Despacho del director

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Despacho del director

Mensaje por Statue of Liberty el Jue Ene 20, 2011 6:16 am





Despacho



del director




El escondrijo del nuevo director del Clevermont College, no es como aquellos despachos ataviados de vasijas de oro y adornos de plata. Ni siquiera se muestra como un salón elegante y clásico de aquellos tiempos de antaño. Si bien es cierto que Theodore Worthington detesta la sangre no mágica, la mayor parte de su tiempo se encuentra encerrado en una sala espaciosa, completamente rodeado de muebles de madera y con inusitados objetos sobre ellos, que en lo absoluto no parecen ornamentos decentes como para un despacho; como para el despacho del director de la academia más prestigiosa de América.

Un par de sillones se acomodan a la medida, adyacentes al escritorio del profesor Worthington. Siempre y cuando se te permita, podrás sentarte en aquellos mullidos sillones. Estanterías repletas de libros, cajones llenos de documentos, plumas debidamente bien posicionadas, son lo que esconde el lugar, tan ordenado y simple a la vez.

¿Parece un sueño, no es cierto? El despacho del director es todo lo contrario a él. Las tres ventanas que se posicionan a las espaldas de la butaca del escritorio, se cubren con tres sedosas cortinas, de distintas tonalidades como la mayoría de elementos del despacho.

¿No será otro plan maléfico del director poseer un despacho que enmana luz y calidez? Sólo lo sabe él, y tú, si entras aquí. Las cosas no son lo que aparentan, y eso, ya te lo ha atestiguado el habitante de este lugar.


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Statue of Liberty
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Re: Despacho del director

Mensaje por Theodore Worthington el Vie Feb 04, 2011 5:45 am

Como era de esperarse, la máxima autoridad del Clevermont College se encontraba sentado en la butaca de su escritorio, dándole la espalda a las cortinas blancas que ahora cubrían completamente a los ventales de la luz de la luna. Había concluido con la elaboración de algún que otro documento, pues los exámenes se acercaban, y Theodore, fiel a su puesto, no aguardaría hasta el último momento como la imprudente de Océane McLoughlin. Estaba muerta hace más de un año. Todo había sucedido como él lo esperaba. Todo el mundo tenía y está en su lugar. Él, tan formal y tan digno se encontraba en su despacho, los de Sangre Mestiza se encontraban estudiando. Los sucios: por ahí, limpiando mesas.

Se levanta, frívolo, dispuesto a ir directo hacia aquella vasija con un detalle rosa. ¿Qué excreción era aquella? Absolutamente nada sustancial debería encontrase aquí. Aquello le recordó las próximas fechas. Día de San Valentín. Día de los feos, ineptos y zopencos que habían escogido a un bebé todavía en pañales para simbolizarlo. Dudaba mucho celebrarlo. Él mandaba. Él estaba bien y ellos estaban mal. No había nada para impedirlo. El imperio de Theodore Worthington apenas comenzaba.

-
¡Cuátak! -gritó, y en lo que pareció un chasquido de dedos, un elfo doméstico apareció al instante. -Limpia ese desorden. -le ordenó, y observó con malicia y superficialidad cómo el elfo lo obedecía tras haber dado una última reverencia. Enmudecido, permaneció inmóvil hasta que la criatura terminó con su trabajo.- Ahora lárgate, pedazo de idiota...
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Re: Despacho del director

Mensaje por Raziel P. Slaughter el Mar Ene 10, 2017 2:46 am

SIGNOS DE ALARMA
Domingo 15 de marzo, 2054

—Entonces... ¿tengo tu permiso?

Raziel apartó los ojos de los libros abiertos sobre su escritorio y volvió el rostro a Gea sin permitir cambio alguno en su expresión de profunda circunspección.

—Perdóneme señorita Weitzman, no le prestaba atención.

—Tu antiguo despacho en el tercer piso... —la bibliotecaria comenzó a repetir todo una vez más, pero se detuvo a medio relato con expresión curiosa—. Jamás te muestras así de distraído, director Slaughter —esbozó una de aquellas sonrisas suyas, diseñadas para atrapar a sus víctimas—. Algo te tiene preocupado. Muy preocupado.

El mago ubicado tras el escritorio no negó ni reconoció nada. Conocía a Gea lo suficiente como para saber que indistintamente a la acción que realizara, ella acabaría descubriendo la verdad. Su única oportunidad de tornar la situación a su favor era hacerle las cosas un poco más difíciles a la joven bruja.

—Es por Theodore Worthington, ¿no es cierto?

Raziel mantuvo sus labios cerrados sosteniendo la gélida mirada en los ojos astutos de Weitzman.

—Te has mantenido encerrado en esta oficina desde que regresaste de tu encuentro con él. Dominique dice que cuestionaste sus decisiones más de lo que tienes por costumbre.

—El profesor Weasley habla mucho más de lo que piensa, Gea.

—Lo que no quiere decir que sus palabras sean menos ciertas —sin aguardar autorización de ningún tipo, la bibliotecaria avanzó para tomar asiento frente al escritorio de Raziel. El escrutinio de sus ojos oscuros habría acabado con la resistencia de cualquier hombre. Él, sin embargo, había aprendido a defenderse de cualquier ofensiva arrojada por aquella peligrosa mujer—. Y también cuento con las palabras de Susanne. Como siempre, se la ve muy conforme con las ideas de su amo. Así que, una cacería...

—Más bien una masacre —agregó el director de Clevermont College. No tenía sentido seguir negando los planes de Theodore Worthington cuando estaba claro que Gea había hecho a la perfección su tarea de obtener la información que no había logrado obtener de primera fuente al no ser invitada al pequeño círculo de mayor confianza del mago tenebroso más renombrado de los tiempos actuales.

—¿Te compadeces de magos y brujas inocentes, Raziel? Es interesante, no conocía esta versión misericordiosa tuya.

—Lo que Worthinton propone es estratégicamente inviable. Está comenzando a perder el control, y esta acción solamente conseguirá hundirlo más. Pero se niega a reconocerlo.

—Oh, no lo sé. ¿Capturar a los seres queridos de sus opositores y aniquilarlos? Parece un mensaje muy claro para quienes aún no se deciden a rebelarse contra él.

—Tal vez lo sea, pero con esa acción no hará más que otorgar poder a sus actuales adversarios. ¿Qué podría frenarlos a llevar adelante acciones más osadas si no tienen nada que perder? Enfrentarse a Arsène Weasley ya fue una tarea difícil, y ahora él pretende crear una legión de magos que no conocen límites.

—Pero tú eres su consejero, él atiende al criterio de tus palabras ¿No intentaste hacerlo entrar en razón?

Raziel sabía que se trataba de una pregunta retórica, por lo que no se tomó la molestia de picar el anzuelo de la mujer. En cambio decidió continuar el curso de sus pensamientos. Compartirlos con Gea era un riesgo, pero si alguien gozaba de la astucia suficiente como para entender la gravedad de la situación, esa era Weitzman.

—Está perdiendo el control sobre sí mismo —afirmó Raziel con expresión imperturbable—. Primero el robo de la Piedra de la Resurrección y el rescate de la joven Weasley. Ahora la fuga masiva en Azkaban... eso sin contar la inexplicable reaparición de la otra joven...

—Frederika Pfeng —aportó Gea con sonrisa paciente.

—Pfeng, sí —Raziel se irguió un poco más en su asiento—. Mientras todo salía de acuerdo a lo esperado Theodore sabía cómo desenvolverse. Ahora, frente a tiempos de crisis... su buen juicio se nota terriblemente afectado. Lo más increíble de todo esto es que nadie más parece darse cuenta.

Gea soltó una suave risita de cascabel.

—¿Qué esperas? Tu amo tiene legiones de seguidores. Pero la mayoría de ellos no posee ni la mitad de nuestro intelecto.

Raziel no pasó por alto la sutil insinuación camuflada en aquella observación. Bastante tiempo había transcurrido desde que la bruja frente a él plantease aquella distante propuesta, en los tiempos en que su puesto se limitaba al de profesor de Filosofía Nomaj. Pero estaba claro que sus ofrecimientos seguían en pie. Fue entonces cuando el mago reparó en el modo en que Gea lo observaba, con aquella dolorosa certeza de haber interpretado los pensamientos del mago a pesar del experto y gélido silencio de sus expresiones.

—Te dije que había aprendido a ser paciente, director Slaughter —ronroneó ella, acomodándose en su asiento—. Y estoy segura de haber predicho que tu lealtad hacia Theodore caducaría tarde o temprano. ¿Te has detenido a pensar en cómo te has referido a él durante esta conversación? Solo por su nombre, sin títulos de deferencia, sin rastro de idolatría.

Slaughter decidió no darle la razón. Guardó silencio.

—Theodore no está perdiendo el control, Raziel —ante el mutismo del hombre, Gea insistió—, simplemente vuelve a ser él mismo. Lo de Azkaban fue un golpe de suerte que le costó un periodo de buena racha. Pero olvidas el comportamiento errático que gobernaba sus acciones en el pasado. Obligué a Monroe a hablarme de ello un día: mató y torturó a muchos alumnos por el simple hecho de interponerse en su camino, sin siquiera detenerse a pensar en las catastróficas consecuencias de sus acciones. Para cuando se vio acorralado simplemente escapó. Y no regresó sino hasta lograr templar un poco su carácter —la mujer acabó con un suspiro reflexivo—. Si fue descuidado en el pasado, fácilmente puede volver a serlo. Sobre todo si está decidido a ignorarte.

El mutismo de Raziel no se permitió ceder.

—Bien, no digas nada si eso quieres. Pero sé que no ignoras la verdad de los hechos: buena parte del éxito de Worthington proviene de tu ayuda y apoyo, de tu influencia incondicional. Ahora que las amenazas vuelven a salir a su encuentro y prefiere tirar por la borda tus recomendaciones, está condenado a fracasar. Lo sabes. Lo sabes y aún así lo sigues como un fanático ciego. Dime por qué, Raziel. Dime por qué niegas el hecho de que tú eres mucho más apto para la posición que Theodore a ganado a costa de tus méritos.

Llegados a ese punto, el director de Clevemont College se obligó a cerrar los ojos. La gravedad del gesto resultaba inquietante.

—Es decepcionante. Hace tiempo visitaste mi antiguo despacho con ideas semejantes, Gea. En aquella ocasión creí haber sido claro sobre el peligro arraigado a tales planteamientos.

—Oh, desde luego lo fuiste, director Slaughter —una nueva sonrisa mortal iluminó las delicadas y perfectas facciones de Weitzman—. Desde luego he aprendido a temerte. Es por ese motivo que me tienes aquí, del lado opuesto a tu escritorio en lugar de enfrascarme en algún infructuoso juego de seducción, a pesar de que tengo la certeza de que en el fondo lo deseas. Estoy decidida a recuperarte, y estoy dispuesta a jugar bajo tus reglas con tal de conseguirlo. Como sea, debes ser sincero contigo mismo: eres tan consciente de tus capacidades como de que Worthington se encuentra al borde del abismo.

—Mi deber es ayudarlo a encontrar el camino —la voz del mago se tornaba cada vez más indolente. Un signo de alarma inequívoco para cualquiera que lo conociera tan bien como Gea Weitzman—. No conspirar para tomar su lugar.

La bruja dedicó una mirada extraña al que alguna vez fuera su compañero de redadas. El tipo de mirada que una madre dedicaría al hijo pequeño que manifiesta su deseo de viajar al espacio.

—Desde luego, puedes intentarlo. O puedes ahorrarle la deshonra de avergonzarse a sí mismo y darle el último empujón que le permita acabar sus días con algo de dignidad. Tengo el presentimiento de que fracasarás estrepitosamente con la primera opción, y deberías darme algo de crédito por eso. Después de todo acerté con los presentimientos que tuve sobre ti en Hogwarts.

—Gea...

—Lo sé, lo sé. Es parte del pasado. Pero el futuro está justo en frente de ti, más claro que el agua del arroyo de los terrenos del college. No podrás negarlo para siempre. Estás destinado a cosas grandes, Raziel Slaughter, te enseñé lo suficiente como para esperar otro resultado. Y aunque no quieras, seguiré aquí cuando llegue tu momento.

Las palabras de la bibliotecaria comenzaban a turbarlo más de lo que estaba dispuesto a reconocer. Desde luego no era la primera vez que cuestionaba la capacidad de su líder, pero las ideas planteadas iban mucho más allá de un simple cuestionamiento. Hablaban de traición y, sin embargo, hablaban también de sacrificios necesarios para mantener la pureza de una ideología que se veía amenazada por obra de malas decisiones. ¿Fidelidad o ideales? ¿Qué era más importante? Pasaría mucho tiempo antes de que Raziel alcanzara una conclusión definitiva. Una cosa tenía clara: la influencia de Gea en su vida estaba muy lejos de conocer una fecha de caducidad, y eso lo asustaba como pocas cosas lo hacían.

—¿Cuál es el asunto por el que has venido en primer lugar?

Weitzman se encogió de hombros, la inocencia de su gesto tan poderosa que Raziel estuvo a punto de considerarla auténtica.

—No tiene importancia, lo hablaremos en otra ocasión. He abusado de tu tiempo, director Slaughter, y te harán falta muchas horas de reflexión.

Ella no intentó tipo de acercamiento alguno al retirarse, y él agradeció aquellas consideraciones tanto como el momento de soledad que se le concedía. Era cierto. A partir de aquel momento le harían falta horas para pensar y ordenar todo cuanto se asomaba en su cabeza.
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Raziel P. Slaughter
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Re: Despacho del director

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