Reserva Mágica

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Reserva Mágica

Mensaje por Statue of Liberty el Lun Jun 20, 2011 2:28 am





Reserva Mágica




¿Has imaginado alguna vez que conoces a esas grandiosas criaturas mágicas que hasta hoy sólo puedes ver en las imágenes de tus libros? ¡Esta es la oportunidad para que tus sueños se vuelvan realidad! La reserva mágica de New York te abre sus puertas de par en par para que recorras cada espacio hasta que logres convencerte de que todo es completamente cierto.

Fundada hace un par de décadas, ésta popular reserva natural de criaturas mágicas tiene su lugar de asentamiento en una frondosa penísula en las afueras de New York, oculta con hechizos anti-muggles para asegurar la protección de los animales fantásticos que aquí habitan.

Ingresarás a un espeso bosque de árboles altos y de todos los tipos, donde las criaturas se desplazan pacíficamente en su hábitat natural, sin sentirse amenazadas por las visitas de curiosos como tú, que desean conocer de primera mano sus maravillosas características. Aquí cada especie es protegida de las cacerías ilícitas y reciben los mejores cuidados por parte del personal de la reserva. Así que diviértete, porque hay mucho para ver.

¿Viste a ese Demiguise saltar a la rama de aquel árbol? ¡Fotografíalo antes de que se vuelva invisible!


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Re: Reserva Mágica

Mensaje por Sebastian T.Aldrich el Mar Ago 09, 2011 8:49 pm

Ya había llegado el sábado, la emoción inundaba mis pensamientos, iba a volver a ver a Cassandra, aunque ya la hubiera visto hace dos días. Otra vez, nuestras miradas, volverían a cruzarse, intentando comunicarse entre ellas, terminando finalmente juntándose en un punto concreto. También, a decir verdad, me daba algo de vergüenza volver a encontrarme, debido a que en nuestro encuentro anterior, sus labios y los míos, habían estado rozándose, provocando los besos más tiernos, que jamás me habían dado, y eso que nos encontramos después de dos meses. Se podría decir, que entre ella y yo, había surgido algo especial, imposible de explicar.

Vestido, con un pantalón vaquero, una sudadera roja, y unas botas marrones, me adentré por el camino, que daba a la Reserva Mágica. Durante el trayecto, pude observar que no había nadie por allí, y por lo que parecía Cassandra no había llegado todavía, pero no importaba, ya que yo la esperaría el tiempo que hiciese falta, claro estaba. Llegué a la gran verja metálica, que se distanciaba de mí, unos 5 metros, dónde arriba, en un cartel, dónde las letras tenían relieve, se colocaba las siguientes palabras "Reserva Mágica". Me quede observándolas.
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Re: Reserva Mágica

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Mar Ago 09, 2011 8:57 pm

Estaba en mi habitación suspirando y bufando cada dos por tres porque se estaban haciendo las diez y yo todavía no sabía que ponerme para Sebastian. Me había probado todos mis pantalones, cada uno de un color; la mayoría de mis camisetas estaban ahora tiradas encima de mi cama o tiradas en el suelo. Zapatos...¡madre mía los zapatos! Cada par en un lugar diferente y la que mas cerca tenían no era su pareja. Me había duchado y lo único que llevaba era una toalla blanca rodeándome el cuerpo moreno, fino y perfecto que tenía. El pelo ya se me había secado y tenía su honda natural que tanto me agradaba. Al fijarme un poco mas en el fondo del armario, veo un vestido que me gusta. Se me iluminan los ojos y me visto rápido, poniéndome una chaqueta por encima para no pasar frío. Miro la hora y empiezo a correr por el pasillo, bajando las escaleras a toda prisa.

Tras un rato caminando y caminando consigo llegar a la reserva mágica y allí veo a Sebastian, me recoloco bien la falda del vestido y tras parpadear varias veces camino hacia el con un poco de vergüenza, parándome en frente y rodeando su cuello con mis brazos para besarlo con una ternura indescriptible.
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Re: Reserva Mágica

Mensaje por Sebastian T.Aldrich el Mar Ago 09, 2011 11:51 pm

Otra vez, sin haberme dado mucha cuenta, Cassandra había vuelto a rozar sus labios contra los míos, como si pareciese que en dos días, hubiese echado de menos mis labios. No me había dado tiempo a saludarla, y ya me había besado, pero cortésmente saludaría, aunque la muchacha estuviera empeñada en besarme._Buenos días, preciosa. ¿Ya te has vuelto adicta a mis besos o a mí?.- Y antes de terminar la frase, ya estaba riéndome mostrando una sonrisa gigante. Ese día estaba feliz, sólo por tener a Cassandra a mi lado. Echo un vistazo a la muchacha, y observo a la muchacha, estaba guapa, guapísima y no dudé en decírselo._Vas muy guapa hoy.-Y tras terminar le acarició la mejilla.

Ya podíamos adentrarnos en la Reserva Mágica, para observar a las criaturas y plantas mágicas, que allí se encontraban, o tal vez, quien sabe, perdernos entre los enormes y colosales árboles, buscando aventura.... Miro a la chica, y rozando uno de mis dedos contra sus labios, me acerco a su oreja y la susurro._¿Estás preparada?.-Y me alejo, cogiendo su mano derecha con mi mano izquierda, como ella hizo conmigo, en el paseo que dimos cuando nos conocimos, salvo que no era mi chica en ese momento. Empecé a andar, con la mano de Cassandra sujeta a la mía.
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Re: Reserva Mágica

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Jue Ago 11, 2011 1:07 am

Sinceramente, no esperaba que tras darle aquel beso me contestase aquello de que si era adicto a el pero de todas formas no iba a decírselo porque no quería fastidiar el momento, además de que también sabía cuando el estaba bromeando o cuando estaba diciendo las cosas en serio. Estaba algo nerviosa la verdad porque no sabía que hacíamos en aquel lugar. Me encantaba la aventura, ver cosas nuevas...pero pensaba que aquella cita sería algo más próximo entre nosotros dos, algo como...mucho mas romántico y sencillo pero de todas formas no iba a precipitarme a decirle mis pensamientos, prefería callarme y ver que me tenía preparado. Tras estar pensando unos segundos en si contestarle a su primer comentario o no, decido dejarlo pasar y sonreír a modo de respuesta para luego escuchar el piropo que me suelta. Lo único que hago es pestañear de forma coqueta y río un poco por lo bajo.
Tras estar unos segundos separados no puedo evitar mirar sus ojos color azul cielo, aquellos ojos que había conocido en un niño que me había encantado y que ahora habían pasado a estar en un adolescente. Suspiro de forma tonta, como embobada y luego noto su mano caliente cogiendo la mía y notando el roce de su dedo con mis labios noto como un escalofrío recorre mi cuerpo de arriba a abajo. Contengo la respiración al escuchar lo que me dice al oído y al notar su aliento contra mi cuello. Trago saliva y me relamo los labios, asintiendo levemente y dejándome llevar por el, por el viento que nos rodeaba, por los seres que no veíamos escondidos, por aquella tarde veraniega que nos habían regalado para estar juntos.
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Re: Reserva Mágica

Mensaje por Sebastian T.Aldrich el Jue Ago 11, 2011 1:34 am

¿De verdad Cassandra se pensaría que íbamos a estar viendo animalitos y plantas? Se les podría echar un vistazo, pero eso era para la clase de Criaturas Mágicas y Herbología, porque seguramente, y aunque quedará un poco guarro decirlo, lo que más se vería en esa mañana fría aunque veraniega, serían como mis labios visitaban a los suyos. Podía notar, la presión que ejercía mi mano contra la mía. La miraba una y otra vez, pensando que pensaría la muchacha en esos momentos. Y, sin motivo alguno, me vino a la cabeza el tema de las vacaciones, que no la volvería a ver, durante un tiempo, y la comento que una cosa, que había estado pensado durante unos días._Cassandra, ya que en la vacaciones no nos veremos...- Paré de hablar algo incómodo, pero proseguí._...había pensado que a lo mejor te gustaría venir unos días a mi casa. No es mucha cosa. En esos días, mis padres se van a ver a unos amigos, y me quedo a cargo de mi hermana.-Termine mirándola a los ojos, como si quisiera raptarla y perderme en e mundo con ella.

LLego un trozo de camino, el cual estaba embarrado, con alguna que otra piedra, y decido coger a Cassandra, como a una princesa en su boda, depositando sus hombros sobre unos de mis brazos, y las piernas sobre el otro, quedando mi mirada exactamente en la suya. Me acercó a su oído otra vez, y la comento._Yo, quiero que vengas, pero es tu decisión.-Me separo un poco de ella, pero llevo mis labios rozando contra la piel de su cara, hasta llegar a los suyos, y besarla los más dulce posible.

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Re: Reserva Mágica

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Jue Ago 11, 2011 1:45 am

Mi mirada mas que ir de un lado a otro se concentraba en Sebastian completamente. Cualquier persona ajena a lo que ocurría entre nosotros dos me vería como una tonta que mira fijamente lo que es suyo pero tanto el como yo sabíamos que aquello no era cierto. A Sebastian no lo veía como una cosa mía porque podía pensar y decidir las cosas que le viniesen en gana pero de todas formas, sentía como si parte de el estuviese en mi interior, lo conocía mas de lo que me pensaba y, aunque alguna de sus reacciones o comentarios me sorprendían porque no lo veía de ese modo, suponía que esas cosas que tanto llamaban mi atención eran simples cambios por la edad, estaba madurando y eso era...¿bueno o malo? ¿Seguiría siendo lo nuestro como un juego de niños pequeños que escapan juntos para poder perderse durante un rato juntos o pasaría a ser algo aburrido como la mayoría de parejas de nuestra edad? No quería que lo de vernos fuese una rutina, lo que yo deseaba mas que nada en aquel momento era saber que cada día sería algo nuevo y que no nos importaba para nada lo que haríamos la siguiente hora, solo dejaríamos que el tiempo pasase mientras que nosotros nos mirábamos a los ojos y rozábamos nuestros labios una y otra vez...Quería volver a sentirme como lo vi por primera vez, volver a notar como se tensaba o ver como se sonrojaba como el primer paseo que dimos y en el que nos conocimos, ¿estaría invadiendo la nostalgia mi corazón? Tras parpadear varias veces y rodear su cuello con mis brazos en el momento justo en el que me coge en brazos, noto como mis ojos se habían vuelto algo húmedos sin saber porqué, últimamente estaba muy llorona y muy sentimental...
De repente se queda parado y eso hace que mi nariz se arrugue. Ahora mismo, en sus brazos me sentía como una pequeña princesita cogida por su príncipe azul.
Atiendo seria lo que me estaba diciendo sobre las vacaciones y solo en pensar que no nos íbamos a ver me deprimo un poco pero luego acabo sonriendo al escuchar lo que me estaba diciendo sobre irme a su casa para cuidar de su hermana pequeña. Trago saliva y esbozo ahora una sonrisa muy amplia, posando una de mis manos con cuidado de no caerme en su mejilla, otra en su cuello y besándolo apasionadamente a la vez que el me besaba de aquella manera tan dulce. Al separarme abro los ojos lentamente que segundos antes había cerrado para darle mas emoción al momento, me encuentro con sus grandes ojos azules y asiento con seriedad.
-La verdad es que me iba a ir de vacaciones sola o con Emma o con alguien y saber que parte de esas vacaciones las voy a pasar contigo, me alegra mucho, muchísimo a decir verdad...
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Re: Reserva Mágica

Mensaje por Sebastian T.Aldrich el Jue Ago 11, 2011 2:03 am

Realmente había cambiado, ya no era el chicoque se enrojecía cada dos por tres. Ya no era el pequeñín señorito Aldrich. Había madurado y usaba mi sentido común para las cosas importantes, y sabía que una de ellas era Cassandra, y no lo echaría todo a perder por tonterías, ¿Apreciaría eso la muchacha? Realmente no me importaba, por que la verdad estaba guardada en su corazón, y eso no debería compartirlo co nadie, ni conmigo. Noto como sus ojos están algo húmedos, ¿Estaría algo triste? Además de ver, como le caía una única lágrima, que se depositaba difícilmente en su labio superior, acercándome tranquilamente, y besándola uniendo mis labios y los suyos por una lágrimita de la muchacha. Tras separarme, mis labios, se habían impregnado del líquido de la lágrima. La acaricio de nuevo, suavemente, y después escucho su respuesta, y no puedo evitar esbozar una sonrisa.

Ella, sí Cassandra, era los más importante, yo sin ella no era nada. Estuve a punto de perderla, y no voy a permitir eso otra vez. La muchacha, me estaba mirando a mis ojos, y eso que eran feos, quedando alelada frente a mí. En un momento determinado, como los esquimales, junto mi nariz, con la suya, interponiendo mi dedo índice entre nuestros labios, gesticulando que no hablara. Lo separé, y susurré._Es algo confuso, pero te amo.-Y me enrojecí como cuando era pequeño. Maldita adolescencia.
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Re: Reserva Mágica

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Vie Ago 19, 2011 12:36 am

La situación se había vuelto algo incómoda ya que a mi no me agradaba para nada que nadie, ni si quiera él, me viese llorar mas que nada porque así se veían los puntos en los que yo flaqueaba y no me hacía nada de gracia. De repente el momento se volvió mucho mas tierno y cariñoso cuando noto como una lagrimilla se me escapa por el rabillo del ojo y va a parar a mi labio inferior. Justo en el momento en que me la voy a limpiar con el dorso de la mano veo como Sebastian se acerca poco a poco a mi y me la limpia el con sus labios, haciendo que los dos nos fundamos en un bonito beso gracias al dolor de la nostalgia que tanto me afectaba. En realidad estaba exagerando las cosas porque yo solamente llevaba un curso junto a él pero solo de recordar cuando nos conocimos, cuando le influencié un poco mal para bañarnos a las tantas de la noche en el pequeño río, como pasábamos las tardes en el pueblo comiéndonos un pequeño aperitivo...eran todo pequeñas travesuras de niños pero que sin duda añoraba demasiado, añoraba esos momentos de críos que nunca se te olvidarán, aquellos momentos en los que un "Por mi y por todos mis compañeros!" o un simple "Lo siento no lo volveré a hacer" bastaba para que todo se solucionara de buenas a primeras, era todo tan inocente y bonito...
Cuando friega su nariz con la mía como si fuésemos esquimales, noto como su temperatura corporal era mucho mayor a la mía y sonrío de medio lado; me gustaba esa sensación de frío y caliente, esos escalofríos que recorrían mi columna vertebral y que solo el conseguía que aquello pasara, que bonito es el amor. Escucho lo que me susurra al oído y me quedo un poco perpleja al escuchar su "te amo", pero en seguida lo beso con ternura.
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Re: Reserva Mágica

Mensaje por Sebastian T.Aldrich el Vie Ago 19, 2011 12:54 am

Todo lo que había ocurrido entre Cassandra y yo, en menos de una semana, era casi un sueño. Era un percepción casi imposible de explicar. Todos los hechos ocurridos habían sido en un abrir y cerrar de ojos. Quedaban pocos días para las vacaciones, aunque entre ella y yo, ya estaba todo hablado, y vendría a pasar unos días a mi casa, en las montañas de Gales. ¿Se lo pasaría bien allí? ¿O se aburriría? Todo eso ya se sabría en su debido momento. No parábamos de besarnos, y en algún momento tendríamos que para, ¿O no? Tendríamos que ponernos serios, y hablar de nuestra relación, ya que desde el primer beso que nos dimos, no habíamos mediado ningún tipo de conversación de adolescentes ya con la cabeza fija, aunque yo le sacara un año a Cassandra, y a eso me vino a la cabeza, qué si sería un inconveniente muy grande, como lo verían los demás, que un chico que iba a pasar a Sexto de Caeruleum, estuviera de noviazgo con una Smaragdium de Quinto. Esa cuestión se desvaneció de mi cabeza, y ya solo me centraba en los ojos de Cassandra, aquellos de que en alguna vez remota me había encaprichado como un niño pequeño con su piruleta de sabor fresa. Ella, sí, ella. Aquella chica que había conseguido ablandarme el corazón, reduciendo su dureza, hasta tal punto de parecerse a la suavidad y ternura de un osito de peluche, el cual es querido durante la infancia, pero olvidado durante la madurez, del joven o la joven dueña. ¿Me vería Cassandra, como un simple encaprichamiento repentino? ¿O verdaderamente se había enamorado de mí? Dudas, y más dudas, surgían en mi cabeza, provocando tempestades, que cuando no están en acción todo parece en calma, pero que se pueden alborotar en cualquier momento. Y volví a mirar los ojos de Cassandra, los cuales se encontraban en un punto fijo, los míos.
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Re: Reserva Mágica

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Miér Ago 24, 2011 12:13 am

Se le veía pensativo. Yo pensaba que a parte de darme besos y mas besos me demostraría la alegría que sentía porque fuésemos a pasar nuestras vacaciones juntos de otra forma mucho mas madura; en realidad, para nada me desagradaban los besos que me daban, sino que todo lo contrario y eso hacía que cada vez los necesitara mucho mas. Yo no llamaba estar enamorada a lo que yo sentía en aquel momento. No me agradaba darle nombres a sentimientos que eran imposibles de describir y que solo se podían demostrar día a día con cada uno de nuestros actos o acciones. Era todo bastante complicado porque yo pensaba que lo nuestro era por una parte serio y por otra parte mucho mas liberal. A la hora de hacer algunas cosas las quería hacer con el porque ahora mismo era mi novio -otra palabra que de normal no entraba en mi vocabulario porque denominaba aquello que sentíamos el uno por el otro pero bueno, supongo que todo se resume a una palabra de cuatro letras que depende de quien se hable significa mas o menos, AMOR- y yo misma sabía lo que tenía que hacer y lo que no pero realmente, las cosas que se quedaban entre amigos eran simplemente eso, "cosas de amigos" y las cosas entre Sebastian y yo eran "nuestras", por así decirlo.
Aquel momento era tierno, efusivo e inquietante porque ninguno de los dos sabíamos que pasaría a continuación o que tenía el otro planeado. Yo, sinceramente, no estaba pensando en el futuro sino en el presente, pero no podía evitar tener esa curiosidad de lo que pasaría después, de donde me llevaría...Solamente tenía dudas que pensaba que con el paso de los minutos se irían resolviendo gracias a la ayuda de él. No pude evitar preguntarle porque aquello era desesperante.
-Oye Sebastian, ¿que tenías pensado hacer hoy a parte de preguntarme lo de las vacaciones? Supongo que podremos hacer algo juntos a parte de estar mirándonos todo el tiempo...cosa que realmente no me desagrada
Río un poco y beso su mejilla con dulzura, recordando aquellos momentos de cuando éramos mas pequeños.
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Re: Reserva Mágica

Mensaje por Bernice Adams el Mar Ago 16, 2016 2:08 am

RESPUESTAS
02 de febrero, 2054

Ni siquiera el hecho de saber dónde se encontraban ayudaba a Bernice a apaciguar la terrible sensación de amenaza inminente. Le parecía un sentimiento extraño y fuera de lugar considerando que el peor escenario de lo acontecido aquel día había quedado muy atrás, allá en el Ministerio de Magia con Worthington y sus hordas de seguidores. Ahora estaban a salvo en el escondite que Thomas había preparado horas antes del evento de Ejecución, con todo tipo de precauciones y protecciones para el grupo.

El modo en que habían conseguido llegar hasta ahí, sin embargo...

—Bernice.

Díctamo la llamó desde la copa del árbol contiguo al que Bernice utilizaba para llevar a cabo su papel de vigía de turno. El muchacho, medio camuflado entre el follaje, señalaba una figura que acababa de aparecerse a pocos metros de distancia.

—¿Es ella? —la chica movió los labios en silencio para plantear su pregunta.

Díctamo asintió antes de bajar por el árbol y aterrizar en la mullida hojarasca húmeda que tapizaba el bosque de la Reserva Mágica. La muchacha lo imitó y fue a encontrarse con él.

—Ven —le dijo cuando ella lo alcanzó al cabo de un segundo—. Hay que avisar al resto que está de vuelta.

—No creí que fuera a regresar —confesó en un susurro, avanzando a toda marcha.

—Ella dijo que volvería —Dícamo de encogió de hombros—. Parecía muy dispuesta a responder preguntas.

Eran buenas noticias. En medio de tanta incertidumbre, un poco de claridad les vendría de maravilla a todos. Bernice estaba segura de no ser la única que necesitaba entender todo cuanto había ocurrido en las últimas horas. Las imágenes volvían a su cabeza una y otra vez, confusas y veloces: la desaparición de la Piedra de la Resurrección, la aparición inesperada de Frederika, el modo en que ella había estado a punto de destruir todo en el Ministerio... los términos extraños de la fuga. Imágenes furtivas y sobrepuestas. Tenía que saber, tenía que entender. Siguió caminando de vuelta al claro junto al Smaragdium.

—Tú la reconociste cuando apareció. Siquiera dudaste, Díc.

—Íbamos en el mismo curso cuando ella estudiaba en Clevermont —Díctamo la miró con la pesadumbre propia de la nostalgia—. Nadie tuvo oportunidad de tratar mucho con ella en esos tiempos. Frederika siempre fue muy reservada. Pero todos acabamos enterándonos de quién era luego de su muerte. Había fotografías por todas partes, a menudo se organizaban homenajes y conmemoraciones.

Bernice se acordaba de eso. En aquellos tiempos acababa de ingresar a Clevermont, pero no se olvidaba del terror que había invadido a los de primer año tras la muerte de la chica Pfeng. Se rumoreaba que su alma se ocultaba en el auditorio del college, pero Bernice no encontró nada extraño durante sus repetidas excursiones ese año. La invadió un estremecimiento al recordar que esa chica había escapado de las leyendas de su muerte. Estaba con vida, y avanzaba varios pasos por detrás de ellos.

—¿Crees que podemos confiar en ella? ¿Debemos confiar en ella?

—No lo sé, Bernice. Quisiera creer que sí. Pero es todo tan extraño...

El mago dejó de hablar al percibir el murmullo distante de voces. Siguieron caminando hasta dejar atrás la agrupación de árboles y salir al pequeño claro que precedía un gran montículo de rocas. Había una ranura lo bastante grande como para permitirles pasar a través de ella y avanzar a una diminuta caverna que en tiempos más felices había sido el hogar de un Colosal. Ahí se encontraban todos: Hipatia, Leszek, Thomas, April, Lea, Lilith y Cass. Arsène se encontraba apartada en el rincón más distante, murmurando y sollozando sin descanso. Sintió la dolorosa tensión del joven Betancourt a su lado cuando sus ojos se posaron de forma involuntaria en la destruida figura de su amiga Smaragdium.

—Está aquí —anunció el joven mago una vez que las miradas se posaron sobre ambos.

—Te dije que iba a volver —Leszek murmuró en dirección a Lea. Antes de que esta pudiera elaborar una respuesta, Thomas alzó la mano para detener cualquier futura discusión.

—Prescindiremos de la vigilancia por un momento —decidió, mirando a Díctamo y Bernice—. Todos debemos escuchar lo que ella tenga que decir.

Un minuto más tarde Frederika hizo su entrada en el pequeño escondite, barriendo cada rincón del mismo con una mirada atenta y calculadora. Bernice usó ese tiempo para estudiar a la recién llegada, para decidir si el temor que su presencia le inspiraba era o no infundado. Decidió que hasta cierto punto lo era: la belleza hipnótica de sus facciones, la humilde profundidad de sus ojos y la delicadeza deliciosa de sus movimientos abogaban por una imagen inofensiva. El problema era que por encima de todo eso la joven bruja se protegía con una cautela exagerada. Había algo en su postura, además, algo que por más que Frederika intentase ocultar seguía resultando evidente: la magia era poderosa en ella. Poderosa a un punto que resultaba peligroso. En cada movimiento se notaba su esfuerzo por controlarla.

—Buenas tardes —saludó con una educación que a Bernice le pareció completamente fuera de lugar en aquellos momentos—. En primer lugar debo disculparme por mi repentina retirada. Debieron creer que no volvería, pero había asuntos que debía poner en orden —irguió un poco más la postura—. Mi nombre es Frederika Pfeng. Me encuentro aquí para responder lo que deseen saber.

Por un instante, el único sonido en el escondite fue el de Arséne y sus lamentos constantes. Hasta que Thomas tomó la palabra.

—Sabemos quién eres —la invitó a tomar asiento—. Ese es el verdadero problema para todos nosotros, me temo.

—Porque debería estar muerta —Frederika coincidió. Luego señaló a Leszek—. He vuelto gracias a él.

—Y a la Piedra de la Resurrección —respondió él a su vez, desconcertado.

Frederika asintió.

—Pero no lo entiendo. Mi intención era destruir la piedra. Jamás pretendí que tú...

—Actuaste por instinto, bajo mi influencia —Bernice no estaba segura, pero le parecía que la bruja se encontraba sinceramente apenada—. Durante los últimos meses, ¿no has tenido la sensación de planear cosas por el simple hecho de saber que funcionarían?

—Lo ha hecho, claro que lo ha hecho. Mucho —Lea se adelantó a responder repentinamente sorprendida, mirando a su amigo Inefable como si no lo conociera—. Leszek creía que se trataba de corazonadas. Yo creía que comenzaba a enloquecer. Desde que decidió postular al Departamento de Misterios...

—Fue poco antes de esa época en que comencé a ejercer mi influencia —Bernice no tenía idea de lo que Pfeng pretendía decir con eso. Y a juzgar por las miradas del resto, nadie más lo hacía. Pfeng inspiró profundo antes de retomar la palabra—. La muerte no es tan definitiva como los vivos suponen, ¿entienden? Es un proceso. Y yo me mostré especialmente... reticente a seguir ese proceso. Una persona es capaz de seguir existiendo sin un cuerpo, a través de su alma. Es capaz de manifestarse en el lugar de su muerte y esa manifestación será más o menos fuerte dependiendo de su disposición a continuar el proceso de muerte.

» En mi caso, mi obstinación me permitió liberar un fragmento importante de mi alma en la Mansión McCullough. Aquello no tendría que haber significado nada especial, apenas un gesto de mi última lucha antes de ceder a las fuerzas con las que la muerte trabaja. Pero entonces ustedes comenzaron a reunirse en el sótano de la mansión. Eso también habría carecido de importancia... de no ser por la capacidad que Leszek poseía para percibir mi presencia. La mía y la de otras almas que habitan en la mansión. Así fue como logré establecer contacto contigo, Leszek.

—Entonces, ¿fue una especie de posesión? —Collingwood no parecía sorprendido, sino más bien embargado por una curiosidad genuina y casi desquiciada.

—Es una forma de decirlo —Estaba claro que Frederika no se sentía cómoda con el término—. Como sea, fue gracias a ese contacto que conseguí escapar de los límites de la mansión, enterarme de lo que sucedía en el mundo mágico, enterarme de la existencia de la piedra. Fue cuando implanté en tu pensamiento la idea de destruirla. Sabía que por medio de ella podría volver y no estaba lista para morir del todo.

—Pero eso no explica cómo descubriste en primer lugar cómo destruir la piedra —April agregó la observación de un modo abiertamente desconfiado.

—No es algo que tuviera permitido saber. Era un nivel de conocimiento que me estaba vetado —Frederika contuvo un estremecimiento al pensar en ello, y luego guardó silencio. No parecía preparada para hablar de ello por ahora. Y Bernice estaba segura de no encontrarse preparada para oír algo directamente relacionado con 'el otro lado'—. De cualquier forma mi intención no era destruir la Piedra, sino volver. Afortunadamente, mi meta y la de ustedes se beneficiaba mutuamente.

—O sea que necesitabas usar la Piedra de la Resurrección para, bueno, resucitar —Bernice soltó una risa nerviosa tras su propio comentario.

—También necesitabas un cuerpo —murmuró Leszek, la vista fija en el suelo—. De algún modo había planteado en mi subconsciente la meta de matar a Theodore en el momento que poseyera la piedra. No entendía por qué, pero como muchas otras cosas relacionadas con la piedra, sabía que debía hacerlo —lentamente, sus ojos fueron desplazándose hasta posarse nuevamente sobre Frederika—. Cuando giré la piedra en mis manos, cuando te vi aparecer frente a mi y obtuve plena claridad de lo que hacía, supe que era imposible. Y entonces Bianca... —la voz del mago se quebró.

Nadie dijo nada. Todos sabían lo que había sucedido después. El cuerpo sin vida de Bianca fundiéndose con la Piedra de la Resurrección, permitiendo a Frederika recuperar su existencia física. No había necesidad de ahondar al respecto. Bianca se había ido, Pfeng y sus misterios habían tomado su lugar. El solo hecho de pensarlo era escalofriante.

—¿Puede revertirse? —Siempre práctico, Díctamo sería el encargado en realizar la pregunta de rigor—. ¿Puede la Piedra de la Resurrección volver a existir? Si murieras, por ejemplo...

—La piedra ya no existe —la voz de Frederika fue categórica al respecto—. Su función era establecer un vínculo entre las almas que atraviesan el proceso de muerte y el mundo físico. Una vez que existe un alma capaz de apropiarse de ella y anclarla a un cuerpo, el vínculo se torna permanente. Si muero será como la primera vez, nada cambiará.

—Pero hay cosas que cambiaron —insistió el joven—. Nos trajiste aquí. Sabías a quienes debías traer contigo, sabías dónde debías llevarnos.

—El vínculo que me une a Leszek sigue en pie —se apresuró a explicar Frederika—. Tardará un tiempo en extinguirse. Sé todo cuanto él sabe...

—Aun así —En aquella ocasión fue Thomas quien habló—. Fue una forma extraña de desaparecerse incuso para un mago. No habíamos escapado del Ministerio y sus salvaguardas. Ni siquiera nos estábamos tocando. Pero nos sacaste de ahí. Hay algo en tus habilidades, algo que sobrepasa con creces el promedio.

Frederika no podía discutir contra aquel argumento, aunque parecía dispuesta a intentarlo.

—Tardaré en descubrir el motivo. Tal vez tarde tanto como en descubrir mis capacidades y mis límites. El proceso de muerte otorga una importante carga de conocimientos que el ser humano jamás alcanza en vida, y a eso debe sumarse lo que Bianca sabía. Este es su cuerpo —estiró los brazos de un modo extrañamente melancólico—, y parte de su alma habita en él, de modo que poseo todas las habilidades que ella había desarrollado con el paso de los años. Es mucha información que debo procesar y digerir. Pero sé que mientras lo hago quiero unirme a ustedes, quiero ayudarlos, quiero que confíen en mí.

—¿Por qué querrías hacer eso? —Lilith se adelantó con el entrecejo fruncido. De todas las cosas extrañas que habían discutido en los últimos minutos, parecía que nada la había sorprendido como ese último comentario—. Quiero decir... tienes una segunda oportunidad para vivir, ¿no? ¿Por qué la desperdiciarías uniéndote a una causa sin futuro como esta?

—¡Guau, Lilith! —Bernice no pudo resistirse a soltar un bufido—. Gracias por el voto de confianza.

—Porque es lo correcto —Frederika respondió sin inmutarse. Sus ojos profundos cargados de un convencimiento estremecedor—. Existen muchas razones, la mayoría personales. Pero por sobre todas ellas predomina esta verdad irrefutable: es lo correcto, es lo que debo hacer. Por todos aquellos magos que han perecido por el simple hecho de reprobar las metodologías de Worthington, por esos que se ven obligados a vivir en clandestinidad.

—Como nosotros ahora —suspiró Cassandra desde el fondo de la caverna—. Esta será nuestra vida a partir de ahora, Frederika. Debes pensar en eso si quieres unirte a nosotros. El día de hoy hemos planteado un desafío abierto al régimen, arriesgándonos incluso a dejar al descubierto nuestras identidades. Seremos perseguidos. Estamos condenados a ocultarnos en sitios como este y a pelear siempre en desventaja.

—No necesariamente —la aludida meneó la cabeza con la delicadeza de una Veela antes de incorporarse—. No solo he venido a unirme a ustedes por un sentido de deber que no les signifique beneficios. He venido a buscarlos porque tengo un sitio. Y tengo planes en marcha.
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Bernice Adams
Caeruleum de quinto

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Re: Reserva Mágica

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