Sala de estar

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Sala de estar

Mensaje por Statue of Liberty el Mar Dic 07, 2010 6:43 pm





Sala de estar





Adyacente al gran vestíbulo de la mansión Pfeng, hacia el ala este, se encuentra la acogedora sala de estar. Amoblada con mullidos sofás de suave terciopelo y elegantes sillas, es el lugar idóneo para un momento de paz y esparcimiento. Cerca del ventanal que da a los terrenos de la construcción, se encuentra una carísima mesa de fina madera, ideal para alguna lectura a la luz de la tarde o un tranquilo juego de mesa.  

Y para los fríos días de invierno, la chimenea recibe a los visitantes con su cálida luz que combina exquisitamente con la suave luz de los candelabros. Solo procura no permanecer mucho tiempo bajo el hechizo de esta habitación, podrías las siestas inesperadas son comunes si decides hacer una parada por aquí.


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Statue of Liberty
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Re: Sala de estar

Mensaje por Leandra Tomkins el Mar Mar 21, 2017 4:28 am

ESTRATEGIAS DE GUERRA
Martes 31 de marzo, 2054

La guarida suministrada por Frederika Pfeng albergaba albergaba medio centenar de magos. No obstante, aquella tarde de otoño, las personas reunidas al interior del espacioso salón constaba de un total de veinte.

En opinión de Lea, un número austero y en extremo deprimente. Aunque Leszek era de una opinión diferente.

—¿Qué te parece? —había comentado con una sonrisa sincera luego de acabar con el recuento de asistencia—. Hemos doblado nuestro número inicial.

Tomkins consideraba que las cifras eran injustas. Cerca de setenta magos habían sido liberados de Azkaban con su arriesgada hazaña... y de los cincuenta que habían optado por aceptar la protección que la Mansión Pfeng les proporcionaba... ¿solo diez de ellos estaban dispuestos a unirse a la lucha? Era un chiste de muy, muy mal gusto.

Desde luego, Lea sabía que no tenía derecho a plantearse semejantes juicios de valor. No sabía qué tipos de tormentos habían tenido que vivir los prisioneros de Azkaban antes de conocer la libertad. ¿Podía acaso reprocharles tener miedo de desafiar al Mago Tenebroso que los había capturado? Frederika, al menos, no estaba dispuesta a hacerlo; había resuelto convertir su morada en un lugar seguro sin esperar nada a cambio, y como simples huéspedes que eran, ella y el resto no contaba con más remedio que aceptar las condiciones planteadas bajo su condición de anfitriona.

La reunión había sido anunciada el día anterior, tomando por sorpresa a la práctica totalidad de los inquilinos de la mansión. Desde que los recién se hubiesen instalados, no había existido intención de elaborar plan de ofensiva alguno. Pero era tiempo de volver al movimiento, sobre todo ahora que Theodore había reaccionado con una afrenta tan brutal como la 'masacre'. Era imperioso que el mundo y Worthington supieran que aquello no los detendría.

Por eso estaban ahí aquella tarde, a la espera de que alguien guiase el inicio del encuentro. Para decidir el siguiente paso.
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Re: Sala de estar

Mensaje por Lilith S. Vanni el Mar Mar 21, 2017 6:23 pm

Me coloqué en una esquina de la gran habitación, esperando pasar lo más desapercibida posible. Había acudido a aquella reunión movida por la curiosidad por lo que lo último que me apetecía era entablar conversación con alguna de las otras diecinueve personas que me rodeaban. Había sido una de las primeras en llegar al lugar, detalle que me había mosqueado bastante puesto que algo que siempre había odiado era la impuntualidad. Y más para ocasiones como la que se iba a desarrollar allí en breves. Se suponía que todos estábamos encerrados en aquella mansión y no podíamos salir por lo que no tenía ningún sentido que alguno de los inquilinos llegásemos tarde.

Miré de reojo la hora que marcaba un gran reloj de madera que había justo en frente de mi y resoplé, desviando a continuación mis ojos fríos hacia los más mayores del grupo con la finalidad de animarlos a comenzar con la velada. A simple vista estábamos todos los necesarios, ¿a qué esperaban entonces?
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Re: Sala de estar

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Mar Mar 21, 2017 6:32 pm

Hacía tiempo que nadie mencionaba ningún plan en relación a otra nueva ofensiva, cosa que me inquietaba bastante. Aquella mañana, cuando nos llamaron a unos cuantos de los que residíamos en la mansión Pfeng con la finalidad de participar en una reunión no pude evitar no recordar las palabras de Bernice. Ella ya me había comentado hacía unos días que Leszek y los demás estaban tramado algo y entre unas cosas y otras, ninguna de las dos habíamos conseguido sonsacar ningún tipo de información para birndarle a la otra. Bueno, en realidad hablaba por mi ya que no sabía si la chica había conseguido hablar con Díctamo.

Sentada en una de las sillas de la amplia habitación observé los rostros de cada uno de los presentes. En realidad la mayoría parecían estar igual de perdidos que yo en relación a lo que nos iban a contar aquel días así que no pude evitar que un sentimiento de tranquilidad me invadiera el pecho. Por temas personales había estado demasiado ausente en todo lo referente a nuevas misiones, algo que había sido muy irresponsable por mi parte por lo que me sentía bastante culpable. Por esa razón, saber que no era la única que andaba perdida me hacía sentir un poquito mejor.
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Cassandra L. Gilbert
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Re: Sala de estar

Mensaje por Arsène Weasley el Jue Mar 23, 2017 2:36 am

No le interesaba en lo absoluto estar ahí. En repetidas ocasiones Arsène había sido categórica al respecto: su vida como una participante activa habían quedado atrás. Si continuaba habitando aquella mansión junto a los demás se debía única y exclusivamente a que, como muchos de los rescatados de Azkaban, no tenía a dónde ir. La idea de que la encontraran y mataran no le importaba en lo absoluto... pero la posibilidad de verse nuevamente sometida a la humillación y torturas de las que había sido víctima la última vez... bastaba esa simple idea para llevarla a perder el frágil autocontrol que había adquirido en el último mes.

Pero la insistencia de Betancourt había sido más poderosa que su inagotable desdén.

Weasley sabía a qué jugaba el muchacho, pero también sabía que él no se saldría con la suya. Que la involucrara en todas las cosas que se le ocurrieran; eso no cambiaría el interés que la joven sentía por las acciones asociadas al grupo de resistencia. Porque el miedo era más fuerte que la curiosidad, más fuerte aún que aquel anhelo de venganza que alguna vez hubiese regido cada una de sus acciones.

La actitud displicente, no obstante, no le impidió reparar en la mirada ausente con la que el chico sentado a su lado aguardaba el inicio de la sesión.

—¿Estás bien? —llamó la atención de Betancourt con un susurro.

—¿Qué? —el joven mago la observó con expresión distraída—. ¿Bien? Sí, sí. Gracias.

—¿Sabes? No se me ha olvidado que eres un mentiroso terrible.

—No es el momento...

Antes de que consiguiera insistir al respecto, Thomas tomó la palabra para dar inicio al encuentro.

—No tengo ánimos de introducciones innecesarias, ya todos saben por qué nos encontramos aquí —la voz del viejo auror sonaba cansada, como si hubiese vivido miles de años—. Theodore está seguro de habernos vencido con su último movimiento. Debemos decidir de qué modo nos aseguraremos de demostrarle que se equivoca.

—Entonces... el contraataque es un hecho —Un mago instalado en uno de los sillones del salón había hablado. Era Brandon Rutherford, el antiguo profesor de Cuidado de las Criaturas Mágicas que había ido a parar a Azkaban por sus acusaciones a los vasallos de Worthington.

—Eso depende de lo que decidamos hoy —respondió Hipatia, de pie en una de las esquinas—. Aunque personalmente estoy a favor de luchar. Lo que ese malnacido ha hecho... —la muggle contuvo la respiración un momento para mantener el control— no puede dejarse pasar.


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Re: Sala de estar

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Jue Mar 23, 2017 6:16 pm

Me acomodé en la silla en la que me había sentado sin dejar de mirar a mi alrededor, ansiosa. Quería saber ya qué era lo que íbamos a hablar aquella mañana. Realmente lo que más me preocupaba era el hecho de que tal vez estaban a punto de darnos una mala noticia. ¿Y si Theodore había ampliado sus asesinatos a todo el mundo y alguno de mis seres queridos estaba en peligro? Me mordí el labio inferior con nerviosismo y volví a analizar a los presentes. Si mis cálculos visuales no eran erróneos nos encontrábamos veinte personas reunidas en la sala y los que más parecían saber de lo que íbamos a hablar hoy, es decir, Hipatia, Leszek y el profesor Brandon, estaban serios pero no ponían cara de preocupación. Aquello me hizo tranquilizarme un poco.

En aquel instante me llamó la atención la forma en la que Arsène y Díctamo cuchicheaban, y fue entonces cuando me percaté del gesto distante que se adueñaba cada vez más del rostro del muchacho. Arrugué levemente el entrecejo. Me costaba acercarme al chico pero mucho más preocuparme por él y no poder preguntarle qué le pasaba...

Para mi propia suerte la voz de Thomas hizo que mi mente volviera a centrarse en la reunión que estábamos celebrando. Al parecer estaban barajando la idea de organizar un contraataque pero nunca lo harían sin el consentimiento de todos los presentes. No quise dar mi opinión antes que los demás así que callé a la espera de que alguien más alzara su voz.
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Cassandra L. Gilbert
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Re: Sala de estar

Mensaje por Díctamo Betancourt el Jue Mar 23, 2017 7:49 pm

A pesar de sus esfuerzos, Díctamo era incapaz de apartar de su pensamiento la chocante experiencia de aquel día, pero continuaba poniendo todo su esfuerzo en ello con tal de mantenerse pendiente de cuanto se discutiera en aquella reunión. Parecía imposible olvidarse de todo tan rápidamente, más aún luego de que Arsène lo hiciera caer en la cuenta de que su inquietud era evidente para cualquiera que lo viera.

Afortunadamente, al fin consiguió olvidar el asunto cuando Thomas reclamó la atención de todos. Y entonces se concentró en lo verdaderamente importante.

—Creo que el profesor Rutherford tiene razón —agregó tras las últimas palabras de Hipatia—. Una ofensiva de nuestra parte es prácticamente inminente. Dudo mucho que alguien en esta sala —con la evidente excepción de Arsène, pensó secretamente— no desee responder a las afrentas que se nos arrojan. El verdadero dilema aquí es decidir nuestra estrategia de ataque. ¿De qué modo procederemos para continuar debilitando esta suerte de imperio?

—Para mí está muy claro —April habló, recta y de brazos cruzados sobre una silla cercana al ventanal. Su rostro era duro y serio como de costumbre—. Ellos están matando y torturando a nuestras familias. Tendríamos que pagarles con la misma moneda.

—No estoy de acuerdo —Lea casi pegó un salto en su puesto ante semejante propuesta—. Descontando el hecho de que probablemente no tengan a nadie que les importe en serio... no podemos rebajarnos a ese nivel de comportamiento.

—En ese caso, sería más conveniente matar a cada soldado directamente —aportó Hipatia desde el fondo—. La idea de debilitarlos. Matando a sus familias solo hará que esos cobardes se sientan aliviados de no haber sido ellos las desafortunadas víctimas.

—¡No puedo creerlo! ¿Están hablando en serio? —Bernice se hizo oír como si fuera un adulto más, en lugar de la bruja más joven de los presentes—. ¿Qué nos hace mejores que Worthington y sus seguidores si hablamos de tomar vidas por nuestra cuenta?

—¿Y cuál es la alternativa? ¿Capturarlos como prisioneros de guerra? —bufó April.

—Es una opción, sí —Bernice se encogió de hombros, sin amilanarse.


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Re: Sala de estar

Mensaje por Lilith S. Vanni el Sáb Mar 25, 2017 1:37 pm

Se estaba formando un gran alboroto en la sala y cada vez que alguien abría la boca para dar su opinión me enervaba más. Estaba claro que unos querían venganza y otros simplemente fastidiar a Theodore, sí, de eso no cabía duda, por esa razón no entendía el por qué de que se alzara la voz como estaba haciendo Adams. Me crucé de brazos desde mi esquina mientras daba un paso adelante, todavía replanteándome si dar mi opinión o dejar que el resto diese opciones y decantarme por la que más me agradaba. O, mejor dicho, decantarme por la que menos me disgustaba, como había hecho hasta el momento.

Suspiré sonoramente, impacientándome. No era mala idea lo de matar a los familiares de los seguidores de Theodore pero, por primera vez en mucho tiempo, Bernice tenía razón. ¿Qué ganaríamos exactamente? Y, lo más importante, ¿cómo los mataríamos sin, en un futuro, no suicidarnos por el sentimiento de culpa que muchos llegarían a sentir?.-¿Y si los capturamos dónde los metemos a todos?-.Dije girándome hacia la posición de la chica con una ceja enarcada. Ninguna de las opciones hasta ahora propuestas era lo suficientemente válida como para ser aceptada.
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Re: Sala de estar

Mensaje por Leszek Collingwood el Mar Mar 28, 2017 1:44 am

—De hecho, Lilith ha dado en el clavo —Leszek había separado los labios para dar su opinión, pero era Thomas quien había hablado, adelantándose a cualquier otra observación. El viejo auror miró a los presentes con una expresión sumamente seria—. Asegurar los recursos necesarios para quienes habitamos aquí ya es difícil, ¿cómo se supone que vamos a lograr mantener a una multitud de prisioneros? Sería un perjuicio mayor para nosotros mismos que para ellos, y eso siquiera considerando la posibilidad de que nos arriesgamos a que esas gentes conozcan nuestro escondite, escapen y revelen la localización de la mansión.

—En realidad —Lea intervino de improviso—, el encantamiento Fidelius nos garantiza protección en un escenario como ese, Thom.

—De todas maneras —el mago fulminó a Tomkins con la mirada—, la idea de tomar prisioneros no es viable.

Leszek asintió lentamente, casi con reticencia. Le dolía asumirlo, pero Thomas tenía razón. Por humanitaria que resultase aquella alternativa, no había espacio en aquella mansión, no habían alimentos para proporcionar... y el solo hecho de asumir el cuidado de prisioneros acabaría desgastando a los presentes.

—¿Entonces qué? —insistió entonces Bernice—. ¿Volvemos al plan A de pasar a la historia como los asesinos desalmados que desafiaron a los asesinos desalmados de Worthington?

—Tiene que haber otra alternativa —la mirada que Díctamo estilaba era casi desesperada—. Algún punto medio...

—Hay una tercera opción —April se apoyó en el respaldo de su asiento, exasperada—: quedarnos aquí y no hacer nada. Apuesto a que Weasley aprueba esa moción.

—¡EH! —Leszek vio a Arsène saltar de su asiento como un trozo de carbón al rojo vivo—. No te metas conmigo Crawford; si dependiera de mi, ni siquiera estaría aquí.

—Puedes irte entonces —repuso la rubia como respuesta—. Si no vas a aportar nada a esta reunión, solo ocupas espacio.

Leszek, que había tenido ocasión de conocer a Arsène antes de su captura en Clevermont, sabía cómo habría reaccionado la bruja de aquellos días: se habría lanzado directo al cuello de su adversario con algún comentario terrible y mordaz. Esta Arsène Weasley, en cambio, se limitó a dedicar una mirada de odio a Crawford y retirarse de la habitación. Díctamo fue tras ella.

—Eso fue grosero —espetó Lea. April, sin embargo, se limitó a encogerse de hombros con desinterés.

—Está bien —Al fin, Leszek tomó la palabra para atacar el silencio incómodo que presentía inminente—. Creo estar en lo cierto al suponer que la opinión de todos los presentes es que hemos llegado a un punto muerto en lo relacionado a el motivo de este encentro. Nada más lejos de la realidad.

—¿Cuál es tu idea? —apostilló Hipatia, sabiendo que su hermano entendería que lo invitaba a saltarse los rodeos.

—Durante los últimos días, Lea, Frederika y yo hemos estado trabajando en un nuevo encantamiento, unificando las experiencias de nuestros respectivos campos —observó a las aludidas, que no parecían dispuestas a ofrecer aportes personales: habían encomendado a él la misión del relato—. No hemos probado su efectividad aún, sin embargo hemos repasado la teoría del mismo en repetidas oportunidades. En términos simples, debiera ser capaz de suprimir las facultades mágicas de quien sea atacado.
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Re: Sala de estar

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Dom Abr 02, 2017 12:42 pm

La discusión que se había generado en la sala me causó cierta intranquilidad. Éramos demasiadas personas, unos más extremistas que otros en lo relacionado con los magos que participaban en todas las tramas de Theodore, ¿algún día seríamos capaces de quedarnos en un punto medio? Me mordí el labio inferior con nerviosismo, observando la escena que acababan de protagonizar April y Arsène. En esta ocasión no iba a mantenerme neutral, más que nada porque April era mayor que Weasley y por tanto se suponía que debía actuar con más madurez que ella. Y bueno, teniendo en cuenta lo que había tenido que pasar la segunda, no veía mucho sentido a las acusaciones que le estaba haciendo. De hecho, no le veía ni pies ni cabeza a la situación. Rodé los ojos al ver salir a Arsène por la puerta, viendo venir aquella reacción desde el principio de los reproches. Con la mirada también seguí a Díctamo, el cual parecía haber establecido una relación muy íntima con la muchacha.

Cuando todo parecía que se tranquilizaba de nuevo Les volvió a alzar la voz, contándonos a todos las novedades sobre aquel hechizo que entre unos cuantos habían conseguido hacer. Me removí un poco sobre mi posición y no pude evitar sentir algo de lástima por aquellos a los que probablemente se les arrebatarían sus poderes. Yo, personalmente, creo que nunca podría llegar a afrontar una vida sin poderes, ya formaban parte de mi.-No es algo tan extremo como matarlos a todos pero continúa siendo cruel-.Lo que acababa de decir no lo decía con ninguna intención en concreto, solo quería participar en la conversación.-Aún así, de todo lo que se ha propuesto hasta ahora creo que es lo mejor-.Y era cierto, era una propuesta que nadie habría visto venir y que no nos convertía en asesinos.
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Re: Sala de estar

Mensaje por Frederika Pfeng el Mar Abr 04, 2017 6:36 pm

Frederika, que agradecía de todo corazón la habilidad con que Leszek había conseguido volver a encausar la discusión en torno al tema que los reunía y terminar de golpe con una discusión que comenzaba a afectar sus nervios, observó a Cassandra luego de que esta plantease su punto de vista. Sin que su taciturna expresión cambiara en absoluto, decidió que sus pensamientos estaban con la otrora Smaragdium. Aún cuando había participado de la elaboración del encantamiento en cuestión, le dolía pensar en los efectos secundarios que podría tener semejante ataque en un mago que no tenía idea de como valerse sin los beneficios de una varita. Sin embargo...

—Puede ser cruel —asintió Leandra desde su posición—. Pero estamos en guerra, y la guerra es cruel, una era de crudeza innegable. La alternativa que les proponemos es la medida más humanitaria a la que podemos aspirar, además de ser un chance para ganar ventaja en esta lucha sin vender nuestra alma en el intento. Se trata de un daño colateral poderoso y, desde una mirada amplia, inofensiva al fin y al cabo.

—Eso suponiendo que el encantamiento realmente funcione —Las palabras de Thomas eran duras, pero se encargaban de mantener una mirada aterrizada de las estrategias discutidas.

—Funcionará —por primera vez desde el inicio del encuentro, la joven Pfeng alzó la voz—. Leszek ha trabajado en la teoría que sostiene este ataque desde sus días como Inefable, y no hemos dejado de estudiar su viabilidad desde que nos establecimos en este lugar. Hemos barajado miles de posibilidades, hemos planteado millones de problemas imaginarios —miró a Thomas y el resto sin pestañear—. El resultado es siempre el mismo. Funcionará.

Leszek asintió, serio como se lo veía en pocas ocasiones.

—Pero es un encantamiento complejo. Suponiendo que escojamos utilizarlo como arma de lucha, tardaremos uno o dos meses, como mínimo, para asegurarnos de que todos sean capaces de realizarlo. Y tendremos que asegurarnos de que todos pueden ejecutarlo. Una vez planeada la ofensiva, deberíamos asegurarnos de causar el mayor daño posible a las filas enemigas antes de que comprendan lo que hacemos. Si nosotros tuvimos ocasión de dar con este descubrimiento, tarde o temprano ellos también podrían hacerlo.

—Tengo una pregunta —April levantó la mano—. ¿Hay un contrahechizo? ¿Existe alguna forma de revertir las consecuencias de este ataque?

—Probablemente lo haya —opinó Frederika—. Pero podrían transcurrir décadas antes de dar con semejante descubrimiento. Estamos hablando de magia muy, muy avanzada. Este encantamiento es el pilar evolutivo hacia una nueva era mágica.

—Suena escalofriante —Bernice se estremeció en su asiento—. Pero parece que no tenemos muchas alternativas. ¿Votamos?

Thomas no perdió tiempo luego de aquella propuesta.

—Si no existen más opciones a proponer, procedamos. Quienes estén a favor de implementar este encantamiento, que alcen la mano.
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Re: Sala de estar

Mensaje por Lilith S. Vanni el Jue Abr 06, 2017 8:21 pm

Mis ojos color oro comenzaron a iluminarse al escuchar el hechizo del que hablaba Collingwood. ¿A qué habían estado esperando para contarnos aquello? No me podía creer que las bajas expectativas que tenía sobre aquella reunión estuviesen sobrepasándose. Entendía que los más pequeños de la residencia no teníamos por qué estar tan al tanto de todo lo que llevaban entre manos el resto pero, aun así, Pfeng dormía cada noche con Gilbert, Adams y conmigo ¿tanto le había costado contarnos algo? Rodé los ojos, molesta, y los dirigí hacia la extraña muchacha. Tras cruzar mi mirada con la suya caí en la cuenta de que no era tan raro que no nos hubiese comentando nada ya que Cassandra había estado en las nubes y Bernice no había parado de lloriquear. Resoplé sin molestarme en hacerlo de forma silenciosa, fastidiada por mis compañeras de habitación.

Cuando quise preguntar en voz alta si nos enseñarían a todos a realizar aquel encantamiento Thomas se me adelantó y abrió la votación. Con aquella pregunta supuse que mi respuesta sería afirmativa por lo que sin pensarlo dos veces alcé mi brazo, mirando como, entre otros, Gilbert también lo hacía.
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Re: Sala de estar

Mensaje por Hipatia Collingwood el Mar Abr 18, 2017 4:06 am

Al cabo de un minuto, cada persona presente en la habitación alzaba su mano en el aire, Hipatia incluida. Podía creerse que finalmente el grupo se había decantado por una alternativa desesperada, pero lo cierto era que apostaban por una estrategia poderosa y cargada de ingenio, eso sin contar la benévola impronta en que se basaba. No tenía la menor idea de cómo una muggle como ella podría ser de utilidad en semejante empresa,
sin embargo aquello no le impedía dejar en evidencia su acuerdo con lo decidido.

—De acuerdo —sentenció Thomas tras corroborar que la votación resultaba unánime—. Lo siguiente, supongo,
es iniciar los preparativos para ejecutar esta ofensiva —sus ojos oscuros, siempre alertas a lo que sucedía en torno suyo, fueron a posarse sobre Leszek e Leandra—. ¿Cuánto tiempo necesitaremos antes de estar preparados?

Leszek no demoró en responder.

—Un mes, como mínimo. Y eso situándonos en el mejor de los escenarios si iniciamos hoy mismo y mantenemos un entrenamiento riguroso. Tal como dijo Frederika, hablamos de magia muy compleja. Cada movimiento y cada palabra debe ser perfecta. No podemos permitirnos salir a campo sin antes asegurarnos de que todos dominamos el encantamiento sin problemas.

Lea asintió enérgicamente.

—Fuera de los límites de esta mansión, Theodore nos busca sin dar tregua y está dispuesto a darnos caza a cualquier costo. Ahora que Azkaban se encuentra deshabitado, incluso ha ordenado a los dementores seguirns el rastro. Si salimos a atacar lo haremos arriesgando nuestras vidas, por lo tanto debemos asegurarnos de debilitar al enemigo con todo lo que tengamos con tal de generar la mayor cantidad de bajas posibles antes de que las pérdidas afecten a nuestro bloque. Debemos estar preparados.

—No resta nada más que decir, en ese caso —Thomas retomó la palabra entonces con tono resuelto—. Nos veremos en esta misma habitación luego de la cena. Entonces iniciaremos con el aprendizaje de la técnica.

No hicieron falta mayores invitaciones. El encuentro no había durado demasiado, sin embargo las implicancias del mismo resultaban perturbadoras hasta cierto punto. A Hipatia no le sorprendía que los asistentes anhelasen un tiempo para reflexionar con ellos mismos sobre la decisión que acababan de tomar.

Mientras el grupo se disgregaba, algunos avanzando al comedor, otros a sus respectivos cuartos, la joven muggle avanzó hasta donde se encontraba su hermano.

—¿De verdad crees que funcionará? —le preguntó con su costumbrada e inconsciente hostilidad—, ¿conseguiremos algo de ventaja?

—Créeme, hermana —Leszek se encogió de hombros—. Si no lo creyera ni siquiera lo habría propuesto. Sé qué opinión tienes de mi, pero no cometería el error de arriesgar la vida de otros por un capricho personal.

Hipatia guardó silencio, y vio en el rostro del mago que él adivinaba el pensamiento que colmaba su mente en ese momento: la muerte de Bianca; el momento en que Leszek lo había arriesgado todo para destruir la Piedra de la Resurrección. El joven se torturaba con aquel pensamiento a diario, de modo que ella evitó arrojar el comentario que evidentemente desbarataría el argumento de su hermano. En cambio, desvió la mirada.

—Te veré en la cena.

Con esas palabras, siguió al resto de los asistentes que atravesaban la puerta de salida. Una nueva etapa estaba por iniciar, tanto o más peligrosa que aquellas que iban quedando atrás. Ya había perdido a sus padres y su vida como una muggle común y corriente. Le aterraba la idea de pensar que en esta nueva partida, la vida de su hermano otra vez quedaría expuesta a cualquier tipo de desgracia.
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Re: Sala de estar

Mensaje por Hipatia Collingwood el Jue Jun 22, 2017 1:41 am

LA ESPERA
10 de junio, 2054

La medianoche había quedado atrás muchas horas antes, pero la Mansión Pfeng mantenía sus luces encendidas, en silenciosa espera por aquellos huéspedes que se habían marchado a luchar.

Hipatia también esperaba.

Sentada en el sillón más próximo a la ventana de la sala de estar, contemplaba los jardines oscuros y el cielo que, si uno prestaba atención, se tornaba un poco menos apagado a medida el reloj marcaba los segundos que transcurrían sin descanso hacia el amanecer. Y mientras la joven nomaj apreciaba aquel escenario estático, luchaba contra la impaciencia y el terror que la consumían por dentro. Tendrían que haber vuelto. ¿Qué los demoraba tanto? Habían ensayado la operación tantas veces que incluso ella recordaba cada detalle. La demora no le había pasado desapercibida.

El silencio de la mansión comenzaba a ponerla nerviosa a la vez que molesta. Veinte magos estaban allá afuera, luchando contra un régimen que oprimía al mundo mágico en su totalidad. Luchaban por aquellos que no podían o temían hacerlo. Y los que habían quedado atrás en el refugio con ella, esos que no se atrevían a unirse a la guerra pero que sí tenían el descaro de aceptar la hospitalidad de Frederika, dormían en sus habitaciones como si nada importara. Hipatia los despreciaba a todos. Si ella hubiese poseído magia...

Escuchó unos pasos aproximarse desde el vestíbulo. Unos segundos después, una cabellera pelirroja asomaba por la puerta de la sala de estar.

—Ah, eres tú —dijo Arsène al reconocerla.

—Soy yo —convino Hipatia con expresión seria—. ¿Qué? ¿Te habías olvidado de la nomaj que se quedó atrás?

—En realidad sí —sin un ápice de vergüenza, se encogió de hombros para luego tomar asiento en un sofá cercano a la chimenea.

Y ahí se quedó, sin mediar ninguna palabra.

—Te ves muy tranquila —Hipatia hizo la observación con sorna, dirigiéndose a Weasley. Pero la pelirroja ignoró el comentario con sobra de talento. Eso solo consiguió irritarla todavía más—. ¿Es que acaso no te importa nada?
¿No te preocupa pensar en lo que puede estar sucediendo justo ahora, ahí afuera? Tus amigos podrían estar muertos.

—Claro que me preocupa —Arsène frunció el entrecejo—. ¿Pero qué quieres que haga? No puedo hacer nada por ellos desde aquí. Ellos escogieron correr el riesgo.

—Podrías haberlos ayudado —sugirió la pálida joven sin pensar en las consecuencias. Se sentía furiosa.

—Ah, ¿tú también? ¿Estás de lado de Crawford?

—Solo quise decir que...

—¿Que soy una maldita sanguijuela inútil? No te preocupes, lo entendí perfectamente.

—Yo no... —Hipatia no supo qué decir. Comprendió que había ido demasiado lejos. Arsène no se merecía semejantes juicios de valor. No después de todo lo que había pasado.

—No importa. Tienes razón —Weasley se recostó sobre el sofá, sin ánimo—. Todos ustedes tienen razón.

Sorprendida, Hipatia observó a la muchacha, que a su vez miraba la chimenea apagada sin verdadero interés.
Se aproximó cautelosamente, esperando alguna recriminación de la pelirroja alegando querer estar sola. Pero la exigencia jamás llegó. La nomaj tomó asiento en un sofá frente a la bruja.

—Si tienes esa opinión de ti misma... ¿por qué no hacer algo por cambiarlo?

La pelirroja hizo una mueca, como si le costase decidir si valía la pena enfrentar un tema tan personal con ella.

—Porque no puedo, Shaleen —la llamó por su nombre falso a propósito—. Quiero volver a luchar, mi cuerpo me lo pide más que cualquier otra cosa. Cada vez que sostengo mi varita, siento un cosquilleo de impaciencia en mis manos. ¿Pero y si vuelve a pasar lo de la última vez? —la idea la hizo estremecer. Incluso consiguió distinguir un destello de pavor en aquellos ojos oscuros.

—Es un riesgo del que nadie te puede garantizar estarás a salvo —por triste que fuera, era la verdad—. Solo de ti depende reunir el coraje suficiente como para que esa ínfima posibilidad deje de ser importante. Antes no te importaba.

—Antes era una estúpida temeraria —zanjó Weasley, evidentemente reacia a recibir más palabras motivacionales por ahora.

Afortunadamente Hipatia no tuvo que decir nada más, porque en ese momento escuchó un extraño alboroto proveniente de los terrenos próximos a la mansión.

—Gracias al cielo, están de vuelta —la mayor de los Collingwood se levantó, corriendo hacia el vestíbulo a toda velocidad.
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Re: Sala de estar

Mensaje por Leszek Collingwood el Vie Jun 30, 2017 4:46 am

Corroboró que todos los integrantes de su grupo de ataque se hubiesen aparecido con él. Solo cuando estuvo seguro ordenó el avance hacia la mansión, cuya figura se recortaba contra el cielo violáceo del amanecer.

En la entrada de la mansión tropezó con su hermana.

—Leszek —el joven mago se sorprendió al reconocer el evidente alivio en voz Hipatia. Sin maquillajes, sin falsas exhibiciones de entereza o soberbia—. ¿Estás bien? ¿Cómo...?

Tomó las manos de Hipatia, y ella guardó silencio de golpe.

—Dio resultado, Hipatia —él se concedió el lujo de esbozar una sonrisa cansada—. El plan ha sido un éxito absoluto.

—¿Y están todos bien? —Arsène asomó su cabeza por encima del hombro de su hermana. La curiosidad patente en sus ojos era un cambio gratamente positivo. Él se limitó a menear la cabeza con pesar.

—Lewis y Rutherford...

—Deberían entrar —Hipatia lo detuvo, apartándose para permitir entrar a los recién llegados. Justo en ese momento se oyeron un par de detonaciones a sus espaldas. El resto de los grupos comenzaban a aparecerse en el lugar. Leszek entró al vestíbulo.

—Ha sido una noche agotadora —le dijo a los integrantes de su grupo—. Deberían ir a descansar.

Nadie cuestionó su sugerencia. Él, sin embargo, avanzó hasta la sala de estar y se dejó caer en el primer sillón que divisó. Vio desaparecer a su hermana al mismo tiempo que Thomas y Lea ingresaban a la sala de estar. En el vestíbulo se oían los pasos de aquellos que subían las escaleras, prefiriendo buscar algo de consuelo y descanso en sus almohadas. Intercambió una mirada con su amiga Tomkins. Solo eso hizo falta para comprender lo que había ocurrido con sus compañeros caídos, que ahora aguardaban fuera de la construcción a la espera de recibir una digna sepultura.

Cuando Hipatia volvió con una bandeja repleta de humeantes tazas de té, April, Cassandra y Lilith se habían reunido también en el salón.

—¿Creen que el mundo mágico se entere de lo que ocurrió hoy? —la joven Crawford fue la primera en romper el silencio.

—Hacerlo público sería muy mala publicidad —opinó Thomas—. Pero se hará correr el rumor, de una forma o de otra.

—Nunca se sabe —Leszek interrumpió, la mirada repentinamente seria—. Tal vez Theodore quiera ocultarlo, pero Raziel buscará una forma de usar esto en nuestra contra.

—No imagino una forma de que esto pueda ser usado en nuestra contra —terció Leandra. Se abrazaba el cuerpo, como si algo la preocupara.

—Pueden tildarnos de magos peligrosos, podrían intentar que el mundo mágico nos tema —sugirió Collingwood.
No parecía una estrategia muy inclinada al éxito. Pero prefería no subestimar las habilidades tácticas de alguien como Slaughter—. De cualquier modo... todavía tenemos ventajas respecto a esta ofensiva. Me he asegurado de aturdir a algunos aurors sin inflingirles daño. Con algo de suerte creerán que algunos de ellos son inmunes al ataque y equivocarán el camino de sus elucubraciones por un tiempo.

Pero la siguiente voz en hablar fue la de Arsène. Y nada tenía que ver con el tema en cuestión. Sus ojos barrían la habitación una y otra vez.

—¿Dónde está Betancourt?
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Re: Sala de estar

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Vie Jun 30, 2017 10:26 am

Lilith y yo aparecimos no muy lejos del lugar en el que había aparecido Leszek. Desde mi posición le miré de reojo, fijándome en su rostro, en sus gestos...había cambiado tanto con el tiempo. A la mente siempre me vendría su imagen vestido con el uniforme del College, bien arreglado, con la espalda erguida,...siempre me había generado mucho respecto y probablemente aquella fuera la razón por la cual habíamos entablado conversación en pocas ocasiones. Además, era un chico que me recordaba a Mandrágora y realmente ella había sido el único vínculo que existía entre nosotras. Desde hacía un tiempo en adelante, ya no era una persona la que nos unía si no una causa, una causa que estaba acabando poco a poco con mi esperanza.

Con aquel pensamiento tan negativo entré por la puerta de la mansión, como un zombie, absorta en las cosas que pasaban por mi mente y sin fijarme en lo que me rodeaba, ni si quiera recuerdo haber escuchado las palabras de Les recomendándonos que fuésemos a dormir. Fui arrastrada por Vanni hacia la sala de estar, y no porque ella desease mi compañía, si no porque se limitaba a seguir a los más adultos, ¿en qué estaría pensando que vagaba con los ojos abiertos detrás de unos y otros?

Me senté en una silla que cogí de alguna parte, apoyando mis codos sobre mis rodillas y luego mi mentón sobre el dorso de mis manos. Hipatia me ofreció una taza de té y estuve tentada de aceptarla pero teniendo en cuenta las horas que eran de la madrugada, tomarme un té solo habría aumentado mi nerviosismo y probablemente me habría pasado toda la noche dando vueltas sobre mi cama sin poder pegar ojo. Dormir era lo único que mantenía mis pensamientos en off por lo que no quería perder mi oportunidad de desconectar en todos los sentidos.

April formuló una pregunta en voz alta dirigida hacia mi y hacia los compañeros que nos habíamos quedado un rato más en la sala de estar para conversar. Primero me limité a escuchar las teorías de Thomas y Leandra, ladeando mi cabeza hacia un lado y hacia otro cuando propusieron que tal vez Theodore usaba este ataque en nuestra contra.-Después de todo lo que hemos hecho y nos han hecho, no creo que los magos del mundo piensen que somos las malas personas-.Dije con un hilo de voz pero segura de mi intervención. No tenía ningún sentido que la gente que estaba asustada por el régimen de Theodore y sus seguidores nos culpase de nada.-De todas formas si sale a la luz tratarán de cubrirse las espaldas...es decir, que si sale a la luz este ataque será con alguna finalidad, y no creo que esa finalidad sea otorgarnos el título de defensores del pueblo...-.Y era cierto. Estaba claro que si difundían la noticia sería para tacharnos de magos peligrosos, como bien había apuntado Leszek, o como algo peor...igual cambiaban la historia a su favor, quién sabía.

La voz de Arsène irrumpió, nerviosa y sofocada, en la sala de estar. Todos nos quedamos mirándola y creo que, junto a mi, todos los presentes se hicieron la misma pregunta que Weasley. ¿Dónde se había metido Díc?.-Estará al caer con Bernice-.Dije segura de mis palabras. No se separaban para nada por lo que estarían en alguna parte hablando del ataque o de cualquier otra cosa.-Salir junto a nosotros han salido...está bien-.Arsène y yo nunca habíamos sido amigas pero no me gustaba ver a nadie preocupado.
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Re: Sala de estar

Mensaje por Frederika Pfeng el Lun Jul 03, 2017 6:58 pm

A pesar de las preguntas de Arsène y las elucubraciones de Cassandra, la siguiente persona en entrar la sala de estar no sería ninguna de las aludidas. Frederika atravesó el umbral con mirada impasible, silenciosa. Y se limitó a dedicar una mirada cómplice a Leandra antes de reparar en el resto de los presentes.

—¿Todo bien? —Thomas planteó la pregunta con un gesto de impaciencia.

La joven Pfeng asintió.

—Está hecho.

En ella había recaído la responsabilidad de encontrar el lugar adecuado para la sepultura de los caídos, de modo que ahora los cuerpos de Lewis y Rutherford descansaban en los terrenos próximos a la masión, junto al túmulo que sus padres habían construido en memoria de la pequeña Frederika tras su muerte. Su cuerpo, sin embargo -su verdadero cuerpo- se encontraba muy lejos de ahí, y probablemente ahora era devorado por los gusanos bajo la tierra, en la tumba erigida al interior del cementerio de magos. Pensar en ello era inquietante y macabro, pero la idea asaltaba la mente de Frederika con más frecuencia de lo que hubiese querido.

Antes de que el ex auror consiguiera comentar nada en relación al breve aporte de la ex Caeruleum, dos personas más irrumpieron en el cuarto. Al fin, Bernice y Díctamo hacían su aparición. La joven Pfeng no consiguió decidir cuál los dos se veía más devastado.

—¿Dónde demonios se habían metido? —Arsène inició el interrogatorio antes de permitirles dar un solo paso más. En sus ojos se distinguía el descubrimiento de algún acontecimiento sospechoso.

—Nos aparecimos demasiado lejos —explicó Bernice con deliberado hermetismo—. ¿Llegaron todos bien?

—Todos estamos de vuelta. Y Brandon y Lya... ya fueron instalados —Thomas, que hasta entonces miraba directamente a Bernice, se dirigió al resto—. Mañana los despediremos del modo que merecen. Y también a Bianca.
Le debemos un gesto honorífico a su partida y sacrificio.

Todos lo miraron sorprendidos, y luego dedicaron a Frederika una mirada disimulada. En vista de las inusuales circunstancias de su muerte, Bianca Hellmayr solía ser un tema poco comentado. Tendrían que despedirla sin un cuerpo al que sepultar. Sería extraño e incómodo, sobre todo para la pequeña Pfeng, que a menudo se preguntaba si el resto la vería como una usurpadora por haber tomado posesión del cuerpo de la aliada fallecida. ¿Sabrían que ella no lo había querido así? ¿Pensarían en ella con resentimiento? Solo sabía que su presencia era un constante motivo de perturbadora incomodidad. Por eso prefería mantener las distancias.

—Por hoy ha sido suficiente —continuó Häfelin para interrumpir el desagradable silencio resultante de sus palabras—. Siéntanse orgullosos por el trabajo realizado. La misión fue un éxito, y con algo de suerte marcará un antes y un después en esta lucha. Recuerden nuestro objetivo, recuerden la meta de esta lucha y piensen que cada sacrificio persigue la causa correcta, tenga o no resultados favorables. Los admiro a cada uno de ustedes, y sé que cada lucha los hará mejores y más fuertes —se levantó de su asiento—. Ahora, a descansar un poco. Hoy será un día de duelo.
Es necesario antes de continuar con el trabajo.

Lentamente, todos comenzaron a dejar sus lugares para encaminarse al vestíbulo. Antes de todo eso, Díctamo ya había desaparecido a toda velocidad. Frederika vio a Leszek acercarse discretamente hacia la joven Adams.

—¿Qué le sucede? —preguntó, aludiendo al desaparecido.

Pero Bernice se encogió de hombros.

—Hoy ha sido un día agotador para todos.

—Descansar será lo mejor —aportó Pfneg, irrumpiendo en la discusión a propósito. Se notaba que Bernice no tenía intenciones de entregar más detalles. El joven Collingwood no insistió; había captado las intenciones de Frederika,
y se conformó con asentir antes de continuar su camino.

—Gracias —Bernice le sonrió, y por un momento sus ojos enrojecidos dejaron de ser el rasgo más llamativo de su rostro—. Creo que voy a tener que hacer una lista de los favores que te debo.

—No me debes nada —Frederika meneó la cabeza—. Somos un equipo. Se supone que tenemos que ayudarnos entre nosotros.

—Los amigos también hacen eso —terció la muchacha.

La observación la tomó por sorpresa, y su rostro no consiguió ocultarlo a tiempo. Sin poder evitarlo, esbozó una débil sonrisa de genuino agradecimiento. Era el primer gesto de confortable cercanía que recibía desde su reaparición.

—Cierto. También lo hacen.

—Creo que deberíamos ir a dormir antes que a Thomas se le ocurra otro disparate y cambie de opinión sobre ir a descansar —Adams soltó una carcajada—. No sé tú, pero yo me muero de sueño.

Ambas Caeruleum se retiraron, uniéndose al resto de presentes que abandonaban la sala de estar. Había sido una noche agridulce, pero era un gusto que cada uno de los integrantes del equipo deberían aprender a digerir rápidamente si pretendían sobrevivir en semejante ambiente.
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Re: Sala de estar

Mensaje por Frederika Pfeng el Miér Ago 09, 2017 2:29 am

PARÉNTESIS
Jueves 11 de junio, 2054

Había sido un día extraño.

Como la mayoría de los inquilinos en la mansión, Frederika despertó poco después del mediodía, y luego de una comida ligera todos habían iniciado los preparativos para la ceremonia anunciada por Thomas la noche anterior. Para cuando el sol alcanzó su punto más alto en el cielo, ya todos se hallaban reunidos en torno a los túmulos que ella misma había levantado horas atrás. Las miradas se desplazaban por cada montículo en respetuoso silencio, pero todas por igual se detenían más tiempo del necesario al tropezar con aquella que llevaba el nombre de la joven Pfeng. Nadie se atrevió a hacer comentarios al respecto... hasta que Arsène Weasley reparó en el escalofriante detalle.

—Es confuso —la pelirroja dejó escapar una carcajada desganada—. No sabría decir si es una visión del futuro...
o del pasado.

Luego de eso despidieron a sus caídos, Bianca Hellmayr incluida. A Frederika le pesaba no compartir la angustia que algunos de los presentes manifestaban por sus pérdidas, pero al mismo tiempo comprendía que no podía ser de otro modo. Mantener una muralla que la distanciaba del resto era parte de su esencia, lo había sido mucho antes del momento de su muerte. Y aunque había conseguido deshacerse de aquel defecto la fatídica noche en la mansión McCullough, era una cruz que debería cargar por siempre. Así que se limitó a permanecer ahí, oyendo las sentidas palabras de los amigos más cercanos a los fallecidos y asimilando el dolor de ellos como propio. Mientras Leszek relataba el modo en que había conocido a la auror Hellmayr, la joven bruja no pudo evitar preguntarse si en su propio funeral alguien habría narrado sus propias hazañas con la nostalgia y el cariño que el joven Collingwood manifestaba por su amiga. ¿Habría estado ahí Emma, su mejor amiga? ¿Habrían asistido la señorita Lawrence y el joven Caulfield? Imaginar la respuesta la desalentaba.

El sol comenzaba a declinar del lado opuesto cuando todos volvían a la Mansión. Era un día de duelo, pero las noticias sobre las repercusiones de su última misión no estaban dispuestas a respetar el acuerdo.

—Mi informante en el Congreso Mágico dice que Worthington reaccionó de la peor manera —explicó Leszek de camino a la casa. Su expresión era sombría—. Ordenó la muerte de todos los magos que perdieron sus facultades.

—En otras palabras, hizo el trabajo sucio por nosotros —aportó April.

La discusión acabó ahí. Thomas había declarado que hablarían al respecto al día siguiente. Las veinticuatro horas de duelo serían respetadas.

Frederika no había hecho amigos, de modo que cuando los demás se retiraron en pequeños grupos a pasar el tiempo con las compañías escogidas, ella se retiró a la sala de estar para reflexionar. Sentada a la pequeña mesa de té situada junto al ventanal de la estancia, contempló el atardecer en silencio. Frente a ella, una taza de té verde enfriaba mientras una cuchara de plata revolvía el contenido bajo las órdenes de su varita mágica. La muerte siempre le traía pensamientos desagradables, y en ocasiones como esas, cuando los recuerdos se acumulaban hasta sobrepasar su capacidad de evasión, no tenía más remedio que dejar de evitar lo inevitable.
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Re: Sala de estar

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Lun Ago 14, 2017 10:44 am

Para mí el día había comenzado mucho antes que para el resto de mis compañeros de vivienda. El encuentro con Díctamo había sido un aviso de que el día sería duro e interminable. Tras pasarme parte de la mañana vagando por los alrededores de la mansión Pfeng y descubriendo pasajes que ni imaginaba que albergaba aquel perímetro, me había tomado un buen desayuno para ver con más positivismo la jornada que estaba por llegar. Una jornada que no parecía traer nada bueno, para qué mentir. Lo cierto era que no se me había hecho demasiado larga la mañana pero en cuanto mis amigos habían comenzado a despertar y me los había ido encontrando uno a uno con rostros de cansancio y tristeza, la cosa había ido tornándose más gris y pesada.

La madrugada anterior Leszek y el resto de personas adultas -por denominarlas de alguna manera ya que prácticamente todos los pertenecientes a la cuadrilla éramos mayores de edad-, ya nos habían advertido de lo que pasaría a la mañana siguiente pero no me habría imaginado nunca que sería todo tan dramático. Quizás, al haber perdido a tanta gente apreciada en los últimos tiempos ya me había acostumbrado a obligarme a no llorar en cada funeral, quién sabía. Lo único que tenía claro es que, una vez más, me encontraba escuchando a Collingwood dedicándole unas palabras a los caídos y con los ojos llorosos a punto de dejar caer lagrimones de impotencia.

Solté un largo suspiro y miré a los presentes, sorprendiéndome por la diversidad de reacciones que tenía a mi alrededor. Acabé fijándome en el rostro de la persona que tenía al lado, Frederika, y no me pilló por sorpresa observar que su gesto solo mostraba respeto hacia los que habían muerto. Conocía poco a la muchacha porque era poco habladora pero algo me decía que tenía más para dar a nivel personal de lo que todos nos pensábamos. Finalmente la despedida -como yo la llamaba-, terminó y todos nos dirigimos hacia el interior de la mansión.

Cuando estaba a punto de subir a mi habitación para descansar, un olorcito a té proveniente de la sala de estar me embriagó y mi idea de acostarme un rato desapareció de mi mente. Movida por los recuerdos que aquel aroma generaba en mi sin querer, fui directa hacia la sala en la que me encontré con Frederika.-Buenas-.Dije con una media sonrisa mientras me acercaba lentamente a su posición.-¿Puedo acompañarte?-.Me quedé de pie delante de ella, sólo dejándola de mirar para fijarme con descaro en la taza de té verde que sostenía entre sus manos. Estaba agotada, triste, y necesitaba algo que me ayudara a sobrellevar lo que quedaba de día. ¿Qué mejor que una taza de té y buena compañía?
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Re: Sala de estar

Mensaje por Frederika Pfeng el Mar Ago 15, 2017 5:12 pm

La voz de Cassandra la arrancó de su ensimismamiento sin sobresaltos.

—Señorita Gilbert —la saludó con amabilidad, recurriendo a esa costumbre automática de dirigirse con deferencia a las personas que la superaban en edad—. Desde luego que sí. Tome asiento, por favor.

Antes de que su nueva acompañante consiguiera agregar algo más, Frederika Pfeng ya había sacado a su varita mágica e invocaba una nueva taza de té que llegaría flotando con delicadeza desde la cocina. No solo había visto el modo en que la chica observaba su propia bebida caliente; también alcanzó a percibir el cansancio y el pesar que se ocultaban detrás de esa media sonrisa amistosa. Necesitaba aquella pausa reconfortante más que ella.

En la mesa, la tetera que hasta entonces reposaba frente a Frede flotó para verter su contenido en la taza destinada para Cassandra. Solo cuando todo estuvo dispuesto, la joven Pfeng volvió a concentrarse en su acompañante. Recordaba perfectamente cada episodio de lo que ella llamaba su 'primera vida', y estaba segura de haber intercambiado un par de palabras con esta bruja en particular en aquellos tiempos, probablemente durante su primer año en Clevermont College. En aquella ocasión el chocolate había sido el objeto que compartían, lo recordaba tan bien como de seguro lo había olvidado la otrora Smaragdium. Bebió un poco de su infusión.

—Toda esta calma repentina parece equivocada —comentó de pronto, depositando la delicada pieza de porcelana sobre el pequeño plato a juego. Sus modos, como siempre, eran de una elegancia exquisita—. Es extraño pasar un día sin tener claro lo que sucede ahí afuera.
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Re: Sala de estar

Mensaje por Cassandra L. Gilbert Hoy a las 10:45 am

Pese a sonreír con amplitud al recibir la invitación de Frederika, un deje de sorpresa se apoderaba de mi mirada al escuchar cómo se había referido a mi. El respeto con el que hablaba aquella muchacha era siempre destacable pero le hacía parecer de otra época. Parecía mentira que aquella chica hubiese estado estudiando en el mismo colegio de hechicería que yo años atrás, ya que parecía recién salida de una película de la Edad Media o algo por el estilo.-Puedes llamarme Cass, Frederika-.Dije mirándola a los ojos a la vez que me sentaba en el sillón que estaba situado a su lado.

Mis ojos cansados y adornados por unas ojeras que no me favorecían en absoluto agradecieron el gesto de la joven en silencio. Aquella muchacha era agradable y generosa hasta decir basta, adjetivos que le había atribuido el día que nos había recibido con los brazos abiertos en su casa. Observé maravillada la tranquilidad de los gestos de Frederika, ensimismada. Seguramente el cansancio favorecía que me quedase tan embobada mirándola. Me mordí el labio inferior con recelo cuando por fin tuve la taza de té sobre mis manos, humeante y desprendiendo olor a hogar.-Muchísimas gracias de verdad, no sabes cuánto lo necesitaba-.Tras dedicarle una última sonrisa dulzona soplé un poco sobre la superficie del líquido y cuando me aseguré de que no me quemaría los labios le di un pequeño sorbo, sintiéndome mucho mejor solo al notar el sabor dulce de aquella bebida que parecía curarlo todo.

Imité el gesto de Frederika, dejando con delicadeza mi taza sobre el platito y asintiendo lentamente.-Da bastante miedo, sí-.Me encogí de hombros volviendo a apoyar mi espalda sobre el respaldo del asiento y mirándola de reojo.-Pero a veces la incertidumbre es imprescindible para sentirnos más seguros-.¿No decían que "ojos que no ven corazón que no siente"?, probablemente esta era una ocasión que servía como ejemplo para aplicar aquel dicho.
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Re: Sala de estar

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