Comedor

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Comedor

Mensaje por Statue of Liberty el Sáb Nov 13, 2010 6:55 pm





Comedor





Una larga hilera de sillas blancas forma lo que podría ser un laberinto en un ambiente elegante y que comúnmente estaría inundado de un olor apetitoso para todo aquel que quiera saborear los potajes, que se encuentran sobre las tres mesas, cubiertas con inmaculados manteles, todas ellas, iluminadas por sencillas velas que cuelgan desde la lámpara principal, ubicada en el techo.

Los estudiantes tienden a escoger distintas posiciones en las dos mesas más grandes del lugar, donde podrán intercambiar experiencias, ideas y hasta un filete de res.

El equipo de profesores vigila el comportamiento de sus estudiantes durante las comidas del día, así que estés en clases o no, siempre te acompañarán.

A las 5 de la tarde, servimos las galletas.


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Statue of Liberty
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Re: Comedor

Mensaje por Démian A. Ephram el Sáb Feb 16, 2013 5:13 am

Cuando Démian ingresó al comedor, una atmósfera extraña lo precedía. Evidente era que hoy no era un día de esos en que cualquier motivo se convertía en excusa para traer a colación su lado más irascible. También estaba muy claro, sin embargo, que su estado de ánimo no apostaba a la labor de contagiar el entusiasmo que muy de vez en vez se apoderaba de sus modos. Como en los días pasados, su pensamiento continuaba regresando con agotadora recurrencia al delgado libro que se mantenía guardado entre sus pertenencias bajo la cama. Sabía que el tiempo corría, y que debía tomar una decisión.

Pero como su intención bajo ninguna perspectiva era darle a su hermana un motivo de preocupación, realizó un esfuerzo máximo para olvidarse de sus preocupaciones, al menos de momento. Así fue que alzó el rostro para explorar con mirada seria todo el perímetro que se abría ante él, pero en ninguna mesa descubrió la cándida presencia de Darcy.

Y resignado a esperarla, tomo asiento en el primer lugar que viera desocupado, lejos de las conglomeraciones de alumnos que ya llegaban para disfrutar del reposo que la hora de almuerzo les concedía.
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Re: Comedor

Mensaje por Darcy M. Ephram el Sáb Feb 16, 2013 2:37 pm

Aquella noche había despertado sudorosa de una catastrófica pesadilla. Sus grititos habían sido tan potentes, que alertaron a un par de sus compañeras de cuarto, quienes se preocuparon de inmediato por su bienestar. Alegando que sólo había sido un mal sueño, Darcy las abandonó con la excusa de tomar un poco de aire. Pero lo cierto era que no podía quitarse la imagen de Démian precipitándose al vacío desde la pequeña torre, con la mirada fija en ella.

Luego de varias horas en las que su estado de ánimo no parecía ir para mejor, se vio obligada a lavarse y arreglarse para ir a almorzar. No quería llegar tarde y que su hermano se preocupase con ella. Así que, ataviada con su uniforme y prolijamente peinada, guardó sus penas en un cajón y desapareció por la ventana que daba ingreso al ala evanescente de Caeruleum. Con pasitos rápidos bajó todas las escaleras y se dirigió con prisas al comedor.

Su cabecita buscó con ahínco al dueño de casi todas sus alegrías; en el fondo temía que su pesadilla hubiese sido el augurio de algo malo que estaba por pasar y sólo la visión de su hermano mayor lograría aplacar sus dudas. Avanzó por la estancia sin hallar rastro alguno de él y, justo cuando empezaba a temer lo peor, contempló con alivio que Démian se encontraba en uno de los puntos más alejados a las concentraciones del bullicio matutino.

-¡Dém! -exclamó, sin poder controlar su emoción, empezando ahora a dar pequeños saltitos en su dirección.





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Re: Comedor

Mensaje por Démian A. Ephram el Dom Feb 17, 2013 5:05 am

La voz de Darcy fue lo único que consiguió arrancarlo del ensimismamiento con el que contemplaba la plana superficie de la mesa y los alimentos que sobre ella se desplegaban en abundancia. Pero alzar el rostro y descubrir el entusiasmo con que acudía a su encuentro fue todo lo que necesitó para combatir cualquier preocupación persistente y guardarlas de momento en algún lugar olvidado de su cabeza. Respondió a la excitación de su hermana con una sonrisa amplia, tan natural y colmada de afecto que por un momento sus rasgos afilados llegaron a parecer los de otra persona.

No hizo ademán alguno de ponerse en pie sino hasta que ella llegó a su lado. Entonces hizo la silla a un lado y se aproximó a revolver sus cabellos rubios con delicadeza; una muestra de afecto disponible solo para ella—. Así que no te habías escapado después de todo —bromeó. Su voz grave sonaba meno áspera que de costumbre, y mientras hablaba echaba hacia atrás la silla que antes hubiera utilizado, invitando ahora a la pequeña Caeruleum a tomar asiento para ayudarla a acomodarse—. Espero que no tengas planeado volver a desaparecer así por tanto tiempo. Tienes derecho a que te conceda tu espacio, Darcy... pero comenzaba a preocuparme.

Sobre todo, porque no tener a Darcy cerca lo impedía absolutamente de intentar evaluar de qué modo digería ella aquel traslado a Clevermont que ya llevaba tiempo de haberse consumado. Había temido el estancamiento de cualquier mejoría en el ánimo herido de su pequeña protegida... pero su aspecto actual le otorgaba ligeras esperanzas para comenzar a sospechar lo contrario.
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Re: Comedor

Mensaje por Darcy M. Ephram el Lun Feb 18, 2013 4:56 am

Sus saltitos continuaron, hasta que su andar despreocupado la llevó a donde la esperaba su paciente hermano. Recibió con agrado las caricias proporcionadas por Démian y estiró sus delicados brazos para rodearlo por la cintura y fundir su rostro con el pecho de él. Sintió la plenitud que impregnaba su ser al sentirse protegida por la persona que más amaba en ese mundo y deseó que aquel momento se extendiera una eternidad, para jamás volver a sentirse insegura o sola en esas tierras que tanto la asustaban. Pero la realidad era que, pasados unos segundos, debería separarse de él pues de lo contrario no podrían cumplir su cometido allí, que era almorzar juntos.

-No me escaparía nunca, tonto. Y si lo hiciera, lo haría contigo -repuso, risueña, soltando con gran esfuerzo a su hermano pero sin borrar la sonrisa del rostro. Así era la sensación de sentirse completa. Hacía tanto -no lo era, pero le parecían como años que no veía a Démian- que no lo vivía en carne propia, que creyó por momentos que iba a olvidarse de ello.

Tomó asiento donde le indicaba y colocó los codos sobre la mesa -una actitud que algunas mujeres adultas habrían despreciado pero que a Darcy no pareció importarle-, para apoyar luego su cabeza en el cuenco formado entre sus palmas-. ¿Y qué me cuentas de tu vida además de que decidiste dejarme mi espacio? -sus dedos tamborileaban sobre sus mejillas, al compás de su curiosidad por la respuesta que iba a otorgarle. En ese momento recordó el viejo artículo del periódico y su mirada se ensombreció. Aún no se había atrevido a preguntarle acerca de eso, por temor a la respuesta que pudiese darle.






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Re: Comedor

Mensaje por Démian A. Ephram el Lun Feb 18, 2013 9:07 pm

No lo dudó un momento cuando al verse rodeado por el cálido abrazo de su hermana decidiera depositar un beso delicado sobre su coronilla, antes de separarse para rodear la mesa y tomar asiento justo frente a ella, y no perderse un solo instante de la sonrisa fácil y contagiosa que iluminaba el rostro de Darcy y convertía la habitación en un mundo donde no existían las amenazas, un mundo al que era posible escapar en el momento que quisieran... y en el que él podía ser feliz. Cualquier sacrificio parecía insignificante en aquel momento, si con el mismo podía comprar la felicidad que hacía falta para que tan pura expresión fuera eterna.

Tengo tanto que contarte como tú a mi —Tomó una fuente de patatas doradas y agregó una pequeña porción a su plato, ofreciendo luego con un gesto realizar la misma acción en el plato de Darcy. La vida en Clevermont era rutinaria, ausente de grandes acontecimientos; ambos lo tenían claro. Y los hechos que pudieran arrancar a Démian de aquel círculo vicioso de vez en cuando, no podía compartirlos con su hermana—. Solo puedo confesarte que el haber decidido darte espacio no ha significado que dejé de saber de ti —Al depositar nuevamente la fuente sobre la mesa dedicaba a la joven una expresión astuta que, si bien conservaba el gesto cariñoso, se parecía mucho más a las muecas que el Phoenîceum tenía por costumbre usar. Guardó silencio por un momento para despertar la curiosidad de Darcy.

April me ha dicho que decidiste ingresar al grupo de redacción del periódico —Omitió su felicitación, pues prefería ser cauteloso. Dudaba mucho que ella se inclinara a redactar artículos alborotadores como los de Arsène. Pero era mejor oírlo de labios de su hermana para estar seguro. No olvidaba las condiciones que le habían sido impuestas para conservar la seguridad de la única persona que daba sentido a su existencia—. Sí tenías intención de contarme... ¿verdad?
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Re: Comedor

Mensaje por Darcy M. Ephram el Miér Feb 20, 2013 6:29 pm

Agradeció interiormente que su hermano hubiese pasado por alto aquella sombra que había recorrido su rostro con la velocidad de una estrella fugaz, volviendo a esbozar su amplia sonrisa de siempre. Asintió cuando él le ofreció patatas, dejando caer su brazo para coger el tenedor, dispuesta a probarlas cuanto antes. Se veían deliciosas y tenía bastante hambre, por lo que no tardó en mordisquear una de ellas, tragando antes de proseguir la conversación con su querido Démian.

-¿Qué tienes para contarme? -preguntó con curiosidad, dispuesta a desviar la conversación todo lo posible hacia él. Quizás surgía de él mismo la mención de lo que el artículo de Betancourt mencionaba sobre él y otra muchacha. Dio otro bocado a la patata que tenía pinchada en su tenedor, tapándose la boca para contener una risita al ver la expresión que él acababa de poner-. ¿Debería darme miedo eso, Démian Anker Ephram? -su expresión se volvió risueña al decirlo- ¿Acaso has contratado espías para que vigilen mis pasos? -lejos de molestarle aquella posibilidad, le hubiese resultado tranquilizador saber que los ojos de su hermano estaban puestos en cada lugar a donde ella iba. Así, no correría peligro alguno en aquellos tiempos tan poco propicios para que una joven inocente deambulara sola por el colegio.

-Sí, de hecho lo hice hace tan sólo unas semanas. El colegio estaba resultando demasiado monótono y creí que sería propicio encontrar una actividad donde poder distenderme sin correr ningún peligro -su voz se volvió casi imperceptible al decir esto último-. Y de hecho el periódico es algo bastante tranquilo. Puedo escribir en cualquier sitio, incluso en mi sala principal. Aunque dentro de poco debo entregar el primer artículo y todavía no sé de qué escribirlo... -se quedó pensativa, preguntándose sobre esto último, por lo que no percibió la última frase pronunciada por Démian.





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Re: Comedor

Mensaje por Démian A. Ephram el Vie Feb 22, 2013 5:15 pm

Un sutil movimiento alertó a sus cejas para alzarse, tornándolo dueño de una mirada abiertamente enigmática.

No es una mala idea. Habrá que considerarla —Un par de espías era lo que le hacía falta para asegurarse de que Darcy no correría ningún peligro cuando él no miraba, y lo pensaba en serio. Démian no ponía reparo alguno en ocultar su excesivo afán por proteger a Darcy, aún si manifestar abiertamente tal condición lo convertía en un maniático a ojos de las multitudes. Mientras el mundo no tuviera posibilidad de ignorar su inexistencia de límites a la hora de procurar el bienestar de su hermana, cualquiera se lo pensaría dos veces antes de meterse con ella. Y la joven, a su vez, tendría muy claro a quién le correspondía recurrir en caso que las circunstancias lo requiriesen. De modo que no había motivos para imponer con disimulo la obsesiva actitud que la joven frente a él animaba, sin pretenderlo. Los beneficios eran comprobables.

Interrumpió por un momento su búsqueda a lo largo de la mesa, en favor de no perderse un solo detalle de lo que la Caeruleum se aprontaba a relatar. Así como ella se empeñaba en inclinar la conversación en dirección opuesta a la suya, él hacía lo propio para no desviar su curso natural.

Ahora que lo dices... sí. Es bastante más seguro que el Galovic, por ejemplo —Inevitable sería que su rostro sufriera una repentina y breve desfiguración de desagrado. Que las temporadas deportivas no tuviesen lugar aquel año era intrascendente; la decisión de su hermana de haberse reclutado al equipo de su casa continuaba tornándose un tema delicado, pues Démian lo consideraba un juego que jamás estaría a la altura de Darcy. Pero no era ese el momento propicio para repetir sus reproches al respecto. Alargando el brazo entre los cubiertos y platos alcanzaría el pequeño mentón de la muchacha, y lo sostuvo el tiempo justo para arrancarla de su inusitado momento de concentración e invitarla a devolverle la mirada—. Lo sabes. Pero no vas a darte cuenta hasta que tengas que hacerlo. Así que, no es algo de lo que tengamos que preocuparnos —El tema quedó cerrado, no sin otra sonrisa que pretendía otorgar la tranquilidad que sus palabras pudieran no llegar a conseguir. Su mano había vuelto a cerrarse en torno a los cubiertos—. En cualquier caso, Darcy... preferiría que continúes evitando entrar en la sala de redacción tanto como puedas —Lo último que necesitaba era que Weasley se tropezara con la más ínfima oportunidad para llenar la cabeza de su hermana con estupideces. Su recuperación era notable, y no estaba dispuesto a que temores infundados interrumpieran ese avance.
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Re: Comedor

Mensaje por Darcy M. Ephram el Lun Feb 25, 2013 8:41 pm

Su sonrisa cálida desparramó alegría por el entorno más cercano, tocando con dulzura el corazón de Démian. Se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja en un gesto tímido y elevó la mirada hasta posarla sobre la de su hermano.

-¿De veras contratarías espías para cuidarme? -su tono fue ligeramente bromista, pero así y todo había un cierto dolor en su voz que podría ser percibido con facilidad por el joven. No le agradaba la idea de tener guardaespaldas, por mucho que quisiese sentirse protegida. Prefería gozar de su compañía a toda hora y en todo lugar, algo que últimamente no estaba logrando hacer, ya que sus horarios incompatibles y las sugerencias de pasearse por los pasillos la menor cantidad de tiempo posible, estaban reduciendo considerablemente la frecuencia de sus tan deseados encuentros.

Deslizó el tenedor sobre el plato y cogió su vaso, llenándolo de jugo de calabaza y haciendo lo mismo con el de su hermano. Luego de dejar la jarra sobre la mesa, le dio un sorbo a su bebida, poniendo atención en las sugerencias de su amado Démian-. Es cierto que el Galovic no es muy seguro en estos momentos... -pareció dudar, antes de finalizar su frase- pero me gustaría poder jugar un partido. -Balanceó el vaso entre sus dedos índice y pulgar, fijando sus ojos en los del muchacho, casi desafiándolo con la mirada. Era una parte nueva de ella que comenzaba a descubrir en ese momento. Jamás se hubiese imaginado que llegaría a desafiar, incluso con su silencio, a su hermano. Pero la libertad que tanto ansiaba y las enormes restricciones que sufría, comenzaban a afectarla. Estaba creciendo, muy lenta y paulatinamente, pero lo estaba haciendo.

La caricia recibida y la dulce compasión de Démian golpearon duramente su corazón, destruyendo aquel mínimo ápice de rebeldía que luchaba por albergarse en su ser-. De acuerdo... la evitaré -acordó en un susurro, como un cordero subyugado por su carnicero. El espíritu valiente que luchaba por salir de su interior, había sido consumido una vez más por la cobardía y el temor a hacer algo que implicase desafiar a su hermano. Después de todo, él debía saber lo que era mejor para ella y ese pensamiento debía consolarla y proporcionarle la paz suficiente como para obedecer sin chistar.

Pero no lo hacía.







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Re: Comedor

Mensaje por Démian A. Ephram el Mar Feb 26, 2013 1:47 am

Supo al instante que a Darcy la idea no se le antojaba tan prometedora como a él mismo, bastó con descubrir el tono afectado que entonces se adueñó de su voz. Una ira que no iba dedicada a nadie más sino a él, presentó entonces batalla para quedar expuesta. Pero consiguió a tiempo retener el gesto que delataría su frustración. Dañar el ánimo de su hermana, precisamente, que era la única causa de todos sus esfuerzos... resultaba más contradictorio de lo que Démian podía soportar. Pero tampoco podía engañarla refutando abiertamente el comentario recién interpuesto. Y como no deseara acrecentar sin motivo la angustia descubierta, prefirió convertir al silencio en su mejor intermediario. Alargó el brazo para tomar unas cuantas papas con sus cubiertos y se encogió de hombros, restando importancia a cualquier tema que guardase relación con espías.

Pero a medida que la conversación avanzaba, no parecía posible que el Phoenîceum fuera a conseguir en algún momento revertir el traspié provocado por su primera observación. No pasó por alto la fijeza nada característica de Darcy que acompañaría sus comentarios sobre el galovic, del mismo modo que acabaría descubriendo la desazón resultante de su propia advertencia sobre la sala de redacción. Llevaba catorce años de conocer a la joven frente a él, de brindarle su compañía cada vez que las circunstancias lo permitían, de velar por ella sin permitir que el agotamiento se convirtiera en un obstáculo, de modo que podía presumir sin temor a equivocarse de conocerla mucho más de lo que ella misma podía llegar a esperar de su hermano. Sabía que algo ocurría, pues ninguna de las reacciones hasta entonces realizadas parecía encajar con las actitudes que hubiera asumido la joven que él conocía. Más aún, la repentina inconsecuencia percibida en su actuar se contradecía de manera exagerada con el ánimo evidenciado por la muchacha a su llegada al comedor. Si algo tenía por seguro era que algo iba mal, y que, de una forma u otra, él había desencadenado el inconveniente. Solo restaba descubrir de qué inconveniente se trataba.

Darcy... —una preocupación repentina se hizo patente en su rostro, y no parecía preocupado por ocultar su contrariedad. Depositó sobre la mesa el vaso de jugo que la Caeruleum acababa de llenar para él, sin haber tenido ocasión de consumir un solo trago. Se levantó con evidente cautela para tomar asiento en la butaca contigua a la de ella, procurando no perder de vista una sola de sus expresiones. Apoyó sus brazos cruzados sobre la mesa, con el rostro vuelto hacia la joven cuyas ansias por charlar se habían extinguido. Un pequeño impulso fue todo lo que necesitó para conseguir tocar el hombro de Darcy con el suyo, realizando un suave y cariñoso golpecito que pretendía acaparar su atención—. Algo estoy haciendo mal, ¿no es así? —sus labios se curvaron en una sonrisa triste. Solo la angustia de la pequeña podía despertar la suya propia—. Pero sabes tan bien como yo que las artes adivinatorias no son mi materia predilecta. Mucho menos son mi fuerte. ¿Crees que puedas decirme?

Todo acontecimiento insólito que pudiera imaginarse provenir de Démian Anker era posible cuando la pequeña Ephram estaba presente. Por tanto, nadie habría dejado de sorprenderse al descubrir que en aquella solicitud de voz conciliadora, no existía rastro ninguno de autoridad. Era una súplica sincera.
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Re: Comedor

Mensaje por Darcy M. Ephram el Dom Mar 03, 2013 4:48 pm

El silencio de Démian no contribuyó en lo absoluto a mejorar su estado de ánimo, pero al menos, tampoco lo había empeorado. Simplemente, le desataba una punzada de duda en su interior, de qué era lo que realmente estaba sucediendo allí, con ellos. Hogwarts los había cambiado, no había duda de ello. Antes de aquel episodio tan trágico, jamás se le hubiese cruzado por la cabeza que alguna vez podría desear algo diferente que lo que su hermano tenía destinado para ella. Siempre había confiado ciegamente en el juicio maduro que el primogénito Ephram tenía para con su bienestar. Pero en las últimas semanas su carácter apacible y sumiso estaba siendo puesto a prueba a tal punto, que incluso había recaído en ella el desafío de enfrentarse a aquel joven que la observaba con desconcierto, incapaz de conocer los misterios que se alojaban en el interior de su mente. Nunca antes le había pasado aquello, siempre sus pensamientos habían sido como un poema que Démian no tenía dificultad alguna en leer o interpretar. Pero allí estaban, él acercándose físicamente y ella dejando hacerlo. Uno al lado del otro. Más cerca de lo que habían estado en mucho tiempo. Sin embargo, un infinito muro de piedra se había erguido entre las almas de ambos hermanos y no había forma de que pudiesen sortearlo o treparlo para reunirse otra vez. Por mucho que Darcy quisiese, por mucho que Démian lo intentase.

Sus palabras le dolieron, como una pena amarga que no tenía forma de ser arreglada. Era incapaz de rebelarse a los deseos del Phoenîceum que, preso del desconcierto, la contemplaba con algo que casi se hubiese podido clasificar como temor. Cada una de sus peticiones, de sus preguntas, eran golpes fieros a ese muro que los separaba y que, incluso con aquella fuerza heroica que emanaba del joven, no lograban derribarlo. Pero incluso aunque ella pudiese responder o hacer caso a sus pedidos, era un acto de obediencia, no de verdadero deseo. Ahora entendía que el espíritu alegre con el cual había llegado al comedor, era tan sólo una tapadera de la triste realidad que se cernía sobre ella. Su carácter la llevaba a obedecer a su hermano, a confiar ciegamente en lo que él creía mejor para ella. Pero la libertad de su espíritu le insistía en rebelarse, en tomar sus propias decisiones sin importarle lo que Démian pudiese exigir o pensar. Era un duelo interno que acabaría por matarla si no tomaba una decisión pronto.

Sin embargo, la caricia antes dedicada a su rostro había hecho mella en Darcy. La mirada dolida y la sonrisa triste de su hermano eran más de lo que podía llegar a soportar. Luego de una discusión que se le antojó eterna en su interior, acabaría por asumir su destino con pesar, eligiendo satisfacer los deseos de quien tanto había hecho por ella durante toda su vida, en detrimento de -quizás- su propia felicidad.

Tragó saliva, enviando con ella todo ápice de rebeldía que su espíritu pudiese llegar a imponer sobre su carácter-. Dém -inició su pequeño discurso, forzando una sonrisa alegre y deslizando su mano sobre la del joven-. No es nada. Es sólo que son tantos cambios últimamente, que siento que me pierdo en este mundo tan nuevo y tengo miedo de si no sabré volver a hallarme -dejó escapar sus penas entre palabras bonitas, manteniendo la expresión jovial que, aunque no era sincera, parecía serlo.

-Pero te prometo que no tendré miedo, si tú me prometes que estarás allí para volver a encontrarme. -Sus dedos se cerraron sobre los del joven, intentando retener sus miedos donde debían estar: en el rincón más lejano de su mente, olvidados. Démian había salvado su vida, no olvidaba eso. Y, en cierto modo, creía que presentar obediencia ante sus deseos era lo mínimo que podía hacer para retribuirle todo aquello que le debía. Incluso cuando eso representase la muerte de una pequeña gran parte de su alma. Si lograba hacerlo feliz, creía poder llegar a soportarlo.






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Re: Comedor

Mensaje por Démian A. Ephram el Miér Mar 06, 2013 3:32 am

Sabía que eso no era todo. Se lo decían los ojos de Darcy, lo anunciaba en la necesidad de encontrarse con la mano del muchacho. Sin embargo, Démian deseaba dar crédito a sus palabras. Y se obligaría a hacerlo porque era más sencillo engañarse, porque no poseía derechos sobre la joven a su lado para forzarla a confesar un secreto que ella prefería mantener oculto. ¿En qué momento habría iniciado aquel juego de encubrimientos entre ambos? Aunque no lo sabía, se atrevía a adivinar que habría ocurrido mucho antes de reparar en la existencia de tan pesarosa trampa. El sentimiento de impotencia regresaba a reencontrarse con el Phoenîceum. Hubiera querido asegurarle que no debía temer a nada, como tantas veces había hecho en el pasado. Pero comenzaba a comprender al fin que el efecto de tales palabras era dolorosamente efímero. Así que en silencio, aún con la mano de su hermana sobre la suya y ligeramente contrariado, escuchó el compromiso que esta estaba dispuesta a asumir. Lentamente separó los brazos de la mesa y del tierno agarre a su mano, acercándolos a Darcy para rodearla con ellos y protegerla nuevamente en su pecho, como ella hubiera hecho a su llegada—. Incluso cuando no quieras ser encontrada —accedió con una mortecina sonrisa que su hermana no podía observar, pues Démian acomodaba su mejilla contra la cima de la cabeza de la joven—. Ahí he estado antes. Ahí voy a estar ahora, y mañana. Siempre.

En su mente una luz pareció encenderse de pronto y le permitió ver las cosas con toda la claridad que durante días no había conseguido por ningún otro medio. Otra vez sus pensamientos se elevaron para ir en pos del libro oculto en su habitación, pero esta vez el recuerdo vendría acompañado de una determinación inquebrantable; ya sabía lo que hacer con él. Su decisión acababa de ser tomada sin posibilidad de frenarse a reconsiderar. El mundo que ambos conocían seguiría cambiando hasta tornarse irreconocible, Démian lo presentía. ¿De qué formas terribles podría contribuir eso a continuar la devastación de la tranquilidad de su hermana? No deseaba saberlo, y estaba decidido a jamás descubrirlo. En adelante se haría cargo de construir para ella un mundo donde los infortunios no pudieran alcanzarla, un sitio de paz donde se mantuviera a buen resguardo, lejos de las tristezas que hoy habían arrebatado pequeños fragmentos de su alma. No le importaban los obstáculos; haría lo que hiciera falta para lograr semejante utopía, libre de laberintos e incógnitas angustiantes. Y afortunadamente, el libro que una y otra vez volvía a su pensamiento era todo cuanto necesitaba.

Así pensaba, todavía estrechando el delgado cuerpo de la Caeruleum entre sus brazos cuando el ruido inquietante de una bandada de lechuzas llegó a interrumpir las conversaciones que se hubieran estado llevando a cabo en el comedor, hasta acallarlas por completo al irrumpir las aves con alboroto en el extenso salón, transportando en sincronizado vuelo una gran caja rectangular que sería depositada con máxima delicadeza frente a los hermanos Ephram, derramando vasos y aplastando la comida en los platos durante el aterrizaje del gran paquete. En silencio el mayor observaría el procedimiento de las aves hasta su retirada y solo entonces, librando a Darcy de su abrazo, habló con un tono impreciso, a medio paso de la consternación y la diversión—: Muy oportunos —murmuró con una voz queda. No había esperado una entrega tan precipitada. Acercó a la joven la gran caja luego de otorgarle una sonrisa renovada, señalando la etiqueta adherida en la tapa superior—. Aquí dice que es para ti.
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Re: Comedor

Mensaje por Darcy M. Ephram el Mar Mar 12, 2013 12:29 am

Tratando de tomar como bandera para su existencia el hecho de poder proporcionarle tranquilidad y felicidad a su hermano, sin desafiarlas con cualquier acto que pudiese descuadrar sus ánimos, se esforzó por esbozar una sonrisa que lo alegrase un poco. Pero gracias al abrazo protector que él decidió darle, pudo distender su rostro y dejar que una amarga expresión se dibujara en él instantes después de perderse en su pecho. Sus ojos se cerraron con fuerza, luchando contra aquel repentino torrente de angustias contenidas que de pronto parecía haber aparecido para derramarse por ellos. Era una lucha demasiado fuerte, lo suficientemente pesarosa como para que alguien tan delicado como Darcy se sintiese desanimada con el sólo hecho de pensar a lo que se debía enfrentar. Pero así y todo, ni una sola lágrima cayó rodando por sus mejillas. La leve humedad que había invadido sus pupilas fue estratégicamente apagada con las ropas de Démian, cerrando bajo llave junto con ellas, los miedos y penurias que aún no podría liberar. No hasta estar en la soledad de su cuarto, donde nadie pudiese molestarla. Y, sobre todo, en un lugar donde su hermano no la pudiese alcanzar.

Esa separación, esa distancia que a veces sería completamente necesaria, era el precio que debía pagar por hacerlo feliz. Pero estaba dispuesta a que así fuese-. Gracias -su voz entrecortada apenas alcanzó a oírse entre los pliegues del uniforme del Phoenîceum, casi ahogada en aquel abultado cúmulo de telas, al igual que su libertad en un mundo donde no podía ir de la mano de la felicidad de aquel a quien más quería.

Cuando sintió que era separada de su hermano, casi intentó poner resistencia, pero las palabras de él le dieron la curiosidad suficiente como para que se asomase con timidez de vuelta a la realidad. Contempló el paquete con estupefacción, pues jamás hubiese pensado que algo así podía llegar a esperarla en un momento donde sus ánimos se encontraban tan decaídos-. ¿De verdad es para mí? ¿De veras? -se repitió, elevando sus manos hasta rozar el envoltorio, como si quisiese descubrir los misterios que se ocultaban debajo suyo sin tener que recurrir a la cruel y drástica práctica de romperlo.

-Ay... ¿Puedo abrirlo? -pidió un permiso innecesario, a sabiendas de que su hermano le reprocharía en broma que preguntase tal cosa. Su oscura cruz parecía haberse desvanecido mágicamente, con todos sus sentidos ahora ocupados en develar qué había allí-. Me da pena romperlo... Es muy bonito. -En un intento por demorarse en aquella tarea, se incorporó hasta llegar a leer la etiqueta en la parte superior. En efecto, su nombre figuraba allí. Sus ojos, brillosos por lo que antes había sido un intento de llanto, ahora relucían de la emoción, de la intriga.

-¡Dém! ¿Esto me lo has dado tú? Dime la verdad -preguntó abruptamente, dándose la vuelta y señalándolo con un dedo acusador. Si había sido él, fuera lo que fuese, no era necesario. Se sentía algo culpable por el hecho de que su hermano tuviese que gastar dinero en ella. Pero aún así, no podía dejar de resultarle algo encantador tener aquel paquete misterioso -¡y tan grande!- frente a sus propias narices. Colocó sus manos sobre la caja y acarició una vez más el secreto contenido en ella. Una parte suya no podía más de la curiosidad, pero otra igual de imponente, se negaba a romper el encanto que la rodeaba.





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Re: Comedor

Mensaje por Démian A. Ephram el Vie Mar 15, 2013 5:30 pm

Si prefieres puedes dejarlo cerrado —la sonrisa en el rostro del chico se ensanchó notablemente, de pronto infinitamente aliviado con la emoción que adivinaba en el rostro de Darcy y que sospechaba había destruido cualquier pesar que hasta hacía solo un momento la atribulaba. Estaba equivocado, desde luego, pero si jamás llegaba a descubrirlo quizás podría vivir de un engaño que si no lo hacía feliz, al menos apaciguaba sus propios temores—, pero estoy seguro de que lo que haya adentro te va a ser mucho más útil que una caja envuelta.

Resultaba evidente el efecto que podía tener en Démian la energía pura que su hermana irradiaba cuando no existían angustias que nublasen su mirada. En sus rasgos se transparentaba una jovialidad que no manifestaba con frecuencia y de su ánimo se apoderaba una ligereza insólita. En medio de una carcajada breve y cálida que respondía a los reparos de Darcy por romper la envoltura, se levantó con la clara disposición de caminar hasta ella. Pero entonces tropezaría con su exaltada confrontación a la que lo sometía un dedo acusador.

Te voy a decir la verdad —aceptó sin que su sonrisa se disolviera con aquella exigencia que proveniente de cualquier otra persona se hubiera convertido en motivo suficiente para despertar su irascible carácter. Una mano firme alcanzó la etiqueta donde rezaba el nombre de Darcy cuando finalmente estuvo junto a ella. Y la volteó. Del otro lado el remitente estaba en blanco. No pudo evitar sonreír con una divertida complicidad para consigo mismo; era justo como lo había pedido cuando realizó el pedido en su correspondencia—. Aquí no dice quién te lo dio. Así que, me parece, el misterio va a seguir en pie un tiempo más. Si tú no quieres abrirlo, yo puedo ayudarte.

Empezaba a sentirse impaciente, pero prefirió disimularlo y lo logró. Arrancó la etiqueta con un solo tirón y la depositó cuidadosamente en manos de la muchacha, procediendo luego a retirar el envoltorio de la caja por su cuenta, también poniendo en ello un cuidado que no le era propio, procurando no desgarrar el papel por completo y correr así el riesgo innecesario de perturbar las intenciones de la Caeruleum. Solo unos momentos después el envoltorio se disponía doblado junto a la caja, de modo que lo único que ocultaba el contenido de la misma era la gran tapa superior. Tras haberse mantenido concentrado en su meticulosa obra, volvió el rostro a Darcy. Tomándola de las manos con delicadeza la llevó a posarlas sobre la superficie del paquete, como invitándola a seguir adelante—. Ahora no tienes que romper nada. Puedes abrirlo.
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Re: Comedor

Mensaje por Darcy M. Ephram el Sáb Mar 23, 2013 6:48 pm

Como a un niño que le calman una rabieta con una piruleta, la tristeza de Darcy había sido menguada ante la presencia de aquel misterioso obsequio cuyo remitente era igual de enigmático. Por más que sospechase que era de parte de su hermano, tampoco podía confirmarlo. Quizás hubiese alguien perdido en el mundo que había querido darle un regalo. Negó con la cabeza a las palabras de su hermano, ni loca lo dejaría cerrado. En esos momentos la curiosidad mermaba su ser y, aunque acariciaba el envoltorio con celo, temerosa de romperlo para siempre cuando éste era tan hermoso, no podía evitar que las ganas de saber qué se escondía debajo de él carcomiesen sus ganas de conservarlo íntegro y sin roturas.

-Vale, lo haré -inspiró con valor y con sus dedos comenzaron a prepararse para la tarea, aún inseguros, pero su hermano se adelantó y empezó a desenvolver él mismo el paquete. Cogió entre sus manos la etiqueta que acababa de posar sobre su regazo y la dio vuelta, encontrando que, en efecto, no había nombre alguno de quien fuese benefactor-. Gracias -murmuró con visible excitación, agradecida del cuidado que Démian ponía en su tarea, mientras la caja nada reveladora comenzaba a desnudarse de su agraciado envoltorio. La curiosidad que llevaba en su interior comenzaba a aumentar de manera incomparable.

Se arrodilló sobre su asiento, deslizando su dedo índice sobre la tapa, bailó sobre ella hacia uno de los bordes, cogiéndola con suavidad y mirando a su hermano antes de levantarla, buscando su aprobación. Una sonrisa enorme siguió a sus palabras, mientras que hacía fuerza hacia arriba para dejar al descubierto su regalo. Sin embargo, dos capas de papel blanco lo tapaban, ocultándolo aún a sus ojos, no sin cierta rebeldía. Ahora, visiblemente más emocionada, no tardó en apartarlo, dejando finalmente al descubierto la enorme sorpresa.

Trató de abarcar toda su delicada fisonomía, desde el labrado clavijero, hasta la forma en que las cuerdas se tensaban hasta llegar a la caja, donde una preciosa guarda se cernía alrededor del agujero que ayudaba a la resonancia del maravilloso sonido que emanaba de aquel tipo de instrumentos.

-Oh por Dios, Dém, es preciosa... -tartamudeó, embargada por la emoción y la felicidad. Aquello era una de las cosas que más había ansiado en su vida y ahora se encontraba allí, frente a ella, diciéndole que era toda suya y que sólo ella sería la dueña de las melodías que se dibujarían en el espacio del sonido a partir de sus cuerdas. Acababa de conocerla, pero ya la amaba. No dudaba en que sería su inseparable compañera. Con los ojos humedecidos por la alegría, reposó su cabeza sobre el hombro del Phoenîceum, deseando quedarse allí para siempre, contemplando la que sería a partir de ese momento su prreciosa y adorada guitarra.





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Re: Comedor

Mensaje por Démian A. Ephram el Vie Mar 29, 2013 5:03 am

El cambio en Darcy fue tan notorio y repentino que por un momento Démian se sentiría asaltado por la duda de cuán cierto hubiera sido el abatimiento que momentos antes creyó distinguir en el rostro de su hermana. ¿Podía haberse tratado de una percepción real, o se reducía simplemente a una desavenida invención de su pensamiento? Llegados a ese punto, siquiera sintió un impulso por desear averiguarlo, pues había preferido entregarse al alivio que le otorgaba contagiarse con la emoción de la que ahora se convertía en principal espectador. Su memoria almacenaba cada nueva expresión que delataba la curiosidad de Darcy al pasear su mano con deliberada delicadeza sobre la tapa que aún ocultaba la sorpresa para ella preparada. Sentía una desacostumbrada paciencia a medida que la observaba decidirse a incursionar más allá del misterio que toda aquella escena despertaba. Y no mostró menos temple cuando finalmente vio la guitarra oculta al interior del paquete, luego que el papel que la cubría fuera cuidadosamente dejado a un lado.

Callado, expectante y todavía paciente la observó recorrer con sus manos toda la superficie del instrumento, procurando no interrumpir ese mágico momento de familiarización con el objeto. Esa joven ahora hipnotizada por una visión de cuya realidad parecía desear convencerse, jamás se había sabido poseedora del capricho que solía caracterizar a hijos de otras familias, más consentidos y menos equilibrados. No obstante, muchas hasta ahora habían sido las ocasiones en que Démian fuera convidado con el sueño de su hermana por poseer una guitarra, un objeto que no precisaba de magia para crear maravillas. En su interior decidía que no podría existir un mejor momento para reencontrarla con aquel anhelo y apartarla así del ambiente que se levantaba amenazante en torno a ellos. Ese pequeño obsequio era el primero de muchos intentos por construir aquel mundo en el que ella podría sentirse decididamente a salvo y donde pesadillas como las vividas en Hogwarts no volverían a tener cabida.

No contestó de inmediato la observación hecha, y luego, simplemente decidiría guardar silencio. Sin duda era una guitarra preciosa, y tenía que serlo, porque había solicitado la mejor dentro de lo que sus ahorros le permitían. Pero deseaba no exponer ningún comentario que aludiera a su participación en aquel regalo, porque así el efecto del mismo se tornaba mucho más atractivo. Sintió el ligero peso de la cabeza de su hermana sobre su hombro e hizo lo propio recargando su cabeza contra la de Darcy, bien sabiendo que ella precisaba de aquel espacio de contemplación para captar la esencia completa del acontecimiento. Era una de las muchas cosas que los hacía tan diferentes: en tanto su vida se construía a base de sucesos fugaces y definitivos, ella precisaba de las pausas para permitirse avanzar sobre un camino de incuestionable firmeza—. ¿Tocarás para mí, Darcy? —Otra vez, no existió rastro de autoridad alguna en la pregunta cuando la interpuso con una voz tan suave que apenas podía oírse en medio de la marea de discusiones que se alzaban en el comedor hasta convertirse en un solo murmullo intermitente e ininteligible. Posó una mano sobre el borde de la caja sin abandonar su posición, dispuesto a no acercar su mano al objeto contenido en su interior. Era el tesoro de la chica a su lado, no el suyo. Por tanto era un elemento intocable que jamás debería ser corrompido—. Cuando aprendas las primeras canciones... ¿vas a querer mostrármelas?
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Re: Comedor

Mensaje por Darcy M. Ephram el Mar Abr 02, 2013 7:48 pm

Su cuerpo se estremeció con una calidez que sólo era capaz de producirle su hermano, y ejerció una leve presión sobre su cabeza cuando él la posó sobre la suya, como queriendo perderse entre sus cabellos en un abrazo eterno. Se sentía segura bajo su dominio y con aquella preciosa sorpresa entre sus manos y delante de sus ojos, por primera vez en mucho tiempo, era verdaderamente feliz. El mal que se percibía en el College como una nube constante de contaminación parecía chocarse contra un escudo que acababa de ser creado en torno a aquel cuadro fraterno que conformaban los Ephram.

De pronto, la ansiedad por aprender más acerca de ese nuevo instrumento que ahora le pertenecía, pareció despertarla del sopor en el que se había visto sumida por unos instantes-. ¡Oh, ya quiero aprender a utilizarla! -recordó un pequeño manual de guitarra que había encontrado hacía años perdido en el ático de su hogar, y que desconociendo su anterior dueño, había guardado con celo en el fondo de su baúl, a la espera de poder imitar algún día aquellas lecciones que se dibujaban en sus páginas.

Las palabras de Démian evocaron una intensa sonrisa en su rostro, haciendo que por unos instantes, rompiera aquel contacto íntimo que se había establecido entre ambos, alzando así la cabeza para contemplarlo, perdiendo sus ojos en los suyos-. Claro que lo haré, serás la primera y la única persona que me escuche... Aunque deberé practicar mucho, seguro es muy difícil -se mordió el labio inferior, preocupada de no alcanzar nunca la habilidad suficiente como para deleitar a los oídos de su hermano con una pieza digna de que él escuchara. ¡Pero iba a lograrlo! Así debiese practicar día y noche, no descansaría hasta que Démian estuviese orgulloso de sus interpretaciones. Incluso dudaba enseñarles alguna vez a sus padres lo que había aprendido, después de todo, sentía una especie de deuda incierta con su hermano, que creía poder saldar únicamente compartiendo sólo con él aquel secreto tan especial.

-Sin duda, quien me ha otorgado esto ha sido alguien muy bondadoso. Me gustaría saber... -su voz fue bajando la intensidad hasta perderse en el silencio de sus pensamientos. Si bien seguía sospechando que Dém era quien había hecho ese regalo, le parecía extraño que no lo admitiese y aquello llevaba a que dudase si no tendría de verdad un benefactor secreto. Y, por alguna razón que no podría llegar a comprender en esos instantes, el simple hecho de que ese pensamiento surcara su mente la estaba haciendo sonreír como una idiota.






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Re: Comedor

Mensaje por Démian A. Ephram el Miér Abr 10, 2013 4:14 am

Fue sentir que el calor alojado en su pacho irradiaba a cada resquicio que conformaba la extensión de su cuerpo. Fue albergar por un segundo infinito e incuestionable la certeza de que existían luces capaces de erradicar las tinieblas de forma sempiterna. Empaparse de la sonrisa de Darcy y alimentarse de la felicidad que de sus ojos se desprendía con una fuerza arrasadora, fue recordar por enésima vez en su vida repleta de discordancias que ninguna otra cosa le haría falta para sentirse en paz con el mundo. Así lo manifestó la sonrisa que explotando en su rostro vendría a convertirse en el vívido reflejo de esa faz que lo observaba.

Para ti va a ser sencillo —opinó tranquilo, embargado por tal nivel de seguridad que las palabras parecieron tornarse en verdad absoluta apenas escaparon de sus labios delgados, unos que irían a encontrarse por última vez con la frente de la joven Ephram para depositarse cálidos y afectuosos sobre su piel antes de abrir definitivamente las distancias entre ambos—. Vas a ver que tengo razón, Darcy. No va a pasar demasiado tiempo antes que escuche tu primera canción —No eran simples palabras de aliento. Depositaba una fe ciega en las increíbles habilidades de su hermana. Avanzó hasta la caja para cerrarla con todo el cuidado que semejante regalo merecía, volviendo a ocultar la guitarra tras unos pliegues de delgado papel y luego bajo la tapa que la protegía. Solo al asegurarse de tenerla a buen resguardo en su contenedor, Démian tomó el paquete sobre sus brazos para volverse luego hacia la joven Caeruleum. En su rostro no parecía perder efecto la magia desencadenada por ella—. Vamos, te ayudo a llevarla hasta tu sala principal. Ahí va a estar mejor guardada. En cualquier momento puede aparecer un descerebrado —solo existía una persona que para Ephram se ajustaba a la descripción. Recorrió el salón con la mirada para asegurarse que el sujeto no merodease por los alrededores— y hacerle algo al obsequio de tu bondadoso alguien —su sonrisa se volvió misteriosa, casi tan traviesa como la de un niño, cuando convidó a la joven a caminar a su lado para abandonar juntos el comedor y su ininteligible murmullo de conversaciones mezcladas.

Su mayor dicha provenía de conocer el medio que le permitiría prolongar aquella alegría poderosa que ahora percibía proveniente de su hermana. Pero no sería la última medida a tomar, sino más bien el inicio de una interminable consideración de estrategias para asentar las bases indestructibles de aquella fantasía dentro de la que pretendía protegerla a ella. Todo lo que hiciera falta, todo lo que estuviera a su alcance... lo tomaría sin cuestionamientos. Porque Darcy valía infinitamente cualquier tipo de sacrificio.
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Re: Comedor

Mensaje por Caoimhe Molyneux el Lun Jun 24, 2013 6:22 pm

Dejando atrás todo un laberinto de pasajes envueltos en una pequeña oscuridad que se encendía a grandes rasgos gracias a las antorchas colgadas a cada lado, se sumergió la joven en la pequeña burbuja que había formado aquella noche el Gran Comedor.

Los gritos y murmullos colapsaron sus oídos, haciendo casi imposible fijarse en una sola conversación. Pequeños grupitos se habían congregado alrededor de las cuatro mesas que ocupaban la mayor parte de aquella instancia. Cada mesa, separada por su color habitual, debía tener cerca de cien alumnos que o tragaban la comida a una velocidad que a ojos de la joven pareció inadecuada, o reían y hablaban como si la preocupación por la situación que acarreaban todos aquellos alumnos sobre sus hombros no importara lo más mínimo.
Queriendo disimular su propia existencia durante unos instantes, la señorita Molyneux avanzó con paso rápido y cabeza gacha hacia su mesa, sentándose justo en una de las esquinas que daban más cerca de la puerta. Así, pensó, huir no sería tan complicado en caso de que alguien le atacara o se sintiera lo suficientemente amenazada.

Ni Odell, ni Nicole, ni Darcy. Ninguna de ellas tres pareció encontrarse en aquella mesa entonces. Respiró aliviada de no haber de encontrarse con nadie. Llevaba unos días en los que su retraimiento personal había avanzado hasta un grado en el que era demasiado fácil ocupar su espacio vital.

Un plato apareció entonces frente a ella, sorprendiéndola. Unos cubiertos perfectamente colocados y alineados aparecieron junto aquél. La cerúlea cogió un pequeño tenedor dorado y con él apuñaló un pequeño trozo de pollo que había frente a ella. Escuchó el rumor de agua llenarse en un recipiente y cuando se quiso dar cuenta de dónde procedía su copa ya estaba llena de un líquido anaranjado. Zumo de calabaza, pensó.

Nadie le había hablado ni saludado. Era una buena señal.
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Re: Comedor

Mensaje por Arsène Weasley el Mar Jun 25, 2013 5:27 am

En los tiempos que corrían, no obstante, las buenas señales atravesaban un periodo de pronunciada escasez. Y aquellas que sobrevivían... no duraban demasiado.

Una desgreñada y pelirroja cabellera atravesaba la puerta de entrada al comedor para corroborar aquella verdad triste e innegable. Caminaba con la soltura de quien no conoce la vergüenza, exhibiendo en su rostro esa terrible expresión de ardides secretos, prestos a alguna intención del todo peligrosa y retorcida. Era la Arséne Weasley que el mundo conocía desde siempre, la que no parecía escarmentar aún cuando los nuevos tiempos se anunciaban terribles, aún cuando su falta de disciplina le había costado una pretérita tortura y la sombría lágrima escarlata que ahora brillaba en su mejilla como una señal de alerta más comprensible que cualquier otro mensaje: tratar con ella ya no solo garantizaba una conocida e incómoda experiencia; implicaba además el riesgo de prestarse a malos entendidos. Y como nadie deseaba dar a entender que compartía las extremistas posturas de la Smaragdium, la mayoría pretendía ignorar su existencia cuando ella les pasaba por el lado.

Desde luego, eso no la detenía.

Porque Weasley era un imán para aquello que deseaba repelerla. Tal vez por ese motivo era que había notado la solitaria figura de la Caeruleum apostada en un extremo distante antes de distinguir cualquier otro rostro en el atestado salón. El rostro concentrado que no correspondía a su inspección no le sonaba de nada. Eso no podía ser.

Si tratas de pasar desapercibida, vas pésimo —le recriminó cuando estuvo frente a ella, tal vez con un tono demasiado agresivo, pero era el único que Arséne conocía. Tomó asiento del otro borde de la mesa, los ojos fijos en la chica—. Y si lo piensas bien, es sumamente lógico: estando sola no puedes confundirte detrás de nadie.


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Re: Comedor

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