Cuarto de ingredientes

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Cuarto de ingredientes

Mensaje por Statue of Liberty el Miér Mayo 25, 2011 4:15 am





Cuarto de ingredientes




¿Creías que los ingredientes que utilizabas para tus clases de pociones venían de un árbol? No te equivoques, el antiguo profesor de pociones de Clevermont College, el profesor Rachmainoff, se preocupó de buscar el lugar adecuado para guardar todos los materiales que necesitarás cada año, junto a las escaleras del segundo piso.

En su interior, una sala espaciosa y llena de luz se abrirá ante tus ojos, revelando la infinita cantidad de frascos y cajas de todos los tamaños que se apilan en las repisas apoyadas en cada uno de los muros. Imagina lo que quieras, lo encontrarás en su respectivo contenedor. Insectos, miembros de animales extraños y hasta plantas venenosas se guardan aquí. Para los ingredientes más extraños, un estante especial protegido bajo muchas cadenas y candados reposa indiferente en la esquina más lejana. Ni siquiera los toques, porque si eres descubierto sufrirás las consecuencias inmediatas.

No lo olvides, avisa a un profesor antes de tomar cualquier ingrediente, porque existe un inventario muy detallado de todos los instrumentos de trabajo.


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Re: Cuarto de ingredientes

Mensaje por Démian A. Ephram el Sáb Feb 16, 2013 6:08 am

Un día más... y no viviría para contarlo. El dolor de cabeza que dos mañanas atrás había llegado para nunca más abandonarlo alcanzaba a cada nueva hora un nuevo e insoportable nivel de doloroso tormento. Afortunadamente, conocía el motivo que podía haber originado el pasajero inconveniente y estaba seguro que un poco de filtro de la paz daría fin a tan fastidioso capítulo.

Así que se aventuró al cuarto de ingredientes sin tomarse la molestia de avisar a nadie. No tenía idea cómo era que las cosas funcionaban en Clevermont antes de su llegada, pero con un profesor de pociones como Dominique Weasley no importaba cuántos materiales se perdían... porque lo que se trabajaba en clases era poco y nada. Démian debía agradecer el haber aprendido varios cursos atrás a elaborar decentemente la poción que ahora le hacía falta, pues no obtendría ninguna ayuda de ese hombre, tan idiota como había comprobado que lo era su sobrina.

Para su sorpresa, todo estaba más organizado de lo que cabía esperar. Mejor. Menos tardaría en pulverizar la migraña. Empezó buscando el polvo de ópalo, la puerta abierta a sus espaldas.
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Re: Cuarto de ingredientes

Mensaje por Luparia Betancourt el Sáb Feb 16, 2013 3:57 pm

Una silueta envuelta en una nube de humo observó cómo Ephram desaparecía en el interior del cuarto de ingredientes. Llevaba tiempo acechándolo y no planeaba dejar que se escapara de ella esa vez. Necesitaba perderse en la ferocidad del Phoenîceum, su cuerpo le estaba pidiendo a gritos algo que le permitiera olvidar la falta de su hermano gemelo. Dejó caer la colilla del cigarro y la apagó con la punta del tacón, removiéndolo hasta que sólo quedaron los destrozos esparcidos por el suelo. No se preocupó en limpiarlo, ya lo harían los elfos.

Echándose la melena hacia atrás, avanzó rumbo al pequeño cuartucho, dejando al descubierto una mirada vacía y marcada. Sus pasos se adentraron en él con el sigilo propio de una gacela. Una sonrisa carente de emoción se dibujó en sus labios.

-¿Qué hace un muchacho como tú en un sitio como éste sin nadie que lo acompañe? -preguntó, tomando la varita de la cintura de su falda, donde siempre la llevaba enganchada, y realizando un rápido movimiento con ella, lo que provocó que la puerta se cerrara de un portazo.
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Re: Cuarto de ingredientes

Mensaje por Démian A. Ephram el Dom Feb 17, 2013 6:06 am

Tan discreto fue el ingreso de la codiciada morena Betancourt al cuarto de ingredientes que Démian no reparó en su presencia sino hasta que ella misma la anunció con el insinuante matiz que impregnaba su voz. Y bastó escuchar aquella pregunta para comprender que se trataba de ella, aún sin haberse volteado. No era la primera vez que se encontraba a solas con la aparición irresistible que era Luparia, pero hasta ahora había decidido jugar sus cartas con astucia. Conocía la reputación de la chica tanto como ella estaba al tanto de la suya propia. La experiencia de ambos demandaba convertir ese juego que tan bien entendían en algo más difícil de conseguir a lo que ambos estaban acostumbrados.

Dio media vuelta e hizo frente a la muchacha justo a tiempo para ver la puerta cerrarse. Fue inevitable dejar escapar una media sonrisa de diversión, a pesar del dolor que aún taladraba su sien y le ensombrecía la mirada—. Afortunadamente acabas de solucionar el problema de la compañía, Betancourt —También él dejó al descubierto la varita, que hacía cosa de un día acababa de recuperar—. Pero quedan otros problemas de los que tengo que ocuparme todavía —Y dicho eso, sacudió el artefacto mágico para hacer llegar hasta sus manos un pequeño frasco que ya había divisado en la parte más alta de las estanterías antes de haber sido interrumpido. Dio un paso hacia ella.

Tal vez para la próxima.

Una expresión misteriosa se apoderó entonces de sus rasgos. Sabía que de haber hablado en serio, hubiera utilizado la varita para abrir nuevamente la puerta.
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Re: Cuarto de ingredientes

Mensaje por Luparia Betancourt el Dom Feb 17, 2013 6:05 pm

Alzó una ceja, acompañando la sonrisa que se había dibujado en el rostro de Démian y que lo hacía tan condenadamente irresistible. Sus instintos más voraces la impulsaban a arrojarse sobre él, presa de la pasión desenfrenada que bullía en su interior. Sin embargo, debía actuar con cautela y hacerlo caer a él en sus redes, dejando bien en claro quien llevaba las riendas en la situación. Aquello le trajo un deje de nostalgia de su gemelo y cómo se dejaba dominar por ella, pero a su vez, se imponía con la misma firmeza. Nadie jamás podría devolverle aquello que había perdido, ese pequeño trozo de su alma que se había ido con él mientras lo veía caer inerte al suelo. Pero sí existían cosas que podrían llegar a aplacar un poco la falta que él le hacía. Y estaba completamente segura de cuál era una de ellas. Tenía nombre, apellido y se encontraba delante de ella...

-Démian Ephram -ella también dio un paso hacia él, reacia a dejarlo marchar tan fácil. Estaban en el lugar perfecto y no pensaba renunciar a la diversión que el Phoenîceum podía proporcionarle-. ¿Tan rápido te vas? -mientras decía esto, su varita se elevó hasta la altura del cuello del joven y comenzó a descender, si éste no se oponía a ello, haciendo presión sobre el cuello de su camisa para deslizarlo hacia abajo.Rió suavemente, dejando que la jovialidad iluminara su rostro por unos instantes. Sabía cómo manejarse para conseguir lo que quería.

-Sería una pena dejar pasar esta oportunidad, pero si no quieres... -fingió decepcionarse, apartando la varita de Démian y volviendo a colocarla en la cintura de su falda. Volvió a apartarse el paso que antes se había acercado y ladeó la cabeza hacia un lado, invitándolo a marcharse. Accidentalmente, la tensión en la parte delantera de su camisa pareció incrementarse cuando realizó dicho movimiento, dejando entrever un poco más de las reliquias que allí se escondían.

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Re: Cuarto de ingredientes

Mensaje por Démian A. Ephram el Lun Feb 18, 2013 10:14 pm

Claro que Démian no pasaría por alto la accidental consecuencia que traería consigo el ligero movimiento que la joven había utilizado para ladear su cabeza. Después de todo, sus instintos lo obligaban a mantenerse pendiente de cada nueva acción llevada a cabo por Betancourt. Sabía que tarde o temprano alguno caería, pero Ephram no abandonaría tan rápido la esperanza de ser él quien abriera el camino a recorrer y había captado la intención oculta tras el gesto planteado.

Lo que quiero es relajarme —Frunció el ceño repentinamente, pues la migraña le daba la razón, pero la sonrisa no se vio removida un solo milímetro cuando avanzó el paso que la morena acababa de retroceder. Uno más y estuvo frente a frente con el rostro que la incitaba a saltarse el preámbulo que se empeñaba en mantener firme, porque de otro modo sabía que la primera partida la ganaría Betancourt—. Pero dudo que un truco tan burdo como este... —Guardó en su bolsillo el frasco que acababa de conseguir, y ya teniendo ambas manos libres las hizo caer suavemente sobre los hombros de Luparia, entregándose a la amable tarea de reacomodar su blusa y evitar así que se descubriera antes de tiempo lo que debía permanecer oculto— ... pueda convencerme de buscar otro medio para tal fin.

Se concentró unos segundos en su tarea con el uniforme de su compañera de casa, confiado en que la impaciencia tendría en aquella ocasión la voluntad de jugar a su favor. Cuando evaluó terminado su trabajo, su mano derecha acudió a sostener con firmeza el mentón de la tentación que tenía en frente, acercándose sin prisa a su oído, incitador—. Adelante, puedes intentarlo otra vez —Al susurrar aquellas palabras, sus labios rozaron deliberadamente el pabellón de su oreja.
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Re: Cuarto de ingredientes

Mensaje por Luparia Betancourt el Miér Feb 20, 2013 5:43 am

Su fuero interno se llenó de satisfacción al ver que el muchacho volvía a declarar la necesidad de una escasa distancia entre ambos. Eran como imanes. Se atraían con una intensidad incontrolable, pero a su vez, podían repelerse con ferocidad. Creía ver en aquella descripción la explicación perfecta de por qué todo eso le resultaba tan sumamente irresistible. No había nada más deseable que aquello difícil de obtener, y sin lugar a dudas Démian venía siendo bastante complicado de persuadir para que bajara la guardia.

En contra de sus propios deseos, su corazón pareció acelerarse cuando Ephram inició un paseo turístico por las atracciones locales, con el único objeto de acomodar su camisa. Las palabras que acompañaron a tales acciones tampoco la alentaron demasiado. Y ya estaba empezando a abrir los labios para replicar, cuando los dedos de él se posaron sobre su barbilla y sus palabras se desvanecieron en el aire. Luchó por mantener su autocontrol mientras él jugaba a tomar el mando en la situación, tentándola a dejar de lado todo reparo y arrojarse encima suyo presa de una lujuria incomparable. Un cosquilleo recorrió su espina dorsal, consecuencia de sentir su aliento demorándose en su oreja, revitalizándola y forzándola a actuar.

-¿Y por qué habría de seguir tus órdenes? -preguntó con fiereza, aferrando súbitamente la camisa del muchacho con sus garras. Podría haber parecido un mero acto violento, sin embargo, en sus maneras había algo más intenso. Había descubierto la forma de encauzar su deseo, sin perder el control de la situación. Aprovechó el hecho de que él se había aproximado tanto, dejándole su propia oreja al descubierto, acercando sus labios para susurrar en su oído.

-Si vamos a jugar a algo, va a ser mi juego.

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Re: Cuarto de ingredientes

Mensaje por Démian A. Ephram el Miér Feb 20, 2013 7:43 pm

Aquellas palabras que jamás debió pronunciar serían las que acabarían por condenarla.

Si esa es tu única condición —la carcajada profunda que tanto trabajo le estaba costando contener escapó entonces, justo a tiempo para sonar grave y perniciosa en el rostro de Luparia, ya haciendo Ephram ademán de echar atrás su cabeza y encontrarse así con la mirada de su compañera de casa—, entonces vamos por mal camino.

No se molestó en retirar la mano que se aferraba a su camisa al iniciar su embestida. Tal como si un maleficio hubiera llegado a surtir efecto en Démian, cualquier indicio de sonrisa desaparecería de su rostro para conceder un espacio al gesto más desafiante de su amplia paleta de inquietantes expresiones. Avanzó otro gran paso para obligar a Betancourt a retroceder el propio—. Pero puedo entender tu equivocación. Después de todo, me consta que estás acostumbrada a tratar con perdedores que no hacen más que seguirte el juego —un paso más para él, otro paso menos para ella—. Pero tienes que hacerte a la idea de que yo no soy otro juguete fácil de manipular.

Continuó su avance hasta comprobar con deleite que Luparia se encontraba ahora acorralada entre un gran estante de ingredientes y él mismo. Para estar seguro que ella no se escabulliría a la primera oportunidad, la retuvo bajo la fuerza de su propio cuerpo, obligándola a sostenerle la mirada con el fiero agarre al que sometería a sus cabellos oscuros—. Soy el premio mayor, Lupe, así que hay un solo juego al que sé apostar —Sin ningún anuncio además de la acción misma, golpeó los labios de la chica con un beso repentino y breve. Brutal. En él se anunciaba toda la fuerza despiadada con que Démian contaba para someterla sin dificultad a su antojo, si lo disponía. Sobre la boca de cálido tacto susurraría sus palabras finales—: el que se rige bajo mis reglas.
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Re: Cuarto de ingredientes

Mensaje por Luparia Betancourt el Dom Feb 24, 2013 11:09 pm

Lupe, muy en el fondo, sabía que ella llevaba las de perder en esa situación. Pese a su carácter frío, tenía ciertas falencias cuando un muchacho se le plantaba delante, especialmente cuando era un espécimen que aún no había probado, lo que le añadía cierta ansiedad a la situación. Y en ese caso, parecía que la ansiedad se rebalsara de ella como el agua lo hace de una represa cuando el caudal es demasiado intenso como para que ésta lo pueda contener eficazmente.

-No lo cre... -comenzó a decir, aunque tuvo que detenerse al ser impulsada hacia atrás por la fuerza que el Phoenîceum estaba ejerciendo sobre ella. Una sonrisa jactanciosa asomó por sus labios, incrementándose a medida que la iba encerrando más y más hasta dejarla aprisionada contra un estante. Conservó esa expresión sin decir nada, hasta el momento en que Démian impactó su boca contra la suya. Se relamió los labios con un cierto deje de lujuria en su mirada, echándose hacia atrás y permitiendo que ahora la carcajada resonante en el cuarto fuese la suya.

-Si siempre me acuesto con perdedores... -la tensión de su mano se aflojó, mientras que sus hábiles dedos comenzaron a descender, desabrochando ágilmente los botones de la camisa del muchacho a medida que hablaba-. ¿Por qué esta vez habría de ser distinto? -sus palabras se perdieron en el aliento de Ephram, pues Betancourt se había acercado lo suficiente como para quedar a tan sólo unos milímetros de distancia, sin llegar a entrar en contacto. Sus yemas sintieron la calidez del vientre de Démian, hasta toparse con la cintura rígida de sus pantalones. Un destello fugaz recorrió sus ojos, antes de que su voz volviese a hacer eco en el aire:

-Sería una lástima que perdieses en tu propio juego.

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Re: Cuarto de ingredientes

Mensaje por Démian A. Ephram el Lun Feb 25, 2013 10:19 pm

Algo había en la naturaleza del sometimiento ajeno que siempre despertaba en Ephram la excitación que una relación sostenida en la igualdad de condiciones no conseguía. Gustaba de llevar la ventaja y disfrutaba especialmente de tomar para sí beneficios que solo podían alcanzarse mediante el único método que él conocía: imponerse, arrebatar todo lo que quisiera reclamar. Con Betancourt como su prisionera, una pequeña ventana veía ahora abierta para permitirle acceder a esa posibilidad, sin embargo comprendía que siquiera durante un segundo podía permitirse bajar la guardia. La basta experiencia de la muchacha la convertía en una presa astuta; subestimarla, por tanto, podría encauzar sus intenciones a un inesperado fracaso. Atrás había quedado la intención de que Luparia plantease el método de persuasión correcto para incitarlo a él a conceder los deseos que se adivinaban en su mirada. Tras la insinuación de iniciar la pronta partida a un juego que no le resultaba familiar.

Y la siguiente concitadora pregunta no haría más que incrementar su afán por situar a la muchacha en el lugar del tablero que le correspondía ocupar. Pero antes de avanzar sus primeros pasos concedió a la chica explorar el inicio del camino que podría llevarla a la meta que, desde luego, jamás alcanzaría. Dejó que el extremo de sus dedos recorriesen el torso que quedaba al descubierto con cada nuevo botón desabrochado, sin oponer réplica alguna hasta advertir que la cálida caricia encontraba el fin del recorrido en su abdomen. Solo al oír el veneno de su última afirmación, tiraría los dados que decidirían su primera movida.

No debieras lamentarte por eso —el murmullo magnético en que su voz se había convertido adquirió entonces un aventurado tinte, ligeramente agresivo. La estrecha distancia aplicada por la muchacha no se había perdido—. Malgastas palabras en una suposición que no tendrá ocasión de cumplirse.

Sus manos antes dedicadas a otras tareas menos importantes decidieron aventurarse al instante a descubrir las causas que convertían a Betancourt en un plato al que nadie se mostraba capaz de resistir. En tanto una resbalaba por el borde inferior de su blusa con una fuerza que se encargaba de atraer el curvilíneo cuerpo hacia el suyo, la otra descendía hábilmente hacia la activa búsqueda de las piernas que en más de una ocasión hubieran llamado su atención. Los labios, por otra parte, no habían desaprovechado la oportunidad de realizar un breve paseo por el cuello de tostada piel, respirando sobre él durante su despreocupado paseo, dueño de una avidez fácil de adivinar. El sosegado estilo impuesto no pretendía más que tentarla e invitarla a seguir la partida que él ya había iniciado, y acaso, la desafiaba a descubrir qué existía más allá de esas nimias tentativas seductoras—. No tengas miedo a perder, Betancourt —rió cuando sus labios subieron hasta encontrarse otra vez con la comisura de los de Luparia—. Acabarás descubriendo que en una competición bien jugada, el juego en sí resulta mucho más placentero que buscar la victoria.

Démian había tirado sus cartas. Y si Betancourt decidía continuar la mano, acabaría comprobando de primera fuente la verdad que se ocultaba en las palabras de Ephram.
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Re: Cuarto de ingredientes

Mensaje por Luparia Betancourt el Jue Mar 07, 2013 11:19 pm

Adoraba tener el control. En ese tipo de situaciones, su carácter dominante salía a relucir, tomando las riendas del momento y aplacando con fiereza la sed de poder que el otro podía llegar a demostrarle. Sus palabras, sus gestos, todo dejaba en evidencia su afán por dejar claro que Démian no jugaba bajo sus propias reglas, sino bajo las que Luparia le imponía. Pero la voluntad y la violencia de Ephram eran tan grandes, que sus esfuerzos apenas eran recompensados con el escaso -o nulo- sometimiento que el Phoenîceum dejaba vislumbrar. Por otro lado, no pasaba desapercibido el efecto que cada movimiento del joven tenía sobre ella. A pesar de haber recorrido el mundo masculino varias veces, esos pocos minutos que llevaban metidos en eso le estaban bastando para darse cuenta de que en pocas ocasiones había experimentado algo semejante. Y el calor que se extendía por su cuerpo, descendiendo a una velocidad vertiginosa en dirección a su entrepierna, no tardaría en confirmárselo también a él.

Pero ella, incluso cuando representase una dificultad, tampoco se quedaría atrás en la guerra por proclamara su dominio. Después de todo, esa era la gracia de aquel juego. Fue así que sus dedos se afirmaron sobre la cintura de su pantalón, atrayéndolo brutalmente hacia ella, perdiéndose luego entre las curvas de su espalda a medida que él hacía lo propio con su cuerpo. Se echó hacia atrás, golpeándose contra el estante que había a sus espaldas. Un ruido tintieante seguido por un estallido indicó la pérdida de algunos de los preciados ingredientes que el profesor Weasley allí guardaba.

Una de sus piernas se elevó, rozando la tela de los pantalones de Démian y afirmándose con la flexibilidad de un acróbata contra sus muslos. Las palabras que él hubiese pronunciado momentos antes no parecían haber evocado la necesidad de una respuesta verbal por parte de Betancourt, demasiado ocupada en aferrar el níveo cuello de Ephram con sus garras, imponiendo la fuerza suficiente como para dejarle sus uñas marcadas. De esa manera, cuando él finalizase el recorrido por su cuerpo que ella agradecería con un leve suspiro, lo tendría bajo su dominio felino, obligándolo a mantenerse firme frente a su rostro, debiendo así respetar el turno de ella en aquel juego de poder. Antes de que sus labios se abrieran para pronunciar finalmente una contestación a lo dicho, la mano que jugueteaba por su espalda descendería por la columna vertical, deslizándose luego hasta la parte frontal de su torso y realizando un ascenso final hasta depositarse sobre su pecho.

-Entonces, tú tampoco deberías tener miedo a una derrota, Ephram -su lengua siseó aquellas palabras con un tono cargado de veneno, pero no desapareció luego de pronunciarlas, sino que se deslizó con lentitud por el labio inferior de Démian, demorándose con excesiva lentitud en cada milímetro, desafiando al apetito del joven a abandonarse en su cuerpo. Sus dientes acabaron por cerrarse con suavidad sobre su labio, tirando de él con delicadeza hacia afuera-. No temas, Dém -la dulzura de su voz sería completamente desconocida para los oídos del Phoenîceum-. Estás en buenas manos.

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Re: Cuarto de ingredientes

Mensaje por Démian A. Ephram el Mar Mar 12, 2013 12:40 am

De inmediato supo que la deseaba; la deseaba tanto como anhelaba someterla de forma permanente y sin espacios para la alternancia de poderes que sus acciones proponían.

Lo concluyó no por la fiereza que gobernaba la mayoría de sus modos, sino más bien a partir de la versatilidad que descubría detrás de cada nuevo gesto y que anunciaba a Démian el exorbitante valor de la apuesta con la que Betancourt se presentaba a probar suerte: jugaba todas sus fichas a un solo resultado. Violencia. Sensualidad. Dulzura... la diversidad de estilos a los que ella se arrojaba en su seductora ofensiva dejaban en evidencia su clara resolución de hacer caer a Ephram. Y él no podía menos que jactarse en silencio al comprender los esfuerzos de su compañera de casa por capturarlo. Sin embargo, la arrogancia de su pensamiento habría de jugarle en contra por cuanto lo llevase a bajar la guardia y permitir que las manos hábiles de la chica abrieran el apetito que se proponían. Rió sin energía al oír los comentarios ponzoñosos. Le constaba que estaba en buenas manos. Sin embargo...

Tú caíste en las peores manos —Finalmente, el juego de Betancourt sobre su labio sobrepasaría los límites de su renuencia a ser él quien iniciara la ofensiva. Arremetió con un beso frenético y violento que dejaba al descubierto la voracidad que Betancourt había conseguido despertar con sus insinuaciones, además de una frustración vengativa. Si ella no deseaba entregarse, él la tomaría por la fuerza. Aunque bien entendía que la resistencia de la chica no había hecho más que pretender encausar sus acciones a esa instancia donde sus impulsos ya no podían ser contenidos. Y la joven apresada pagaría por ello, luego que el ansia a la que hubiera dado pie fuera saciada.

Sirviéndose de su propia lengua la obligó a separar los labios, abriéndose paso con una brutalidad iracunda que parecía empecinada en arrebatarle el aliento al mismo tiempo que buscaba saborear el adictivo veneno que sabía se ocultaba en esa lengua bífida que ahora quedaba a su alcance. La enredó y la sometió al frenesí de sus necesidades, sediento, procediendo al avance de su conquista territorial solo cuando estuvo seguro de haber ganado la supremacía de su boca.

Fue su turno de desabotonar la blusa de la muchacha y deshacerse de ella para dejar al descubierto las curvas que antes la chica había deseado insinuar y que Ephram ya hubiera identificado en su anterior recorrido. E inició la acometida apresando la mano que aún en su cuello se clavaba con garras firmes, corriendo la misma suerte esa que descansaba sobre su pecho. Agresivo, absoluto... así las mantuvo retenidas a cada lado de su cuerpo para inmovilizarla completamente; se permitiría disfrutar de toda superficie antes inspeccionada sin que las maniobras de la muchacha pudieran acrecentar la vorágine de su furioso arrebato. Contuvo en su pecho un rugido impetuoso cuando la embestida que acompañaba ese impulso llevase al suelo otro par de recipientes con extraños contenidos. Solo entonces rompió el beso, volando en un segundo fugaz sus labios para devorar el cuerpo de Luparia. Bailando salvaje por su cuello, rodando vigorosamente sobre sus hombros, deteniéndose insidiosos en su pecho y luego bajando... bajando... y memorizando con ferocidad cada centímetro de un cuerpo que le pertenecería tanto tiempo como ambos permanecieran al interior de aquel cuarto.
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Re: Cuarto de ingredientes

Mensaje por Luparia Betancourt el Sáb Mar 23, 2013 5:44 pm

Ella también lo deseaba, con locura, con una sed insaciable que aumentaba cuanto más obtenía en retorno por cada una de sus acciones. No temía mostrarse en todas las facetas que ella era posible de esbozar delante de Ephram, pues sabía que debía jugar todas sus fichas para ganar en aquel caprichoso juego que ninguno estaba dispuesto a perder. Mientras sus manos recorrían el pecho desnudo de Ephram, él pronunció unas palabras tan acertadas que esbozarían una suerte de risa en sus labios, aún a pocos centímetros de los que habrían formulado aquella tan deseada oración.

El tiempo que tenía para contestar era demasiado escaso y no se preocupó en utilizarlo, pues prefería responder a la ofensiva física que Démian no tardaría en iniciar, usando la misma fiereza que él para devolver sus besos con el salvajismo de una bestia, sin temor a lastimarlo, como tampoco le preocupaba obtener algunas heridas de esa guerra. Su lengua viperina, tan hábil en el ácido diálogo que solía ejecutar constantemente, demostraría también tener otros trucos ocultos bajo la manga, que no tardarían en revelarse al enredarse en una violenta danza con cada una de las presiones que Ephram ejercía sobre su boca.

Su pierna empujó la cintura del muchacho atrayéndola hacia sí, dejando que su entrepierna se aplastase contra su falda, dejando que las pequeñas explosiones de los frascos al hacerse añicos contra el suelo en medio de aquella brutalidad fueran sólo un anticipo de lo que vaticinaba ser un arrebato mucho más intenso. Sus garras se clavaron por última vez en la piel de su rival, penetrando lo suficiente como para dejar unas marcas que durarían por unos días. Pero pronto se vieron obligadas a retroceder, estampándose contra la estantería, ambos brazos abiertos en forma de cruz a los lados de su cuerpo, dejando camino libre a que el joven la poseyera de la manera que más quisiese hacerlo. Y no dudó en hacerlo, pues se desprendería momentáneamente de sus labios, iniciando un descenso que haría responder al cuerpo de Betancourt sin que ésta pudiese contenerlo, curvando su espalda todo lo que su captor le permitía, arqueándose más y más a cada centímetro que él descendía.

Un gemido emanó de sus labios como el agua que cae armoniosamente de un manantial, pero sus ansias de recuperar el poder que le correspondía lucharían contra él, iniciando un violento empuje con sus piernas para poder aflojar la presión que ejercía el Phoenîceum sobre sus brazos, a fin de retomar el control y someterlo una vez más a su voluntad. Pero fallaría estrepitosamente, quedando sus intentos en sólo eso, una tenue resistencia en comparación a la violenta sumisión a la que la sometía el muchacho. Mientras seguía descendiendo, a cada uno de sus besos respondía con un leve espasmo de su vientre, acompañando aquella danza con una calidez que empezaba a caer al mismo ritmo que los labios de Ephram en dirección a su cadera.

Estaba completamente perdida, por el momento él había ganado. Pero, a decir verdad, estaba menguando sus ansias de victoria, pues sentía que aquello conllevaría un premio aún mayor. Y quería saborearlo, ansiaba degustarlo con una intensidad que no sabía cuánto tiempo más podría contener.

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Re: Cuarto de ingredientes

Mensaje por Démian A. Ephram el Lun Abr 01, 2013 2:51 pm

Algo más fuerte que una simple excitación despertó en él cuando a sus oídos llegase el agradable aquel gemido que escapó de los labios de Betancourt, viniendo a representar un placer que ella no podría continuar disimulando por mucho tiempo. Era un impulso intenso y sin nombre conocido el que comenzaba a dominarlo, pero poseedor de la arrasadora y definitiva naturaleza del joven en que este se originaba. Ya sus labios alcanzaban el final del recorrido por el abdomen de engatusadora textura cuando sonrió insidioso sobre su piel, aparentemente divertido ante la inútil resistencia que la chica ofrecía con sus piernas para separarse de aquel ataque, uno que sus reacciones corporales parecía recibir gratamente. Adivinaba en aquella contradicción la lucha nacida entre el instinto y las intenciones de su compañera de casa, sabiendo perfectamente Démian hacia qué punto le correspondía inclinar la balanza para que la victoria de aquella ronda y todas las que vinieran por delante le perteneciesen.

Sus manos mantenían todavía inmóviles los brazos de la chica cuando Démian separó sus labios de la piel bronceada que ya creía conocer con increíble detalle, ascendiendo nuevamente al reencuentro con unos labios hábiles en corresponder a su deseo, arrastrando su torso desnudo en estrecha unión a la esbelta figura que mantenía acorralada. La piel de Ephram era fuego vivo, abrasador, peligroso y definitivo como cada una de sus acciones destinadas a encaminar a su presa hacia un delirio lascivo que la llevase a suplicar la apoteosis de la partida. Reclamó un nuevo e imprevisible beso, que aunque brusco y repentino no ocultaba la lujuria sedienta que lo poseía como si se viera sometido a un poderoso embrujo.

¿Qué ocurre Lupe? —murmuró suavemente sobre sus labios cuando consiguió reducir la presión absorbente de aquel contacto, depositando especial insidia en la pronunciación diminutiva de su nombre. Puso fin a la batalla de Betancourt con sus piernas mediante la imposición de las suyas propias, a pesar de que tal esfuerzo no hiciera falta; ya ella se revelaba abiertamente dispuesta a rendir sus intenciones en favor de la preponderancia encabezada por su adversario—. ¿Te cansaste de jugar? —mordió el labio de la chica del mismo modo que hubiera hecho ella antes, mas olvidándose por completo de la sutileza insinuante que esta hubiera utilizado en el pasado, pues él no hacía más que disponer a su antojo de un cuerpo que cada vez declaraba menos resistencias a entregarse.

Lentamente y a medida que hablaba situó los brazos aprisionados a cada lado del cuerpo de Luparia, acción luego de la cual los soltaría, revistiéndose de una delicadeza repentinamente seductora que concedía un breve espacio de calma en la bestial ofensiva encarnada por el joven—. Ya está. Ahora puedes intentar detenerme —rió con una gravedad perturbadora y a la vez hipnotizadora, dejando que su voz se perdiera entre los cabellos oscuros a los que tenía alcance ahora que su rostro realizaba un lento avance hacia la nuca de la muchacha. Sus manos libres de la anterior presa no habían perdido el tiempo. Ya habiéndose desecho de la falda con un tirón tan poco delicado que probablemente la tela sufriría alguna consecuencia, acariciaba los muslos en un movimiento poderoso y repetido que revelaba la intención de arrebatar prontamente las últimas prendas que separaban a la chica de una desnudez absoluta. El roce era abiertamente insinuante, acaso una imperativa invitación a que la Phoenîceum se olvidara de cualquier resquicio de control que ahora pudiera frenarla. Estaba decidido a no ser un nombre más en una larga lista de encuentros desaforados, y para eso, lo sabía muy bien, debía alcanzar la mezcla perfecta entre sometimiento y entrega de su acompañante.

La invitación a detener el juego estaba hecha. Pero eso no declaraba la disposición de Ephram a consentir esa petición.
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Re: Cuarto de ingredientes

Mensaje por Luparia Betancourt el Sáb Ago 31, 2013 5:13 pm

Atrapada como estaba por el firme agarre del Phoenîceum, Lupe se vio por primera vez como la presa y no como la fiera. Era, en parte, un sentimiento completamente desconocido para ella, pero acabó por resolver que le gustaba. Al menos, en manos de aquel depredador, no le molestaba terminar hecha pedazos. Y en ese momento, estaba destrozándose. Con cada beso y cada roce de los labios de Ephram en su piel, su dignidad caía un poco más bajo. Ante cualquier otro, probablemente se hubiese mostrado impasible, controladora. Pero debía admitir que no era un muchacho con el que resultaba fácil jugar, y tampoco le resultaba demasiado difícil aceptar que no le molestaba una derrota cuando sabía tanto a gloria.

El aliento de él contra sus labios acabó por derrotarla. No podía. Se daba por vencida. Por primera vez, la reina de la seducción se había rendido ante los encantos de alguien mucho más poderoso que ella. Y, lo peor de todo, había relegado su orgullo incesante por dominar, a causa de su necesidad de sentir aquella intensidad física de ser dominada. Sus párpados cayeron, ocultando el destello de excitación en sus pupilas. Su respiración agitada fue la única respuesta que la primer pregunta de Démian recibió. Pero sus siguientes palabras la chocaron duramente. Sabía lo que era admitirle en voz alta que había ganado, el enorme poder que eso le concedería. Se tomó unos segundos en donde la adrenalina no dejó de golpear cada una de sus terminaciones nerviosas por un instante, pensando en la mejor manera de demostrar que todavía le quedaba algo de dignidad.

Se estremeció al sentir el tirón en su labio inferior. No podía, por mucho que quisiese, no era capaz de pronunciar nada decente que la salvara. Estaba perdida, estúpidamente perdida en aquel arte maravilloso que él joven era capaz de desplegar para derrotarla. Sus manos se abrieron y cerraron, oponiendo una última resistencia, sólo porque no era capaz de resistir aquella prisión autoritaria sin experimentar con su propia piel cada centímetro de la de Ephram. Debía expresar de alguna manera todo aquello que su cuerpo padecía interiormente.

-Tú ganas -soltó aquel gemido lastimero como un cachorrito herido. Sorpresivamente, luego se vio librada del agarre de Démian, quien pasó a utilizar sus manos para arrancar la falda de sus piernas, mientras su boca empezaba a perderse en los resquicios más íntimos de su cuello. Buscó con genuina necesidad la oreja de su captor y lo mordió con la suavidad de una princesa perdida en manos de un cazador salvaje-. Soy tuya, Ephram -susurró, dirigiendo una de sus manos al pecho de su acompañante y arañándolo sin piedad, demostrando la veracidad de su entrega y la necesidad que a partir de ésta se desplegaba. Los dedos de la otra aferraron los cabellos del joven, obligándolo a someterla, a lastimarla si era necesario, demostrándole hasta qué grado había llegado su entrega-. Y aunque quiera, no podría detenerte -aquello afloró de sus labios inconscientemente, sin que Luparia hubiese planeado decirlo. Había sido la peor afirmación que podría haberle hecho jamás, pues eso equivalía a demostrar que de verdad estaba rendida a sus encantos, que aunque quisiera, no podía oponer resistencia.

¿Quién en su sano juicio podría haberlo hecho? Cuando se estaba tan cerca de tocar el cielo, era imposible conformarse con dejar los pies sobre la tierra.


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Re: Cuarto de ingredientes

Mensaje por Démian A. Ephram el Sáb Sep 07, 2013 7:00 am

Se concedió a sí mismo un momento de interludio para perderse en la vorágine de sus propias sensaciones. Experimentó mediante cada fibra de su cuerpo el desaforado arrebato de las manos que se aferraban a su cuerpo con una necesidad genuina, y el frenesí de sus pulsaciones se convertía en un factor apremiante imposible de ignorar. Las acciones de Luparia hablaban con un lenguaje que Démian manejaba con tal nivel de maestría, que hubiera resultado imposible concebir la idea de haber confundido la entrega demostrada en cada gesto. Aquello hubiera bastado para convencerlo de su irremediable victoria, para invocar a ese joven de avasalladora naturaleza que prefería ocultarse del mundo cuando el poder le era negado.

Sus palabras fueron una sorpresa inesperada.

Una tras otra y en a penas un segundo, miles, millones de fantasías llegaron a generar en su cabeza un caos al que de momento era imposible dar orden. Después de todo, con un par de acertadas frases Betancourt acababa de otorgarle la libertad de hacer con ella lo que estimase conveniente; bastaba con desearlo y hacerlo realidad. Pero las posibilidades eran diversas... y el tiempo escaso. Por eso acabaría tomando la férrea determinación de omitir cualquier respuesta perniciosa que reafirmase su rotundo éxito. Tendría tiempo de sobra para jactarse luego, cuando diera por terminada aquella pieza musical que ambos se aprontaban a iniciar, marcada únicamente por el ritmo entrecortado de sus exhalaciones. Él no estaba por la labor de continuar dilatando el fin último de ese encuentro espontáneo que de un modo nada convencional había conseguido hacerlo olvidar la migraña que inició todo.

Inevitablemente retornaría a sus labios. Esos endemoniados labios de adictiva esencia que ahora abarcaban por completo su mente tanto como la dueña de los mismos. Al inicio de aquel juego había llegado a odiarla por haberlo incitado a perderse en el habitual descontrol de sus instintos, pero ahora que la sabía suya, ahora que se alimentaba de su boca con esa clase de sometimiento que conseguía mágicamente mejorar su humor, más que castigarla por su primera osadía había resuelto compensarla por tomar la decisión correcta de conceder a Ephram el poder, de darle al fin la razón. Fue imposible contener por más tiempo la carcajada que deseaba brotar exultante de su pecho. Estaba satisfecho, y quedaba de manifiesto en la violencia potente con que estrechaba el frágil cuerpo de su compañera hasta dejarla sin fuerzas.

La tomó por la cintura, absoluto, ya habiéndose deshecho de las últimas prendas que entorpecían sus propósitos...

... y la danza que horas más tarde consumiría por completo el vigor de ambos cuerpos inició.
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Re: Cuarto de ingredientes

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