Entrada a Azkaban

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Entrada a Azkaban

Mensaje por Statue of Liberty el Lun Jun 20, 2011 2:27 am





Entrada a Azkaban




En una pequeña isla lejana en medio de las gélidas aguas del Mar del Norte se encuentra la Fortaleza de Azkaban, propiedad del Departamento de Refuerzo de Ley Mágica. Esta prisión se define como el lugar más temible del mundo mágico, donde los prisioneros son vigilados por dementores alimentados por los sentimientos positivos, lo que explica que después de mucho tiempo en la prisión, los prisioneros pierdan todas sus esperanzas por salir lo antes posible.

Estos, la mayoría asesinos, se vuelven locos o simplemente mueren por su propia voluntad. En las oscuras paredes de la prisión viven los momentos mas horribles y oscuros de sus cada vez más frágiles y monótonas vidas. Así que pórtate como un buen muchacho y reza todos los días para que nunca veas ni por asomo la horrible silueta de esta Torre.


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Statue of Liberty
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Re: Entrada a Azkaban

Mensaje por Leszek Collingwood el Vie Nov 04, 2016 10:50 pm

PRIMER GOLPE
Viernes 13 de marzo, 2054

Azkaban jamás se había caracterizado por ser un lugar agradable, Leszek lo tenía claro aún sin haber pisado jamás los territorios de la reconocida prisión mágica. Conocía bastante de la historia de la fortaleza: de cómo en sus inicios los dementores habían sido custodios de los prisioneros más peligrosos del mundo mágico, de cómo esas mismas criaturas habían sido exiliadas de la inhóspita isla en los tiempos de Kingsley Shacklebolt, y de cómo en los últimos tiempos habían retornado paulatinamente a su tétrico hogar sin que nadie se los impidiera, pues las reformas del pasado comenzaban a fracturarse ante la ausencia de revisiones. En suma, hoy Azkaban volvía a ser el espantoso infierno concebido en sus orígenes... con la diferencia de que ya no eran criminales lo que sus celdas albergaban. Cientos de inocentes eran los que habían ido a parar ahora en esos recónditos parajes.

Asesinos, ladrones y cosas peores habían escapado de la fortaleza cuatro años atrás, cuando Theodore asentaba los cimientos de su violento régimen en la fuga masiva iniciada por su causa. Hoy, a modo de sátira retorcida del destino elaborado para Worthington, la historia se repetiría.

Leszek sintió el hielo recorrer sus venas nada más aparecerse en las proximidades de la grotesca fortaleza. Y casi por instinto llegó a la conclusión de que estaba a punto de hacer algo verdaderamente estúpido. Sí, los Dementores comenzaban a ejercer efecto inmediato en su ánimo y capacidad de convencimiento; la parte más práctica y racional de su pensamiento se lo aseguraba a gritos. Pero resultaba difícil luchar con la sensación de derrota segura a pesar de la lógica inherente a las circunstancias...

De pronto, un hermoso pavo real albino se materializó varios pasos por delante de él. Y justo a tiempo. Sus temores se disolvieron cuando el animal extendió el abanico de plumas de su cola, majestuoso... elegante como la bruja que no tardó en situarse junto a la luminosa criatura.

—Sus patronus —Frederika urgió a Leszek y los demás a imitarla, con aquella mirada profunda llena de misterios, incorrompible—. Deben mantenerlos junto a ustedes todo el tiempo o estaremos perdidos antes de haber logrado algún avance.

Leszek no aguardaría mayores invitaciones. Tras un par de movimientos con su varita y un rápido pero efectivo esfuerzo mental, un pequeño y enérgico mapache correteó en torno a sus pies. Un poco más allá, Leandra acariciaba a la pequeña ardilla posada sobre su hombro, April contemplaba respetuosamente a la silenciosa leona que le devolvía la mirada y Thomas procuraba a toda costa ocultar la sonrisa que le provocaban los trucos de su inquieto pastor alemán. Con excepción de Frede, los magos menores de edad no habían sido considerados para esta misión. Ya había sido bastante arriesgado involucrarlos en el rescate al interior del Congreso Mágico como para exponerlos tan pronto a otra odisea suicida. Impedir la participación de la joven Pfeng, sin embargo, había sido harina de otro costal.

—¡Pero apenas tienes dieciséis años! —había alegado una angustiada Bernice cuando el plan finalmente tomó forma en las entrañas de la Mansión de los Pfeng—. Y nosotros sabemos invocar un patronus tan bien como el resto de los adultos. ¿Por qué tú puedes ir y nosotros no?

—Porque sus vidas son infinitamente más valiosas que la mía —había contestado la muchacha con naturalidad, paseando su mirada entre los jóvenes que alguna vez fueran sus compañeros en Clevermont—. Ya morí una vez, nadie lamentará que vuelva a suceder. Además —agregó antes de que Adams pudiera contraatacar—, sé cómo lidiar con los dementores.

Nadie se sintió capaz de cuestionar aquellas palabras. A pesar de su edad, Frederika poseía habilidades que nadie podía explicarse, siquiera ella misma.

Así que ahí estaban, con Thomas y Frederika a la cabeza del grupo, intentando mantenerse en pie a pesar del viento y la lluvia que atacaba con fuerza a las puertas de la torre principal de la fortaleza de Azkaban. A pesar de la compañía, a pesar de los Patronus, Leszek pensó que estaban a punto de emprender una batalla perdida, un acto heroico y valiente, sí, pero destinado a convertirse en la gran y última hazaña del pequeño grupo que se oponía al Régimen de Theodore Worthington.

Por otra parte, había una esperanza. Si conseguían lo que se proponían, a pesar de las amenazas, a pesar de los costos... aquel sería el día en que la historia cambiaría para siempre.

Y nada ilusionaba más a Leszek Collingwood que la idea de ser parte de la historia.
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Re: Entrada a Azkaban

Mensaje por Frederika Pfeng el Lun Nov 07, 2016 10:38 pm

Le gélida brisa marina le calaba los huesos y tiraba de ella con la fuerza de cientos de manos dispuestas a hacerla caer. Pero el frío no le importaba. Apenas había transcurrido un mes desde su regreso, y la experiencia de volver a interactuar con el mundo a través de sus sentidos seguía siendo un acontecimiento mágico e irrepetible. El aire entraba a sus pulmones y recorría su cuerpo, arrastrando con él todo resquicio de duda, cualquier ínfima señal de debilidad. En aquel momento se sentía capaz de todo, prácticamente indestructible. Podría haber disfrutado de aquel momento durante el resto de la eternidad...

La voz de Thomas se encargó de arrancarla de su estado de contemplación.

—¿Listos? —consultó el viejo ex-auror cuando todos hubieron invocado a sus respectivos patronus.

—Listos —Leandra corroboró la interrogante con una sonrisa entusiasta. April, Leszek y ella misma se limitaron a asentir.

Avanzaron hacia las puertas de ingreso a la colosal fortaleza. Aparte del tenue brillo de sus Patronus, la oscuridad los protegía de las amenazas. Sin embargo no había nadie ahí que pudiera reconocerlos. Azkaban contaba con numerosas medidas de seguridad desde la última fuga masiva ocasionada por Theodore Worthington, pero todas ellas aguardaban tras muros prácticamente imposibles de penetrar.

Thomas se acercó a tocar el gran pórtico de acceso como haría cualquier visitante. Y como si de cualquier visitante se tratara, las puertas se abrieron al pequeño grupo de magos. El silencio de los alrededores, apenas interrumpido por las corrientes de aire y las olas distantes, moriría definitivamente a manos de la vorágine iniciada a partir de ese instante decisivo.

Seis centinelas custodiaban la primera puerta; el número exacto de hombres que la fuente anónima de April -un infiltrado en las filas de Theodore Worthington- había informado. Todos acabaron inconscientes durante los primeros dos minutos de lucha. Un primer asalto sencillo, pero no lo suficiente como para cometer el error de bajar la guardia. Los dementores, eternos nativos de la isla, no tardaron en realizar su acostumbrada acogida. Al equipo no le costó trabajo repelerlos con ayuda de sus guardianes. Continuaron.

Para cuando llegaron a la segunda puerta ya los estaban esperando. Avisados por los gritos aislados del primer ataque, diez centinelas confundidos fueron a su encuentro. April derribó a la mitad de ellos con el hechizo Magno Momento, sus cuerpos despedidos en todas direcciones. Thomas y Leszek se hicieron cargo del resto. Así franquearon la segunda puerta que los llevaría a los interminables pasillos repletos de celdas oscuras.

—A partir de ahora no deberíamos encontrar más guardias —April se detuvo a recobrar el aliento. Era parte de la información que le habían proporcionado... y parte de lo que la lógica dictaba. Vigilar la entrada de un lugar repleto de criaturas como los dementores ya era bastante arriesgado como para aceptar adentrarse en sus entrañas.

—Guardias humanos, querrás decir —Leandra observó a los demás con una expresión lúgubre. Esta era la parte a la que todos temían llegar. Nadie sabía cómo había hecho Theodore Worthington para eludir a los dementores durante su incursión en la fortaleza años atrás. Suponías que era poco probable que unos cuantos patronus permitieran replicar esa hazaña. Aún así estaban ahí.

Como haciendo eco de los reparos de la bruja, algo pareció cambiar en el entorno. Frío y oscuridad por igual y al mismo tiempo escalaron un nuevo nivel de intensidad, petrificando a Frederika y sus compañeros en sus respectivos sitios. A pesar de los patronus, sentía que su corazón se encogía rápidamente, su cuerpo se estremecía, los dientes castañeaban involuntariamente. Entonces los vieron. Más oscuros que la oscuridad misma, seres terribles y siniestros que se desplazaban lentamente con manos putrefactas que intentaban alcanzarlos. Dementores.

—Se están... se están acercando —Leandra no se preocupó por disimular el terror de su voz a medida que retrocedía.

—No olviden sus Patronus —recordó Thomas con voz afectada. Alzó tembloroso la mano de su varita e hizo avanzar a su propio guardián. Los demás lo imitaron.

—No está funcionando —Leszek permanecía impertérrito. La verdad de sus palabras, sin embargo, dañaban tanto como el miedo. Aunque los patronus avanzaban por delante del grupo de magos, apenas podían contener a la masa de dementores cuyo número aumentaba con cada segundo que transcurría.

—Hay que pensar en algo —urgió April a susurros—. Ahora, o estamos jodidos. Son demasiados.

—Se están acercando... —repitió Leandra, su cuerpo se agitaba con temblores cada vez más evidentes.

—Lo sabemos, Lea. Tal vez lo mejor sea retirarnos —Thomas dio media vuelta, y pareció que el mundo se le venía abajo cuando comprobó la gravedad de su situación: a sus espaldas otros miles de dementores avanzaban hacia ellos, espectros silenciosos sedientos de energía, sedientos de la vida que Frederika acababa de recuperar.

—No es posible —consiguió articular la muchacha con apenas un hilo de voz. Los guardianes se replegaron para dibujar un círculo protector en torno a los magos. Las criaturas seguían adelante—. No...

—Ya está —bufó la ex jugadora de Quidditch—. Estamos muertos. Somos comida de dementor.

—No —Leszek jadeó—. No podemos...

—¡Se están acercando! —Leandra sollozó una última vez antes de que millones de dementores se les viniera encima.

¿Así terminaba todo? ¿Sus almas perdidas en medio de una misión de rescate? ¿Su vida otra vez arrebatada? Frederika se negaba a aceptar esa opción. Había atravesado un infierno con tal de volver a vivir, había experimentado cosas horribles, imposibles de imaginar para cualquiera que jamás hubiese atravesado el tortuoso proceso de la muerte... y ahora todo acababa. Se revolvió en medio de la confusión de cuerpos, criaturas, gritos y alientos mortíferos, arrastrándose hasta alcanzar al brillante pavo real que persistía en sus infructuosos intentos de protección. Se aferró desesperada al cuello el animal... y el calor volvió a su cuerpo cuando el patronus se fundió con su cuerpo. Y todo tuvo sentido otra vez. Y la vida recorrió su cuerpo como jamás lo había hecho antes.

Como si una extraña fuerza magnética los llamase, el resto de patronus fueron al encuentro de Frederika para servir al mismo vínculo del primer guardián. No hizo falta más para hacer retroceder a los dementores, como si un golpe de electricidad los espantara. La peor amenaza se había esfumado, pero sus compañeros se hallaban inconscientes en medio del pasillo de la fortaleza. Por incomprensible que resultase incluso para ella misma, Frederika sabía qué debía hacer. Uno por uno, la joven bruja se inclinó hacia ellos para insuflarles parte de la energía que recorría su cuerpo. Apenas un delicado tacto.

Todos por igual apreciaron desconcertados el brillo plateado que perfilaba el cuerpo de Pfeng.

—¿Y qué truco te tenías guardado esta vez, pequeña caja de Pandora? —rió Leszek para romper el silencio atónito de los demás. Su rostro pálido observaba los alrededores, como si quisiera asegurarse de que el reciente ataque en masa de criaturas espectrales no había sido producto de su imaginación. Ya no se distinguía ninguno a donde fuera que se mirase.

—Les enseñaré luego —respondió ella sin sonreír, ayudando a Leandra a levantarse—. Los dementores escaparon, pero no tardarán en llegar refuerzos de Worthington. Debemos apresurarnos.

No poseía la más remota idea de lo que había hecho, esa era la verdad de las cosas. Y a pesar de la broma del joven Collingwood, sabía que él lo entendía. Y agradecía el voto de confianza tanto como la falta de juicio hacia sus extrañas e inesperadas acciones. Había muchas cosas que Frederika debía entender sobre ella misma aún, no obstante tenía la sensación de hallarse en el lugar adecuado para lograr su objetivo.
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Frederika Pfeng
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Re: Entrada a Azkaban

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