Herbal Tearoom

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Herbal Tearoom

Mensaje por Statue of Liberty el Dom Nov 14, 2010 7:56 am





Herbal Tearoom




A mitad de camino entre Clevermont College y la ciudad de New York, por la carretera principal, se puede vislumbrar un lugar, cuya percepción variará según si posees magia o no. Si eres muggle, una vieja y abandonada estación de servicio distraerá tu atención durante unos instantes. Si eres mago, en cambio, una bonita construcción hecha de adobo, paja y hojas de palma, incitará a tus sentidos a acercarte, gracias al suave perfume a infusiones aromáticas que desprende.

El Herbal Tearoom es un lugar no demasiado grande, que consta de pequeñas mesas de bambú reconstituido y sillones de color marrón oscuro. Las plantas que decoran el lugar, contribuyen a crear un ambiente mas cálido. Aquí podrás disfrutar de diversos tipos de tés de hierbas, así como también, de las deliciosas galletas orgánicas que fabrica la dueña del lugar.


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Statue of Liberty
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http://www.clevermontcollege.com

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Re: Herbal Tearoom

Mensaje por Gea Weitzman el Mar Mar 05, 2013 2:16 am

Ocupaba su lugar de siempre en las mesas más próximas a la entrada. Fina, graciosa y tranquila, hacía alarde silencioso de sus encantos, tomando para sí un estilo inocente que no podría haber resultado más creíble. Por encargo del director Worthington sus días libres los disfrutaba siempre a las afueras de Clevermont College, explorando al mundo y su gente, analizándolos de cerca para avistar cualquier comportamiento fuera de lugar que debiera ser corregido en el acto luego del aviso pertinente. Ordenar y clasificar libros era una labor superflua que no hacía honor a sus verdaderas responsabilidades, las que disfrutaba realizar como no hubiera hecho en el pasado con ninguna de sus misiones en solitario, antes de decidir unirse a una causa cuya fuerza arrastraba al mundo sin opción a negativas.

Incluso ahora, aunque no lo parecía, realizaba su trabajo sin falta al interior del rústico y poco frecuentado salón de té. Tras la taza de cálida infusión que se llevaba a los labios a cada nuevo minuto, quedaba oculta una mirada despierta, bien pendiente de todo cuanto sucedía a su alrededor. No requería de un numeroso grupo de comensales para comprender cómo se asumía el régimen de Theodore más allá de los muros del college. Uno o dos siempre cumplían la cuota de su paseo por los alrededores cuando decidía entrevistarlos con engatusadores cumplidos, revelándole estos qué enemigos era necesario eliminar y qué amigos era preciso adjudicar para el ideal al que ella misma ya estaba adherida. Esa mañana de viernes no sería distinta; había detectado su próxima fuente de información entre los escasos visitantes del local.

Buenos días —su voz convertida en arrullo llamaba la atención de un atractivo y joven mago de pálidos rasgos y cabello dorado que se situaba en las mesas al fondo del salón. Sus sigilosos pasos la habían llevado hasta él sin hacer anuncio de su presencia sino hasta haberse ubicado a sus espaldas. Sonrió con la jovialidad de una encantadora muñeca al rodear su puesto para observarlo al rostro—. Uno fabuloso para sentarse a beber un delicioso té caliente, ¿no le parece? —tomó asiento en el sillón dispuesto frente a él sin miramientos, realizando un vago gesto en dirección al encapotado cielo que se recortaba contra la ventana más cercana.
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Re: Herbal Tearoom

Mensaje por Walter K. Kensington el Mar Mar 05, 2013 4:54 am

Si bien su hogar se encontraba a mitad de la nada, oculta de todos los ojos no mágicos, Walter nunca terminaría de comprender, y mucho menos ser partidario de aquella manía de ocultar establecimientos o aposentos mágicos a mitad de la nada, en medio de ningún lugar; y mucho menos un pequeño local como aquel que bien podría estar bien situado a mitad de una de las calles del amplio Distrito Mágico. Tras un inaudible "puff" una alta y atlética figura apareció frente a la pequeña y rústica choza. Siempre igual, desalineada, sin una estructura fija, tan informal... Agh. No le gustaba, el único motivo por el que iba allí desde que la descubrió era para ir a tomar el té, qué si no, por supuesto. Comenzó a caminar, acercándose hasta la puerta del lugar y empujándola con suavidad, haciendo sonar la pequeña campanilla que se encontraba encima, que indicaba que alguien había ingresado al establecimiento. Un establecimiento bastante vacío en realidad, siempre estaba así, lo que en opinión de Walter era perfecto. Prefería estar en un lugar poco concurrido, tranquilo y pacífico que en uno lleno de gente y ruidos insoportables. Una vez dentro del lugar pasó de largo hasta el fondo de la sala, ignorando inclusive el amable y cordial saludo de la dependienta. Tomó asiento en una pequeña mesa para dos, de frente a la pared y dándole la espalda al resto de la habitación. Pidió un té de vainilla con canela a la joven camarera cuando se acercó.

Llevaba un rato en el lugar y apenas un par de sorbos a la humeante taza que había frente. En aquellos momento su vista se hallaba fija en la ventana más próximo a su mesa, mirando al exterior, a ningún punto en particular. No se percató cuando la mujer se acercó, ni siquiera cuando se sentó frente a él; solamente reparó en la presencia de la extraña mujer cuando ésta habló. La miró con extrañeza y detenimiento antes de responder.-
Buen día -saludó, de manera cortés pero fría-. Supongo, por eso es que he venido aquí. Solo. -respondió a su pregunta, y añadiendo aquella indirecta en su última palabra, haciendo cierto énfasis en ella. ¿Es que no sabía que sentarse de aquella manera era descortés? ¿Y en dónde quedaba las presentaciones? El rubio frunció levemente el entrecejo al comenzar a pensar en aquellas cuestiones. Cosas de etiqueta, ¿qué más? Por lo pronto, y nada más comenzando con el físico de la morena, estaba ganando demasiados puntos negativos con Walter, cómo no. La miró, en espera aun, con esperanza de que enmendara sus errores y comenzara de nuevo, presentándose.
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Re: Herbal Tearoom

Mensaje por Gea Weitzman el Mar Mar 05, 2013 5:39 pm

El flemático saludo revelaba a Gea mucho más de lo que su gestor pudiera llegar a imaginar. Tenía frente a ella un joven educado, lo supo de inmediato; poseedor de una soberbia que se adueñaba de cada uno de sus gestos y palabras. Una valiosa virtud, si se procuraba no superar jamás determinados límites que convertían aquella postura en una maldición. Había sospechado de aquella altiva actitud al distinguir la impasibilidad con que pasaría por alto su llegada, y lo comprobaba ahora al oír la clara alusión a lo inoportuno que para él resultaba la irrupción de la mujer. Aquella incomodidad quedaría completamente en evidencia al observar el leve fruncimiento en el entrecejo de su interlocutor. Pero Weitzman, internamente indiferente a todas las protestas que se divisaba en los ojos esmeraldinos que la vigilaban, se acomodó más en su asiento, depositando su propia taza de té sobre la mesa que los separaba. Devolvía una estudiosa mirada por medio de la que evaluaba la situación. Calculaba el nivel de perplejidad que su aparición hubiera evocado... y medía las tácticas necesarias para amortiguar el impacto.

El resultado de la fórmula en un segundo construida fue una nueva sonrisa, tímida e instantánea a las respuestas, tan vergonzosa como adivinaba el joven consideraba que ella debía sentirse por tan inesperada interrupción—. Yo no deseaba importunar su momento de aislamiento. Le ruego que me disculpe —bajó la mirada, lenta pero resuelta, hacia las manos que con delicadeza hubiera depositado en la mesa en torno al recipiente de su infusión. Se mostraba profundamente contrariada—. Solamente... supuse que le agradaría un poco de compañía. Lo veía tan abstraído desde mi mesa... —suspiró—. En estos tiempos que corren a mí, en lo personal, siempre me tranquiliza tener con quien charlar. Pero comprendo que eso no pueda aplicarse al gusto de todos. Lo hago cada vez que vengo aquí desde Clevermont... que es donde trabajo. Mi nombre es Gea Weitzman —alzó su delicado rostro para obsequiar al joven con la acogedora sonrisa que acompañaría su presentación, pero esta se desvaneció antes de terminar de posicionarse radiante sobre sus gestos. Sacudió ligeramente su cabeza—. No, discúlpeme otra vez. Ya me ha aclarado que prefiere estar solo. No deseo molestarlo.

El ademán con que pretendía levantarse de su asiento anunciaba una premeditada lentitud. Demasiado evidente como para pasarla por alto.
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Re: Herbal Tearoom

Mensaje por Walter K. Kensington el Miér Mar 06, 2013 3:21 am

Sabía que no debía mirarla más de lo necesario, que era por demás descortés, pero es que había algo en aquella mujer que le atraía. Nada físico, por supuesto, pero aquella extraña muestra de iniciativa había captado la atención de Walter. Y mucho más le llamaba la atención su repentino cambio. Arqueó levemente una ceja mientras escuchaba a la mujer, ahora cabizbaja y retraída.- Descuide, no ha sido nada -mentira, sí había sido algo, pero debía decir aquello por simple educación. Otra de las muchas cosas que no le gustaban a Walter, era que se veía -en muchas ocasiones-, obligado a decir lo que debía, no lo que quería.-. Y supongo que sí, tiene algo de razón. En ocasiones es bueno algo de compañía, en especial si es inesperada -sentenció, de manera cortés, obligándose a hacerle una invitación a la mujer para quedarse. Y claro, ahora que se rebaja a aquello la mujer quería irse.

- No, espere. ¿Clevermont College? ¿Trabaja usted allí? -cuestionó, alzando la ceja derecha con sorpresa. Quién lo diría, jamás se lo imagino. Apenas salía y alguien como ella llegaba. Por Merlín, no sabía cómo interpretarlo, si bueno o malo, porque sinceramente, en el plantel se encontraba cada docente que... Rodó los ojos. - ¿Qué es lo que imparte? Si no es mucho atrevimiento preguntar -sentenció, esperando a que la chica volviera a su postura anterior, sin intenciones de marcharse.- Oh, lo siento. Mi nombre es Walter Kelian Kensington, para servirle. -se presentó, un poco apenado por casi olvidar aquello.
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Re: Herbal Tearoom

Mensaje por Gea Weitzman el Miér Mar 06, 2013 9:24 pm

El único gesto que daría cuenta de la celebración de su triunfo fue su sonrisa; todavía tímida, pero de innegable luminosidad y colmada de un enternecedor agradecimiento. Prestando oído atento a los corteses reparos del joven, había hecho abandono de sus intentos de retirada y se acomodaba nuevamente en el asiento. El altivo y gentil porte que entonces lucía convertía a la mujer en una visión soberbia, libre de los misterios que en realidad ocultaba detrás de la mirada inocente, inquietante.

Oh, no. No imparto ninguna clase —repuso sacudiando la cabeza, suave como una muñeca, tras haber aclarado la anterior duda de su acompañante con un ligero asentimiento. El risueño gesto que traía su respuesta se haría cargo de sustraer algo de la timidez que fingía poseer—. Estoy a cargo de la biblioteca, en realidad. Así que en general es un trabajo bastante tranquilo —Mucho más, de hecho, de lo que ella a veces podía llegar a soportar. Pero sabía que los sacrificios valían la pena. Volvió a tomar entre sus manos el recipiente de té, justo cuando su interlocutor recordaba haberse saltado la norma básica de presentación y ella disculpaba el descuido encogiéndose de hombros, sutil y condescendiente.

Walter Kensington... —repitió nombre y apellido, sintiéndose de pronto acometida por un aire reflexivo que durante un par de minutos abrió una brecha de silencio entre ambos. Observaba con detenimiento el rostro del muchacho por segunda vez, con la clara diferencia que ahora su análisis resultaba evidente. Algo debía haber en aquel nombre que conseguía evocar en la mente de Gea un recuerdo difuso. Tardaría unos minutos más en hacer encajar las piezas, pero cuando habló, parecía que la idea recién concebida jamás se había perdido realmente—. Tú cursaste en Clevermont —la pérdida del trato formal había sido deliberado. Para entonces, no había rastro alguno de vergüenza en la sonrisa de Weitzman, sino más bien, se asomaba el claro atisbo de una curiosidad poderosa—. Fuiste delegado de tu casa —No necesitaba una aclaración. Como tantas otras cosas inesperadas, ella lo sabía. Pero podría saber muchas otras cosas de la impresión que recogería la sentencia enunciada.
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Re: Herbal Tearoom

Mensaje por Walter K. Kensington el Vie Mar 08, 2013 4:07 am

La mujer se detuvo, volviendo a acomodarse en el asiento y esbozando una pequeña sonrisa tímida que Walter respondió de igual manera. Sonriendo apenas a medias, mostrando cierta cortesía en sus facciones. Lo hecho hecho estaba. Nunca cruzó por su mente entablar conversación con alguien cuando pensó en ir a aquel lugar, pero ya estaba allí, las cosas habían pasado. Y ahora tocaba hablar con la extraña mujer. Bebió un poco de té. Al menos, viéndolo por el mejor de los lados, le serviría para actualizarse en cuanto a las noticias del College.

-
Oh, ya veo -asintió lentamente. Pues bien, al menos sentía cierto alivio por eso, ya que, sinceramente, la mujer no es que fuera imponente ni mucho menos.-. Igual me supongo que no estará tan mal. Al menos para mí no lo estaría. Me gusta el ambiente de esos lugares. Tranquilo, pacífico, ordenado... -se encogió de hombros, rememorando algunas de las veces que estuvo en dicho lugar. Era uno de sus lugares preferidos. Allí era seguro no encontrarse con ciertas alimañas indeseables.

Asintió, confirmando a la mujer su nombre, justo antes de que aquél silencio se apoderara de su mesa, sumergiendo a Walter en la impaciencia. Observaba a la mujer, parecía meditar, rebuscar entre sus pensamientos algo que buscaba con ansía. Un par de sorbos más a su humeante infusión bastaron para que en la taza quedaran sólo los posos. Por fin la mujer habló de nuevo, haciendo que la creciente tensión dentro de Walter se calmase. Esbozó una sonrisa ante las palabras de la mujer. Una sonrisa que mostraba orgullo y suficiencia de sí mismo, claro-
Exactamente. Delegado de Phoenîceum. Recién egresado, y comenzando una carrera en el Ministerio de Magia. -la sonrisa que en esos momentos se encontraba en su rostro se ensanchó un poco más. Estaba hablando un poco de más, lo sabía, pero no había podido evitarlo. Ha sido criado con una mentalidad que lo hacía sentirse superior a los demás; y en su opinión así era. Y por supuesto, no iba a dejar pasar aquella oportunidad para demostrarlo.
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Re: Herbal Tearoom

Mensaje por Gea Weitzman el Sáb Mar 09, 2013 5:29 am

En agradecimiento a las palabras de Walter, enunciadas con la intención de enaltecer su humilde posición laboral en el college, asintió silenciosamente, haciendo uso de toda la educación y fineza que hubiera quedado olvidada al inicio de la conversación. Su meticuloso estudio del joven no había terminado, y probablemente pasaría bastante tiempo antes que este llegara a su fin, porque a cada nuevo descubrimiento que Gea hacía más interés experimentaba por incursionar en torno a sus habilidades... y menos le importaba utilizarlo como un mero informante que hiciera retrato de cuanto acontecía más allá de los terrenos de Clevermont. No. El nivel de complacencia utilizado por el antiguo Phoenîceum en su breve y animoso discurso la detuvo a pensar, porque correspondía ese a un estilo que se contraponía de forma violenta con la frialdad de la que él se hubiera armado para recibir a la mujer minutos antes. Comprendió la bibliotecaria que su carácter era maleable, no tanto en el sentido de la búsqueda de contentar a otros, como de buscar mantener el control de la situación y regirla bajo sus propios parámetros. Se trataba de un talento escaso, uno que Weitzman miraba con buenos ojos. Sabía que había encontrado uno de aquellos diamantes que brillaban incluso antes de pulirse, irrepetibles... y deseó reclamarlo con una intensidad que no hubiera sentido hacía años.

Aquel deseo repentino no haría más que incrementar cuando quedase expuesto el ánimo de suficiencia con que el joven aceptaba sus orígenes y su trayectoria, cuando otros más prudentes hubieran preferido desconfiar de los conocimientos manifestados por una completa desconocida. Él, conforme lo que demostraba, se consideraba superior a eso, confiando en que sus proezas hablaban de él por sí solas; se vanagloriaba de sus logros y se proclamaba una entidad digna de toda atención, preparado para emprender un camino siempre en ascenso, según podía leerse entre líneas. Fascinada con el potencial descubierto, ella decidió que debería adquirirlo a cualquier precio. Para entonces el encanto de su sonrisa comenzaba a denotarse sutilmente seductor, pero ese extraño gesto quedaba casi por completo oculto detrás de una admirada curiosidad que sospechaba contentaría a su interlocutor—. Una carrera en el Ministerio es un privilegio del que no muchos pueden presumir —Así inició su tentativa, aplaudiendo la insipiente carrera de su acompañante, paseando su dedo índice con suavidad y lentitud por el borde de su taza, dibujando un círculo tras otro, en un movimiento eterno. De algún modo ese gesto resultaba sugerente, e invitaba a Walter a sospechar qué podría ocultarse detrás del mismo y de las palabras que lo acompañaban—. Pero esa puerta de entrada puede llevar a muchos caminos diferentes, ¿hasta dónde esperas que esta mencionada carrera te lleve? ¿Qué cargo es el que persigues... joven Kensington?
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Re: Herbal Tearoom

Mensaje por Walter K. Kensington el Lun Mar 11, 2013 12:13 am

No era propio de él soltar la información sí como así, muchos la información personal, aquella relativa a él o a su familia. No sabía bien por qué lo había hecho, la mujer era una completa desconocida, y el hecho de que trabajase en Clevermont no daba motivos para ello. Mucho menos estando en la situación en la que se encontraban actualmente sumergidos. Bien enterado estaba del cambio en la plantilla educativa. Dichoso se sentía en ciertos momentos al estar ya fuera del lugar.

Pudo observar un cambio en el rostro de la mujer que dejaba al descubierto cierto deje de curiosidad en sus facciones, además de aquel constante movimiento con el índice que, siendo como era, Walter intentaba no mirar pues de un momento a otro comenzaría a desesperarle. Salió de su ensimismamiento cuando la mujer habló, pidiendo saber más sobre él. La miró con detenimiento, asintiendo levemente a sus palabras.-
No lo sé, eso es algo de lo que yo no estaría muy seguro. Hay mucha gente incapaz de hacer las labores correspondientes de una manera eficiente. -espetó, pensando por un momento en algunos los compañeros de trabajo que poseía.

-
Eso, creo yo, es algo personal. Lo único que puedo decirle es que voy más allá que todos. Mis aspiraciones son altas, pero claras y bien definidas. Metas que, sin sonar petulante -sí, ajá-, sé que soy capaz de cumplir. -mirada severa pero bien segura a la mujer.
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Re: Herbal Tearoom

Mensaje por Gea Weitzman el Mar Mar 12, 2013 3:55 am

El eterno movimiento en torno al borde de la taza se detuvo. Y ella sonrió, de un modo que resultaba tan inquietante como atrayente. ¿Cuántas cosas podían estarse ocultando tras aquella mirada juguetona y cautivadora? ¿Tendría ese joven frente a ella las agallas como para atreverse a descubrirlo? Gea solo podría saberlo si se aseguraba de que el rumbo de la conversación no sufriría un traspié repentino.

Me consta que usted lo es, joven Walter —Apartó a un lado su infusión de té a medio consumir con un movimiento delicado para apoyar sus codos sobre la mesa, y su cabeza sobre el puño cerrado de una de sus manos. Su escrutinio parecía estar llegando a las fases finales, arrojando un sinfín de resultados positivos que respaldaban la postura que ya se había decidido a tomar—. Se nota que es un tipo hábil, a pesar de su juventud. Puedo verlo en sus ojos: tiene el poder de trabajar sobre la perfección, de posicionarse sobre todos los que no saben de detalle y cuidado. Está destinado a llegar alto —Sus ojos centelleaban con un brillo hipnótico, intenso y acaso ligeramente peligroso. Su meta final había sido alimentar el orgullo de su acompañante, pero nada de lo afirmado carecía de veracidad. Las aspiraciones del joven, aunque secretas, no se revelaban conformistas. Además se mostraba lo suficientemente cauto y resuelto para asegurarse de que nada lo detuviese. Weitzman había preparado el anzuelo. Ahora debía arrojarlo—. Pero siempre existen medios que pueden llevarlo todavía más lejos de lo que jamás pudiera haber pensado. Circunstancias que le otorgarían el lugar que usted en verdad merece.

Aguardó un momento, con la intención de escudriñar en su mirada algún atisbo de curiosidad que la animase a continuar. Cualquier gesto que la anunciara haber escogido la carnada adecuada. Pero decidiría intervenir mucho antes de detectarlo—. Siento curiosidad, joven Kensington... espero no sea esta otra pregunta demasiado personal. ¿Tuvo oportunidad de conocer al director Worthington durante sus estudios en Clevermont?
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Re: Herbal Tearoom

Mensaje por Walter K. Kensington el Miér Mar 13, 2013 6:26 am

Las palabras de la mujer no hicieron más que elevar el ego de Walter hasta límites insospechados. Tal vez, al final pasar la tarde con aquella mujer no había sido tan malo, al menos no para la ya alta autoestima del chico. Una sensación de suficiencia lo invadió mientras una pequeña expresión de satisfacción apareció en su rostro, sin poder ocultar el bien que le hacían las palabras que escuchaba. Ceja arriba fue el resultado obtenido por las siguientes palabras de Weitzman. Asintió lentamente mientras analizaba aquello. Bien sabía él que, de una u otra manera, había opciones más fáciles para conseguir los objetivos, sólo que no sabía por qué decía aquello. Cómo colaba en aquel momento.

-
Sí, lo puedo suponer. -murmuró de manera dubitativa. ¿A caso pensaba que él sería capaz de acceder a aquellos métodos ilegales? Porque era bastante claro que a ello se refería. Caminos fáciles, sencillos pero exitosos para el cumplimiento de las metas y objetivos... La duda y curiosidad en el ruio comenzaban a ser evidentes en su rostro. ¿Podía él hacer aquello? ¿Le serviría de algo estando su actual posición? No, por Merlín que no. Su educación, su ideología y su vida entera estaban basados, y dependían por completo de las normas, su funcionamiento y cumplimiento. Romper, siquiera osar pensar en hacer algo fuera de la ley era algo que Walter no se podía permitir... ¿O sí? No. Estaba seguro que no. Su vida, hasta el momento había corrido de manera perfecta sin la necesidad o la tentativa siquiera de cruzar aquella delgada línea del bien y el mal. De hacer lo correcto o lo incorrecto. Enfocó su mirada que hasta ese momento se encontraba perdida en Gea Weitzman. Walter no era idiota, sabía bien que sus palabras tenía un significado. No habían sido dichas al azar, por simple curiosidad. Sus siguientes palabras no hicieron más que confirmar sus sospechas. ¿Qué quería esa mujer? ¿Qué podía ofrecerle ella que no pudiese conseguir él gracias a sus méritos?

-
-respondió con cautela al cabo de unos minutos-, he podido conocerlo, tratarlo e inclusive aprender de él en mis primeros años de estudio mágico. -se encogió de hombros, mirándola con detenimiento. ¿Qué planeaba?
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Re: Herbal Tearoom

Mensaje por Gea Weitzman el Jue Mar 14, 2013 3:19 am

Y aunque tarde, alcanzaría a descifrar el gesto que delataba la curiosidad de Walter.

Siendo ese el caso —Plenamente consciente de haber captado la atención del joven, se permitió dilatar un momento de silencio que incrementase la expectación y provocara su impaciencia, alicientes que adivinaba jugarían a su favor—, bien conocerá usted el estilo que lo caracteriza. Habrá visto que es un hombre estructurado. Tal vez demasiado firme en sus ideas para algunos. Entiendo que usted deseara condenar mis palabras, considerando todas las cosas que hoy en día se dicen del director Worthington. Pero lo cierto... —de haber sido sus codos los que se recargaban sobre la mesa, pasaron a ser sus brazos, los que cruzó frente a ella para acceder a una postura que le permitía inclinarse mejor hacia el antiguo Phoenîceum. Para cuando volviera a hablar, sus palabras se convertirían en un arrullo apenas perceptible, recitada cada palabra con la dulzura que merece una canción de cuna— en realidad... estoy convencida de que el mundo no entiende sus intenciones.

Una de sus manos comenzó a deslizarse sobre la superficie de la mesa, sigilosa y dueña de un cuidado sobrehumano, reptando hacia un objetivo que se identificaba claro, pero que bien podría pasar desapercibido mientras Gea consiguiera mantener la atención de su acompañante en el magnetismo de sus ojos y la persuasión oscura de su sonrisa inocente, lo que no resultaría difícil. Aquella mujer llevaba años de practicar y perfeccionar diversas técnicas distractoras—. Imponer el orden, eso es todo cuanto pretende... y alcanzar finalmente el equilibrio que el mundo mágico precisa para convertirse en un lugar idílico libre de inconvenientes. Sin embargo, demasiados que se han hecho una equivocada idea de sus pretensiones, se empeñan en frustrar sus acciones. Un hombre como usted, joven Kensington —finalmente su mano alcanzó la del muchacho y se aferró a ella con una delicadeza respetuosa, intensa... pero demasiado insinuante como para ignorarlo—, eso es lo que el director necesita para que sus empresas resultaran exitosas, para que su mensaje no pudiera malinterpretarse nunca más. Una persona con visión, bien distinta de los incompetentes con los que debe tratar a diario; una promesa que al fin le otorgue un buen augurio para el cumplimiento de sus sueños —A medida que avanzaba en sus explicaciones, un toque de ensueño comenzaba a apoderarse de sus frases precisas, de modo que resultaba incierto si las mismas no hacían más que referirse a un poco habitual punto de vista, o bien, a una proposición tan real como aquel salón. Sería un misterio que el aludido debería resolver, siempre que lo deseara. Weitzman apartó su mano acudiendo a la misma meticulosidad utilizada para acercarla. Solo cuando se apoyó contra el respaldo de su asiento, decidió finalizar. Era hora de verificar si el anzuelo había servido a su función—. ¿Qué cree usted?
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Re: Herbal Tearoom

Mensaje por Walter K. Kensington el Sáb Mar 16, 2013 8:10 am

Sus dedos golpeaban la superficie de la pequeña mesa rústica en un tamborileo constante, que dejaba al descubierto la impaciencia que crecía dentro de Walter, causada por... No sabía en realidad por qué. Podía ser el hecho de querer ponerse de pie y largarse del lugar para no escuchar más a aquella mujer; o bien, el deseo de que Gea Weitzman continuara hablando, de manera directa si fuera posible, sin tantos misterios para que mostrase de una vez sus verdaderas intenciones. Apenas comenzó a hablar la mujer, la esmeraldina mirada del rubio se volvió a posar en ella, escuchando con atención cada una de sus palabras que, conforme avanzaban, gustaban más al muchacho. Tras un momento, y sin saber exactamente cuándo había sucedido, Walter se percató de que Gea tenía su mano aferrada a la de él. Extrañamente no le importó aquel gesto impropio, ni siquiera se molestó en echar un vistazo a la cosa pues las palabras que la mujer decía le parecían mucho más importantes al joven. Un par de movimientos afirmativos con la cabeza fueron la forma en el chico informaba a la mujer que comprendí lo que decía y que estaba de acuerdo. Bastante en realidad. Por fin, tras unos minutos la mujer terminó de hablar, invocando de manera inmediata a un silencio absoluto mientras Walter terminaba de comprender y analizar lo dicho. Tras un segundo, habló:

-
¿Qué creo? -comenzó con un hilo de voz apenas comprensible- Muchas cosas. Algunas buenas y otras no tanto. Cada cabeza es un mundo diferente, algunos bastante sencillos, otros mucho más complejos, bien detallados y estructurados hasta el último de sus sentidos. Tanto que inclusive es mal visto ante la sociedad. Pero eso no quiere decir que sea malo, no, sino lo contrario, al menos a mi parecer. Es malo porque le tienen miedo. Y tienen miedo de descubrir que, tal vez, así es como en verdad deba ser y no como siempre lo pensaron, tampoco como lo hicieron -miró a Gea. Ahora era él quien estaba inclinado sobre la mesa-. No soy quién para juzgar el qué hace, dice o piensa Theodore Worthington, pero si lo hace, si lo está haciendo porque ha encontrado la fuerza y el valor necesarios para realizarlo, ¿por qué impedírselo? Buena o mala sea la cosa, tomará su rumbo predestinado en algún momento, y sólo entonces, es cuando deberían ser juzgadas las personas y lo que hacen. No antes.

- Yo, en lo personal y respecto a Worthington, me encuentro neutral, por decirlo de alguna manera, si eso es lo que desea saber. No digo que use los mejores métodos para cumplir sus objetivos, pero también, debo suponer, es porque no tiene otra forma para hacerlo. Después de todo, y como usted ha dicho, se ha visto frustrado en sus planes en más de una ocasión. Respecto a sus firmes ideales..., ¿por qué no?
-finalizó, echándose hacia atrás, imitándola y recargándose contra el respaldo de la silla. Su tono de voz fue bajo, como si no quisiera que alguien más aparte de la mujer escuchara sus palabras. Inclusive, algo dentro de él, hubiese deseado no hacerlo tampoco, pero ya estaba dicho. Y no a la ligera. Walter siempre había cuidado sus palabras; el qué decía y con quién lo decía. Era una de las cosas que más lo caracterizaban: su poca accesibilidad para sacar algo provechoso de él. Pocas veces hablaba sin pensar, y lo último, estaba seguro, no figuraba para nada en aquellas contadas ocasiones. En el pequeño mundo de Walter, todo era perfecto, todo tenía un orden y un control. ¿Qué diferencia había entre lo suyo y lo de Theodore quien, después de todo, buscaba también el control de las cosas?
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Re: Herbal Tearoom

Mensaje por Gea Weitzman el Dom Mar 17, 2013 1:38 am

¿Por qué no?

Aquellas tres palabras se trasladaban de un lado a otro al interior de su mente, viéndose sometidas a todos los análisis posibles antes de resolverse Gea a considerarlas la puerta de entrada a su bien establecida meta. Conclusión que no demoró mucho tiempo más en declararse. Entonces la transformación tuvo lugar.

Aún recargada sobre el respaldo de su sillón, los rasgos de Weitzman fueron abandonando rápidamente los últimos atisbos de amabilidad para tornarse derechamente astutos. Arrastró hacia atrás su asiento para levantarse y emprender su camino en dirección al joven Kensington sin tardar en adueñarse de un modo felino, tan provocativo como alarmante. Su varita mágica irrumpió en la escena un solo instante cuando estuvo a espaldas de su fascinante presa. Una breve oscilación, las palabras adecuadas invocadas en su mente... y la dependienta que en ese momento le devolvía una simpática sonrisa desde la entrada se vio sometida al maleficio de la bruja. En su rostro se evidenció una confusión extraña, en medio de la cual se retiró hacia las cocinas del personal. Entonces la bibliotecaria que en un principio se hubiera mostrado inofensiva se inclinó hacia su objetivo. Eran los únicos dos clientes que permanecían al interior del local, por lo que no hacía falta mantener un volumen cauteloso. Sin embargo, prefirió presentar sus propuestas rozando con sus labios el oído del joven—. Y si yo te asegurase que Theodore Worthington estaría realmente interesado en tomarte a su servicio... ¿tu neutralidad seguiría en pie? Hablo de cosas grandes, Walter, no del simple acatamiento de nimias órdenes. El trabajo sucio es para seres inferiores —La mano que se cerró sobre el hombro del muchacho fue delicada, seductora y, de alguna forma, igualmente se guarecía de una irresistible dulzura—. Tu puesto al interior del Ministerio nos sería de gran ayuda. Hay muchas cosas que deben hacerse en él para que el caos encuentre su fin de una vez por todas.

Ese 'nos' revelaba mucho más de lo que pudo haberlo hecho un discurso infinito, y sabía que el rápido pensamiento de su acompañante no lo pasaría por alto. Ya no tenía sentido continuar ocultándose tras la máscara que le entregaba su insignificante puesto en Clevermont College, pues los puntos de vista que él le hubiera manifestado momentos antes la alentaban a creer que sus maniobras habían sido hábiles. Para la próxima vez que habló, sus palabras ya se habían convertido en un ronroneo estimulante que acariciaba la oreja del muchacho—. Solo tienes que desearlo... y podrá ser el principal responsable de aquel cambio que nos llevará un futuro mucho más resplandeciente. Pídemelo, Walter, pídeme llevarte a la cima. Lo que quieras, vas a poder tenerlo... si entregas tus sensacionales capacidades al ejército que el destino anuncia como único vencedor.
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Gea Weitzman
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Re: Herbal Tearoom

Mensaje por Walter K. Kensington el Lun Mar 25, 2013 4:08 am

Y en menos tiempo del que esperaba, Gea Weitman comenzó a cambiar sus expresiones faciales y movimientos. Tal y cómo había pensado, había soltado ella su bomba, y él, Walter la había detonado con sus anteriores palabras, provocando los resultados esperados por ella. La miró ponerse de pie por lo que se echó hacia atrás unos milímetros, más de manera inconsciente por aquello llamado instinto que otra cosa. Aun así no hizo más, la vio ponerse de pie y acercarse a él de cierta manera amenazante, provocativa. Siguió sin moverse, solamente estaba esperando, quería ver lo que sucedería, quería saber más de los propósitos de esa mujer. Algo había despertado esa mujer en el interior de Walter y no podía dejarlo así, quería apaciguar esa sensación que tenía dentro de sí.

Con el pequeño portazo dado por la dependienta al encerrarse en la cocina, Gea y él quedaron completamente solos en aquella rústica habitación. El sonido de su voz tan cerca de él hizo que se le erizaran los vellos de la nuca mientras un pequeño escalofrío recorría toda su espalda. Escuchó sus palabras, su... propuesta pero no dijo nada, ni siquiera al final, cuando la extraña mujer hubo terminado de hablar. Todas y cada una de las palabras dichas por la supuesta bibliotecaria se repetían una y otra vez en su mente. ¿Ponerse al servicio de Theodore? ¿Por qué? ¿Qué ganaba con eso? No mucho a su parecer, o tal vez sí, dependía de cómo se viesen las cosas. Sonaba tentadora aquella oferta, aquellas promesas que bien sabía él, podían ser falsas. Un cincuenta-cincuenta era lo que tenía allí. No sabía si estaba dispuesto a aceptarlo, ir contra las normas, contra sus ideales... pero, ¿y si era cierto? Podría obtener poder, superioridad, podría ser capaz, alguna vez, en algún momento hacer que las normas se cumpliesen al pie de la letra. Hacer que las personas hicieran las cosas como se ponía que fuesen, no como quisiesen...

-
S-sí -un pequeño murmullo casi inaudible salió de sus labios tras unos minutos. Le había dado muchas vueltas al asunto, aún lo hacía en realidad, por lo que no era capaz de ordenar por completo sus pensamientos pero había sido capaz de decidir aquello-. Podría, por qué no, ayudarlo... No sé, me parece, siempre ha sido así, que la sociedad mágica americana necesita reformarse. Nadie es capaz de aceptarlo y decirlo en voz alta, a excepción de él. Es el único que ha sido capaz de hacer algo, al menos intentarlo, sí -su voz era clara, pero apenas audible, como si no quisiese que nadie escuchara lo que decía-. Y respecto a mi posición pues... cambiará y será la que deba ser.
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Walter K. Kensington
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Re: Herbal Tearoom

Mensaje por Gea Weitzman el Jue Mar 28, 2013 5:40 am

Una risa deliciosa perforó el oído de Walter antes que Weitzman retrocediera y devolviese al joven su espacio personal. En la dulzura alegre de aquel sonido quedaba al descubierto el regocijo con el que celebraba su maravilloso triunfo. Como siempre, la tentación de grandeza acabaría siendo más poderosa que cualquier principio ético. Gracias a semejante verdad Gea tenía la certeza de que a partir de ahora los deseos de aquel diamante le pertenecían por completo, no por obra de un autoritario hechizo, sino más bien por las voluntades construidas a base de una sólida técnica persuasiva. Erguida en todo su estilizado porte, la mujer se mantuvo a espaldas del mago sin retornar a su asiento. Había llegado el momento de que él demostrase su genuino interés en aquella propuesta, de modo que no sería ella la que buscase encontrarse con la otra mirada.

En ese caso, tu neutralidad acaba de encontrar su final definitivo —el misticismo perturbador que de pronto adquirió su voz se vio acompañado por una sonrisa cómplice que Kensington no divisaría de no voltearse a tiempo, para descubrir además la inteligencia oscura que comenzaba a destilar de aquellos ojos que no lo perdían de vista—. Él no solo intentará cambiar el mundo. Lo hará. Y tú serás los ojos que lo ayudarán alcanzar esa meta, cuando le comentes sobre el ambiente que se construye al interior de tu trabajo —paulatinamente comenzó a desligarse del carácter susurrante de sus palabras para que en ellas se impregnase un claro matiz de insinuante persuasión; una magnífica mezcla de sensualidad y absolutismo irreprochable—. Tendrás que mantenerte al corriente de las discusiones secretas en los pasillos, las opiniones, quejas e ideas; deberás identificar a los impertinentes que se empeñan en entorpecer los planes de Theodore, esos a los que es necesario quitar del camino; te hará falta conocer las estrategias del Ministro... y cualquier otra cosa que pueda resultar útil. Todo lo que pueda llamar tu atención. Para bosquejar así las resistencias que todavía presenta el Ministerio a ser tomado de forma pacífica —Porque, como cualquier persona con algo de entendimiento podía reconocer, era claro que el Ministerio de Magia constituía una pieza fundamental para asegurar un control que permitiría el avance hacia el siguiente nivel. Muchas estrategias llevaban tiempo de estarse desarrollando en su interior mediante sigilosos métodos. Pero quienes estaban a cargo de la estrategia no habían conseguido más que un par de logros aislados, justamente, porque existían fuerzas secretas que entorpecían el camino y que resultaba necesario eliminar. Con esa nueva y despierta joya en su poder, Gea confiaba en que el proceso se aceleraría considerablemente.

Sin embargo, aún cuando su nueva adquisición hubiera manifestado su disposición a formar parte de los planes de Worthington, restaba todavía determinar qué aptitudes poseía para desarrollarse en un ámbito al que ciertamente no estaría acostumbrado. Un desafío burlesco la llevó a elevar sus cejas cuando volvió a dirigirle la palabra—. ¿Te crees capaz de iniciar con esta tarea para ayudar a nuestro hombre, Walter Kensington?
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Gea Weitzman
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Re: Herbal Tearoom

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