Sortilegios Weasley

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Sortilegios Weasley

Mensaje por Statue of Liberty el Sáb Jul 02, 2011 7:07 am





Sortilegios Weasley




¡Bienvenido al paraíso de las bromas, pequeño amante de las trastadas! Si has atravesado la puerta de entrada al local más estrafalario que encontrarás en todo el Callejón Diagon, no podrás decirte decepcionado luego de abandonar el lugar. Clásicos del pasado conviven aquí con las más estrafalarias novedades que te asegurarán un momento de diversión sin fallos. Calderos bromistas y polvos inmediatos de oscuridad son sólo algunos de los objetos que siguen causando sensación entre los más pequeños. ¿Has probado la efectividad de las varitas de mentira? No dejes de rebuscar, porque en cada escaparate encontrarás una sorpresa inigualable.

Aunque el título de esta tienda pertenece todavía a la gran familia Weasley, sus trabajadores son por completo ajenos al núcleo, pero se dedican con entrega a su trabajo, manteniendo el ambiente alegre y entusiasta que ha caracterizado al número 93 del Callejón Diagon desde su inauguración. ¿Ya sabes lo que escogerás? Tómate tu tiempo, porque las atracciones son demasiadas.


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Statue of Liberty
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Re: Sortilegios Weasley

Mensaje por Mandrágora Betancourt el Vie Ago 26, 2011 1:06 am

Efectivamente, Mandrágora Betancourt estaba muy nerviosa. Estaba por hacerse la hora pactada con Leszek para encontrarse allí, en la puerta de Sortilegios Weasley y, a pesar de la marea extraña de sentimientos que amedrentaban su interior, no podía precisar qué era exactamente lo que sentía. Pero realmente deseaba verlo. No sabía si sus palabras habían sido ciertas o no, pero esa tarde lo comprobaría. Creía que sí. Más aún, esperaba que lo fuera. Pero luego de las sorpresas del último tiempo, ya no sabía qué aguardar de aquella relación que había entre ambos.

Llevaba una simple camiseta blanca, unos vaqueros desgastados, sus infaltables Converse y el cabello recogido en una coleta alta. No podía estar más simple. Pero, al fin y al cabo, así era ella. Al menos, cuando aquel joven apellidado Collingwood no hacía de su vida el constante rotar de un tiovivo.

Miró hacia un lado de la calle y luego hacia el otro, pero no veía a ningún muchacho alto y apuesto acercarse hacia ella. Comenzaba a impacientarse y a preocuparse. Por favor, que aparezca, era todo lo que su mente alcanzaba a suplicar. En un intento por relajar su creciente nerviosismo, se volteó en dirección a los escaparates de la tienda e inició un exhaustivo análisis de los sortilegios que allí vendían, intentando avivar su agobiada imaginación hacia algo que no fuese un posible plantón por parte de Leszek.
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Re: Sortilegios Weasley

Mensaje por Leszek Collingwood el Vie Ago 26, 2011 5:12 pm

Había sido una verdadera travesía el conseguir llegar a Londres con tiempo para no faltar a lo impuesto por la carta de Plancton, una ajetreada carrera que había iniciado segundos después de terminar de leer el breve mensaje recibido, uno cuyo contenido nuevamente lo inquietó lo suficiente como para moverlo definitivamente a sitio de temor latente. Y es que las palabras ahora grabadas en su mente, hasta ese viernes citado, nunca pudo hacerlas concordar con la amiga que alguna vez hubo de conocer... y le era imposible comprender de qué manera podía haber contribuido él mismo para engendrar tan desconcertante cambio. Únicamente le restaba albergar la esperanza de que hubiese malinterpretado la frívola despedida posterior al amenazante dictamen.

Salvo por Clevermont y sus vacaciones de primer curso con Aaron en Francia, jamás había pisado otros territorios que no fueran los de su lejana Alabama. Y recorrer ahora las calles del Callejón Diagon por vez primera no podía menos que resultarle extraño. Debería agradecerle luego a Blake el haber hecho posible tan apresurado viaje, comprendiendo su urgencia algo extremista. Pero no podía darse el lujo de negarse a la cita requerida cuando alguna situación extraña parecía estar configurando las actitudes de Plancton. Siguió caminando con las manos en los bolsillos, y mientras lo hacía prefirió no adelantarse a ninguna suposición que pudiera predisponerlo a optar por una actitud que no fuera la que espontáneamente adoptaría al verla.

Cuando creyó que la impaciencia había logrado hacerle perder el rumbo que se había trazado para alcanzar su destino... la vio, amparada bajo esa indoblegable belleza que desde siempre le había reconocido. Sonrió con sosegado regocijo al saberla sana y salva por obra de sus propios sentidos, y como si se tratara de una visión que debía empeñarse en no difuminar, se acercó muy lentamente hasta situarse a su lado. Entonces supo que era real.

Si esperas decidirte por una sola cosa de la vitrina... estás perdiendo el tiempo. Yo tampoco podría —ahí estaba. Justo a tiempo, valiéndose sólo de su infantil sonrisa y una juguetona carcajada para afrontar el reencuentro que jamás debió haber tenido lugar. De improviso sentía que jamás habían perdido el contacto. Con Mandy no podía ser serio... a menos que se volviera estrictamente necesario.

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Re: Sortilegios Weasley

Mensaje por Mandrágora Betancourt el Vie Ago 26, 2011 8:58 pm

El tiempo le estaba jugando una mala pasada. En lugar de apurar a sus míseros segundos a correr de forma más rápida, se empecinaba en transcurrir de forma cada vez más lenta, amenazando así con enloquecer a la pobre Plancton. Había aguardado demasiado y ya no quería seguir haciéndolo. La espera, desde que había recibido la respuesta de Leszek, se le había hecho interminable. Por mucho que ella no hubiese querido admitirlo, aún cuando en su interior todavía sentía una leve aversión hacia todo lo acontecido, lo amaba más que a nadie. Después de todo, él no había tenido la culpa. O al menos eso habían dejado reflejado en todos los periódicos, escolares, locales y nacionales.

Las puntas de sus pies se elevaban rítmicamente, dejando por momentos que su cuerpo se apoyara sólo en los talones, volviendo a descender hacia el suelo con sonoros e iniquietos golpecitos contra la piedra. Ya llegaría. Estaba cerca. Podía sentirlo. A cada compás marcado por sus Converse, nuevas palabras de ánimo intentaban infundirle el valor necesario para no creerse abandonada por Leszek, echando a correr lejos de allí, presa de la desesperación. Pero entonces... Lo escuchó. Quiso tardar en voltearse, pero no pudo hacerlo. Necesitaba verlo, saber que era real.

-Entonces habrá que comprarlos todos -repuso ella, dejando que una sonrisa de emoción se escapara por sus labios traviesos, que no habían podido contener ni un instante la alegría que la embargaba interiormente. Allí estaba él, tan guapo, tan imponente, tan... Leszek-. ¿En qué estabas pensando para dejarme así de abandonada, Collingwood? -le reprochó casi con enojo, aunque su tono también reflejaba una cierta jocosidad.

Quería que él se preocupara por haberla abandonado así, pero no podía hacerlo. Reprimía las ganas de abrazarlo sólo para que él lo hiciera primero. Deseaba fervientemente que, en lo poco que podía hacerlo, se arriesgara por ella. Que le demostrara que él también había sufrido su ausencia como ella lo había hecho. Sólo así, Mandy podría estar completa de nuevo.
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Re: Sortilegios Weasley

Mensaje por Leszek Collingwood el Sáb Ago 27, 2011 5:14 am

La alegría que hubo de sentir al identificar la figura de Mandy aún a la distancia, incapaz fue de sobrepasar la que lo acometió al contemplar que ella le devolvía aquella sonrisa que siquiera el encierro lo había obligado a olvidar. ¿Por qué había temido tanto? ¿Qué motivo podía haberlo alentado a predecir un cambio funesto en la deidad que le devolvía la mirada? Todo aquello carecía de sentido. Era su amiga Plancton, la de siempre, la que ahora lo saludaba con desenfado y alegría, una no muy distinta a la suya propia, y le respondía compartiendo su propia impresión respecto al tema en cuestión. Nada había cambiado.

Se acercó un poco más a ella para tocar su rostro luego de la respuesta, haciendo uso de ese cariño fraternal que siempre le había dedicado. Era aquel el último paso que le hacía falta para terminar de convencerse de que otra vez la tenía a su lado, que seguiría siendo ella su inseparable compañera de aventuras cada día, que no volverían a arrebatársela. Pero la pregunta que luego Plancton puso en discusión oscureció repentinamente su rostro—. Creo que fui demasiado curioso... —sonrió apenado. Su intención jamás había sido la de abandonar a Mandy, pero era esa la sensación con la que se quedaba luego de no haber sabido de su paradero durante ese aún incalculable tiempo de aprisionamiento hostil. Le dolía el pensar que podía haberla dejado sola, que quizás, mientras él no se enteraba de lo que ocurría en el exterior, ella no se sentía a gusto lejos de Clevermont. De pronto, su mirada triste adquirió un matiz travieso. ¿A fin de qué lamentarse por lo que quedaba atrás? La tenía justo en frente. Era lo que de verdad importaba.

Pero según recuerdo... Betancourt... fuiste tú la que se marchó lejos. ¿No habrás creído que podrías escaparte de mí? —rió por lo bajo, revolviendo los alborotados cabellos de la muchacha como tantas otras veces, pero con más afecto que en todas aquellas—. Entiendo que los dioses necesiten algo de espacio, a veces... pero a este viejo rey le hizo mucha falta tu alianza y compañía —Fue incapaz de contenerse por más tiempo. La atrajo hacia su cuerpo rápidamente, y con sus brazos pálidos y delgados la protegió en su pecho, acaso temiendo que de pronto optara por escapar. Inclinó su cabeza para depositar un beso de alivio en medio de la oscura cabellera de la coronilla de su diosa, inspirando nostálgico el suave aroma que de ella se desprendía—. ¿Será posible que no vuelvas a hacerlo? —dijo, aún con sus labios perdidos en los cabellos de la menuda muchacha con nombre de planta que tenía entre sus brazos. Y se separó apenas para poder contemplar nuevamente su rostro, soltando una de sus extremidades para dejar a la vista su meñique, para no desaprovechar la solemnidad de aquel instante que pedía convertirse en otro juego—. Y yo prometeré no volver a dejarme atrapar. Así no podrás irte denuevo.
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Re: Sortilegios Weasley

Mensaje por Mandrágora Betancourt el Dom Ago 28, 2011 6:28 pm

Estaba allí, delante de ella, tan sólido y tangible que sentía de pronto como si jamás se hubiese ido. De pronto, los últimos meses le habían parecido un sueño, una triste pesadilla de la cual ya había despertado y en la que no volvería a recaer jamás. Sus miradas transmitían más de lo que cualquier otro acto hubiese podido demostrar. Se amaban, eso estaba más que claro. Pero no era un amor vulgar, normal en cualquier ser vivo. Era algo especial, un cariño fraternal que pocos llegaban a experimentar. Era puro. Divino.

Sus párpados cayeron lentamente al sentir la caricia de Leszek, ocultando sus ojos a la vacía vista terrenal, dejando así que su corazón sintiera más de lo que la realidad por sí sola le hubiese permitido vislumbrar. El contacto de la piel áspera de la mano del joven con la suavidad de su propio rostro, le dejó sentir la imperiosa necesidad que había elucubrado su dolorosa separación durante aquel tiempo. Ella también, elevó una de las suyas para capturar con ella la de Collingwood, aferrándola con más fuerza contra su rostro con una expresión placentera al sentirse cobijada por él, protegida de todo mal. Le hubiese gustado permanecer así por toda la eternidad, sólos los dos, con un mundo a su alrededor que seguía girando pero que no los podía perturbar. En esos momentos, creía que ya nada era capaz de arruinar la inmensa felicidad que sentía de tenerlo a su lado, desde ese instante y para siempre. Porque sabía que no iban a volverse a separar jamás.

-Ya ves cómo no puedes ser curioso si yo no estoy para cuidarte. ¡Mira en la que te has metido! -le recriminó, volviendo a abrir los ojos y regalándole una sonrisa traviesa. Ya no había penas, ya no había dolor. Todo volvía a ser como antes otra vez-. Jamás me hubiese escapado de ti, Leszek. Si tú no hubieses desaparecido por completo, enviándome aquella carta estúpida, yo jamás me hubiese planteado la posibilidad de permanecer en Hogwarts. Me habría escapado sin dudarlo para buscarte. Pero... -de pronto aquella lejana nota pareció afectarla otra vez. Él le había asegurado que nada había cambiado jamás. Pero, ¿de dónde había salido? Si no había sido él, ¿quién le había enviado una nota con su nombre, diciéndole que ya no la amaba y que su corazón le pertenecía a Idina? Aquel interrogante ensombreció su rostro por unos instantes, confundiéndola una vez más. Pero entonces, él la abrazó. Aquel afecto con que la aferró entre sus brazos, pareció transmitirle la seguridad que necesitaba para alejar aquellos tristes pensamientos de su mente.

-Nunca más -prometió, solemne, sintiendo cómo sus ojos amenazaban por humedecerse de la emoción que la embargaba. Sin embargo, luchó contra aquella necesidad, apartándola de inmediato. Jamás volvería a derramar otra lágrima. Aquella faceta tan deprimente de ella se había ido para siempre-. Y tú, no oses alejarte de mí otra vez, Collingwood -exigió, a su vez, levantando también uno de sus meñiques, dispuesta a sellar el pacto con la solemnidad necesaria.
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Re: Sortilegios Weasley

Mensaje por Leszek Collingwood el Lun Ago 29, 2011 8:22 am

Algo, tal vez una pieza crucial de su alma, se sintió fracturada al detectar la mirada sombría que repentinamente adquirió el rostro de la joven que tenía justo en frente. Era una imagen desoladora y en suma desmoralizadora luego del brillo que hacía segundos su sonrisa hubo de irradiar al mundo. Y era la mención nuevamente de una carta desconocida la responsable de aquel malogrado intento por retornar finalmente todo al punto del que jamás debió descorrerse. Era todavía en ese momento un detalle del que Collingwood se declaraba ignorante, condición que estaba dispuesto a hacer perdurar, aunque la curiosidad le corroía la mente, con tal de no intensificar en Plancton el desconcierto angustioso que le provocaba aquel asunto difuso. Porque el malestar de ella, era el malestar mismo de aquel hijo de filósofo—. Pero... —repitió la idea que Mandy dejó en el aire, tiñéndola de un toque más alegre al interponer una risa cariñosa. Deseaba verla bien—... estamos aquí. Si le das más vueltas te volverás una amargada.

Apacible y festiva fue la sonrisa que esbozaron sus labios al oír la promesa acordada. Y es que no se trataban sólo de palabras, no era aquel un trato casual que podía llegar a olvidarse de pronto. Un valor especial era el que ambos jóvenes siempre dieron al significado de una promesa; una responsabilidad irrompible; un lazo que traspasaba lo mundano y compartía lugar con la divinidad de una de sus participantes. Así había sido siempre, sería igual en el porvenir. Y era entonces que Collingwood comprendía con aquella madurez que detestaba la fuerza de aquel compromiso declarado, sabiéndose aliviado del horrible temor de volver a perderla—. Nunca más. Palabra de Rey de la Montaña —dijo a su vez, cerrando el pacto con la reciprocidad que le tocaba. Era, de todas formas, una promesa sencilla. Porque no estaba dispuesto a alejarse. Lejos de Plancton... cualquier juego perdía por completo su sentido.

Se perdió en la mirada contenta de una diosa más poderosa que cualquier otra deidad cuando ambos meñiques se encontraron para terminar el ritual ya conocido. Y sintió, como alguna vez sucedió en el pasado, que nada entonces podía hacerle falta. Compartía sin saberlo el deseo de Betancourt por dilatar para siempre ese momento amparado por una magia mucho más intensa de la que alguna vez se pudo haber oído, por una ciencia que tanto tenía de simple como de misteriosa. Y cometió el error, o tal vez no, de aventurarse a realizar un acto para el que seguía sintiéndose indigno de protagonizar, pero al que era incapaz de resistirse cuando las distancias y las situaciones se convertían en las idóneas para tentarlo lo suficiente. Acercó su rostro al de ella, sin prisa en la búsqueda de unos labios que imitaban la sonrisa de los suyos. Y aún la abrazaba con la mano que no utilizaba para seguir estrechando el meñique de Plancton, cuando en su boca depositó el contacto suave de la propia. Otra vez aquel encuentro inocente libre de malas intenciones, ajeno de todo aquello que los diferenciaba tanto del resto del mundo, fiel al espíritu ingenuo de los niños que siempre seguirían siendo. Otra vez aquel gesto al que todos llamaban beso, y que a Collingwood más bien le parecía un trozo de paraíso.
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Re: Sortilegios Weasley

Mensaje por Mandrágora Betancourt el Lun Sep 19, 2011 10:55 pm

En efecto, estaban allí. Los dos juntos, uno al lado del otro, con tan poco contacto entre sí que parecían tan sólo dos amigos con poca confianza mutua. Sin embargo, las miradas que ambos se dirigían y el infinito amor que plasmaban en ellas, servía para determinar que entre ambos acontecía algo mucho más profundo y complicado que aquello que dejaban vislumbrar a simple vista. La suave brisa veraniega jugaba con sus cabellos, alborotándolos y haciéndole cosquillas en el rostro, lo que contribuía a aumentar aún más la sensación de plenitud que la embargaba desde que Leszek había llegado a aquel lugar. Su corazón estaba completo una vez más, no como si lo hubiesen rellenado sus heridas con nuevos sentimientos, sino como si éstas jamás hubiesen existido.

-Estamos aquí, lo sé. Pero no puedo dejar de pensar en ello… ¡Si supieras cuánto me he angustiado por ti en estos últimos tiempos! Lo bueno es que ya estás aquí, al menos eso me sirve de consuelo por el suplicio pasado –se quejó con fingido dolor –aunque no por ello pronunciando mentiras-, exagerando quizás más de lo debido en un intento por hacer sentir culpable al chico. Sin embargo, no pudo hacer más que soltar una risotada al oírlo hablar con tanto dramatismo-. ¿Amargada? –replicó, empujando con suavidad el pecho de Collingwood con el dedo índice-. Amargado serás tú luego de que te propine una buena golpiza –bromeó con dulzura, sin concretar realmente la amenaza. Probablemente muy pronto sucumbirían ante sus juegos y competencias eternos, pero de momento deseaba quedarse allí, presa de aquel equilibrio tan ansiado entre Leszek y ella.

-Más le vale cumplirla, mi Rey, o la fuerza de esta Diosa caerá sobre usted con la furia de los siete mares –pronunció Mandy a su vez, luego de que el chico sentenciara que cumpliría con su promesa. Cerró su dedo meñique con mucha fuerza alrededor del dedo del muchacho, buscando hacerle algo de daño en broma, con la intención de iniciar un nuevo reto entre los dos. Su rostro desprendía una excesiva energía y vitalidad, como si las hubiera estado acumulando durante siglos. Y es que, lo poco que había vivido los últimos meses, era motivo suficiente para que ahora le sobraran las ganas de derrochar alegría por doquier.

Pero su deseo de iniciar un juego no pudo concretarse de inmediato, pues el joven tenía otros planes más próximos que la tomaron completamente por sorpresa. Se acercó con lentitud a su rostro, dejando que Mandrágora se impregnara con el suave aroma que desprendía el cabello del muchacho. Aquella fragancia tan familiar deleitó a todos sus sentidos, haciendo que ella también salvara algo de la distancia que los separaba, con delicadeza, a fin de lograr un encuentro más íntimo con él. Rodeó el cuello del chico con su único brazo libre, aferrando con más fuerza aún el meñique de Collingwood, como si aquel fuera el sello final a su promesa. Cuando los labios de ambos se juntaron, sintió una vez más aquella explosión interna de radiante felicidad que parecería prolongarse por toda la eternidad. No le importaba haber tenido que recorrer los mismísimos infiernos ni haber sufrido las más crueles penurias si aquel era su premio. Valía la pena descender hasta el hueco más profundo e insondable, si existía una persona capaz de elevarte nuevamente hasta el mismísimo cielo.
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Re: Sortilegios Weasley

Mensaje por Leszek Collingwood el Sáb Sep 24, 2011 4:00 am

Lento, dulce... acaso despertando sin querer un remoto atractivo de hombre maduro, dilató durante escasos segundos aquella interacción que alguna vez hubiera de parecerle profana y repulsiva. Le dolía el alma, hasta cierto punto, cuando luego de aquel glorioso atrevimiento lo invadía la sensación impura y nefasta de estar arrastrando con vileza a una deidad sublime a realizar una acción impropia de su altura inigualable, allá en el Olimpo de los dioses. Había sido entonces que, cómicamente reacio, distanciaba su rostro de las facciones perfectas de una joven con nombre de planta, depositando con cuidado soberano de monarca prudente un beso sobre su frente despejada, sonriendo con gracia y sin un verdadero motivo.

Tampoco había que solicitar alguno. Tenía a Plancton justo en frente, y se prometía que esta vez para siempre. Bastaba para que su sonrisa de niño flameara eternamente sobre su rostro de piel desvaída y consumida. Inspiró hondo toda su esencia antes de retroceder definitivamente, entonces la contempló con atención absorta, y una mirada traviesa idéntica a la de esos años en que hubieran pactado una amistad irrenunciable. Lentamente separó su meñique de la mano de Mandy, para sostener correctamente su mano y arrastrarla lentamente al interior de la tienda. Hasta entonces, Collingwood no se había detenido a reparar el espectáculo del que había hecho partícipe a su amiga a vista y paciencia de todos los transeúntes. Y tampoco le importaba. Sacar provecho de aquel día con esa inseparable parte de su propia alma era todo por cuanto debía procurar preocuparse por ahora.

Te tengo una propuesta grandiosa —sonrió con una malicia divertida, casi alcanzando la puerta de entrada a Sortilegios Weasley—. Vamos a olvidarnos y enterrar toda esa angustia absurda del pasado y nos divertiremos un poco. ¿Trato? Así ninguno de los dos será un amargado —y para molestarla un poco volvió a revolver sus cabellos, ya casi pareciendo víctima de un severo tic nervioso. La curiosidad lo embargaba a borbotones por descubrir lo que aquella mítica tienda tenía a la venta. De pronto soltó la mano de Plancton, mostrándole la lengua antes de echar a correr—. ¡El último que entra es un Horklump peludo!

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Re: Sortilegios Weasley

Mensaje por Mandrágora Betancourt el Dom Sep 25, 2011 6:05 pm

Mandy saboreó aquel beso con el corazón embargado por una absurda felicidad. Era difícil explicarlo, pero se sentía plena, presa de una alegría casi enfermiza que la incitaba a saltar por todo el callejón sin control alguno sobre sus actos. Es que, después de todo, Leszek era su debilidad. Y aquel intercambio de amor con él, era su completa perdición. Siempre había aborrecido ese tipo de contacto físico, pues le parecía algo desagradable que sólo hacían los adultos. Pero después de todo lo que había experimentado con Collingwood y lo mucho que lo quería, lo veía como una expresión de cariño absolutamente necesaria. Mas no la única.

La ruptura divinda de aquel contacto no pudo más que arrancarle una sonrisa. Se sentía completamente idiotizada, por lo que no puso objeción alguna cuando el muchacho la arrastró al interior de la tienda consigo, llevándola de la mano como si la chica fuese incapaz de avanzar por sí sola.

Contempló extasiada a su alrededor, intentando no perderse un solo detalle del maravilloso espectáculo que se estaba desarrollando delante de sus ojos. Aquello era fascinante, sin lugar a dudas. Jamás había conocido un sitio semejante ni tan atractivo como aquel que se hacía llamar Sortilegios Weasley. Podrían haberla enviado a vivir allí para toda su vida que no le hubiese importado en lo más mínimo. Estaba ansiosa por comenzar a explorar, por lo que el reto de Leszek no hizo más que aumentar sus ganas de hacerlo. Una sonrisa divertida se dibujo en su rostro, al tiempo que ella también se apuraba a romper contacto con él para comenzar la pelea.

-Pues entonces empieza a correr, Collingwood, porque vas a morir de calor del cabello que te crecerá -aceptó el desafío con gran alegría, iniciando una rápida carrera detrás del chico para alcanzarlo. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, le dio un ligero empujón con la intención de desequilibrarlo y tomar ventaja. Todo valía en el amor y en la guerra. Y si allí estaban ambas cosas presentes, que alguien se apiadara de todos aquellos que los rodeaban, pues aquel duelo iba a ser épico. Y la Diosa del Olimpo ganaría, por supuesto.
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Re: Sortilegios Weasley

Mensaje por Leszek Collingwood el Mar Sep 27, 2011 4:05 am

Cada vez más apresurado intentaba Collingwood alcanzar el umbral de entrada a la tienda para ingresar antes que Plancton se adelantara a tal acción. Las circunstancias presentes los obligaba a convertirse temporalmente en salvajes enemigos, intransigentes ante la posibilidad de otorgar cualquier ventaja al oponente.

Betancourt se abalanzaba contra todo hacia el interior de la tienda, y el desgarbado muchacho no estaba dispuesto a quedarse atrás. A punto estuvo de saltar para sortear la distancia que le restaba para ingresar al local, mas, truncada se vio su intención cuando inesperadamente el peso de su cuerpo se vio atraído hacia el asfalto. La causa, una belicosa diosa del Olimpo que había osado a empujarle sin detenerse a considerar las consecuencias de su atrevimiento.

Pero la batalla aún no había acabado.

Ya no había forma de evitar que Mandy resultara ganadora de aquella breve carrera. Sí podía evitar, en cambio, que la victoria no resultara tan ostentosa como la que Plancton pretendía realizar. El fugaz pensamiento que brilló en su mente infantil arrancó una traviesa sonrisa de su rostro magullado por la caída. Ingresaba al local la joven, y mientras postrado en el suelo, Leszek alargó una de sus manos para aprisionar el tobillo de la muchacha. Como en tantas otras ocasiones, ella caería con él. Jamás le permitiría emprender una victoria decente, simplemente porque su orgullo competitivo se lo impedía. Una nueva y terrible guerra entre el Olimpo y la Montaña había comenzado—. ¡Me las vas a pagar, tramposa-mentirosa Plancton! —gritaba con voz de comandante de ejército, intentando incorporarse antes de asegurar los resultados de su malvada jugada. Era su enemiga parte de su propia alma, un espíritu libre como el suyo propio al que incapaz era de causar daño, un alma más valorada incluso que su propia existencia... pero entrando al área de juego, todo era válido para demostrar quién salía mejor de los apuros.
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Re: Sortilegios Weasley

Mensaje por Mandrágora Betancourt el Sáb Oct 01, 2011 11:08 pm

Collingwood al suelo. ¡Mini-punto para Mandy! No se preocupó por disimular su grito de euforia al verlo caer. Le agradaba regodearse de cada victoria que conseguía contra su mejor amigo, que a la vez había ocasiones en las que llegaba a convertirse en su peor enemigo. Después de todo, él también era igual de competitivo que ella y por eso no planeaba mostrarse más compasiva con el chico. Era la Diosa del Olimpo y como tal debía provocar el terror en sus contrincantes. Aunque tuviera que llevarse al mundo entero al caos y la destrucción.

Pero su alegría no duró demasiado, pues sintió como una mano huesuda la capturaba por el tobillo, haciéndola caer al instante. Logró poner las manos como freno para no romperse la nariz, o lo que era peor, un diente… ¡Qué horror! Los huesos se arreglaban en pocos segundos, pero la reconstrucción de la estructura bucal podía ser más trágica que lo otro. ¡Mira si le quedaba de otro color! ¡O torcido! Gruñó, llena de disgusto por verse derrotada tan rápido, y lanzó una patada para librarse del chico.

-Y tú conocerás la furia de la diosa más poderosa de todas, Collingwood –respondió ella a su vez, girando abruptamente para lanzarse sobre el chico, sin darle oportunidad alguna de evitar ser aplastado por el peso de la salvaje muchacha-. ¡BONSAAAAAAAAAAAAAAAI! –gritó, mientras caía sobre Leszek con la potencia de todos los océanos juntos en un día de tormenta. ¡A ver cómo se las arreglaba ahora para librarse de ella!-. ¿Qué opinas ahora? ¿Eh, principito? -preguntó, mientras trataba de retenerlo bajo su poder. Sin perder un solo instante, comenzó a hacerle cosquillas. Primeramente, con maldad, pero luego su repentino mal humor dio lugar a la más brillante de las sonrisas, que junto con una oda de risas, dejaba bien claro la felicidad que embargaba a Mandrágora cada vez que su Smaragdium favorito estaba a su lado.

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Re: Sortilegios Weasley

Mensaje por Leszek Collingwood el Miér Oct 05, 2011 4:21 am

Y Collingwood ganaba el punto de la siguiente ronda. Ahora estaban a mano, y eso al muchacho le bastaba de momento para apaciguar en parte su espíritu de guerrillero. Pero olvidó recordar que la joven con quien se enfrentaba, no sólo era dueña de su vida, sino que también de una tozudez incomparable. Antes de que consiguiera alzar su cuerpo para animarse a curiosear los objetos fantásticos que Sortilegios Weasley poseía, una fuerza arrasadora lo aplastó contra el suelo, apenas logrando oír la amenaza previa al grito de zumo con que Plancton había caído sobre él para sacar provecho de su endeble y pálido cuerpo esquelético.

¡PLAAAAAAANCTON! ¡QUÍTATE YA! ¡NO RESPIRO! —reclamó con dramatismo, llamando la atención de todos los clientes que se paseaban por los interiores del local, en tanto contorsionaba su cuerpo, forcejeando para librarse de la jovencita que aún creía ganaría la batalla—. ¿Quieres saber qué opino? —jadeó algo asfixiado, sin dejar de patalear y agitar sus brazos en todas direcciones, sosteniéndose de muebles y mesas sin reparar en que podría acabar rompiendo algo de la tienda y provocar que los sacaran de ella—. ¡Opino que la furia de una diosa caprichosa no supera la cólera del mejor rey de la historia del mundo!

Se ahorró el grito de guerra que delataría sus intenciones. Luego de su amenaza, raudas sus manos consiguieron escabullirse de algún modo inexplicable hacia el vientre de su enemiga. Sin perder tiempo, ametralló la zona con una incesante lluvia de cosquillas para hacerla a un lado. La última palabra aún no estaba dicha.

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Re: Sortilegios Weasley

Mensaje por Mandrágora Betancourt el Jue Oct 06, 2011 8:30 pm

Mandy creyó esta vez haberse proclamado por completa victoriosa sobre la tenue e ineficaz defensa de su mejor amigo. Disfrutó del glorioso momento con una sonora y alegre carcajada, sin menguar la resistencia que oponía a la débil resistencia de Leszek, con el fin de que no pudiese escapar. No dejaría ir a su prisionero tan fácilmente. Pero no contaba con la astucia del Smaragdium que había estado aguardando el instante propicio para deshacerse de la opresión ejercida con Betancourt. Y así fue. Cuando la joven se encontraba radiante de felicidad, ensalzándose a sí misma y regodeándose en su propia victoria, un ataque para nada esperado por parte de su enemigo la tomó absolutamente por sorpresa.

Se vio impulsada hacia atrás por la resistencia que éste impuso sobre su vientre, atacándola sin piedad alguna. Estalló en incontrolables risas, presa de un violento estremecimiento. Era una luchadora implacable, pero como todo audaz guerrero, tenía un talón de Aquiles: las cosquillas. De toda intensidad, frecuencia y calidad, la reducían a una piltrafa carcajeante, incapaz de mover un solo músculo de manera voluntaria-. ¡Leszek, detente... ahora! No... puedo... soportarlo -suplicó con la voz entrecortada a causa de su estrepitoso reír, clamando por la piedad de aquel rey tirano, cuya magnanimidad parecía haber quedado olvidada en su castillo, allá por el reino lejano de Alabama.

Abrió los ojos tan solo un instante, intentando resistir a los ataques. El rosotro de Collingwood se veía tan apuesto y radiante, con esa energía desbordante que lo caracterizaba... Entonces cayó en la cuenta de que todavía tenía un arma secreta, que aún no había utilizado. En un esfuerzo supremo, estiró los brazos y lo cogió por la camiseta, atrayéndolo hacia ella y plantándole un señor beso en los labios. Era la primera vez que Mandy iniciaba un acto semejante, pues siempre se había mostrado reacia a ese tipo de demostraciones de cariño. Pero no había podido resistirlo.

A su propio modo, pero había caído una vez más... Rendida a los pies del Rey de la Montaña.

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Re: Sortilegios Weasley

Mensaje por Leszek Collingwood el Vie Oct 07, 2011 4:05 am

Como un villano maniático. Así reía Leszek Collingwood tras comprobar que obtenía nuevamente control absoluto de aquella batalla titánica. Había sido cosa de un instante el conseguir quitarse de encima a la joven Plancton, pues atacaba un área de debilidad considerable. Sin embargo, insistía el muchacho empeñado en su ataque aún luego de verse liberado de su prisión, comenzando ya a sentir el embriagador sabor del poder entre sus manos... trastornándose sus sentidos a los de un niño que presume su victoria bien merecida.

Un monarca cruel era lo que lentamente venía a representar el joven Collingwood, obligando a su reducida enemiga a contorsionarse y suplicar clemencia en medio de una marea de carcajadas forzadas por aquella tortura magníficamente impuesta-. Has perdido, Plancton. ¡Admite que la Montaña te ha superado! -exclamaba con su fantástica puesta en escena, adentrándose tal vez demasiado en la piel de su personaje monárquico-... y tal vez decida concederte el perdón.

La severidad de su juego no conseguía verse positivamente alterada con el paso de cada nuevo segundo. Insistía con más ímpetu en cambio, a pesar de contemplar aquel rostro de conmovedora belleza luchadora suplicar el cese de aquella táctica que se convertía en bajeza. ¡Cómo le dolía el alma al pobre y benévolo rey oculto en sus entrañas! Pero era necesario dejar constancia de que a su título no se lo podía subestimar, y mucho menos agredir.

Fue que aconteció un hecho inesperado, una nueva ofensiva para la que el soberano regente no hubo de encontrarse preparado. Tomó conciencia de los acontecimientos solo cuando en sus labios reposaban los de su adversaria perseverante. Y a ese ínfimo segundo de lucidez le prosiguió el desconocimiento de toda acción hasta entonces llevada a cabo. ¿Qué había sido de la ambición malvada de ese rey pernicioso? ¿Dónde había de quedar su voracidad por poder y gloria? ¿Dónde su intención egoísta de saberse invencible? Devastado. Enterrado y olvidado quedaba todo aquello. Destruido y pulverizado en un instante divino, y provocado por el beso conciliador de una diosa que se negaba a convertirse en prisionera.

Como un autómata Collingwood aflojaba el agarre de sus manos y las distanciaba del vientre de su víctima. También había caído él con aquel recurso novedoso, roto el encantamiento de su perversidad competitiva. Se dejaba curar, simplemente, para traer de vuelta al joven príncipe montañés sometido a las disposiciones de su diosa—. Me rindo... —dijo cuando aquel nuevo contacto llegaba a su fin, rozando aún su boca desvaída con la de su amiga al pronunciar las únicas palabras de las que fue capaz de enunciar.

Ya no la quería más como rival... de momento.

Fue que volviendo a su esencia libre de la locura nociva que producía el poder, se incorporó lentamente para levantar con él a Plancton, dispuesto a retirarse por voluntad propia del local, ya sin más competencias por aquel día, antes que su desalojo fuese solicitado. Y es que el escenario de la batalla que se libró no estuvo a salvo de daños notables; un hecho imposible de pasar desapercibido para los dependientes.
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Leszek Collingwood
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Re: Sortilegios Weasley

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