Sala de la bola de cristal

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Sala de la bola de cristal

Mensaje por Statue of Liberty el Mar Abr 03, 2012 9:42 pm





Sala de la bola de cristal




En un lugar alejado del primer piso, un poco más allá del aula de Deportes Mágicos, existe una sala de mediano tamaño, amoblada de forma austera y sencilla. En el medio de la misma, hay una mesa circular, donde reposa una bola de cristal de milenios de antigüedad. Se dice que ésta fue un obsequio de la Reina Catalina II, histórica bruja del medioevo, a Sir Lancelot Hampshire, quien la llevó a América en una de sus travesías.

Ahora, la reliquia descansa en una sala común y corriente de Clevermont College, a la que los alumnos acuden cuando nadie los observa en busca de las respuestas a los asuntos más intrincados de su existencia. Se dice que este objeto perdió sus propiedades hace siglos, aunque hay algunos que opinan que con la práctica y la insistencia, algún día responderá.

Entra, pequeño, y siéntate frente a ella sin miedo. Persevera en silencio y soledad, buscando conocer nada más que la verdad, y te aseguro que algún día, la Bola de cristal te dará una respuesta.


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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Lun Abr 23, 2012 9:42 pm

Nuevo día en el Clevermont. Últimamente los nuevos días eran novedosos, sorprendentes y originales. Cada vez habían más caras nuevas y es que con lo ocurrido meses atrás en la escuela de Hogwarts, muchos nuevos habían decidido venirse por aquí. A mi me encantaba y me apasionaba conocer a gente nueva. Era sorprendente como la gente de allí hacía amigos con los de por aquí. Estaba claro que habían muchas personalidades diferentes ahora mismo por el college, pero eso era lo que realmente hacía que cada día fuera diferente al anterior y a los venideros; nunca sabías con qué tipo de persona podrías encontrarte al girar esa esquina, o esa otra...

Bajé de mi habitación en busca de algo interesante que hacer. Estos últimos días había tenido mucho trabajo con eso de los alumnos nuevos y casi que jugaba por los pasillos. Sí, de hecho lo hacía. Reconozco que cada vez que me fijaba en alguien nuevo que llevaba el escudo de mi casa en el pecho, en mi mente jugaba a ver si acertaba cual de todos los nuevos era y casi siempre, sorprendentemente, acertaba. Era divertido al principio, luego perdía la gracia porque conocías su nombre y su historia antes de que ellos se te presentasen.

Miré a mi alrededor cuando estaba en el primer piso del Clevermont y por una vez en todos los cursos que había estado allí "viviendo", me planteé acudir a la última puerta que había al final del pasillo solitario que había a mi derecha. Torcí levemente los labios y me mordí la parte interna de la mejilla sin mucha fuerza, no quería hacerme daño, el dolor no era lo mío. Con una mirada cómplice y con una sonrisa en los labios me dirigí hacia aquella puerta y me asomé cuando la abrí, sonriente al ver que no había nadie allí dentro o, al menos, eso parecía a simple vista.

Me acerqué lentamente hasta la mesa central y pasé mis dedos por el mantel de tela con dibujos extraños que no podía descifrar, lo toqué, era realmente suave. Me agaché un poco y con respeto observé la bola de cristal. No tenía luz. No creía mucho en aquello de que una bola te mostrase el futuro pero había escuchado miles de historias por el Clevermont, ¿serían reales?


FDR: No es nada del otro mundo pero prometo que con forme valla el rol iré alargándolos *-*
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Démian A. Ephram el Mar Abr 24, 2012 10:55 pm

La idea era en realidad simple, y ya la mayoría del gentío que conformaba Clevermont College había logrado asimilarla al instante: Ephram no había cruzado el océano para tener por única meta hacer amigos en nuevas tierras. Nada más hacía falta ver el empeño innecesario con que apelaba a un modo desagradable cada vez que algún desconocido tenía la mala idea de dirigirle la palabra. Simplemente no deseaba darle a los residentes el gusto de ofrecerles su confianza, que de por sí ya era quisquillosa. Aquella academia de magia era un sitio que desde siempre había considerado lo suficientemente extraño para no agradarle en lo absoluto, hecho que no cambiaría por verse obligado ahora a transitar sus angostos y luminosos pasillos. Tenía motivos para habitar -aún de mala gana- en aquel establecimiento difamado, mas no la disposición para que su estancia pudiera convertirse en algo más llevadero.

Y aún cuando pareciera una contradicción del todo absurda, el nuevo Phoenîceum no parecía negarse al privilegio de explorar cada vez que le era posible algún rincón del colegio y sus secretos, ¿tal vez con un fin estratégico bien planificado? Démian no compartía más que con su mente la reflexión de cada una de sus acciones. Y seguir el hilo de las mismas era precisamente a lo que procedía en la situación presente.

Sacaba provecho aquel día del transito escaso que poseía el pasillo del primer piso en ese momento para recorrerlo sin prisa y libre de miradas que acusaban odiosidad hacia su postura de siempre premeditada hostilidad. Así sería que una puerta entreabierta a distancia llamaría su atención lo suficiente como para animarlo a descubrir qué insólito ambiente ocultaba en su interior. Tal vez con demasiado impulso, empujó la madera para atravesar la entrada... y descubrir con hastío que la habitación no estaba vacía.

Ya te ibas, supongo —su voz sonó lo suficientemente áspera como para lograr ocultar su molestia de aquella persona que tenía la desafortunada suerte de tropezar con el camino de Ephram, y a quien las palabras iban dirigidas, con un leve y perspicaz tono de amenaza.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Miér Abr 25, 2012 9:21 pm

Era curiosa el aura que veía alrededor de aquel valioso y mágico objeto, tal vez me lo estaba imaginando y lo único que desprendía aquel objeto era mugre y los años que poseía aquel objeto tan poco llamativo...Acerqué mi mano lentamente hacia el objeto y cuando me disponía a tocarlo con mi dedo índice me paré en seco, observándolo con más curiosidad y mordiendo mi labio inferior. Arrugué el entrecejo sin saber muy bien porqué. Temía tocarlo por si acaso las leyendas de que predecía el futuro eran ciertas. Yo quería vivir la vida tal y como me tocaba, no me interesaba en absoluto las buenas o las malas noticias que me depararía el futuro. Estaría por siempre metida en el juego de la vida y del destino, una vez naces, entras en ese juego de azar que muchos llaman vida y que otros lo interpretan así, como un simple y a veces difícil juego.

Sumida en mis pensamientos y en el silencio que reinaba en toda la sala de la bola, no pude evitar dar un respingo sobre mí misma justo en el momento en el cual un estrepitoso ruido invadió toda la sala. Me puse tiesa y tragué saliva rápidamente, ¿sería un profesor? Cogí aire y la persona que entró no dijo nada todavía, hasta ese momento no se había dado cuenta de que yo estaba allí dentro. Suspiré tratando de tranquilizarme y me sentí ridícula. ¿Desde cuando temía a que un profesor me pillara? Sonreí de lado.

La persona o, mejor dicho, el muchacho -lo descubrí por el tono grave de su voz-, hizo acto de presencia claro cuando abrió la boca. Me giré arqueando una ceja y sonriendo de medio lado. No supe muy bien porque ponía aquella cara ya que no me di cuenta de su tono amenazador. Realmente no recuerdo nunca haberme dado cuenta de cuando una persona me trata con desprecio y de cuando no, yo siempre era simpática. A veces mi carácter abierto y espontáneo me jugaba malas pasadas. Hice un gesto con la cabeza y al fin pude darme cuenta de que me estaba "invitando con educación" a salir de aquella sala. Rodé los ojos con disimulo y le observé de arriba a abajo, parándome en sus ojos cuando mi mirada seguía su camino por su rostro marcado y blanquecino, amenazador al fin y al cabo.
-No, no me iba. Pero puede irte tu si quieres estar solo.
Era molesta la sonrisa de mi rostro, se notaba que solo sonreía de aquella manera para hacer exasperar de alguna manera a la persona que me estaba molestando. ¿Quien sería? Tenía un aura misteriosa que atraía a cualquiera que lo viera.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Démian A. Ephram el Jue Abr 26, 2012 3:27 am

Sintió el calor de su ira acostumbrada devorarle el estómago, como brasas de fuego ardiente que alteraban su siempre inestable estado de equilibrio anímico. Sin embargo, no permitió que su cólera quedase por completo expuesta tras oír esas palabras, por cuestión de orgullo y por no sentirse inclinado a acelerar la situación; sabía que tarde o temprano explotaría y no había necesidad de que aquel momento llegase con adelanto. Así que aún sin apartar de aquellos ojos alegres su mirada penetrante y perturbadora, percibía el aire fanfarrón con que la muchacha respondía a su intempestiva pregunta, masticaba amargamente el sonsonete liviano y provocador de aquella dulce voz femenina... y no podía llegar a considerarla agradable luego de haber decodificado su mensaje. Era la manifestación clara de un desafío que no lo contentaba.

Pero no dijo nada, no de inmediato al menos. Por primera vez decidió detenerse a contemplar el inmobiliario con que la habitación estaba decorada cuando al fin liberó a la chica del peso de sus ojos, que recorrieron el cuarto para posarse decididamente sobre la esfera que reposaba en la única mesa presente en estancia. Algo semejante a una mueca de escepticismo asomó entonces en las facciones tensas de su rostro... y se aproximó con dos grandes pasos hacia el objeto, ignorando a la sonriente y cálida muchacha por completo. Solamente cuando se inclinó a observarlo con el detalle que se dedica a un trozo de pan mohoso, separó nuevamente los labios para arrastrar las palabras:

Está bien... no voy a insistir. Puedes quedarte si lo que menos deseas en este momento es un poco de paz —y de pronto, como si hubiese caído en la cuenta de haber realizado un comentario demasiado cómico como para lograr retener con éxito una carcajada, las comisuras de sus labios se alzaron en un gesto de retorcida diversión. No le importaba con quién estuviese tratando si no conseguía aclarar que sus deseos no eran algo que podía tomarse a la ligera. Nada bueno podía resultar de algo en lo que Ephram no pudiera sentirse satisfecho—. Pero al menos haz el favor de mantener la boca cerrada.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Jue Abr 26, 2012 7:32 pm

Era algo macabro, aquel muchacho. Me daba algo de temor por así decirlo. Sus facciones marcadas en un gesto de desaprobación ante mis palabras, su piel blanquecina como un vampiro, frío como el hielo, con una coraza que lo rodeaba por completo y que no dejaba que traspasases...No me sorprendía mucho aquel tipo de carácter ya que había conocido tiempo atrás a unos cuantos de su misma clase, aunque tarde o temprano acababan cediendo ante mi entusiasmo y mi felicidad, acababan devolviendo cada una de las sonrisas que les dedicaba y dejaban que entre nosotros surgiera una pequeña amistad. Pero aquel muchacho parecía diferente, más que nada por el hecho de que parecía imposible poder mantener una conversación normal y sin tensión con él. Suspiré por lo bajo y ninguno de los dos estábamos dispuestos a articular palabra así que miré de reojo el objeto, como si tratara de encontrar con mi movimiento de cabeza una leve luz en su interior. Torcí mi gesto al no ver absolutamente nada ahí dentro y rodé los ojos, algo decepcionada.

Me percaté de que los ojos del chico estaban fijos en mí cuando dejé de pensar en mis cosas, tenía compañía y era de mala educación no hacerle caso a las visitas ^^. Coloqué uno de los mechones que caía por mi rostro detrás de mi oreja derecha, todo esto sin dejar de mirarle a los ojos. Esto me parecía bastante gracioso y no pude evitar mostrarlo riendo un poco por lo bajo. Se dio cuenta, estaba claro, pero al parecer no me hizo mucho caso ya que dio dos grandes zancadas hacia mi (¿serían zancadas o simplemente sus grandes pasos? Era más alto que yo y eso contaba a la hora de caminar), o mejor dicho, hacia el objeto que ni se movía ni hacía nada de nada. Cuando se encaró con el objeto misterioso cedió, sí, lo hizo, cedió y me dijo que podía quedarme todo el tiempo que quisiera pero con condiciones...¡malditas condiciones! Pese a que no le hubiera gustado tenerme por aquí, yo iba a quedarme de todas formas y si hacía falta le ignoraría como él me estaba haciendo a mi en este momento. Me mordí el labio inferior y cambié de postura al notar que la pierna sobre la que estaba apoyada ya se me empezaba a dormir.
-Oye...¿como te llamas?
Había roto la especie de "pacto" que teníamos; Yo me quedaba si estaba callada. ¿Pero quien se creía que yo era capaz de estar callada tanto rato? Nadie. Hasta el cuando me dijo la condición sabía en el fondo que no le iba a hacer ni caso.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Démian A. Ephram el Sáb Abr 28, 2012 4:05 am

Démian pareció más satisfecho con la impertinente presencia de la chica cuando esta al fin dio luces de captar el peligro que involucraba la posibilidad de que sus deseos fueron contradichos. Relajó ligeramente la postura amenazante de sus hombros cuando de pronto decidió retirarse a una esquina para iniciar una innecesaria y muy detallada exploración de esa habitación apenas decorada. De no ser porque no se encontraba solo, habría decidido que aquel lugar representaba un estupendo refugio para cuando quisiera evadir personalidades que pudiesen potenciar su inevitable irritabilidad. Definitivamente no lo consideraba un sitio agradable, mas era más tolerable que otros, pues su descuidada apariencia dejaba en evidencia las escasas visitas que el lugar acostumbraba a recibir.

No le costó trabajo imaginar que la joven de uniforme con esmeraldinas tonalidades no existía, pues los primeros minutos se preocupó de cumplir con rigurosidad la condición establecida. Sin embargo su injustificada repulsión hacia ella retornó cuando otra vez la voz melodiosa rompiera el silencio. Cuando su cuerpo engrifado se volvió hacia ella, era imposible confundir en su expresión el impulso casi irreprimible de aturdirla con un solo golpe, en castigo a su atrevimiento—. Cierra la boca —siseó, ya sin preocuparse por no sonar demasiado agresivo. Casi parecía inclinado hacia la opción de espantar a la muchacha—. Serás lo suficientemente lista como para descifrar el significado de esas palabras, ¿no? ¿O el esperpento que tienen por director te ha echado una maldición que te ha dejado tonta?
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Dom Abr 29, 2012 11:14 pm

Tarareé por lo bajo una cancioncita pegadiza que se me vino a la mente. Sabía que le molestaría pero si iba a estar pasando de mi, que pasara de mi con razón y no cuando yo estuviera callada, si no la situación no tenía ni gracia ni sentido, todo sería una pérdida de tiempo sin pies ni cabeza. Mi pregunta de cuál era su nombre seguía suspendida en el aire, todavía no se había dignado a responderme. Di un pequeño paseo por dentro de aquella sala tan pequeña y oscura. No parecía esconder nada en ella, excepto esa bola, claro está. Ahora era cuando sabía el porqué de que casi nadie acudiera a aquel lugar. No tenía nada especial excepto que casi todos en el Clevermont teníamos la esperanza de que aquella bola se encendiera para predecirle el futuro a alguien que no tuviera miedo de enfrentarse a el. Todo el mundo piensa que enfrentarse al futuro es fácil y mucho más sencillo a la hora de vivirlo, ya que sabes qué debes hacer y qué no. Pero poca gente conoce realmente lo que es tratar de evitar que algo malo suceda, digo poca gente por no decir nadie. Tampoco pensaba que todos los días alguien le hiciera una visita a aquel sitio para ver si algo había cambiado, nada en el ambiente húmedo y solitario indicaba que todos los días como mínimo una persona fuese a estar un rato aquí. El espacio seguía teniendo esa melodía silenciosa y misteriosa que pocos sitios en este mágico colegio tenían y eso solo podía decirme que era un buen escondite para cualquiera, hasta para el chico éste.

Y al fin, respondió. Torcí el gesto al escuchar su comentario tan borde y me crucé de brazos. Por un momento pensé que se me iba a ir la situación de las manos y que me iba a poner a gritarle como una loca, gracias a dios que me contuve y que me paré antes de decir nada. Si yo tenía un don a parte del de ser feliz, era el de la paciencia y un chico como éstos, incomprendido y solitario, no me lo iba a arrebatar. Me mordí el labio inferior un poco y miré el techo como esperando una respuesta para darle. No me gustaba ser borde ni que lo fueran conmigo, ¿qué le había hecho yo? Puse morritos porque sabía que no me estaba mirando y parpadeé varias veces, algo atónita al escuchar como prosiguió. ¿Me estaba llamando corta de mente o algo por el estilo? No me gustaba que me tratasen de esa manera y menos un desconocido. De todas formas, el hecho de que fuera un completo desconocido para mi, hacía que me importaran un bledo sus comentarios. Me acerqué a él sin temer como podría reaccionar.
-Sería interesante ver tu manera de llevar un sitio como este. Ya me lo imagino. A y por cierto, prefiero saber que soy una tonta y que me han educado así al intentar ser sociable contigo que morir sin amigos y sola, ¿alguna vez se te ha pasado por la cabeza pensar que puedes ser interesante para alguien?
Puse mis brazos en forma de jarra y le di la espalda, sentándome en la repisa de la ventana y mirando a través de ella. Sabía que no se iba a sentir culpable, más que nada porque aparentaba tener una fruta en vez de un corazón, pero de todas formas yo no iba a dejar que se portara así conmigo.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Démian A. Ephram el Lun Abr 30, 2012 2:59 am

Algo en la postura que la muchacha adquiría tras recibir los insultos de Démian, causó en este una diversión extraña. Definitivamente aquello no se asemejaba a la sensación que podía embargarlo al ofender una personalidad violenta como la de Crawford, y tampoco podía compararse con la de veces que espantaba a cuanta muchacha tímida se cruzara en su camino. Esa primera postura firme trasparentaba la seguridad férrea con que portaba la chica; una que sin embargo no parecía venir acompañada de la intención orgullosa por devolverle la mano a un sujeto tan desatento como Ephram lo era... y la detección de ese curioso patrón logró llamar su atención aún cuando la ira permanecía latente. Podía esperar una reacción semejante de cualquier persona... menos de una para la que resultara un completo desconocido.

Fingiré que jamás diste a entender que defiendes a un sujeto como Worthington... y que seas capaz de compararme con él —comentó con indiferencia a las primeras ofensivas de la muchacha, dejando muy en claro lo poco que le importaba lo que ella pudiera pensar de él, que después de todo no podía diferenciarse mucho de lo que creía el resto del mundo. Una mala imagen que casi había buscado intencionalmente. Repentinamente se había olvidado de su obstinación absurda por habitar en torno a un silencio absoluto, y cuando había estado a punto de recordarlo, la muchacha continuó su despechado discurso.

Ceñudo e incrédulo, la observó acercársele sin prestar ninguna resistencia. Y permaneció estático hasta que nuevamente esta le diera la espalda y se alejara. ¿Podría ser que entonces estuviera planteando en su cabeza aquella posibilidad que la joven había puesto sobre la mesa? Fuese o no así, continuó detenido en su lugar con una postura que ciertamente no revelaba sentimiento de culpa alguno. Pero en su rostro se extendió algo muy parecido a una sonrisa condescendiente. No cabía duda de la bondad que caracterizaba a su acompañante, lo que suponía para el Phoenîceum un ligero grado de dificultad en cuanto a continuar con su hostilidad típica para lograr al fin su soledad terca—. Si insinúas que te intereso, se me ocurren una infinidad de formas para hacer que cambies de opinión, encanto. ¿Quieres probar alguna? —con dos nuevas zancadas volvió a reducir las distancias con la estudiante. La ofensa no había resultado... pero quizás tendría más éxito con el escarmiento. Aguardó a que se volteara.

Después de todo, la curiosidad era siempre más fuerte.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Lun Abr 30, 2012 8:51 pm

Con el morro torcido miré por la ventana, juntando mi torso con mis rodillas y rodeando estas con con mis dos brazos. Era increíble que una persona que no te conocía de absolutamente nada te hablara de aquella forma tan ofensiva. ¿Quién se creía que era? Si en Hogwarts lo tenían como a un modelo a seguir, aquí no ocurriría lo mismo o al menos esa era mi forma de pensar y por el momento no iba a cambiarla. No me cabía en la cabeza que alguien se pudiera comportar de aquella manera con un desconocido, sería...Bufé por lo bajo sin intención de que lo escuchase y apoyé mi parte trasera de la cabeza en la pared que había en mi espalda, subí la mirada y me quedé embobada mirando al techo, tratando de relajarme. Me había sacado de mis casillas sí, pero en ningún momento le había gritado ni había sido ofensiva tanto como él, así que estaba orgullosa de haberme comportado en todo momento con educación.

No pude evitar reír de manera irónica al escucharlo, ¿compararse? No, estaba claro que al menos nuestro director era educado y podías hablar con él. Al menos el muchacho ya no me hablaba con esa poca educación ni con ese orgullo que tenía por cabeza. Cogí aire y antes de que comenzara proseguir con su opinión sobre mi pequeño discurso con fines "ofensivos" -desde mi punto de vista, ya que para él eso solamente era como una pequeña mosca que no paraba de molestarlo- tuve la intención de girarme hacia donde se encontraba. Apoyé mi espalda contra la ventana con precaución, lo último que quería era que se rompiera y que yo cayese desde un segundo piso al suelo.

Me sorprendió girarme y ver al muchacho tan cerca, arqueé una ceja y en mi rostro se dibujó un gesto parecido a una mueca de asco y de preocupación. Estaba insinuando cosas que a mi no me gustaban y ya tenía bastante con el mal rato que me hizo pasar aquel día Kirsten así que...no quería pasar por lo mismo. Aunque este Phoenîceum solo buscase darme un escarmiento por la especie de atrevimiento que había tenido con él, no me solía gustar la venganza y mucho menos el sufrimiento. Tragué saliva sonoramente y me maldecí a mí misma por parecer tan débil y vulnerable. Era alto para mi y estaba claro que en fuerza me ganaba, ¿donde se suponía que estaba mi varita en aquel momento? Sus palabras retumbaron en mi cabeza como ecos clandestinos y me planté delante de él, perdiendo todo el miedo en aquel pequeño salto desde la repisa.
-Perdona pero eso son cosas que te inventas tu solito. Además, si te has planteado que me interesa algo tuyo, es porque realmente te gusta la idea de que alguien sienta cierto interés por ti.
Arqueé una ceja y me crucé de brazos delante de él, desafiándolo sin querer. ¿Habría dado en el clavo con aquella frase o me había pasado de lista? El caso es que por una parte el valor me hacía sentirme grande pero a la vez estaban esos ojos penetrantes y fríos delante de mi y...volvía la impotencia en mi interior, la impotencia de sentirme tan inofensiva con la mera idea de imaginarme luchando contra él. Por ahora me bastaba con que las cosas no se me fueran de las manos ni de las palabras, mejor si lo dejábamos todo en un pequeño pique, no quería acabar en el despacho del director y mucho menos entre sus brazos o entre su varita y la pared.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Démian A. Ephram el Mar Mayo 01, 2012 2:38 am

Se regodeó secretamente con aquella imagen diminuta que la muchacha representaba ahí, aovillada sobre el alféizar de la ventana y repentinamente sorprendida con la explícita amenaza ofrecida. Démian era siempre consciente de lo peligrosa que podía llegar a convertirse su porte rígido, y a este atributo jamás dejaba de sacarle provecho. Esta no sería la excepción. No importaba cuán educada estuviera siendo la muchacha con él, si aún con un esfuerzo de simpatía se empeñaba en convertirse en un desafío que Ephram no podía dejar pasar.

Así fue que no retrocedió un solo paso cuando la chica aterrizó sobre el piso. Y la observó con ese aire extraño en su mirada capaz de vaticinar un evento que en nada podría favorecerla. Bien podía ser que Démian no fuera capaz de adivinar la siguiente reacción de su indeseada acompañante. Pero la experiencia ya le anunciaba que la situación no se inclinaría a favorecerlo. Tal vez fue por eso que decidió no abandonar la tensión de cada uno de sus músculos, que ya estaban preparados para una habitual reacción violenta.

La sonrisa inquietante y delicada que se mantenía suspendida con inestabilidad sobre su rostro desapareció de golpe cuando debió oír las siguientes respuestas. Y conforme las finas cejas de la muchacha se arqueaban, las suyas abrían paso a una profunda depresión ante un fruncimiento que se traducía en indignación incomparable. Casi podía sentirse que algo en su cabeza explotaba tras la mención de aquellas palabras... porque el concepto que Démian tenía por paciencia acababa de verse sobrepasado. Sostuvo a la chica por uno de sus brazos, aferrándola con una fuerza intencionalmente dañina, enterrando sus dedos largos y poderosos en su piel para mantenerla cerca.

¿Te crees con el derecho de jugar a la detective? ¿De suponer que me conoces? —otra vez el tono apremiante de su voz pasaba a convertirse en un gruñido que parecía sediento de sangre, inquieto e iracundo como una bestia que ha sido provocada sin fundamentos. Por el simple gusto de hacerla pagar su atrevimiento, zarandeó su cuerpo vulnerable para cerciorarse de que prestaba atención a cada palabra, y para recordarle que ninguna ofensa verbal podía defenderla de la fuerza física que él presentaba—. He sido mucho más tolerante de lo que mereces, delegada. Así que, si sabes lo que te conviene... te irás de aquí por las buenas. Porque me has dado motivos de sobra para persuadirte por las malas.

Apenas aflojó su agarre al brazo de la chica, que ya debía estar al borde del entumecimiento, para que esta pudiera soltarse y huir. Si hacía honor a la placa que llevaba sobre el uniforme, sería lo suficientemente lista como para retirarse sin necesidad de otro tipo de acciones. Si había dos cosas que Ephram no podía tolerar, eran la desobediencia... y la percepción absurda que la gente tenía de sentirse capaz de acorralarlo a base de emociones que siquiera él estaba seguro de poseer.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Mar Mayo 01, 2012 2:53 pm

Acababa de hacer que el vaso que representaba en aquel momento la paciencia del muchacho volcase debido a la última gota que acababa de proporcionarle con mis palabras. Sabía que no se iba a quedar parado delante de mi y por mi cabeza rondaban varias acciones que podrían apoderarse en aquel momento del muchacho; o me propinaba un puñetazo en la cara, o se marchaba soltando barbaridades por su boca o estaría maltratando mi ser tanto física como verbalmente. No temía su reacción, más que nada porque hacía unos minutos que buscaba que me pegara. Realmente no me agradaba para nada crear estas escenas, pero yo solita había estado buscando que reaccionara de una forma violenta, ¿porque me estaba comportando así? Yo no era de las típicas que aguantaban el dolor con facilidad y aunque se me diera bien ir de mediadora, no se me daba bien parar una pelea en la que yo misma estaba implicada. Tragué saliva una vez más mirando con cierto arrepentimiento al muchacho. Pude percibir en sus ojos una ira incontrolada que no tardaría mucho en hacer que explotara si no me daba a entender lo que quería que hiciese ya y yo, claramente, le hacía caso si no quería acabar entre sus manos.

Cerré los ojos y noté en mi espalda la fría pared una vez más, pero esta vez no fue por un acto propio, si no porque tenía la mano fría y tensa del muchacho en mi brazo derecho. En aquel preciso instante es cuando me di cuenta de que la había cagado completamente. El chico estaba al borde de estrangular mi brazo, aunque no lo hizo. ¿Porqué? Ni yo misma lo sabía. Escuché sus palabras duras, fuertes y sobre todo impotentes ante mi. Ahora veía como cada una de sus palabras me comían y no dejaban que yo me comportase de otra manera que no fuera marcharme de allí corriendo y llorando. ¡Pero yo no quería sentirme así! No quería que se creyese que tenía más derecho que yo a mandarme solo por el simple hecho de ser más mayor que yo y de tener mucha más fuerza en comparación la la mía. Abrí los ojos tras unos segundos de cierto sufrimiento y moví mi mano derecha notándola algo dormida. Esa manera de apretar mi brazo tan violentamente iba a hacer que se me quedara la marca de sus dedos. Me tembló el labio y llevé mi mano libre hasta la suya, presionándola para que me soltase de una vez ya que estaba empezando a notar demasiada presión sobre mi y eso me hacía sentir demasiado incómoda, herida y encerrada.
-En ningún momento he presumido de conocerte.
Reí sacando todo el orgullo y toda la ironía que nunca había conocido en mí. ¿A qué estaba jugando? ¿En serio quería que reaccionase así de nuevo? Me estaba pasando de lista y yo misma lo sabía...

Evidentemente el blanquecino y moreno muchacho me estaba dando una oportunidad muy jugosa y que no debería tratar de rechazar, ya que si no me iría con el labio roto o con un ojo morado. Hinché mi pecho y saqué fuerzas de donde no las había, deshaciéndome de la mano robusta del muchacho y apartándome de delante de él. Llevé mi mano izquierda hacia donde seguramente me iba a salir un moratón y me aparté de su lado, dolida. Apreté mis labios y levanté mi mano para darle un guantazo pero retrocedí justo en el instante en el que me planteé si valía la pena seguir comportándome así. Indignada por tenerle tanto miedo y furiosa por no haberme atrevido a pegarle, seguí mirándole, parada, medio idiota desde su punto de vista y desde el punto de vista de cualquier persona que estuviera viendo esta escena.

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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Démian A. Ephram el Jue Mayo 03, 2012 3:35 am

Rígida y fría como in indestructible témpano de hielo era la expresión iracunda que no cedía en su rostro. Los ojos del muchacho taladraban con una intensidad dolorosa sobre la mirada consternada y furiosa de la muchacha, y en esa oscuridad enigmática que ensombrecía los rasgos de Ephram se manifestaba un ínfimo indicio, acaso producto de meras imaginaciones, que anunciaba cierta recepción positiva en torno a las reacciones de su aprisionada compañera.

Démian no retrocedió un solo centímetro frente a la potencial amenaza de una bofetada. Guardando un silencio violento, parecía dispuesto a recibirlo con tal de aceptar un motivo más para explotar definitivamente, con total libertad de actuar a consecuencia. Sin embargo el ataque jamás se materializó. El Phoenîceum alzó sus cejas con la única intención de hacer aún más evidente aquel acto de cobardía que la muchacha había aceptado protagonizar al retirar su mano, y la observó por segundos interminables con una determinación que claramente no dejaba de considerar la intención irresistible por humillarla. Cuando ya parecía que la indignación observada en su interlocutora, al fin decidió hablar. Nada en su postura peligrosa cambiaba para entonces.

Fantástico... eres más lista de lo que aparentas —repuso en tono cruel y ausente por completo de consideración. Un paso al frente dio fin a su posición estática, y un segundo después ya rodeaba a la chica para ubicarse a sus espaldas—. Ahora, largo —haciendo uso de una fuerza excesiva empujó el cuerpo delicado de la Smaragdium hacia la puerta de salida, sin preocuparse por obligarla a tropezar con cada nuevo paro en la dirección escogida—. Vete ahora mismo a contarle a todo el mundo que soy un monstruo y ahórrame el trabajo de tener que demostrarlo yo mismo.

Avanzó sin pausa alguna hasta que finalmente consiguió atravesar el umbral de la habitación con la muchacha. De detuvo a observarla una vez más, el aspecto todavía distante y propenso a sufrir una reacción explosiva—. Considérate afortunada, chica. Porque te aseguro que la próxima vez que deba soportar tus aires de sabelotodo... —una sonrisa repentina y retorcida rompió el equilibrio amargo de su rostro, y antes de formular el resto de la afirmación, cerró la puerta con un golpe que casi consigue arrancarla de sus goznes.

Permaneció con el oído íntimamente unido a la madera, presto a identificar cualquier sonido que se convirtiera en indicio de que la delegada hubiese decidido retirarse definitivamente.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Cassandra L. Gilbert el Jue Mayo 03, 2012 8:38 pm

"¡Será imbécil!" Me dije a misma observándolo de reojo con el ceño fruncido. No se podría decir que yo estaba cabreada, ya que solo me molestaba su carácter grotesco hacia los demás y en especial hacia mi. Seguramente yo no sería su primera "víctima" en el Clevermont y a más de un chico o chica de primero, recién llegados al sitio, había decidido que serían sus objetos de burlas. Me daba rabia que todavía quedaran por el colegio personas como él: Orgullosos, prepotentes, frívolos...En realidad yo siempre había pensado que lo único que le faltaba a este tipo de gente era alguien a quien querer, alguien en quien depositar una simpatía que no le dejaban a nadie ver. Eran falsos y rencorosos, crueles y sin piedad, peligrosos al fin y al cabo. Ellos ya eran parte de este colegio, al igual que cualquier persona que rondase por los pasillos de por aquí. Sí, se podría decir que ya había un rango social en el que todas esas cualidades (que realmente eran defectos), predominaban entre toda la gente que participaba en el grupo por méritos propios.

Con pasos ágiles y arrastrados, cual serpiente, el chico se colocó detrás de mi, silencioso. Volvió a abrir su bocaza para meterse conmigo una vez más, siempre con el tono irónico que ya lo identificaba y que ya, si lo escuchaba en otra parte, sabría que provenía solamente de él, del Phoenîceum. Si se pensaba que me estaba humillando, pensaba mal, ya que yo me sentía débil y miserable pero no por su culpa, si no por mi. Ya no me sentía con la misma fuerza con la que me sentía en mis años anteriores en el Clevermont, ¿qué me estaba pasando? Suspiré sin escuchar sus comentarios arrogantes y reaccioné cuando noté como me empujaba, con esa poca delicadeza, hacia la puerta. Casi me arrastró ya que mis pies estaban clavados en el suelo y él con tan solo la fuerza de su brazo derecho, conseguía moverme de arriba a abajo.

En el umbral de la puerta ya no supe que más hacer a parte de irme de allí. Total, para quedarme esperando a que saliera y decirle unas cuantas cosas...Definitivamente no valía la pena lidiar con este tipo de gente porque lo único que haría sería salir con otro moratón y con un enemigo que me atemorizaba más. Bufé y crucé mis brazos. Escuché lo que me dijo, casi gritándome al oído y me giré, apartándome con agilidad un palmo de la puerta justo en el momento en el que se escuchó el portazo y la puerta se cerró de golpe delante de mi. El corazón me palpitaba a mil y casi había visto mi vida pasar por delante de mis ojos, como en las películas muggles. Parpadeé varias veces y apreté los labios muriéndome de ganas por gritar mil barbaridades a los cuatro vientos, encantada de que lo escuchara en su nueva prisión, su cueva. ¿Afortunada? Él había sido en este caso el afortunado de haberme conocido.
-No hace falta que yo vaya diciendo nada tuyo por ahí, tu cara cuando te cruzas con la gente lo dice todo.
Le di una patada a la puerta y ahora si que me había quedado tranquila. Respiré hondo y con una sonrisa triunfante y alegre me encaminé por el pasillo a pasos lentos y de lado a lado, como si fuera un baile lo que estaba representando con mis pies.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Vasile Mathews el Mar Dic 23, 2014 8:22 pm

Vasile todavía no decidía cómo sentirse respecto a los últimos eventos acontecidos. Una parte de él se lamentaba silenciosamente por lo que consideraba un fracaso absoluto en lo que a Worthington se refería, al modo cobarde y extraño con el que había decidido darse a la fuga tras el desastre ocasionado por la Patrulla. Pero casi al mismo tiempo que la decepción llegaba a hacerle compañía, el instinto estratégico y el sentido lógico despertaban y ponían a trabajar su cabeza: una pandilla de jóvenes magos de ningún modo podían detener a alguien como Theodore. Y una vez que el joven Mathews llegaba a entenderlo solo llegaba a una conclusión posible, y era que algún plan estaba removiéndose debajo de las jugadas derrotistas en apariencia. Y eso le ayudaba a centrarse en la misión que se había encomendado a sí mismo.

Las clases habían acabado aquel día sin que se presentase anuncio alguno de una nueva irrupción de la Patrulla Escolar, lo que de ningún modo significaba que el Smaragdium desistiría en su búsqueda de los responsables. Había hecho mención de sus sospechas a la señorita Weitzman antes de animarse a compartirlas con el Director Slaughter, y la bibliotecaria había coincidido con Vasile en que ninguna justificación bastaría si no existían evidencias de por medio... y el joven mago estaba decidido a encontrarlas. Luego de un día entero intentando seguir los pasos de Gilbert y Betancourt -los había visto esconderse en el auditorio- no había obtenido demasiados resultados. Pero Mathews no se desanimaba. Existían todavía sospechosos a los que indagar y circunstancias a investigar.

Cansado de espiar a la gente por aquel día, decidió analizar en detalle el último artículo del periódico escolar, a ver si a Weasley se le había escapado algún detalle en su última publicación que pudiera inculparla de algo. Vasile estaba seguro de que la pelirroja ocultaba cosas y que sus labores en el periódico solo la ayudaban a esconder sus crímenes debajo de la alfombra. Escogió la sala de la bola de cristal por tratarse de un sitio de avanzada altamente beneficioso: si algo llegaba a ocurrir en algún lugar del college, el silencio y la ubicación del cuarto lo ayudarían a enterarse en el acto. Así que tomó asiento frente a la mesa con su abandonada esfera... y comenzó a leer.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Lilith S. Vanni el Mar Dic 23, 2014 9:07 pm

Paseé y paseé, en busca de todo y en busca de nada. Sabía que había pasado por esa esquina un par de veces anteriormente pero no me importaba en absoluto, solo me interesaba saber qué era lo que se estaba cociendo a lo largo de los pasillos del colegio. Podía observar en los rostros de los demás estudiantes la tranquilidad que albergaban después de la sorprendente renuncia de Theodore. ¿Cómo podían ser tan tontos? Era una obviedad que Theodore tan sólo había rechazado este puesto porque era una pérdida de tiempo para él, porque necesitaba saciarse con el dolor de personas que no tuviesen menos de dieciocho años. De todas formas Raziel no tardaría en reaccionar ante la tranquilidad y felicidad que se respiraba en los rincones de su establecimiento.

Solté una aguda carcajada debido a mis pensamientos. Estaba deseosa por descubrir cuál sería la próxima jugada de los vasallos de nuestro adorado ex-director. Sonreí con sorna al observar en los ojos de los que me rodeaban cierto temor. Pasé mi lengua por mis dientes superiores al alcanzar con mi mirada el cabello oscuro de Mathews. Hacía demasiado tiempo que él y yo no teníamos una charla. Quería saber cómo de desolado y deprimido se sentía al ver como su director preferido se marchaba sin si quiera haber pensado en él. Con pasos rápidos lo seguí.

La distancia que nos separaba nunca era corta ya que no pretendía que me viese antes de llegar a un lugar apartado. ¿Eran cosas mías o nuestro querido Vasile estaba persiguiendo a Gilbert y Betancourt? Además de ser la mascotita de Worthington también era el mayor mirón de la historia del Clevermont College. Fue cuando lo vi entrar a la sala de la bola de cristal cuando supe que era el momento idóneo para hacerle una visita. Seguro que se alegraba de verme, como todo el mundo por allí. Me acerqué deslizando mis pies cual serpiente hasta la puerta de la sala y la empujé con fuerza para que el muchacho se sobresaltase.-¡Pero mira que sorpresa!-.Dije utilizando un tono de voz bastante alto.-Nuestro querido Vasile Mathews, ¿cómo estás tras el abandono de nuestro querido director?-.Con una mueca irónica sobre los labios que trataba de asemejarse a una sonrisa me acerqué hasta donde se encontraba.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Vasile Mathews el Vie Dic 26, 2014 8:59 pm

Su reflejo de sobresalto resultó apenas perceptible, pero lo bastante evidente como para que la sangre hirviese en cada una de sus venas. Odiaba las interrupciones. Odiaba los escándalos. Odiaba las sorpresas. Y llegaría el momento inevitable en el que Vanni debería pagar el precio de mezclar todos aquellos odios con su repentina aparición sin invitación previa. Aunque, mirándolo por otro lado, la vida seguía sonriéndole: justo frente a él se plantaba otra de sus más importantes sospechosas, una que no debería perseguir por todo el college para extraer todos los datos posibles de sus acciones y comportamiento. «Gracias, destino» pensó con macabra diversión.

Es una lástima que no pueda corresponder a tus afectos y preocupaciones, Vanni —habló sin levantar la mirada del periódico escolar que reposaba sobre la mesa. Sus ojos continuaban desplazándose por cada párrafo sin descanso, las cejas enarcadas de incredulidad ante la cantidad de estupideces que Weasley era capaz de reunir en un solo artículo. ¿La profesora Stewart responsable de los actos de vandalismo de la Patrulla? ¡Cómo se notaba que no acababa de tasarla! Como si una desgraciada squib contase con cerebro suficiente para semejante nivel de pensamiento estratégico—. Pero más pena me produce comprobar lo corta de pensamiento que puedes llegar a ser a la hora de sacar conclusiones —solo entonces alzó el rostro, taladrando a la rubia con la mirada poderosa y despectiva de sus ojos verdes. Parecía preparado para torturarla en cualquier instante—. Cuando alguien abandona, no se toma la molestia de buscar un reemplazante, ni de asegurarse de que todo seguirá en orden.

Su voz era la parsimonia y el autodominio hechos música, una demostración de tolerancia y tranquilidad que no era común ver en el muchacho de cuarto año a menos que, como ahora, poseyera un motivo de peso.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Lilith S. Vanni el Sáb Dic 27, 2014 4:22 pm

No pude evitar no pasar por alto la forma en la que el muchacho apretaba el mentón, detalle que me hizo sonreír con malicia. Definitivamente mi visita comenzaba con buen pie. Me encantaba la forma en la que se hacía el calmado, leyendo el periódico escolar y pensando que mi amiga la pelirroja tan sólo decía que tonterías. Sinceramente, desconocía todo lo que había puesto Arsène en aquel artículo ya que todo lo relacionado con el periódico escolar me interesaba más bien poco, pero imaginaba que Mathews no se perdería ni uno de los pasos realizados por nosotras. No era desconocido por mi el hecho de que desconfiaba más de nosotras que del resto de alumnos. Seguramente eso se debía a nuestro desagrado exagerado ante todas las medidas tomadas por nuestro anterior director. Bah, me importaba poco que me siguiera ya que nunca descubriría nada relacionado con la Patrulla. Era demasiado estúpido.

.-¡Qué lástima, sí!-.Dije acercándome poco a poco hasta su posición y colocando una de mis manos sobre el artículo en el que tanto interés estaba poniendo. Mi intención en un principio fue interrumpir su lectura para sacarlo de quicio pero estaba claro que justo en ese momento se dedicaba a divagar sobre temas desconocidos por mi en su cabeza. Las siguientes palabras que me dedicó me hicieron reír.-Me alegro de que alguien tan inteligente como tu me ayude a comprender un poco mejor las cosas-.Dije con ironía mientras una sonrisa afilada se posaba sobre mis labios y despegué con lentitud mis dedos del papel desgastado para sentarme justo en frente de él.-Dime, ¿Raziel va a continuar con las torturas o va a ser un poco más original?-.Parpadeé varias veces sin apartar mis ojos de los suyos.

Quizás podría sacar más fruto al encuentro del que creía en un principio...A lo mejor se le escapaba algo digno de mención en la próxima reunión de la Patrulla Escolar. Lo miré de arriba a abajo. Luego decían que yo era la que tenía pintas de loca.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Vasile Mathews el Sáb Dic 27, 2014 7:47 pm

Desde luego no sería Vasile quien fracasara en aquella insulsa guerra de miradas, de modo que sostuvo la de Lilith con absoluta concentración, sopesando el nivel de locura oculto en ese profundo brillo caramelizado... y al final esbozó una especie de sonrisa siniestra, astuta y extraña como las escasas que ofrecía su padre cuando algo le parecía particularmente divertido.

¿Por qué lo preguntas? —inquirió con aquella voz aterciopelada, arrastrando el periódico por encima de la mesa para apartarlo definitivamente de la Phoenîceum. Con su mano libre señaló el Estigma que brillaba como el primer día sobre la pálida mejilla de su interlocutora—. ¿Quieres saber qué nuevo recuerdo vas a ganarte durante los próximos meses? —meneó la cabeza en un irónico gesto de desaprobación—. Si me importaras algo, te recomendaría ser algo más cauta de lo que tú y tus amistades llevan por costumbre. Tengo entendido que a nuestro nuevo director no le ha salido gratis llegar a su actual posición —se inclinó apenas hacia la chica, enarcando las cejas con un evidente aire de amenaza—. ¿Has visto las marcas de su rostro, Vanni? ¿Las cicatrices de su cuello? Si alguien sabe de torturas bien pensadas en este lugar, desde luego es el profesor Slaughter. Y eso puede decírtelo cualquiera con una pizca de cerebro. Incluso tu amiga Weasley podría llegar a deducirlo.

Volvió a retroceder hasta el respaldo de su asiento, preparándose ya para el nuevo arsenal de sinsentidos que la antigua estudiante de Hogwarts le otorgaría. Debería tener paciencia si su intención era obtener algo útil de aquel desagradable encuentro—. Pero el asunto es que ni tú ni tus asquerosas y escasas amistades me importan. Así que, en lo que a mí respecta... pueden hacer lo que quieran. De hecho, sería todo un detalle que le dieras al profesor Raziel la oportunidad de estrenar su nuevo cargo con un buen espectáculo. Uno de verdad, quiero decir —agregó con una mueca de disgusto—. No como esas babosadas de la Patrulla Escolar.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Lilith S. Vanni el Dom Dic 28, 2014 8:26 pm

.-Tengo curiosidad por saber dónde podría acabar en un par de semanas-.Conforme las palabras se deslizaban entre mis labios estos esbozaban una sonrisa torcida, una sonrisa que mostraba muchas cosas. Sorprendentemente o no, entre todo aquello demostrado con aquella mueca no cabía lugar para el miedo. Si había algo que me diese un toque de verdadera locura era, sin duda alguna, lo poco que temía poder ser castigada de cualquiera de las formas posibles. El dolor nunca había sido uno de los temores habitantes de mis interiores más profundos, de hecho podría llegar a reconocer que me había acostumbrado tanto a él que había comenzado a cogerle cariño.

Observé los ojos oscuros del chico dirigirse hacia mi lágrima artificial y cerré los míos durante un par de segundos, recordando la razón por la cual, según Theodore Worthington, había merecido aquello que me acompañaría el resto de mis días. Me estiré en mi sitio, tratando de acomodarme para soportar cada una de las advertencias que posteriormente me relataría el Smaragdium. Dejé reposar con desgana los codos encima de la mesa helada y apoyé sobre mis manos mi barbilla, observando con falsa inocencia al muchacho parlotear y parlotear. Cuando terminó le dediqué un gesto cargado de sorna.-¿Tú también fuiste torturado por Theodore y por eso has llegado donde estás?-.Era evidente que aquel chico estaba sumido en una tenebrosa soledad que acabaría volviéndolo loco aunque eso no me importaba lo más mínimo. Volverse loco era lo menos que le pasaría si continuaba con aquellos quehaceres.

Mis ojos se dirigieron hacia otro lugar en la sala y dejé mi mente totalmente en blanco. En cada uno de los lugares de mi cabeza comencé a imaginar las cicatrices de Raziel, una por una, recordándolas al detalle y disfrutando al trazar cada una de ellas. Me resultaba incluso divertido imaginar cómo había obtenido cada una de aquellas marcas y cuánto dolor habría logrado soportar. En ese instante en mis ojos podías divisar cada uno de los rincones oscuros que habitaban en mi subconsciente y cada uno de los pensamientos retorcidos que podía soportar mi mente.-No te parecieron babosadas cuando las viste con tus propios ojos-.Me acerqué un poco más a él, imitando su forma de acortar distancias.-No eres el único que observa, Vasile-.Mis palabras sonaron más amenazantes de lo que pretendía en un principio. Me relamí los labios y volví a mi posición anterior.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Vasile Mathews el Lun Dic 29, 2014 4:13 am

Vasile Mathews no retrocedió ante el acercamiento. Mucho menos ante la amenaza.

Oh —observó a la Phoenîceum con un alegre y desinhibido gesto de sorpresa, inmóvil como el depredador que se prepara a saltar para el ataque decisivo. Ignoraría adrede aquellos comentarios alusivos a sus circunstancias: nada de lo que la chica pudiese decir entonces lograría provocarlo lo suficiente como para picar el anzuelo. En aquel punto, al menos, el Smaragdium había demostrado ser un magnífico aprendiz de su secreta maestra—. ¿Me vigilas, Lilith Vanni? ¿Me vigilas a mí? Me cuesta creer que alguien como tú pueda llegar a demostrar cualquier tipo de interés por algo, o alguien. Así que, tomando en cuenta esa premisa, no me queda más opción que suponer que existe un motivo de mucho peso tras la pérdida de tu perfecta máscara de indiferencia. Veamos...

El silencio se abrió paso para remarcar el énfasis de las reflexiones de un muchacho que no perdía un solo segundo de las expresiones evidenciadas por su rival. ¿Qué se escondía detrás de aquel derroche de seguridad, del exceso de sarcasmo? Vasile contaba con mucho tiempo y una diversidad de medios para descubrirlos, y no se rendiría hasta obtener algo de información mínimamente útil—. Mi apuesta es sencilla: cuando hay algo que ocultar, el nivel de alerta siempre sube de nivel. La pregunta más interesante es, sin embargo... ¿qué es lo que ocultas que puede haberte encaminado a semejante cambio de comportamiento, chica 'Todomedaigual'?
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Lilith S. Vanni el Lun Dic 29, 2014 4:10 pm

Entrecerré mis ojos, agudizando mi mirada contra la suya e imaginando las mil y una cosas que le haría en aquel instante. Había aprendido a controlar mis impulsos y esa era la razón por la cual en mi rostro no se podía observar nada más que rigidez e inexpresividad. La forma en la que el chico me juzgaba y sacaba sus propias conclusiones me sacaba un poco de quicio. No porque me preocupase que me relacionara con la Patrulla Escolar, idea que me parecía totalmente imposible, sino porque se creía muy listo.-En ningún momento he dicho que yo sea la que te observe-.Torcí mis labios en una especie de mueca lastimosa.

Era curioso como Mathews creía que iba un paso ante mi, de hecho me parecía realmente increíble que se estuviese creyendo sus propias palabras. Estaba segura de que, cuando recordase en un futuro aquel encuentro, se daría cuenta de que tenía tantas ganas por formar parte de los lacallos de Worthington que veía cosas donde no había nada más que un comportamiento diario.-Oculto cosas que ni si quiera tu mente paranoica podría asimilar-.Por el College se rumoreaban muchas cosas sobre las torturas protagonizadas por Weasley o por Raziel, sobre los acontecimientos llevados a cabo con la varita de Theodore, pero absolutamente nadie podría llegar a conocer las cantidad de cosas que había vislumbrado yo con estos ojos castaños.


FDR: Es un poco desastre pero prometo que el próximo será mejor Razz
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Vasile Mathews el Miér Dic 31, 2014 2:40 am

La sonrisa pasó de ser un gesto de sencilla pretensión al del triunfo irrefutable nada más oír la observación de Vanni. Para oídos menos atentos y preparados, aquella podría haber pasado por una afirmación aleatoria sin mayor significado. Pero Vasile contaba con la agudeza característica de los Mathews que durante generaciones les había permitido beneficiarse de los descuidos del resto. Y el Smaragdium estaba decidido a no desaprovechar semejante desliz. Apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa, levantándose con lentitud estremecedora.

Si no se trata de ti, se tratará de alguna de tus odiosas amistades —inició su argumento con un inconcebible buen humor que no se acostumbraba ver en el rostro siempre serio del muchacho—. O de tu única odiosa amistad, en realidad. Sí, eso sería muchísimo más acertado —dejó que la insinuación hiciera mella en la rubia antes de resolverse a hablar, y al mismo tiempo con su breve espacio de silencio celebraba el hecho de que al fin lograba extraer algún fruto de esa conversación que de haber podido escoger, Vasile hubiese preferido evitar—. Nada de eso cambia el fondo del asunto: tú y Weasley ocultan algo, y saben lo poco que les conviene que yo me entere. Y créeme que esta mente paranoica, como tú la llamas, es capaz de asimilar un montón de posibilidades. Puede que algunas más evidentes que otras —sus dientes brillaron blancos a su siguiente sonrisa—, pero todas acabarán encaminándolas al mismo destino. Creo que eso es lo que me causa más curiosidad de todo.

Tomando el periódico que ya había apartado, el muchacho se apartó de la mesa para echar una mirada al fragmento de cielo que dejaban a la vista las elegantes ventanas de la habitación. Cuando pareció que había perdido el hilo de la conversación, continuó como si nada. Sus ojos volvían a taladrar los de la Phoenîceum—: Me intriga pensar que, aún sabiendo cómo acabarás, insistes en dejarte arrastrar por lunáticas como tu amiga pelirroja. Tu instinto suicida parece peligrosamente agudizado.


FDR: Bah, ¡nada de eso!
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Lilith S. Vanni el Vie Ene 02, 2015 4:40 pm

Le dediqué una mueca de asco tras sus siguientes afirmaciones. "Qué original", pensé para mis adentros. No se me daba muy bien eso de llevarme bien con la gente pero tampoco lo veía un punto negativo, a fin de cuentas la mayoría de aquel colegio era gente que se dedicaba a inventar cotilleos sobre mi o a trabajar para el director por miedo a lo que les pudiesen hacer. Todos o la mayoría eran seres mucho más despreciables de lo que se podían llegar a imaginar.-Así que crees que mi amiga tiene algo entre manos...¿no?-.Mis ojos se encendieron al instante con cierta malicia. Vasile no era el único que estaba sacando provecho a aquel encuentro. El hecho de no hablar con la gente casi nunca hacía que el chico me confiase todas aquellas observaciones y planificaciones que se le habían pasado por la cabeza en esta última temporada sin si quiera quererlo.

Casi agradecía que fuese tan egocéntrico y creído en lo que se refería a tener información ya que eso hacía que se sintiese más seguro cada vez que me argumentaba algo. Pobre, qué desconfiado presumía ser y qué deslenguado era en realidad.-No sabes lo mucho que deseo que descubras lo que tenemos entre manos porque así-.Hice una pequeña pausa y deslicé mis ojos hacia otro lugar de la estancia antes de continuar.-Porque así podrás informarme de qué se trata exactamente-.Le dediqué una falsa sonrisa mal fingida y me apoyé sobre el respaldo frío del lugar en el que me encontraba posicionada, pasando mi dedo índice por la superficie de la "mesa" que nos separaba.

El silenció embriagó la sala en la que nos encontrábamos, haciéndome sentir mucho más cómoda. Me estaba resultando realmente complicado soportar a aquel chico sin dejar que mis nervios se saliesen de sus cauces. Se giró de nuevo hacia mi para volver a hacer alusión a mi supuesta locura y solté un bufido sonoro, podía llegar a ser mucho más pesado de lo que nunca habría imaginado.-¿Quieres que te enseñe como se hace? Pareces muy interesado-.Dije mientras volvía a clavar mi mirada sobre la suya con la boca entreabierta y a punto de soltar una carcajada.
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Re: Sala de la bola de cristal

Mensaje por Vasile Mathews el Vie Ene 09, 2015 12:02 am

Desde luego Vasile había previsto aquella sarcástica puesta en escena con la que Vanni negaba tajantemente su participación en cualquier hecho que pudiera llegar a resultar comprometedor. ¿Qué otra alternativa le quedaba? Siquiera alguien tan idiota y lunático como aquella rubia de aspecto enfermizo podría llegar a cometer el garrafal error de condenarse a sí mismo. La chica jugaba sus cartas a la perfección, pero el protagonista de aquel sutil interrogatorio también sabía cómo moverse a través del tablero, y adivinaba sin dificultad el guión seguido por su escurridiza pieza de turno.

Sería en consideración de lo anterior que resolvería contrarrestar con una nueva sonrisa las evasivas recibidas. Que la chica jugara, que creyera que tenía un chance de confundir al joven e inexperto Mathews de cuarto año... porque él se haría cargo de sacar provecho de aquella mala costumbre de subestimarlo a la que solía habituarse todo el mundo. La sonrisa fue todavía más evidente cuando captó el leve deje de irritación contenido en el bufido de la Phoenîceum. Bien, se dijo para sus adentros sin perder una gota de templanza. Lo típico en la rutina de Vasile era que los demás le obligasen a perder los estribos, y resultaba reconfortante que al menos por una vez los papeles cambiaran.

Nada en su porte o aspecto cambió luego de la última pregunta.

Oh, me encantaría, gracias —repuso con calma, avanzando dos pasos hacia el frente y ocultando las manos en los bolsillos de su uniforme, el aire de expectación adherido a cada una de las células de su cuerpo—. Jamás está de más aprender algo nuevo y desentrañar los misterios de la vida, ¿no te parece? —rió—. Adelante, Vanni, compláceme y sorpréndeme. Soy todo ojos. Soy todo oídos.
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