El Metro

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El Metro

Mensaje por Statue of Liberty el Vie Ago 19, 2011 7:39 pm





El Metro




El Subterráneo o Metro de Londres es una red de transporte público ferroviaria eléctrica que funciona tanto por encima como por debajo de tierra en toda el área del Gran Londres. Es el sistema de transporte de este tipo más antiguo del mundo. Entró en funcionamiento el 10 de enero de 1863. Los londinenses suelen referirse a él como the Underground o de una manera más familiar como the Tube, debido a la forma de sus túneles.

Si no te aterra el estridente ruido del metro y debes viajar a alguna parte de Londres, por más recóndita que sea, con el Metro llegarás a ella. ¡Adelante, apresura el paso, el metro está por partir!


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Re: El Metro

Mensaje por Kirsten S. Kenneth el Jue Sep 29, 2011 10:04 pm

Y es que aquel lugar distaba mucho de Nueva York. Los enormes rascacielos de mil y una plantas habían menguado y convertido sus azoteas en buhardillas, dando lugar a las para él poco familiar casas típicas inglesas. Todo había pasado tan rápido que no había tenido tiempo para asimilar tan siquiera la idea de encontrarse lejos de la Gran Manzana, el lugar que pasasen los años que pasasen reconocería como su verdadero país de origen, por más que sus genes procedieran de cientos de kilómetros más al norte. Y es que su vida había comenzado el primer día que pisó Clevermont College. Al colegio le debía todo, y más aún a la bella ciudad que lo rodeaba. Le gustaba tanto pasar por sus iluminadas calles siempre llenas de un ensordecedor bullicio, leer con detenimiento los innumerables carteles de neón que adornaban con sus chillones colores las entradas de los teatros. No obstante, debía admitir que Inglaterra no se quedaba demasiado atrás. Eran estilos diferentes. Bastante diferentes. Al propio entender de Kirsten, era imposible comparar ambos mundos por la incompatibilidad de los mismos. América, moderna, llena de aire joven y fresco. Europa, milenaria y llena de antiguos misterios y sobre todo, cultura, mucha cultura. El continente que para bien o para mal, le había visto nacer. Las calles londinenses eran más limpias, más tranquilas, llenas de claridad y luz. También tenían su encanto, todo hay que decirlo. Claro que cuando has paseado por la Quinta Avenida, nada te vuelve a llamar la atención como antes. Sin embargo, no solo por turismo había decidido nuestro querido Kenneth coger el camino directo a Reino Unido. Una tarea le había llevado hasta la capital, y es que, tras la muerte de la que en una etapa de su vida fue su niñera, María Antonia, que en paz descanse, había quedado en su legado una mísera parte de su herencia. La noticia le había dejado anonadado, pues le parecía como mínimo increíble el hecho de que en su lecho de muerte la chacha hubiera recordado su nombre y plasmarlo en el testamento. El ambiente enigmático que rodeaba a aquel asuntillo era el que había determinado su excursión a Gran Bretaña.

Mas había otro motivo para que se encontrara allí. Un motivo que Kirs mismo desconocía por completo, y que en aquellos momentos lo conducía directo a la puerta subterránea del metro. Bajó las escaleras mecánicas ajeno a lo que se le venía encima, compró su billete con total ingenuidad y esperó un par de minutos a que la robótica voz del megáfono nombrara su destino. Pobre, no podía ni sospechar lo que el destino le tenía preparado el que sería uno de los fines de semana más recordados por su conciencia. Osea se, yo.
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Re: El Metro

Mensaje por Kael C. Wolstenholme el Jue Sep 29, 2011 10:23 pm

Londres. Esa ciudad que a Kael le había tendido sus brazos, invitándolo a una nueva vida, e intentar eliminar con sus luces y su población su cantidad de problemas que había sufrido en su niñez. Ahora, el recorrer sus laberínticas calles, nutrirse con los locales abiertos que te invitaban a entrar con esa habitual calidez. Sus luces, que iluminaban hasta la calle más oscuras, y sobre todo, su gente. Con principios, con gran amabilidad y otras con amargura. Ese era el Edén, y más si se encontraba con su ¡Pod reventándole sus oídos con cualquier estilo de canción que estuviese sonando. Se comenzaba a hacer de noche, por lo que Kael dejó unos cuantos billetes sobre el mostrador de aquella tienda y salió, con una bolsa de un tamaño cómodo en la mano.

Se subió el cierre de su chaqueta de cuero, pulsó el botón "Play" de su Pequeño ¡Pod y comenzó a avanzar para ir a su casa. Pero sólo iría por un medio, el cual le resultaba el más cómodo. De un empaque pequeño de su bolsillo trasero, sacó un cigarrillo su mechero, y lo encendió, metiéndose el encendedor en el bolsillo delantero. Le iba dando varias caladas mientras se acercaba más y más a las escaleras que descendían hasta llegar a la estación. Las bajó con rapidez y se situó delante de una máquina, insertando un billete por una ranura y esperando a que le diera su boleto.

Al tenerlo, volvió a bajar, hasta localizarse detrás de la línea amarilla, con el cigarrillo en boca y cantando en voz baja I Deserve It. No sabía qué era lo que le esperaba.
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Re: El Metro

Mensaje por Kirsten S. Kenneth el Sáb Oct 01, 2011 3:00 pm

Le daría una oportunidad. Haría un enormísimo esfuerzo para amarla. O sino, aprendería. Lo mismo hizo con Nueva York en el principio de los tiempos, ¿por qué no ahora? Al fin y al cabo, eran iguales. O debían serlo. ¿Acaso una no había pertenecido a la otra en algún momento de la historia del universo? Iba a disfrutar de su fin de semana londinense, por más que pisar terreno europeo le llenara la cabeza de tantos y tan malos recuerdos. Pero así había sido su infancia, y nadie podía hacer nada por retroceder en el tiempo y cambiarlo. Su niñez había pasado con más pena que gloria, ¿y tenía que avergonzarse por ello? No. Descendencia noruega. Descendencia irlandesa. Y él, americano de cabo a rabo. Era un muchacho de mundo, y lo feliz que estaba de serlo. Podría haber naciendo en una familia normal; una no destruida por la miseria y el alcohol. Y sin embargo, ¿y la de cosas que se hubiera perdido de así haber sido? Aunque su pasado hubiera quedado reducido a un leve y borroso recuerdo dentro del amplio mundo de su mente, lo cierto era que de no ser por él ahora Kirs no sería quién era. Claro que tenía otro gigantesco motivo por el que odiar con toda su alma y con todo su corazón Inglaterra. Que digo Inglaterra, ¡todas las islas británicas! Un motivo que por entonces se le escapaba, pero que estaba seguro de su existencia. Un motivo tan bochornoso y aterrador cuya historia se remonta hoy hará un año.

El ya no tan pequeño Kenneth subió a uno de los alargados vagones que había aparecido tras un pequeño y oscuro boquete en la pared. Con lo rápidos y cómodos que eran los polvos flu, bien que se lo curraban los muggles para robotizar y complicar absolutamente todo. Y eso era allí, en Nueva York o en Pekín mismo. Pero, al fin y al cabo, eran muggles, que más se les podía pedir. Se enfundó las orejas con sus infantiles cascos de Mickey Mouse, pulsando repetidamente uno de los botones de su blackberry para poner el volumen al máximo. Mientras se abría paso entre los cuerpos de cientos de hombres y mujeres con el fin de encontrar un asiento libre, deslizó su dedo sobre la tecla táctil del teléfono y eligió su canción favorita, a ver si así conseguía animarse. Giró el cuello para mirar por la ventana. No había más que oscuridad.

– Subway kid, rejoice your truth.
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Re: El Metro

Mensaje por Kael C. Wolstenholme el Dom Oct 02, 2011 2:08 am

Kael se encontraba sumamente distraído, balanceándose de adelante hacia atrás sobre sus pies. Era ajeno a todo lo que sucedía a su alrededor, sin siquiera prestarle un poco de atención a lo que sucedía a su alrededor, en vista de que tenía los cascos colocados y le era imposible oír el estallido de una bomba a su lado si vamos, de lo alta que tenía la música. Eso le relajaba, le mantenía en calma, dejaba volar su imaginación a lugares insospechados, de ensueño. Sacó de su bolsillo un cigarrillo más y lo encendió. Mantuvo por unos cuantos segundos el humo en su boca hasta soltarlo con lentitud. No podría fumárselo con suma lentitud, ya que en el tren como tal no le dejarían fumar. Mierda, y tenía toda razón. El tren dio sus primeros indicios en el túnel, proyectado una débil luz que se comenzó a hacer más y más grande, con la brisa que normalmente indicaba también su llegada. Le dio una última calada y lo arrojó al suelo, dándolo un delicado pisotón y alzando su mirada, en donde encontró el anuncio de una marca de moda que tenía como tema principal la Gran Manzana. De pronto, el gran artefacto muggle hizo su entrada, sacudiéndole con fuerza su cabello. Con esto, le vinieron intensos recuerdos a su mente. Sí, lo sucedido en la playa con el muchacho de apellido desconocido. En sus labios se dibujó una sonrisa tímida. Esos recuerdos... era común que se le vinieran a la mente con cualquier cosa referente a Nueva York. Alzó finalmente su mirada, y vio al tres detenerse lentamente, hasta quedarse en una puerta en donde una gran cantidad de gente se aglomeraba para salir. Por lo que se pudo dar cuenta, unas escasas dos personas se habían quedado sentadas. Una señora que leía una revista y un muchacho distraído con unos cascos puestos.

Se apartó de la puerta con fastidio, dejando que las personas salieran, y después que estas lo hicieran, se adentró en el tren, sin mirar a la cara al chico. Se sentó cerca de la señora, dándole una leve sonrisa y mirando ahora a la ventana, escuchar las puertas cerrarse y dar macha hacia otra zona de Londres. Se encontraba en un asiento en el cual le daba la espalda al chico, por lo que ninguno de los dos podían verse la cara.
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Re: El Metro

Mensaje por Kirsten S. Kenneth el Dom Oct 02, 2011 3:14 pm

Baby, I was born this way. ¿Existía una frase más sencilla, y a la vez, tan compleja? Una frase que lo abarcaba todo. Absolutamente todo. Una frase que, a su particular entender, englobaba el significado de la humanidad, de la vida. Quizás por eso le gustaba tanto la canción. Por su complejidad, por la forma tan pura de trabajar un mensaje lleno de profundidad y verdad. Kirs no podía evitar sonreír al escucharla. Si algo podía animar al noruego –o neoyorquino, como el mismo se denominaba– era aquella canción. Y lo estaba consiguiendo. El compás de la música penetraba en sus tímpanos y se prolongaba por todo su cuerpo, haciendo como si de un acto reflejo se tratase que su pie derecho comenzara a revelarse y a repiquetear rítmicamente contra el metálico suelo del vagón. Si hubiera estado completamente solo, se hubiera puesto a bailar como un poseso sin importarle absolutamente nada. Pero la anciana con la que completaba el número de pasajeros del metro, cuya canosa cabellera quedaba en frente suya, le enfundaba cierto respeto. Así que se resignó a seguir sentado en el incómodo asiento de plástico verde fosforito, con la blackberry vibrando en el bolsillo del pantalón y el volumen a todo gas. Don’t be a drag, just be a queen. Pobre, no podía ni sospechar que toda la felicidad alcanzada se desvanecería de un plumazo en los minutos posteriores.

El tren aminoró sin delicadeza alguna la marcha. Una luz verde podía distinguirse al final del oscuro agujero. Estaban llegando a la primera parada. El joven Kenneth buscó con la mirada el plano que tenía justo arriba de su cabeza. Si su interpretación de aquel dibujo lleno de líneas de infinitos colores era correcta, le quedaban aún tres paradas más. Así que siguió a lo suyo, girándose nuevamente para observar por la ventana. Uno de los mayores errores de toda su vida.

Y, entonces, lo vio. Había pasado un año, pero lo reconocería a diez mil kilómetros de distancia. Era él, de eso no cabía la menor duda. El teléfono móvil cambió de canción al instante. Yoü and I. La garganta se le resecó, impidiéndole tragar. El corazón le latía a mil por horas. Perdía el equilibrio. Se le había nublado la visión. Se desplomó en el respaldo de la silla, mientras su conciencia, yo, le recordaba con malicia aquel no tan lejano día de playa. Se quiso morir, así de simple. No quería volver a repetir aquella impura experiencia. No, nunca más. Entonces, destino, ¿por qué le ponías la entrada al Infierno justo delante? Se frotó los ojos, incrédulo, y, para su sorpresa, cuando volvió a mirar por la ventana, su peor pesadilla había desaparecido como por arte de magia. ¿Lo había soñado todo?

El tren reanudó su marcha.
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Re: El Metro

Mensaje por Kael C. Wolstenholme el Dom Oct 02, 2011 5:34 pm

Su ¡Pod emitió el típico sonido de apagado. Se le había agotado la batería. Mierda. Rodó los ojos y se quitó los cascos, guardándose el aparato diminuto en el bolsillo de su chaqueta de cuero. Observó el techo, luego el piso y finalmente a la señora que tenía en frente, que detrás del periódico no tenía un aire diferente a el de las muchas londinenses que iban en Metro a sus casas en la misma Londres o alrededor de ella. Cuando dejó de leer su periódico, Kael se pudo dar cuenta que le señora tenía un grandísimo aire de chiflada. Sus cabellos canosos se encontraban en una redecilla toda rota, su falda con motivos escoceses y sus zapatos de charol sucios. Si no fuese por la cara, podría decirse que era una escocesa humilde, pero fue suficiente el motivo que le haya hablado.

- Tú robaste mi casa... -siseó, con un tono propio de loca. Kael la miró, incrédulo. ¿Que él le había robado su casa? Por favor...

- ¿Disculpe?

- Tú robaste mi casa, rufián
- No, yo no robé ninguna cosa... No, estoy seguro que no.
- ESPERO QUE TE CAIGAN LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTO... A TI Y A TODA TU GENERACIÓN... -le dijo, temblando de ira.
- Váyase a la mierda, loca

No quería permanecer al lado de una histérica con esas pintas diciéndole que le había robado su casa. Sin decirle nada más, se levantó de su asiento, le hizo un grosero gesto con el dedo corazón y se apartó de ella, caminando hacia el otro extremo del pasillo. Le faltaban unas cuantas estaciones para llegar al centro de Londres, solo unas cuatro. Pero tan descuidado estaba, que no se fijó que el pie del muchacho del otro lado del vagón estaba estirado, y él, con descuido, se tropezó con este, dando un pequeño brinquito y agarrándose del tubo colocado cerca de su asiento. Se giró, un poquito molesto ya por ese mal viaje que llevaba, o al menos hasta ahora.

- Joder, no puedes recog... -se quedó mudo, cuando detalló su cara. Tan perfecto, tan tranquilo y tan seductor... Esa obra de arte a la que llamaron Kirsten- ¿K... Kirsten?
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Re: El Metro

Mensaje por Kirsten S. Kenneth el Dom Oct 02, 2011 9:47 pm

Un sueño. Eso había sido todo, un simple y estúpido sueño. Solo eso. O mejor, una infernal pesadilla, un maldito juego de su subconsciente. En cualquier caso, algo irreal. Y gracias a Dios de que así era. Pensar en volver a tenerlo delante le erizaba hasta el fino bello de la nuca. No había pensado en ello desde aquel caluroso día de mediados de agosto, en aquella mínima e improbable posibilidad. Ya había pasado un año. Solo una desacertada casualidad del destino podría volver a unirlos. Mas nada era imposible. Absolutamente nada. Sin embargo, ya había pasado todo. Su cara se había desvanecido entre la muchedumbre muggle que abarrotaba la estación. Se había perdido, y, con suerte, para siempre. Creía haberlo olvidado hasta el fin de sus días, pero al parecer algo como aquello no era tan fácil de borrar. Eran demasiadas emociones, demasiados sentimientos. Mucho para tan pocos recuerdos. Se lamía el labio y aún podía saborear la salada agua de mar. Cerraba los ojos y aparecían claramente los grisáceos iris del joven irlandés grabados con fuego en sus retinas. Por más que dijera que sí, lo cierto era que le había sido imposible reducir aquella fatídica noche a simples cenizas. El recuerdo de Kael le perseguiría por siempre, tanto si le gustaba como si no. Lo que debería haber quedado reducido a un oscuro y borroso pasado volvía a hacerse presente, cada vez con más y más intensidad. Pero él solito se lo había buscado, así que no había cabida para lamentaciones ni reproches. No era algo de lo pudiera arrepentirse. Por más que le doliera admitirlo, no había vuelta atrás. Como ya dije una vez, lo hecho, hecho está.

Volvió a frotarse los ojos con el puño de la camisa y fijó la vista al frente. La ventana había quedado vetada para él. Centró toda su atención en la encorvada anciana y el muchacho de su lado cuyas espaldas quedaban justo enfrente suya. Al parecer, por los gritos de la diminuta anciana, estaban manteniendo una conversación la mar de entretenida. No les prestó la más mínima importancia. Al fin y al cabo, bien era sabido la de gente rara, por poner un adjetivo, que merodeaba día y noche por las instalaciones del metro. Así que decidió dejar que la música volviera nuevamente a fluir por sus venas. Estaba cambiando de canción en la blackberry cuando, de repente, esta cayó drásticamente al suelo. ¿Motivo? El chaval de antes, que suponía que se había cansado de la vieja chiflada de las siete plagas, había impactado contra la pierna de Kirsten, cayéndose este a la vez que su teléfono móvil. Fue a recogerlo cuando sus ojos definieron las perfectas líneas del rostro del joven. Era él. Joder, estaba seguro de que era él.

– Me cago en la puta. Joder, esto no es posible. No me puede estar pasando a mí –dijo para sí. Quería gritar, llorar, aporrear las cuatro paredes del vagón hasta destrozarlas. Algo le oprimía en el pecho, hasta el punto de asfixiarle por completo. Todo le dolía y, a la vez, no sentía nada. Y todo por culpa del malnacido que ahora quedaba arrodillado a sus pies.

Los designios de Dios son inescrutables. Y tanto.
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Re: El Metro

Mensaje por Kael C. Wolstenholme el Dom Oct 02, 2011 10:50 pm

Es una gran casualidad, ¿verdad? Una casualidad que en parte da un poco de miedo. Porque, por lo que sabía Wolstenholme, el muchacho vivía en Nueva York, en una academia de magos, muy muy pero muy lejos de Londres. Los distanciaba un poco de tierra y mucho de mar. Era insólito cómo, después de 365 días, volvían a estar unidos, aunque no de la misma forma en la que la habían estado en aquella calurosa playa, disfrutando de una inolvidable tarde, al igual de una noche en el que las estrellas no eran siquiera capaces de retener entre sus pequeñitas luces la incesante lujuria que ambos habían emanado. Un ambiente ardiente, más que el mismo clima. Ambos juntos, rozando sus cuerpos violentamente, compartiendo ambas bocas y devorándolas con unas ansias incontenibles. Eso es en resumidas cuentas lo que había pasado -por no decir que, especialmente Kael, había usado sus labios y su lengua para otro tipo de tareas-. Era imposible cerrar los ojos delante de él y que no se le vinieran a la mente tantos recuerdos, que para él habían sido maravillosos, únicos, sin igual. Pero así lo habían decidido, o al menos Kirsten. No se volverían a ver, siquiera a cruzar contacto visual. Y en eso instantes hacían todo lo contrario. Ambos se miraban, Kael con sorpresa y Kirsten con terror. No había sido el modo más apropiado de encontrarse: el Slytherin con un poco de mala leche, Kirsten escuchando música con unos cascos de Mickey Mouse y sobre todo Wolstenholme arrodillado delante de él.

El tren volvió a aminorar la marcha, y se abrieron las puertas, pero no se inmutó. La anciana salió, gritándole a Kael una sarta de palabrotas increíbles. Pero nadie entró al vagón. Lo tenían ellos dos para sí mismos. ¿Pero algo ocurriría? No, el muchacho delante de él tenía una cara de terror que no sería ni posible que llegaran a los mismos puntos que cuando se conocieron, cuando cruzaron miradas intensas por primera vez.


- Ala, ala, deja de decir palabrotas, suficiente tenía con la loca de allá atrás -le recogió el blackberry, y se fijó, indiscretamente, el nombre de la canción que había oído hasta que ambos se encontraron. Yoü And I. Sonrió, y se lo entregó-. Tienes buenos gustos musicales, muchachote -le dijo, como si hubiesen sido los mejores amigos de toda la vida que se encuentran de repente. Se sentó a su lado, y le miró. Su rostro se había vuelto más masculino, más duro... y eso a Kael le fascinaba-. Bueno... Dime, ¿qué tal todo este tiempo?
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Kael C. Wolstenholme
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Re: El Metro

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