en su lado derecho.
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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Kael C. Wolstenholme el Sáb Jun 25, 2011 6:08 pm

La oscuridad se hacía cada vez más intensa, apenas podía divisar a lo lejos algunos objetos de color blanco u otro color claro. La única chispa de claridad que pudiese haber ahí era la de su varita. El polvo volaba a cada paso que daba, ascendiendo hasta ser absorbido por su nariz. Estornuda una vez, pero al parecer su nariz quería perturbar el asombroso silencio de la casa y de sus pasos. Tan fuerte fue que casi pudo jurar que había hecho vibrar la casa. Nadie podía oirlo, sí, pero tenía tan sumo cuidado cuando caminaba, cuando respiraba, cuando se movía, que incluso comenzó a sentir una chispa cariñosa a aquella casa. Kael era el tipo de persona que se encariñaba muy rápido con las cosas, y eso se estaba viendo ahora.

Unos pasos tenues se escuchan abajo, en el otro piso. No se mueve, contiene incluso la respiración, esperando que aquél ente pensante se aproximara hasta su posición. Si era un viejo loco, pues gracias Dios por haber llevado su varita; y si era una chica o un chico gracias Dios por haber llevado el gorrito. Hubiese buscado al menos un escondite, pero su varita lo delataría inmediatamente. El Lumos era muy intenso, y podría observarse incluso del otro lado de la casa. Se dio por vencido en querer disimular que nadie estaba en aquella casa, y siguió mirando todo, sin tocar nada, hasta que una frágil y deliciosa voz llega a sus oídos como un coro de los más hermosos ángeles.

¿Qué hacía ella ahí? El Slytherin no se imaginaba a Elizabeth en un lugar como ese: lleno de arañas, polvo, moho y porquerías en todo los rincones. Pero al menos estaba en compañía, y con una de las personas que más disfrutaba. Ellos dos ahí, solos... Todo era perfecto, y él sin siquiera planearlo Very Happy


- La pregunta es qué hace una persona tan mimada como tú en este lugar propio de pordiosero -dice de lo más tranquilo-. ¿Acaso la niña de papi quiere vivir aventuras extremas? -Esa pregunta estaba bañada de un tono burlón, acompañado de una sonrisa casi celestial- Jamás he tenido la pluma, Weasley, y nunca la tendré. A menos que tú lo pidas. Tu palabra es ley para mí. -Observa cómo se acomoda su hermosísima melena. No puede aguantar no besar esos carnosos labios que lo habían seducido desde el primer día que la vio. Se acercó a ella, y colocó sus manos en sus caderas y le robó un beso, un beso largo.
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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Elizabeth Weasley el Dom Jun 26, 2011 11:13 am

Si lo único que faltaba en aquella mansión eran los cadáveres de la gente que residía allí, ya calcinados y podridos por el paso del tiempo. Desagradable y repulsivo, pero molaba bastante, en realidad, mas a Liza le parecía una broma que una cruel realidad que se llevó a cabo años y años atrás, incluso siglos. La luz de su varita iba iluminando débilmente cada parte de la sala, sin dejar de perder la compostura valiente y aventurera. Las escaleras crujían hasta doblarse, y los ventanales se encontraban completamente destrozados, como si un bombardeo de piedras de inmenso tamaño hubiera derribado aquella bonita vidriera. Ella tenía una conclusión no del todo obvia, a lo mejor allí vivía una familia no muy querida y los ciudadanos fueron por su busca y captura, o simplemente tuvieron muerte natural sin necesidad de tener un entierro digno de cualquier otra persona.

Siguió subiendo lentamente, escuchaba ruidos provenientes de una persona. Antes de haberle asustado casi sabía de quién se trataba. Su talante se notaba a mil leguas aunque no se viera ni se oliera. Bueno, esta última podía ser una posibilidad, pues el joven Sly parecía ir bien perfumado al posarse a su lado, algo común entre todos. Sonrió pícara ante su presencia. Le hacía gracia, desde tiempos inmemoriales (dejémoslo en el típico “cuando entró a Hogwarts”) la pareja mostró una hostilidad digna de admirar, pero que, tiempo al tiempo, iban madurando y una intensa llama surgía lentamente.

Se acercó a él para iluminarle más sus perfectas facciones, mientras mantenía su mirada puesta en Kael. Era un momento bastante íntimo, pues, ¿quién iba a entrar a aquella mansión? No mucha gente, que digamos. La oscuridad se apoderaba de la luz de la varita, o esa era la visión de Liza al mantener su mirada hacia el chico.
- Tú tampoco eres un pordiosero, que yo sepa. Toda persona de cualquier clase social puede pasar por aquí, ni que un murciélago fuera a atacarte. - rió sin sentido, dándose cuenta del chiste tan malo que hizo. - Y sí, podría decirse que la niña de papá quiere aventura, su vida es muy monótona dentro del castillo, y bueno, me preguntaba si quieres formar parte de esa aventura, ya sabes... - se mordió el labio inferior con impaciencia. Notó la presencia de Kael acercarse más para besarla con pasión. ¿Cuánto duró? ¿Medio minuto? Lo que sabía es que se quedaba sin respiración, la pelirroja se lanzó hacia él, casi agarrándose a sus ropajes, mientras jugaba con su boca y aprovechaba para respirar. No era nada raro que Liza no se acercara hacia él para besarle, era un ser completamente irresistible.
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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Kael C. Wolstenholme el Dom Jun 26, 2011 2:54 pm

La presencia de Liza en aquel día sabatino tan aburrido y feliz en Hogsmeade podía resultar una válvula de escape perfecta para liberar ambos aquella pasión que sentían el uno por el otro. Desde hace un año que ellos sabían que no podían ignorar esos ardientes semientos el uno hacia el otro. Lo irónico en eso es, que a pesar de demostrarse su cariño de modos no aptos para menores de 18 años, es que aún así mantenían aquellos sentimientos de rabia el uno por el otro que caracterizó su trato por más de tres años. Como dicen, después del odio viene el... ¿Amor? No, dejemoslo en Pasión. ¿Que no era un pordiosero? Bueno, en esos años no lo había sido, pero en su infancia sí, cuando estuvo obligado incluso a mendigar por su padre cuando se mantenían ocultos en África. Pero hoy, no pensaría en ello: hoy pensaría en ellos dos ahí, muy cerca el uno del otro, percibiendo con su sentido del olfato el olor del otro.

- La gente es muy cobarde -puntualizó ante lo primero-. Se siguen tragando esas míticas historias de espíritus malignos y de una bestia sanguinaria que se retuerce de dolor. Llevo quince minutos aquí y no he observado un espíritu ni un monstruo... ¡Ah, no! El monstruo eres tú Very Happy -Se burló, mostrando una sonrisa muy simpática- Pero no un monstruo feo, no, no, no; si no un monstruo provocador que te obliga a hacer cosas sin tu voluntad propia. -Muy cursi, sí. Kael no era el típico hombre que iba por ahí diciendo cursilerías sin sentido aparente. Su cara se muestra indiferente ante el mal chiste que improvisó Liza. Madre mía de mi vida...

- ¿Quieres diversión? -Kael sabía a la perfección lo que ella quería. Era común ya en ellos cuando estaban a solas- La Princesa de Gryffindor se hartó de estar encerrada en su Castillo y ha buscado a un concubino que la divierta, ¿no? -En ocasiones solía manifestar sus palabras con un muy claro segundo sentido- Bueno, me tienes aquí, ¿no?

Cuando une sus labios con los de Liza, también esperó aquella reacción de 'violencia'. No le interesa que agarre su playera, no le interesa que le arañe la espalda. No le importa nada en esos momentos. Su varita cae al suelo, y ahora pone a Liza en el lugar en el que estaba él. Ahora ella estaba entre una mesa y Kael. Sus manos se dirigen a su espalda, acariciándola casi con ternura.
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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Elizabeth Weasley el Dom Jun 26, 2011 6:25 pm

El nivel de odio hacia él era tan alto que ni la propia pelirroja se podía dar cuenta de aquello. Con el era distinto… Se fijaba en su irresistible físico, en esa mirada de cordero degollado y esos ojos arrebatadores de almas y sentimientos. Era casi incapaz de sacar su vena más salvaje, pero a la vez pasional de Liza. Y le daba vueltas al asunto, y no llegaba a darse cuenta de todo lo que le había pasado desde su infancia, información que sabía desde fuentes más confidenciales y secretas, entre otras. Por una parte comprendía el odio a las niñas mimadas, como era la maldita Elizabeth, pero por otra parte mostraba una vena seductora, incapaz de todo lo que ha podido vivir hasta el momento, tan extraña como la lluvia sin nubes.

- Me avergüenza esas actitudes tan delicadas, si ya ves tú, es una mansión de pacotilla, sin trampa ni cartón. – menciono por lo bajinis la pelirroja de Gryffindor, mientras miraba al moreno con cara de indignación por el “bonito” halago que le dio a continuación. – Prefiero ser un monstruo que a parecerme a ti, buena persona. – sonrió con ironía, mientras le apuntó con un dedo en su musculoso pecho.

- Y sí, la quiero. Todo es monotonía, quiero algo distinto, que venga de quien sea. Que me llamen zorra si quieren, pero quiero algo productivo y distinto por hacer, y ya. – caprichosa a más no poder, Liza mantuvo una mirada rígida y pensativa, seguidamente, echó una mirada a Kael y le guiñó un ojo de manera tan extraña que ni ella se lo podía explicar. – Me pega más ser la típica alumna de un colegio de magia que una princesa de cuentos, aunque ya sé que tú eres mi príncipe, el cual me hará sonreír durante el resto de mi vida, tendremos muchos hijos y bla bla blá, aunque parezcas en este caso un bufón mujeriego de la corte. – corrigió, contando la típica historia de dibujos animados como otras veces había hecho. Ahora estaban solo ellos dos, y el termómetro iba subiendo.

Era tan fuerte el impulso de Liza hacia aquel chico que no pudo contenerse ni un segundo. Era un arma fácil, una presa de lobo feroz, una persona que le iba a ir mal en la vida si no maduraba de una vez. Ahora prefería vivir un mundo de satisfacción emocional y de caprichos a tutiplén. Se estampó hacia una mesa rígida y dura. Rió por un momento, en un intento de hablar entre apasionados besos. – Veo que te gusta que me veas sufrir en un sitio de estos, ¿verdad? – declaró con una pícara sonrisa, mientras acariciaba con una de sus manos su nuca, ancha y con una pelusilla encantadora y rasposa.

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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Kael C. Wolstenholme el Dom Jun 26, 2011 7:04 pm

¿Avergonzada ella? ¿Avergonzada Elizabeth Weasley? Llevaba cuatro años conociéndola y jamás la había visto avergonzada o apenada por algo. El irlandés se había convencido que ella no tenía esas dos emociones, creía que en su mente de polilla nada más existía la emoción del deseo; deseo de la moda, deseo del dinero, deseo de obtener lo que desea en un dos por tres. Pues se equivocó completamente. El Monstruo del Deseo que había visto en su mente por esos años había sido aniquilado completamente. Incluso podía verla más humana que antes. Apoya ambas manos en la mesilla, escuchando el debil murmullo. Tan intenso era el silencio que hasta el más tenue de los murmullos era perfectamente audible.

- Pues no has hecho nada por cambiar. Ah, no, espera, es que nunca cambiarás -no lo dijo para molestarla, estaba completamente seguro que Liza seguiría siendo la misma niñita malcriada que la caracterizó lo más seguro desde su nacimiento hasta el día de su muerto. Aunque Kael, lo más seguro, es que iría por el mismo camino. Él también moriría siendo un completo promiscuo sin siquiera interesarle algún día tener una familia estable-. Así que no quieres ser una buena persona... -repitió- ¿Y si de repente el Hada de la Bondad te hechiza con su varita? -Una pregunta retórica y muy estúpida, desde luego- Además, cuando eras una cría eras de por sí más insoportable de lo que eres ahora. Sigo sin soportarte, pero con el paso de los años he aprendido a sobrellevar eso -se sinceró. Para ella no era un misterio ni un nuevo descubrimiento, simplemente quería hacer que se acordara.

Ella quería algo nuevo. Quería algo nuevo y excitante. ¿Pero para qué? Lo que pasara ahí se quedaría ahí, y después mañana tendrían que enfretar de nuevo la misma monotonía que caracterizaba sus días en Hogwarts. Tal vez a ella le molestara su vida en Hogwarts, pero a él no. Hogwarts seguía siendo su hogar, y no lo cambiaría por nada del mundo. Había vivido cosas tan buenas como malas, en su mayoría buenas.


- ¿Ya te acostumbraste a que te llamen zorra y demás sinónimos? Bueno, en gran parte los insultos son míos, lo más seguro es que ya ni te molesta cuando lo digo. -Comentó, mostrando una de sus mejores sonrisas- Dame una idea de lo que quieres -La emoción en su voz era palpable, extremadamente palpable-. Yo soy tu príncipe, tu esclavo, tu mascota si te da la gana. Yo soy tuyo y tú eres mía, y de nadie más... Bueno, tú de mí, porque yo soy de todos y de todas. -Ella sabía perfectamente que él era el tipo de chico que se liaba con todo lo que le pasara por delante, y no hacía nada para ocultarlo, aunque se muriese de amor por ella.

No le interesó nada en esos momentos. Ahí lo único que importaba eran ellos dos, compartiendo sus besos de un modo cada vez más animal. La temperatura ascendía escandalosamente, y al parecer los dos no querían hacer nada para evitar que eso siguiera teniendo ese rito
-. Te quiero ver retorciéndote en este sitio -musitó, descendiendo casi cariñosamente hasta su cuello.
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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Elizabeth Weasley el Mar Jul 05, 2011 4:24 pm

¿Cómo podían cambiar las cosas tan rápidamente en un momento tan íntimo y personal como era el de esta pareja de enemigos aparentes y decididos? Era una historia contradictoria, una antítesis en toda regla, que ni el mayor filósofo de la historia podría contra este fenómeno. Adiós teorías, hola surrealismo, imaginación, fantasía, burda imitación de historias tan bonitas como cuentos de hadas, todo era bienvenido en este momento, extrañamente. ¿Se sentía avergonzada, como había dicho antes? La verdad es que no, una vez ya se había acostumbrado a la presencia del moreno, todo cambió, se convirtió en un mundo diferente, más perfecto, más estúpido.

- ¿Y tú qué sabes? A lo mejor el que no ha cambiado aquí eres tú, y sigues siendo el mismo pintamonas ligón y encantador de chavalas más calientes que una Harley. – respondió algo celosa y lejana al tacto afectuoso que estaba recibiendo desde entonces, con alguna que otra guasa y punto importante de ironía. Pero ahora que lo pensaba… ¿había cambiado? Antes era una niña mimada, ahora también lo era, pero no con malas intenciones, todo por bienes para ella. ¿Perjudicaba a la gente? Esa era otra pregunta, la cual desconocía por completo. Le dio por reflexionar un microsegundo, pero ni este fue el tiempo suficiente como para que Kael estuviera esperando ansiosamente respuestas de afecto por parte de la pelirroja. Sonrió casi de inmediato, y jugaba con su pecho, gracias a dos dedos suyos. – Bueno, el Hada de la Bondad podría haberme hecho un favor, pero aún así no necesito piedad de nadie, quiero ser como me lo pida mi mente y mi cuerpo. Y si sigues sin soportarme, mala suerte, o a lo mejor es bueno, incluso. – mencionó jugando con los dedos de su mano, coordinadamente.

Necesitaba su presencia junto a él, y no sabía de qué maneras podía seguir con él, mantenerse en contacto con aquella figura corpulenta, violenta, inocente facialmente, la perfección en persona, un ángel de la guarda. Quería agarrarle, besarle una vez más y sentirle tan cerca que pudiera hasta vomitar mariposas dentro de su boca húmeda y cálida. Casi lo podía notar, no estaba tan lejos aquella posibilidad de darle cariño como nadie antes había hecho. – La verdad es que no me gusta que me llamen zorra, pues no lo soy. Pero contigo puedo hacer una excepción, llámame zorra y lo que quieras, yo lo tomaré como si fuera un mote cariñoso. – siseó casi con la boca cerrada, mostrando un pequeño susurro junto a este. Sus ojos azulados se centraron en su presencia una vez más y escuchó su proposición, tan indecente y denigrante como cualquiera que había hecho ser humano. Era sin duda típica de un tarado, un enfermo sexual, y ella no lo era. Al menos hasta dentro de unos cuantos años más. - Dejemos que el tiempo lo decida por sí solo, ya veremos quién es aquí la mascota, el objeto de quién, el amor de cada cual. – pronunció lentamente, con una sonrisa pícara en los labios, y se junto hacia él una vez más, para sentir su calor entre abrazos y agarrones por la espalda.

- Si te soy sincera, me gustaría que TÚ, solamente TÚ, fueras mío, y no de nadie más. Tampoco digo nada de una relación seria, pues eso al final acaba mal, pero podemos no estar comprometidos hasta un futuro con hijos y felicidad, ya me entiendes. – hizo un ademán con la cabeza, algo celosa por el comentario tan machista y absoluto que había dicho Kael en aquel momento. No quiso armar un infierno allí con una discusión, pues siguió el asunto al joven mujeriego. Esta le besó por milésima vez más, sintiendo calor, un calor tan cómodo que no podía armarse de valor para apartarlo de ella. Una vez estaba tumbada en aquel incómodo sitio, el Slytherin bajó por el cuello de esta y empezó a darle besos por la zona. Gimió suavemente de placer, intentando hablar. - ¿Y por qué no te retuerces tú? – se levantó rápida y audaz, y puso encima del muchacho, agarrándose a su camiseta con fuerza, e incluso furia. Le mordió levemente el cuello, dejándole una pequeña marca.

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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Kael C. Wolstenholme el Mar Jul 05, 2011 4:57 pm

Las palabras de la pelirroja lo hacen dudar. ¿Si el que estaba como desde el primer que llegó a Hogwarts era él? ¿Si él era el Monstruo, como estaba catalogando a Elizabeth, que sólo quería algo por mero egoísmo? Sí, era cierto. Kael era un ser sumamente egoísta, un ser que no le interesaba lo que estuviera delante de su objetivo. Siempre quería alcanzarlo, aunque tuviese que cruzar los siete mares. Esa tal vez era una de las escasas cosas que ellos tenían en común. Eran tan diferentes, tan arrogantes, tan parecidos en ese aspecto, que era insólito que ambos se demostraran un cariño de una feliz pareja recién casada. Eran como el agua y el aceite, nunca mejor dicho. Sonríe de lado al escuchar el ejemplo de Weasley. Claro, más caliente que una Harley. No iba a protestar. Sabía, muy a su pesar, que tenía toda la razón en cosiderarlo así: un completo ligón sin sentimientos profundos. Aunqu eso, en esos momentos, se estaba poniendo a prueba.

- Y tú eres un ángel casto y puro -alzó la ceja, divertido-. Ambos estamos hechos del mismo material, Weasley. -Otro aspecto que compartían los dos. Tal vez las únicas dos cosas en común, por poco se le olvida. Por esos instantes ese crepitante sentimiento de cariño y deseo el uno hacia el otro se vio ofuscado, casi desvaneciendo, hasta que fue ascendiendo de nuevo, retomando el mismo rumbo que hace unos instantes-. Ya eres como te lo pide tu cuerpo y tu mente. Eres completamente perfecta, exquisita, casi una musa, como te lo habrás propuesto. Siempre haces que todos caigamos rendidos hacia ti. Eres como una enfermedad de la que nadie se quiere librar, de la que nadie quiere tomar una medicina para curar. Uno disfruta con ese dolor -sus manos se van deslizando hasta su espalda, descendiendo lentamente hasta llegar a sus maravillosas caderas-. Le añade un poco de emoción el odio que sentimos el uno por el otro -añadió, acariciando con sus dedos la cadera de la pelirroja, maravillado.

La intensa mirada de Elizabeth y sus gestos le dejaban en claro lo que estaba pasando por su mente. Ella, lo más seguro, es que también se hubiese dado cuenta de su intensa mirada. Ambos se sentían exactamente igual: necesitados el uno del otro. Kael estaba bien claro en eso, que a ella no le importaba cómo la llamara. A él tampoco, no le interesaba en lo más mínimo que le insultara, que lo dejara por el piso, pateándole hasta retorcerse de un dolor punzante en la boca de su estómago. Viniendo de ella, lo disfrutaría
- A mí tampoco me desagrada que me digas mil y un vulgaridades. Llámame maricón, cerdo, pervertdio, lo que quieras. Me importa una mierda. -Susurró, rozando su nariz con la de ella, sintiendo su dulce aliento en su rostro, ese olor tan maravilloso que era capaz de llevarlo a las estrellas- Somos la mascota uno del otro, el sirviente uno del otro. -Le besa lentamente los labios, dejando que cada fibra de su piel sintiera el cálido tacto de su boca.

- Por ti soy capaz de meterme en un convento, si te da la gana. Cada vez me convenzo más que soy tuyo y de nadie más. Mi alma es solamente tuya, cada día estoy más seguro. Hasta mi modo de pensar, si quieres, dejaré que te adueñes. Tu manipulado títere -por ella dejaría de ser un ser pensante, sencillamente un manipulado más. La agresividad de Elizabeth le maravillaba. No le interesaba si era bruta. El gemido que salió de su boca logró que riera, aún ocupado en su cuello. No pudo escuchar nada muy bien, debido a lo concentrado que estaba. Lo único que supo es que fue empujado bruscamente y que Liza le daba un mordisquito en el cuello. No le dolió, lo disfrutó como nunca. La pegó más a él, sin dejar milímetros de distancia siquiera.
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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Elizabeth Weasley el Lun Jul 25, 2011 11:19 pm

Cada vez todo era más oscuro, pero sin duda, más placentero. Era de admirar saber que al menos, el joven chico, de a saber donde había aprendido aquellos modales tan rebeldes, sintiera un apasionado sentimiento, el cual no era muy fácil de explicar con palabras. ¿Sería amor? ¿Preocupación? ¿Acaso a Kael le importaba aquella belleza Weasley? Era difícil saberlo, pero sus ojos expresaban cualquier cosa, con locura. Sentía deidad ante su persona y su presencia pelirroja. No sabía qué hacer, sinceramente, pero no iba a escapar. No se sentía capacitada para hacerlo, pues eso sería de cobardes, y una Gryffindor no es una cobarde en absoluto. Tenía que demostrar que tenía madera de mujer, de lo que quería llegar a ser en la vida.

- Mira, querido. Puede que no sea un ángel casto y puro, pero la verdad, no he mencionado nada de lo que no estés de acuerdo. Además, me gusta tener un lado sucio, secreto, contigo más bien. Siéntete afortunado, pues no hay más mujeres como yo, Kael. - remató la faena con un ademán casi de desprecio, pero que en el fondo demostraba desesperación por sentirle una vez más entre sus brazos. No era la primera vez que estos se encontraban ni mucho menos. En el colegio se miraban furtivamente en medio de las clases de Herbología. En Pociones, Liza había sido chamuscada por una mezcla indebida gracias a su desatención y su embobamiento por el chico. Y eso era difícil de controlar. De repente, las palabras que ella quería oír sonaron, como si aquello fuera un deseo de una lámpara mágica. Sonrió con descaro, mirándole con los brazos cruzados y fingiendo pensar algo lo suficientemente importante como para mostrarse desatendida. - O sea, soy como una enfermedad, y además, la medicina de esta. - intentó explicar con confusión. - Bueno, no es una mala comparación, se puede decir que no soy mucho de domesticar, no soy tampoco una fiera salvaje, pero seguro que personas como tú pueden ayudar a controlar mi locura, o quizás, personas como tú la producen... ¿no es así? -.

Se pausó, con aquellas últimas palabras, que había dejado casi en suspense. Una música de fondo sonó detrás de su cabeza. Misterio ante todas las cosas. No sabía cómo actuar. Necesitaba una mano guía, más bien unas palabras por parte del chico de Slytherin. Violento en actitud, se acercó a ella más, colmando el vaso con sus impertinencias. Le gustaba, como a nadie. Fingió una mueca de resentimiento, y siguió necesitándole tanto que no sabía si cortarse las venas con un trozo afilado de cristal procedente de una cristalera hecha añicos por completo. Sabía perfectamente lo que era: Un engreído. Un maldito Casanova, que se encargaba de avistar a todo ser, animal y objeto vibrador no identificado que fuera a satisfacerle durante una noche. Quién sabe lo que estaría guardando aquel chico, o lo que tenía entre manos, pero ella pasaba de todo. Siguió en su rollo de niña lista e inocente, pero su vulnerabilidad no podía con ella. Decidió rendirse ante él. - Serás todo eso, todas esos atributos que te dedicas a ti mismo, los tomaré como virtudes, si no hay otro remedio. - entonces, lo besó. Lo besó nuevamente, con pasión, con más ansia de sentir sus labios con los del extranjero. Se dejó llevar por sus movimientos, ignoró toda palabra que pronunció, pero pudo entender algo de convento. No evitó reír, después se concentró en el benefactor de sus carnes. ¿Estaba haciendo bien ese día? Quién sabe, esto es amor.
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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Kael C. Wolstenholme el Mar Jul 26, 2011 12:07 am

Como hasta hace unos minutos, las emociones que habían en ese momento flaquearon. Al parecer los comentarios que daba Kael en ocasiones podían sensibilizar un poco a la pelirroja. Era común que siempre que tenían esos encontronazos siempre terminaban por sacar, aunque fuese por dos segundos nada más, el lado más hostil del uno hacia el otro. Ya al irlandés eso le parecía normal, ni siquiera daba unas palabras de consuelo para limar las asperezas, simplemente era algo normal... sin más. Ya siquiera la escuchaba quejarse... si es que lo hacía, sólo escuchaba un murmullo, un lejano murmullo. Estaba completamente distraído acariciando su cadera, subiendo y bajando por las curvas de su cuerpo con la llema de sus dedos.

- Vaya, sacaste las garras -agregó, aún distraído, retomando de nuevo la situación-, se nota que estás segura de tus palabras, Weasley. Además, no eres la única que cree que eres única en el género femenino. Te puedo asegurar que compartimos opiniones respecto a ti -susurró, perdiéndose en su cuello, hablando casi entrecortadamente, besando toda la extensión de su cuerpo. Se detuvo, cuando escuchó eso de quue él podía controlar su lado salvaje. Claro que podía, ¿cómo no iba a poder?-. Soy muy capaz de controlar tu lado más salvaje, Weasley. Y tú también puedes con el mío, aunque soy más energúmeno que tú, claro está -rodó los ojos, surcando entre la línea recta de sus labios una sonrisa que inmediatamente se perdió de nuevo, para internarse de nuevo su boca en su cuello.

De repente, todo dejó de escucharse, lo único que se oía era el ruido de sus labios chocar contra los del otro. Lo que hizo la excepción fue una risa de Liza, que dio paso de nuevo a una pasión desenfrenada. Kael estaba cada vez más cerca de lo que, a través de tanto años había esperado, se comenzarí a abrir paso ante él. Estaba cada vez más descontrolado. Comenzó a recostar a Elizabeth contra la mesa, quedando ella en una posición doblada y Kael sobre ella. Siguió a lo suyo, pero pudo percibir la frialdad de Elizabeth. No sabía si ella quería hacerlo completamente esta vez. Kael se detuvo, levantándose de ella, quedándose de espaldas. De nuevo lo mismo...
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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Elizabeth Weasley el Miér Jul 27, 2011 10:56 pm

Mantuvo la mirada algo seria a Kael. Era una relación surrealista, pero nadie dijo nada de que esto no pudiera pasar en la vida, tampoco nadie famoso, conocido mundialmente por las tonterías que pudiera publicar. Se suponía que eran las causas del amor. Los efectos segundarios, aquellos retortijones en el estómago que casi la dejaba sin pensar, ese embobamiento de manera que se encontrara en otro mundo diferente al suyo, sólo con él, en aquellos momentos, solo quería estar con él, hasta el infinito y más allá. ¡Era un engendro de la naturaleza! Pero le quería, de una manera extraña, pero lo quería.

- Debo hacerlo, pues entonces no sabría defenderme como persona, no me preocupo tampoco por mi físico con las otras perras del colegio. - sonrió, posando una de sus manos al hombro corpulento del irlandés, mientras lo miraba profundamente. Esos ojos oscuros, esos tonos tan grotescos y lúgubres del joven causaban temor y malestar en el lugar, pero ella sentía todo lo contrario. ¿Tan paradójico como aquello? Nada en absoluto. No era buena en encontrar a alguien decente en su vida, pero sí era una gran buscadora en el amor. - Eso no lo pongo en duda, que lo sepas... - confesó, mirando a ambos lados de la sala, a ver si ocurría algo fuera de lo normal, como solía pasar, o eso decían los habitantes de Hogsmeade. - ... aún así, me da igual que seas tan violento, yo nunca miro las fechorías que haces a diario, sino la posibilidad de que puedas ser normal y corriente, un humano, y no un perro de caza. Mira por ejemplo conmigo. Te sientes... normal, tranquilo, ¿por qué con los demás pasa lo contrario? - hizo una mueca de preocupación.

Seguía manteniendo contacto carnal con él, sus labios con los del chico, transmitiendo todo el amor que podían poner encima de la mesa, jugando todas sus cartas. Pero no sería hasta dentro de un momento cuando fuera uno de estos dos personajes cuando fuera a tirar las cartas, abandonando aquel juego tan sucio. La pelirroja se sintió rígida, incómoda. No era duda, sino poco atrevimiento. No podía respirar casi, a no ser que al abrir la boca para pegar una bocanada de aire, salieran tantas palabras como pájaros tiene en la cabeza. Suspiró, intentando echar todo el mal chacra que había en su interior, y se acercó bruscamente.
- Kael, soy cobarde. - murmuró silenciosamente, sin dirigirle la mirada, a saber cómo se lo fuera a tomar. - Te quiero, muchísimo, más de lo que piensas, pero... no estoy preparada para tanto meneo. - entonces, de sus ojos salió una lágrima, no de rencor, sino de resentimiento. Se esperaba la peor de las respuestas, a no ser que este chaval fuera comprensivo con ella. Era una chica de catorce años, joder.

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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Kael C. Wolstenholme el Sáb Jul 30, 2011 3:59 pm

Fijó por unos momentos su mirada en la de ella, y sintió casi hasta vergüenza cuando le miró tan seria. Siempre que percibía esas miradas en sus azules ojos hermosos, se sentía avergonzado, debil, vulnerable ante cualquier situación. Y por culpa de ella, por culpa de su perfección y escultural cuerpo, sentía que no hacía nada bien, se sentía inútil; y todo a través de una mirada suya. A veces sentía incluso que no era nadie para ella, que simplemente era un gusano más en su camino, pero ella, cada vez que podía, como en esos momentos en los que ambos se reflejaban amor, le demostraba que no era así. Elizabeth era la única persona en toda la faz de la Tierra que le hacía sentir inferior, pero siempre disfrutaba el sentirse menos delante de ella. Era, como ya se había dicho, su enfermedad. Su tormento del que no quería salir. Que disfrutaba con ese dolor. Incluso se llamaba internamente a veces 'masoquista', y no le importaba si lo era o no. Mandaba a la mierda todo.

- ¿No te ocupas de tu físico? -preguntó casi en su susurro. Las yemas de sus dedos van desde la cintura de la joven hasta su colorado pelo, sintiéndolo entre sus dedos como algodón egipcio. Toda ella era perfecta, desde su cabeza hasta sus pies-. O debe ser que entendí mal, no sé. Pero es mejor así: que no seas una maniática del ejercicio y de no comer nada. No me gustan las anoréxicas -comentó, sentándose él sobre la mesa y colocándola muy cerca de él aún. Él no sería jamás violento con ella... físicamente claro. Ambos eran violentos verbalmente el uno hacia el otro. La escuchó atentamente, poniendo atención a lo último que decía. Sí, era completamente cierto. Con las demás personas era un animal inteligente, pero con ella, él se sentía normal, relajado, libre-. Las demás personas no se merecen que sea como tú -aclaró-. Ninguno se merece que yo me comporte como un ser humano. Tú eres la única que me hace sentir normal, que me haces sentir el amor, el cariño y el afecto de alguien que van más alla de lo carnal. Gracias a ti conozco todo este mar de emociones que siento ahora -vale, hasta le sacaba la vena cursi y todo.

Había cambiado de posición ahora. Liza se encontraba casi recostada sobre la mesa, demostrándole todo su amor. Pero no fue así por mucho tiempo. Cuando Kael la soltó, se sintió un poco culpable, un poco frío y cruel al dejarla a su espalda. Su mirada se oscureció y se pasó su mano derecha por el brazo izquierdo. Kael sentía que Liza le temía, o que temía llegar a puntos más fuertes con él. Pero el irlandés también tenía que entender que Liza aún, practicamente, era una niña. Y él también era casi un niño. Parecían, efectivamente, dos niños jugando a los adultos. Cerró los ojos, intentando olvidar todo, pero no pudo, ya que la pelirroja habló, con enojo en sus palabras. ¿Cobarde? Ella no era cobarde. Era sumamente normal que se pusiera así. Kael se volteó de nuevo, y le agarró con una ternura increíble el rostro, pegando su frente con la de ella.


- Escúchame, tú no eres ninguna cobarde. Jamás lo has sido y jamás lo serás. No quiero que te desprecies de ese modo -susurró, fijando ahora sus ojos en los azules de la Gryffindor. Una lágrima resbaló por ellos, y fue cuestión de tiempo para que, de los grises ojos de Kael, también resbalara una salada lágrima. Ambas lágrimas resbalaron casi al mismo tiempo, cayendo al suelo como dos cristalinas gotas de agua-. Si no estás preparada para esto hoy, yo esperaré. No me interesa esperar hasta mañana, pasado mañana, una semana, un mes, un año, diez años. Por ti soy capaz de esperar toda la eternidad, sentado de rodillas sobre un bloque, esperando por ti -le aclaró, besándole con la misma ternura con la que agarraba su rostro y abrazándola delicadamente, sin querer separarse jamás de ella. Ninguna persona le hacía sentir como lo hacía ella.
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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Elizabeth Weasley el Mar Ago 16, 2011 1:37 am

Se sentía intimidada. ¿Solo eso? Quizás peor. No sabía ni cómo sentirse ante la actitud que tuvo con Kael. Su mente seguía convenciéndola con pensamientos más que pésimos y negativos, y eso le perjudicaba tanto a ella como a él. No sabía si tirarse de las escaleras de la misma mansión, o esperar a que el mismo muchacho cogiese de improviso un cristal roto y se lo clavara en la yugular, como si fuera un ladrón robando en una pastelería. Oh, touché, con las manos en la masa. No quería dirigir su mirada hacia él, estaba lo demasiado avergonzada como para hacerlo, aún así, no perdía una seriedad en su cuerpo característica cuando se encontraba sola, con un chico, en concreto, con el que más le gustaba. Dirigió su mirada un momento hacia el Slytherin, y no vio ningún indicio de que estuviese mosqueado o enfadado. Al contrario del mundo, estaba... apenado. ¿Pero por qué? ¡Él no había hecho nada, ella sí! Era ingenuo, como un niño pequeño.

- Para nada. ¿Sabes? No soy tan superficial como dice la gente, pero para ser alguien, hay que fingir tal prioridad. - confesó cual canalla en una silla eléctrica. Sus ojos penetraban en los suyos, celestes con unos más oscuros. Sentía sus manos por las curvadas caderas, además de marcadas. Cual Dios estuviera acariciando una nube para dar forma, Liza sentía una sensación más que parecida, casi igual. - No soy anoréxica, estoy bien proporcionada, si se puede decir de cualquier manera. Al menos, no quiero descender hasta pesar cuarenta y pocos kilos, eso es inhumano. - sus labios formaron una sonrisa algo nerviosa por su presencia, mas su posición era pétrea, como una estatua.

Todo se centró en aquel momento, donde la pelirroja de Gryffindor la fastidió como nadie. ¿Qué pensarían los demás si se enteraran? Y lo peor, ¿qué haría Kael, escapar, seguir con ella...? No salían juntos, pero un fuerte impulso los unía cuales abejas con su polen. Cuando se separó, no tardó ni un segundo en abrazarle. No quería salir corriendo, al menos no con él. Aquella complicidad no era nada típica en ellos. Quizás las confianzas sí, pero aquella relación era casi insoportable. Aun así, pudo sentir su calor, su interior, sus pensamientos sin el requerimiento de palabras. - Si lo soy, joder. Tengo casi quince años. Se supone que he madurado, pero no lo demuestro ni para tiros. - dijo entre sollozos y faltas de aire. Momentáneamente le entraba hipo, produciendo un ritmo no muy acompasado. Pero él seguía siendo comprensivo, seguía queriendo a esa niña. No se lo merecía, pero lo hacía. - No te lo mereces. ¿Y si viene otra? ¿Eh? Es imposible que puedas aguantar tanto tiempo. Todo por una puta relación, te lo juro. Te quiero, más que a nadie en este mundo, y espero que nadie pueda entrometerse en nuestro camino. Espero... que tú pienses lo mismo. - susurró, besándole en los labios con toda la pasión que le quedaba en el cuerpo. Tan solo esperaba una reacción positiva.

Sin duda, la respuesta fue positiva. Ella sonrió, aliviada. no se sentía para nada merecedora de su corazón, al contrario que el muchacho de Slytherin. Después de una reflexión profunda y una conversación bastante empalagosa, a ritmo de mimos y caricias, salieron de aquella mansión del terror, cogidos de la mano, como si así fueran a estar siempre.
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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Kael C. Wolstenholme el Jue Ago 18, 2011 4:53 pm

Cuando Kael alzó la mirada, pudo percibir que la de ella estaba dirigida a otras direcciones, sin siquiera fijarse de reojo en él. Dejó un momento sus caderas y subió con cariño hasta su cara, pegando su frente con la de ella, y cerró los ojos un instante, deseando que cuando los abriera conseguiría los hermosos ojos como zafiros de la leona clavados en los suyos, tan grises como un día nublado. Afuera la brisa se había detenido, como si esta también estuviese al pendiente de lo que sucedía con la Gryffindor y con el Slytherin. Su rivalidad, aparte de ambos caracteres tan diferentes, se encontraba en dónde es que estaban cada uno: en dos casas que eran rivales desde tiempos innombrables. Abrió sus ojos, y despegó su frente de la de ella por ese momento.

- Oh, yo no insinuaba que fueses así, es solo que con este cuerpo cualquiera diría que te cuidas muchísimo. Aunque claro, tampoco pienso que te metes chocolates hasta por la nariz -aclaró, enarcando una ceja y mostrándose una tensa sonrisa en sus labios. No estaba hablando con una modelo internacional adicta a su físico tampoco-. Mucho mejor, así no estaría con un palillo de dientes. Eres perfecta tal y como eres -no se le había pasado por la cabeza que el hablar del físico de una mujer con ella misma era un punto peligroso en una conversación. Era como entrar en la cueva del lobo.

En su rostro se había dejado la marca de una lágrima, una lágrima que había derramado junto con ella segundos atrás. Ambas habían caído como un pedazo de cristal, fragmentándose al contancto con el suelo de madera. No salía del shock de haber soltado una lágrima. No había llorado desde hace años. Eso demostraba que lo que los unía era mucho más fuerte que una atracción física. No la quería soltar, no la quería liberar, quería protegerla, como si de un niño pequeño se tratara. Quería mantenerla en sus brazos acurrucada por toda la eternidad su pudiera. Estaba molesta consigo misma, se odiaba interiormente, y eso era visible. Se había llamado cobarde, y eso simplemente demostraba cuanta cólera sobre sí misma llevaba en esos momentos.


- Escúchame -su voz se tornó extraña. Se volvió seria y confianzuda. Agarró su cabeza y pegó de nuevo su frente con la de ella, escuchando su entrecortada respiración y sus tiernos hipidos-, tú no eres ninguna cobarde, no eres eso y jamás lo serás. ¡Por favor! El imbécil soy yo, que soy todavía un niño jugando al adulto. Sí, haz madurado; el que no ha madurado soy yo. Y no me interesa, pasarán mil chicas y chicos por delante, me los podré tirar, pero lo que siento por ti no lo he sentido por nada ni por nadie. Eres la persona más importante para mí en este mundo -terminó lo último con un gran énfasis, demostrando en cada una de sus palabras que lo decía con el corazón en la mano-. Mejor vámonos de aquí, que se hace tarde -correspondió a su beso con una gran pasión, abrazándola como si de un bebé se tratara.

Y así, ambos salieron de la casa. Kael estaba convencido que lo que había pasado en esa casa perduraría en su memoria hasta el día que muriera.
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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Sebastian T.Aldrich el Lun Oct 31, 2011 4:11 pm

Sebastian, entraba, con cuidado, y lentamente, por el pasadizo que daba a la Casa de los Gritos, mientras disfrutaba de uno de los placeres muggles más frecuentados por él. Fumar. Ningún compañero suyo de Hogwarts lo sabía, ya que seguramente, sería una deshonra. ¡Un mago con placeres muggles! Bueno, sí a una cosa que provocaba cánceres, se podía llamar placer. Pobre, sí pobre, malgastaba su tiempo en eso. Calada, tras calada. Llego a su destino, un lugar clandestino, ¿Se podría llamar así? Todo lleno de polvo, mucho polvo, y pocos rayos del sol, podían traspasar aquella construcción de madera. Que lugares le gustaban a Aldrich.

Terminó de fumarse el cigarrillo, y acto seguido, ya tenía otro en la mano. Sacó el mechero, otro artilugio muggle, que lo prefería antes que saltarse un ojo con la varita, y ya estaba disfrutando de más cáncer. Que poco le bastaba a Aldrich para disfrutar. Lo único que esperaba Aldrich es que nadie le pillara allí...
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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por April S. Crawford el Mar Nov 01, 2011 4:13 am

Evadirse de todo lo que rondaba su cabeza era lo que buscaba la Ravenclaw aquella gélida tarde de invierno. Borrar de sus recuerdos la última clase de Historia de la Magia, y expulsar de sus narices el pestilente olor que la poción de un paleto de Hufflepuff había dejado en el aula de las mazmorras. Así que allí estaba, atravesando con rapidez el pasadizo secreto que la llevaría a uno de sus lugares predilectos: La Casa de los Gritos. Paraje enigmático y tenebroso que atraía a la rubia de una manera especial. Para no levantar demasiadas sospechas, atravesaba el oscuro pasadizo en su recién adquirida forma felina. Después de meses de preparación, había logrado convertirse en animaga. Por ello, no era la silueta de la rubia la que ingresó en la Casa, si no la de un lince de pelaje pardo. La identidad de la rubia quedaba al descubierto por un único rasgo: los inusuales ojos azules, que conservaba también en su nueva forma.

Se llevó una grata sorpresa al ver que no se encontraba sola: Aldrich estaba allí, y ¡joder, estaba fumando! Increíble, el impecable chico bueno y deportista, dejándose llevar por ese vicio insano que tanto disfrutaba Crawford. Se acercó a él por la espalda, sigilosamente, sin hacer un sólo ruido. Despacio, como un depredador observando a su presa, rodeó la figura del Hufflepuff para quedar frente a él, sentada y observándolo atentamente. A él, y a ese cigarro del que no dejaba de fumar.



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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Sebastian T.Aldrich el Jue Nov 03, 2011 9:07 pm

Sebastian, ensimismado, en su espacio, de joven airado, sólo, allí en la Casa de los Gritos, estaba tan a gusto, que la visita de cualquier ser podría molestarle. Pero al instante, una figura felina se presenció delante de él, transformándose, rápidamente, en la estudiante de la casa de Ravenclaw, April Crawford. Aquella chica, de la que hablaban que era borde, contestona, y algo bruta. Que sorpresa para el chaval. Y pensándolo bien, no tendría problema en acoger a aquella muchacha. En resumen, no le molestaba su presencia. _Hombre, Crawford, la chica que en el Quidditch no da con una bludger, ni a un gigante de 7 metros.- Y empezó a reir un poco, acompasando, esa risa, con varias caladas a su cigarro. Que feliz, era, con tan pocas cosas.

_¿Quieres, Crawford?- Preguntó, extendiéndole su cigarro, con sólo dos dedos. _Y aprovecha, no siempre estoy tan generoso.- Y mostró esa sonrisa suya, de machote, machote, pero con matices de niño. Y volvió a ver el panorama, Crawford en frente, una Casa de los Gritos, en la que muchas veces había frecuentado, ya que no era un chico de lugares selectos. _Y dime Crawford, ¿Por qué un felino?- Preguntó, esperando la respuesta, de la muchachota.
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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por April S. Crawford el Jue Nov 03, 2011 9:36 pm

Se levantó del suelo, ya con su aspecto habitual, para observar bien al Hufflepuff, de arriba a abajo, sin cortarse un pelo. Una pena que cayera precisamente en la casa de los paletos, le vendría bien otro culo que mirar en la Sala Común. Una risa sarcástica escapó de su garganta al escuchar su comentario. - Vete a la mierda, Aldrich. Cuando quieras, puedes hacer de muñeco de pruebas... si te atreves, claro. - Imaginó por un momento al chico atado de pies y manos, y a ella con un bate y una bludger a su disposición, sonriendo de una forma extremadamente macabra.

Cogió el cigarro que le ofrecía y lo agradeció con un simple gesto de su cabeza, mientras lo encendía con la punta de su varita. Respiró el humo, echándoselo a la cara al Hufflepuff. Seguía sorprendida por descubrir el insano vicio del chico. Escuchó su pregunta, y se paró un momento a pensar antes de contestar.
- Porque son rápidos, con mala hostia, independientes, agresivos, y jodidamente listos. Me gustan. Y dime, Aldrich - dijo, arrastrando las palabras, parafraseando la pregunta del chico - ¿Por qué tabaco? Es que sigo sin creerme que un buenazo como tú tenga malos vicios...



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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Sebastian T.Aldrich el Sáb Nov 05, 2011 8:01 pm

No podía resistirse a reírse de todos los comentarios de la muchacha Ravenclaw. Notaba como la mirada de la chica, se fijaba en él, y no podía evitar, mirarla. Tendría muchas cosas malas, pero la de la belleza, por supuesto que no. Después de la primera respuesta, de la estudiante, el chico, respondió, intentándola molestarla un poco. _Cuando quieras intentas darme con una bludger, pero creo que voy a tener que ser yo el que se acerque a las bludgers para que me den.- Y no pudo evitar empezar a reírse mientras miraba a la Ravenclaw.

Cuando preguntó, lo de los felinos, la chica respondió, y el muchacho siguiendo el guión de la película, volvió a intentar picarla. _¿Rápidos, con mala hostia, independientes, agresivos, y jodidamente listos?.- Volvió a repetir el chico. _Si añades guapos, y fuertes, defines al Hufflepuff ideal, o sea yo.- Volvió a hablar a la chavala. Y la chica preguntó, y el muchacho respondió. _¿El tabaco?- Pregunto para sí mismo. _Pues me relaja y me excita a la vez. Su sabor me encanta, su humo también.- Respondió. Tabaco, bendito tabaco.
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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por April S. Crawford el Lun Nov 07, 2011 6:38 pm

Era consciente de la mirada del Hufflepuff, combinada con esa risa un tanto contagiosa. Tal vez, el tío lograría mejorar su mal humor habitual. Se acercó a él despacio, mirándole a los ojos, y alargó el brazo para desplazar su mano por el torso del chico, con picardía. Pero, de repente, una sonrisa peculiar apareció en el rostro de la rubia: la sonrisa macabra. Su mano dejó de acariciar el pecho del Hufflepuff para propinarle un fuerte puñetazo. Le miró, sonriente, y se acercó a su oído. - Como ves, no hace falta que te muevas un pelo para que te dé una buena tunda, Aldrich. - dijo, con una delicadeza y dulcura impropia de ella, que contrastaba terriblemente con la rudeza de su acto anterior. Después, sin más, volvió a separarse para darle un par de caladas más al cigarro.

- Guapo, un rato... Pero fuerte, no lo demuestras mucho, tejón. - a April, nadie la vacilaba. Le miró de arriba a abajo una vez más, enarcando una ceja ante su comentario sobre el tabaco. Puede ser que sus razones fueran las mismas que las de la rubia, y eso le gustaba. Al menos había alguien en el Castillo que no la criticaba por su adicción a la nicotina. - Interesante... ¿Y qué me dices del resto? ¿Escondes algo más? Tengo curiosidad.
Era curiosa la reacción que ese chico provocaba en ella. Podía llegar a odiarlo, y al rato, compartir un cigarrillo con él. Cosa que rara vez le pasaba con el resto de la gente.



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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Sebastian T.Aldrich el Mar Nov 15, 2011 3:57 pm

La muchacha después de una pequeña caricia, le propinó un fuerte puñetazo en el pecho, aunque mucho daño no le hizo.El chico no pudo evitar reírse un poco, y comentar otra vez, contra la chica. _¿Es lo más fuerte que sabes dar?- Preguntó, el chavalote. _Creí, que además de tu pedazo de belleza, eras fuerte...- Paró para tomar aire._Pero no me lo demuestras, Crawford...- Habló y sentenció, volviendo a mirar a la muchacha, de arriba a abajo, y otra vez a La Casa de los Gritos.

_¿Quieres que te lo demuestre, April?- Preguntó, apoyando sus puños contra el suelo. Le cabreaba que la gente, no le tomara en serio, bueno, que la gente no creyera que no era fuerte. Si quería lo podía demostrar, pero no era lo suyo, de ir enseñando los músculos._¿Qué resto?...-Preguntó._Si escondiera algo más, no te lo contaría.-Dijo._La curiosidad te mata, April.- Y volvió a reír irónicamente. La chica le podía caer todo lo mal que quisiera, pero cada vez se podría amigar más con ella.
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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por April S. Crawford el Mar Nov 22, 2011 8:14 pm

Alzó una ceja, entre divertida e irónica. Por una parte, la actitud chulesca del tejón la mosqueaba un tanto. Por otra, el hecho de encontrarse a alguien contestándole le parecía bastante entretenido. Estaba segura de que podría torear todo lo que quisiera a Aldrich sin riesgo de que montara en cólera, como acostumbraba a hacer Ephram.
- No juegues con fuego, Aldrich. - dijo, al tiempo que le daba las últimas caladas al pitillo y lo arrojaba al suelo, apagándolo con la punta del zapato.
Ante la sugerencia del chico, una pequeña sonrisa asomó al rostro de la rubia. ¿Por qué no? Tenía ganas de ver de qué era capaz el tejón. - Veamos de qué eres capaz. ¿Qué propones? - dijo, con cierto interés en sus palabras. Ignoró el último comentario. ¿La curiosidad la mataba? Tal vez sentía cierto interés por lo que escondía el Hufflepuff, pero ese interés no llegaba a romperle la cabeza. Dado que el chico no se mostraba partidario de desvelarle algo más, no insistiría.



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Re: Casa de los Gritos

Mensaje por Sebastian T.Aldrich el Mar Nov 29, 2011 8:09 pm

La Ravenclaw creía que podía amenazar a Aldrich, cuando quisiese. Ante tal amenaza, Sebastian, no pudo evitar contestarla de forma irónica. _Vale, si no quieres que juegue con fuego...-Paro para seguir después hablando._... fuego se quedará sin amigos.- Y empezó a reírse sólo de su mal chiste._No te preocupes, mi sentido del humor es nulo.- Comentó de nuevo.

_Crawford, ohhhhhhhhhhhhhhh, Crawford.- Dijo alargando el monosílabo._¿Qué propones hacer tú?.-Le preguntó el Hufflepuff. Tenía ganas de divertirse, pero no sabía cómo, pero ya le vendrían las ideas, aunque mientras tanto, tenía su archienemiga Crawford, para divertirse.
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Sebastian T.Aldrich
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Re: Casa de los Gritos

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