[W] Congreso Mágico ~ 02 de febrero de 2054

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[W] Congreso Mágico ~ 02 de febrero de 2054

Mensaje por Leandra Tomkins el Mar Abr 19, 2016 2:48 am

DÍA DE EJECUCIÓN
02 de febrero, 2054

Parecía que el Mundo Mágico en pleno se congregaba al interior del amplio vestíbulo del Congreso Mágico.

Magos y brujas, jóvenes y ancianos, elfos y duendes, todos avanzaban en una lenta e interminable procesión para abarrotar un salón que, estaba claro, se había visto sometido a complejos encantamientos de ampliación. Y todo con la intención de reunir a la mayor cantidad de público posible.

Leandra tenía un nudo en el estómago mientras avanzaba con la masa, pero eso no era nuevo. La terrible sensación de malestar la había acompañado desde la noche en que habían capturado a Arsène. A menudo le volvía a la memoria la expresión desconsolada en el rostro de Bianca, cuando esa noche había retornado al escondite de la mansión con una terrible noticia: la joven bruja fugitiva había decidido desviarse del plan central... y la decisión se había cobrado un muy alto precio. Ni el éxito rotundo de la misión central -extraer a los miembros de la Patrulla del college- significó consuelo alguno para nadie a partir de ese momento. Habían perdido un aliado increíblemente valioso, además de una amiga.

Eso había sido dos semanas atrás.

Luego de ese terrible momento de crisis Thomas y los demás no habían tenido más remedio que seguir adelante. ¿Qué otra cosa podían hacer? Habían planes en marcha y ahora contaban con la Patrulla Escolar, que venía a presentar un nuevo contingente de apoyo a pesar de que Bianca y ella misma siguieran negándose a permitir que un grupo de brujas y magos menores de edad participaran de misiones tan peligrosas como la que había logrado rescatarlos de las garras de Slaughter. Pero Leszek, Thomas, incluso Hipatia y April eran de una opinión diferente... y eso sin contar que los chicos estaban ansiosos por saldar su deuda por el rescate, una deuda de la que nadie había hecho mención. Desde entonces habían evaluado millones de posibilidades, todo con la intención de convertir la captura de Weasley en una oportunidad en lugar de una desventaja. Era lo que la otrora pelirroja habría querido, y lo que de seguro habría hecho de ser otro el que corriera su suerte

La oportunidad tardó una semana en llegar, cuando The Haunted Apple al fin decidió hacer pública la noticia de Arsène Weasley y su épica detención en Clevermont College. El artículo había omitido de forma muy conveniente la relación de semejante evento y la fuga de otros cuantos estudiantes de la misma institución, pero en su lugar hacía mención a otros hechos bastante más preocupantes: la nueva prisionera sería ejecutada públicamente ante los funcionarios del Distrito Mágico y sus alrededores, a modo de acto ejemplificador. O eso decía el periódico mágico. Leandra y sus amigos sabían que era una táctica para mantener viva la campaña de terror iniciada hacía tanto tiempo por Worthington. Pero era una oportunidad para actuar, y no la desaprovecharían a pesar de los riesgos implícitos.

Sin necesidad de fingir el temor que le empapaba el rostro, Leandra Tomkins se detuvo cuando el resto del gentío lo hizo. Se encontraba a unos diez buenos metros de la gran tarima donde tendría lugar el espeluznante evento del día al que los funcionarios del Congreso estaban obligados a asistir. Pero bastó una miradita de reojo en derredor para saber que su distancia del punto crítico no sería un problema: Leszek y el resto de los inefables estaban muy por delante de ella, en tanto que Thomas, Bianca y el resto de aurors se encontraban a los pies mismos del escenario, en agresivas posiciones de guardia.

Dentro de poco iniciaría el gran acontecimiento del día... y no tenía que ver con Arsène y su ejecución.
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Leandra Tomkins
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Re: [W] Congreso Mágico ~ 02 de febrero de 2054

Mensaje por Démian A. Ephram el Sáb Jul 02, 2016 4:15 am

Los minutos transcurrían de manera lenta y progresiva...

... hasta que la protagonista del evento realizó su entrada.

Arséne Weasley emergió de los pasillos situados en el sector occidental del vestíbulo, y el público no tardó en identificarla y apartarse de su camino para permitirle avanzar. Incluso para quien no la conociera de antemano resultaba sencillo saber que se trataba de ella: su cabello volvía a ser la llamarada de fuego perseguida por el Ministerio, delatando su desafortunada, decadente y prácticamente extinta ascendencia Weasley.

A diferencia de la mayoría del público presente, Démian llevaba años tratando con aquella muchacha que hoy acaparaba miradas de estupefacción. Pero le era imposible asociar similitudes suficientes entre esa bruja que avanzaba a paso vacilante entre la gente y la irritante joven cuya imagen conservaba vívida en la memoria. Porque eso que se abría paso entre la multitud... Eso era poco más que un ser humano consumido que llevaba el rostro de su antigua compañera de escuela.

Arsène Weasley caminaba con pasos titubeantes, débiles, insoportablemente lentos. Cualquiera que consiguiera verla ahora podía adivinar que sus movimientos no eran voluntarios, sino más bien autómatas. No era concebible que una persona en sus condiciones contara con la capacidad de hacer nada por su cuenta: llevaba la piel adherida a los huesos producto de la inanición, las marcas de numerosas torturas estampaban tanto en el cuerpo como sus ropas sucias... la mirada vacía de quien finalmente parece haberlo perdido todo, incluso el control sobre uno mismo, opacaba cualquier otro brillo posible en su semblante. No. Un ser humano en tales condiciones ciertamente no habría contado con la voluntad suficiente como para avanzar. Por eso Démian iba justo detrás de ella, apuntándola con su varita, obligándola a poner un pie delante del otro a base de un Imperius particularmente poderoso. La custodia de la prisionera era su misión aquel día funesto.

No le molestaba asumir esa responsabilidad. Tomando en cuenta las órdenes que se había visto obligado a cumplir desde la captura de Weasley, la tarea actual implicaba un refrescante respiro a su moral, casi era un acto piadoso.

Había hecho lo posible por aliviar un poco el infierno que la joven fugitiva estuvo condenada a vivir desde su captura, pero con el paso de los días sus intenciones resultaron ser más contraproducentes que otra cosa. Ephram llevaba mucho tiempo trabajando en su coartada de sed de venganza hacia la pelirroja al interior del cuartel de Aurors, de modo que cuando solicitó hacerse cargo de sus sesiones de tortura nadie estuvo dispuesto a negarle su derecho de desquite. Así, los primeros tres días la jugada había sido un éxito rotundo: Démian solo tuvo que encerrarse con la muchacha y ella hizo el resto del trabajo, fingiendo alaridos de dolor y desesperación increíblemente convincentes. Rápidamente acabarían comprendiendo que lo único que habían conseguido con aquella treta era demorar un poco más la verdadera pesadilla, pues los altos mandos del cuartel no tardaron en convertir a la muchacha en el muñeco de prácticas de los aurors en su totalidad. Después, cuando decidieron llevarla con Kain, Démian creyó que no volvería a verla jamás. Y sin embargo ahí estaban ambos, con los ojos de todo el mundo mágico fijos en ellos mientras la distancia con el escenario se reducía.

Era difícil imaginar que Weasley pudiera escapar de esta trampa, sin embargo Démian sabía que existía una diminuta esperanza, o lo intuía. Estaba al tanto de las alianzas de la pelirroja, y aunque April había tenido especial cuidado en mantener la discreción en lo concerniente a Weasley, el Nuevo Auror no dejaba de pensar que había algún plan en curso para revertir las circunstancias. Era esa esperanza lo que lo había impulsado a conseguir el rol de carcelero aquel día. No podía hacer mucho sin quedar en evidencia y poner en riesgo la seguridad de Darcy, pero tal vez por hoy bastara con no hacer nada. Su instinto de redención se cobijaba en aquella posibilidad.

Llegaron al escenario, Démian obligó a la bruja a subir escalón por escalón y, cuando al fin estuvieron en medio de la gran tarima, liberó a Arséne de la maldición imperdonable que la controlaba. Ella se desmoronó sobre las tablas y comenzó a sollozar.

Le costó trabajo disimular el nivel de conmoción que despertó en él aquella visión. Weasley no le agradaba, nunca había sido una persona a la que pudiera unirlo ni el más ínfimo lazo de amistad. Pero era evidente que el destino deseaba relacionarla con ella de una u otra forma, y a pesar de todo había llegado a respetar su temple inquebrantable. La muerte de su familia y las torturas en Clevermont no habían hecho más que alimentar la rebeldía de su espíritu, y eso como mínimo había conseguido despertar el interés del joven mago.

Ahora, sin embargo…

Démian no tenía la menor idea de lo qué habían hecho con ella exactamente, pero estaba claro que finalmente habían conseguido destruir parte de su alma. Esa muchacha estaba rota, más de lo que Crawford o él mismo jamás llegarían a estarlo. Esa muchacha no era la Weasley que una vez conoció.

Aquella certeza le inspiraba más terror y espanto que cualquier otro signo físico de violencia de los miles que podían evidenciarse en el débil cuerpo tendido sobre el escenario.
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Démian A. Ephram
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Re: [W] Congreso Mágico ~ 02 de febrero de 2054

Mensaje por Leszek Collingwood el Dom Jul 03, 2016 3:00 am

Cuando la vio ahí, el escuálido cuerpo desparramado sobre las tablas del escenario, Leszek no pudo evitar preguntarse hasta qué punto podía considerarse lógico lo que él y sus amigos estaban a punto de hacer. Así de poderosa era la influencia de Arséne Weasley y su imagen de derrota absoluta. Habían acabado con ella y su incansable espíritu de rebeldía, habían destruido el símbolo de esperanza que sus actos consiguieron alimentar durante los últimos meses. ¿Para qué hacer nada más entonces?

En aquel momento, con los sollozos de la joven prisionera como único telón de fondo en medio del silencioso vestíbulo, a Leszek le costó más trabajo del esperado recuperar la confianza que en pocos segundos hubo de flaquear. Pero algo en su interior, una voz proveniente de su subconsciente lo obligaba a convencerse de que estaba haciendo lo correcto, que era la única salida. De él dependía que los acontecimientos de ese día se desarrollaran según lo planeado, y se empeñaría en que fuera así a pesar de los riesgos asociados. Así que procuró interpretar su papel, asumiendo el rol de público estupefacto sin perderse un solo detalle de lo que ocurría ante sus ojos.

En ese momento Theodore Worthington ascendía a la tarima del lado opuesto a su prisionera. Se veía tan poderoso y aterrador... cualquiera que lo viera ahora junto a la flagelada muchacha, tan magnífico y terrible en comparación a su prisionera, podía interpretar el mensaje oculto entre líneas: búrlate de la autoridad si lo deseas, eres libre de decidir, si estás dispuesto a pagar por el precio de tus actos luego.

—Tráela aquí —la fría voz de Worthington se oyó claramente a pesar de la distancia. Apenas dirigió una mirada a su prisionera al dar la orden.

El joven carcelero de la pelirroja no tardó en obedecer a las instrucciones. Indiferente a su llanto, indiferente a las súplicas que parecía balbucear entre sollozos cargó con ella y la arrastró sin delicadeza hasta situarla justo frente a Theodore. Solo entonces el mago reparó en ella, obsequiándole una mirada de hielo que confirmaba la sentencia a la que estaba destinada.

—Arséne Weasley —Worthington inició el juicio alzando apenas la voz, sin introducciones, sin explicaciones innecesarias. Todos los presentes conocían el motivo de la cita, y un discurso dramático no haría mucho más por alimentar el temor de los espectadores. La dolorosa indefensión de la prisionera había hecho más que cualquier palabra, de modo que la sentencia se realizaría de la forma más rápida y prolija posible. O eso era lo que Leszek intuía—. Te encuentras aquí para responder por los crímenes de los que se te acusa y pagar la sentencia justa que mereces por ellos. Procederé a nombrar cada uno de ellos, realizarás tu declaración en cada caso y finalmente se procederá a tu sentencia.

Con calculadora parsimonia, Theodore recibió el pergamino que uno de los funcionarios del Ministerio se acercó a entregarle. Estiró la hoja sin prisas y comenzó a leer:

—Primera acusación: propagar la difamación de autoridades y alentar la disidencia mediante la creación de una agrupación rebelde en Clevermont College, denominada Patrulla Escolar —alzó la vista hacia Arséne—. ¿Declaración de la acusada?

No hubo respuesta alguna, o al menos no la hubo en primera instancia. Solo cuando el captor de la muchacha decidió sacudirla con violencia y hacerla tambalear, esta pareció reaccionar lo suficiente como para conectar con lo que sucedía a su alrededor.

—C-c... culpable —suspiró con un hilo de voz que la hizo estremecer por el esfuerzo. El silencio en derredor era cada vez más denso.

—Segunda acusación —Theodore continuó, visiblemente conforme con la respuesta de su acusada—: eludir la justicia mágica mediante la fuga no autorizada de Clevermont College. ¿Declaración de la acusada?

—Van a matarme de todas formas —Weasley sollozó mirando al suelo—. ¿Por qué no lo hacen y ya? Ya no soporto…

—¿Declaración de la acusada? —insistió Theodore. La indiferencia de su tono se oía apenas controlada.

—Culpable —susurró Weasley.

—Tercera acusación…

—¿Por qué no me matas de una maldita vez?

—Tercera acusación: desafiar abiertamente a la autoridad mediante el ataque planeado y repetitivo hacia los Aurors y Nuevos Aurors del Cuartel...

—¡Por favor! —Arséne explotó en llanto, y por inútiles que resultaran sus esfuerzos, insistía en el intento de zafarse de las poderosas manos del captor que la mantenía en pie—. ¡Mátenme ahora! ¡Duele demasiado! ¡Ya no puedo, ya no quiero...!

Un rápido movimiento de la varita de Theodore bastó para derribar a la muchacha en medio de un alarido de dolor. Ella no tenía fuerzas para levantarse, y su captor no lo hizo por ella. Sin prestar atención a su llanto continuó leyendo, relatando cada uno de los ataques de la pelirroja, mencionando a cada persona afectada por sus astutas redadas.

—Por estos actos de los que la criminal se ha declarado culpable, se sentencia a Arséne Weasley a muerte. Que el Mundo Mágico entienda, a partir de este día, que no existe medio de expiación alguna para aquellos que retan las capacidades de su soberano.

Arséne alzó el rostro hacia su asesino en el momento justo en que este alzaba la varita para pronunciar la maldición que acabaría con su vida. A juzgar por su expresión, era un momento que llevaba esperando durante mucho tiempo.

Pero Leszek había esperado durante meses. Era el momento de actuar.
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Re: [W] Congreso Mágico ~ 02 de febrero de 2054

Mensaje por Díctamo Betancourt el Lun Ago 01, 2016 3:03 am

El encantamiento desilusionador había permitido a Díctamo colarse en el Ministerio y confundirse en medio de la multitud; fue así que consiguió escabullirse junto a sus compañeras de Patrulla y ocultarse en los rincones más distantes del gran vestíbulo antes de que todo iniciara. La distancia con el escenario era inmensa, pero eso no le impidió hacerse una idea de la localización exacta de Leszek y el resto de sus compañeros de operación. Los lugares de cada uno eran parte del plan, y el joven Betancourt conocía la estrategia en detalle, lo que constituía toda una ventaja para alguien como él, eterno enemigo de las sorpresas y los eventos inesperados.

Él sabía dónde y cuándo mirar. Por eso, cuando Arséne estuvo a punto de recibir su castigo, Díctamo fue el primero en distinguir los destellos que surgieron de entre la multitud e impactaron contra blancos perfectamente establecidos sobre el escenario: el carcelero Démian Ephram, los aurors guardianes de Worthington, el mismísimo Theodore Worthington. Todos aturdidos apenas un segundo antes de que llegase a pronunciarse la maldición asesina encargada de terminar con la vida de su amiga Weasley.

A partir de ese momento ya nadie podría impedir el efecto en cadena de esa primera intervención.

—Es hora —sentenció Díctamo con un susurro. Y sus compañeras, protegidas como él por el mismo encantamiento desilusionador, actuaron en consecuencia.

Los aurors encargados de la seguridad de su líder -los que no fueron alcanzados por la sorpresiva ofensiva inicial- no tardaron en identificar a los atacantes infiltrados en medio del público. El deber de Betancourt y el de su equipo era, por lo tanto, proteger a los agitadores de cualquier amenaza que pudiera salirles al paso. Los obstáculos no contribuirían de ninguna forma al éxito del plan.

Varios metros por delante de la masa, April, Thomas y Lea se adelantaban al escenario con la evidente intención de rescatar a Arséne; hacia esa dirección fue también que se adelantaron Cassandra y Lilith para optimizar la fuga preparada. Él y Bernice corrieron en dirección opuesta. Sus objetivos eran Leszek y Bianca, cuya participación en la operación era, de hecho, la parte verdaderamente importante de la estrategia.

No se trataba de que el rescate de Arséne careciera de importancia para el equipo, pero como en el último asalto protagonizado por la pelirroja antes de su captura, todo se reducía a un elemento distractor a gran escala.

Una operación de rescate. No existía una opción más efectiva para desviar la atención de los aurors el tiempo necesario para que Leszek y Bianca pudieran actuar rápidamente.

Apenas habían transcurrido un par de segundos desde el ataque inicial, pero la escena era completamente distinta entonces. En el segundo que Thomas y April habían tardado en rodear a Weasley tras aturdir a su captor, el público se había dispersado producto del pánico. Algunos atacaban al resto con la sincera intención de huir del vestíbulo, una minoría nada despreciable había decidido unirse a los agitadores. Era difícil avanzar en medio de la masa que corría en miles de direcciones distintas y al mismo tiempo esquivar las maldiciones que surcaban el aire sin aviso previo. La ventaja era que nadie parecía prestarle atención a Díctamo en medio de su concentrada carrera, incluso cuando colisionaba contra algún mago o bruja demasiado concentrado en buscar refugio como para preguntarse con qué había tropezado.

La distracción resultaba efectiva. Díctamo solo tuvo que proteger a Leszek de un par de ataques en su trayectoria hacia el escenario. Solo cuando el Inefable subió a las tablas y se acercó al aturdido Worthington estuvo en verdadero peligro. Dos maldiciones asesinas estuvieron a punto de derribarlo para siempre de no haber sido lo bastante rápido como para esquivarlas, eso sin contar todas aquellas que Bianca y Bernice habían conseguido contrarrestar. Para cuando Collingwood alcanzó al falso Ministro de Magia y comenzó a hurgar en los bolsillos de su chaqueta, ya no había distracción posible que pudiera considerarse efectiva: estaba claro lo que el joven mago pretendía.

Díctamo no supo en qué momento Arséne había sido rescatada por el equipo. Ahora que ya no estaba en el lugar, sin embargo, cada mago implicado en el plan podía preocuparse de lo verdaderamente imprescindible: abatir a tantos aurors como resultase posible y, en definitiva, dar tiempo a Leszek Collingwood para hacerse con la Piedra de la resurrección y destruirla. Cumplir la verdadera meta de aquella estratagema.

Al fin el Inefable consiguió extraer la piedra del escondite destinado por su dueño actual. Conteniendo el aliento, el joven Smaragdium aguardó a que ocurriera algo increíble que haría desaparecer para siempre el objeto responsable de tanto terror en el Mundo Mágico. Lo que vio, sin embargo, fue algo completamente desconcertante.

En lugar de destruirla, Leszek hizo girar en su mano la Piedra de la Resurrección. Tres veces.

Todo en torno al joven mago pareció detenerse, el aliento de todos los presentes contenido a la espera de algún acontecimiento terrible. Pero nada ocurrió. Nada, al menos, a ojos de los demás. Pero resultaba claro que algo había cambiado para Collingwood, cuya mirada permanecía pendiente en un punto fijo frente a él. Durante una fracción de segundo Díctamo llegó a sentirse verdaderamente decepcionado. Sin embargo, no tardó en caer en la cuenta de que ahí sucedía mucho más de lo que él era capaz de asimilar. Si existía algo que jamás haría Leszek era dejarse llevar por motivaciones egoístas. Ergo, debía existir un motivo de peso que lo llevara a utilizar la Piedra de la Resurrección de una forma que a primera vista parecía tan frívola y...

—¡Cuidado Leszek!

Un destello verde trajo a Díctamo de vuelta a la realidad demasiado tarde. Sus reflejos no fueron lo bastante rápidos como para poder interceptar la maldición asesina que iba dirigida a Collingwood. Pero Bianca Hellmayr sí lo fue. Ambos magos vieron estupefactos el absolutismo irreversible con el que el cuerpo inerte de la bruja iba a parar al suelo luego de adelantarse a recibir toda la potencia del ataque.

—¡NO! —Collingwood se arrojó al piso y rodeó el cuerpo sin vida de la joven auror. Todo en su postura daba a entender que no aceptaba la realidad de las circunstancias.

El estupor todavía mantenía a Díctamo paralizado en su lugar sin tener idea de qué hacer cuando sintió una mano apremiante posarse en su hombro.

—Díc —la voz de Bernice sonaba tan aterrada como se sentía el agarre de su mano. Apenas podía distinguir su rostro producto del encantamiento desilusionador—. Tenemos que irnos ya. Weasley está a salvo, pero todos han visto que Leszek tiene la piedra. Ya vienen por él.

No hacía falta que ella lo dijera. Bastó con alzar la vista para entender que estaban rodeados. En medio de la multitud distinguió a Lea aproximarse con la intención de socorrerlos, pero sería un apoyo inútil si no comenzaban a moverse.

—Por favor, Leszek —Díctamo se inclinó para sostener al joven Inefable por los hombros—. Tenemos que irnos.

El mago se abrazó al cuerpo de Bianca. Indiferente a los intentos de Betancourt por obligarlo a levantarse, sollozaba sobre el pecho de su amiga. Los ataques surcaban el aire en todas direcciones y a Leszek parecía no importarle. Comenzó a murmurar frases sin sentido.

—Su cuerpo...

—Leszek, hablo en serio. Si no nos movemos ahora estamos acabados.

—Úsalo...

—¡No hay nada que podamos hacer por Bianca! Tenemos que...

—Usa su cuerpo —Collingwood repitió las mismas palabras, pero en aquella ocasión sonaron más centradas y peligrosas. Díctamo detuvo sus intentos de forcejear con el mago y este alzó el rostro. Miraba algo, o alguien, y la intensidad de su mirada resultaba inquietante. Lo que fuera a lo que se dirigía, Díctamo no podía ver de qué se trataba—. Haz que su muerte valga la pena.

Hubo una descarga de energía que lo derribó a él y al resto de los presentes. Intentó incorporarse, pero tardó en recuperar el equilibrio producto de la fuerza de la ola expansiva. No pudo dar crédito a lo que sus ojos registraron entonces.

—Díc —Bernice avanzó hacia él a gatas y se aferró a su brazo, asustada—, ¿qué…?

Fue una suerte que la muchacha no acabara su interrogante, pues Díctamo no habría sabido qué responder. La Piedra de la Resurrección parecía haber adquirido vida propia y avanzaba rauda hacia el cuerpo sin vida de Bianca Hellmayr. Él intentó adelantarse para impedir lo que fuera que aquel objeto endemoniado pretendiera, pero Leszek lo detuvo.

—Tenemos que destruir la Piedra —musitó, los ojos anegados de lágrimas al menear la cabeza con angustia—. Esta es la única forma.

El pánico se apoderó de Díctamo cuando el objeto se fundió en el cuerpo de Hellmayr liberando un destello cegador que detuvo el tiempo, sumiendo todo en un silencio que parecía eterno. El edificio se estremeció desde sus cimientos, Bernice gritó a su lado... y finalmente, cuando parecía que aquello no acabaría nunca, la luz cedió hasta desvanecerse por completo, retrocediendo al punto de origen.

Bianca Hellmayr ya no estaba.

En su lugar había una figura de pie, femenina, esbelta y digna. Sus ojos evidenciaban una impasibilidad sobrecogedora, pero el joven Betancourt reconocía el brillo de furia fría oculto tras esa primera impresión. Había además algo que resultaba extrañamente familiar en...

—No puede ser —Díctamo contuvo el aliento, desconcertado, confundido... tan sorprendido como aterrorizado.

—¿Díc? ¿Quién es? —el temor de Bernice parecía aumentar a cada segundo.

—Es... es... es ella... —tartamudeó las palabras, sus ojos buscando alguna confirmación en el rostro de Leszek. Una confirmación que realmente no necesitaba.

Era el mismo rostro que recordaba de sus primeros años en Clevermont Collge. Profundo, maduro y atento, gentil y elegante. La diferencia era que ya no existían rastros de niñez en sus facciones; aparentaba los dieciséis años que debiera haber tenido de no sufrir una muerte prematura tiempo atrás. Pero ya no estaba muerta. Parecía ella, parecía viva, y las circunstancias de su aparición la hacían parecer más poderosa y letal de lo que jamás hubiera aparentado antes de McCullough y sus sombrías gincanas.

Frederika Pfeng le devolvía la mirada a los presentes, como desafiándolos a dudar de su inesperado retorno.
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Díctamo Betancourt
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Re: [W] Congreso Mágico ~ 02 de febrero de 2054

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